lunes, 27 de julio de 2009

Reivindicación de Liliana Durán

Nacida en Alicante, España, y muerta en Venezuela hace poco más de dos años, Liliana Durán se hizo actriz en el cine mexicano; tuvo muy pocas apariciones, en un periodo muy breve, y en ninguna de sus cintas le dieron un papel principal, aunque en tres de ellas es muy destacado; después de sus mejores actuaciones desapareció del panorama cinematográfico, y sus apariciones posteriores fueron en la televisión venezolana, donde fue actriz de varias telenovelas ignoro si buenas, y en los años setenta intervino en un par de cintas típicas de esa década: sórdidas y “atrevidas”; en una de ellas, su papel fue de lesbiana.
En siete de sus quince cintas para el cine mexicano fue dirigida por José Díaz Morales, lo que no es algo para presumir; otras tres fue dirigida por Roberto Rodríguez, quien tampoco se distinguió por su sensibilidad; en casi todas esas cintas fue “la otra”: o la amante malvada que intenta quitarle el marido a la estrella de la cinta, o la esposa engañada por el marido con la amante buena; o fue villana malvada y perversa.
La más graciosa de esas primeras películas es Salón de belleza, con Emilio Tuero, Rita Macedo, Andrea Palma, Elda Peralta; Durán aparece como una actriz que intenta seducir al honesto, noble y recio Emilio Tuero con el viejo truco de convertirlo en actor; es un agente de tránsito en una esquina muy concurrida que en un Día del Tamarindo (24 de diciembre) le dejan un altero de regalos; uno de ellos es una cigarrera que le obsequia, coqueta, una Durán morena y demasiado alta que no parece muy atractiva, pero que de cualquier manera convence a Tuero para que filme una película, aprovechando su voz, potente pero casi siempre descuadrada y siempre engolada (se le conocía como "el Barítono de Argel", y no era de Argel ni tampoco barítono); Peralta, novia de Tuero, se deja seducir por el esposo de una clienta del salón de belleza donde trabaja para Palma y su hija Macedo; como sucedía en el cine mexicano, queda embarazada, el destino la castiga y la hace fallecer en medio de sufrimientos y una cruda moral todavía peor ; en tanto, Tuero trabaja de actor, se resiste a Durán, que es más coqueta de lo que parece, y quien lo regaña por recibir, en horas de trabajo, a la suplicante Peralta; eso basta para que él ceda ante la presión de la también noble Macedo, en la que es, parece, su peor actuación; a lloriqueante sólo le gana Palma. Él abandona el "séptimo arte" y vuelve a ser tamarindo.
Durán está sobrada para ese papel, y se desperdicia su picardía, que sólo se insinúa.
Posteriormente filmó dos cintas seguidas con Pedro Infante, las dos bajo la dirección de Rogelio González: El mil amores y Escuela de vagabundos.
La primera cuenta con la bendición de Joaquín Pardavé, quien se lleva la cinta como mayordomo o caporal del millonario Infante; la trama se basa en una leyenda; la tercera vez que se bese una pareja, queda enamorada, lo que tratan de evitar Infante y la estrella Rosita Quintana; Liliana Durán es la novia de Infante, e hija de la excelente Emma Roldán; ambas presionan a Infante para que se case con Durán lo antes posible; Durán no aparece sola nunca con Infante; es decir, Roldán no la deja con él a solas; como Infante, Roldán habla con acento norteño, pero muy gracioso, tanto como Pardavé, y es de un esnobismo muy gracioso; Durán parece más bien mustia, y en desventaja frente a una Quintana que por esta vez no es cachonda, sino desamparada. Durán la aventaja: más suelta, más guapa, más simpática y más pícara, lo que no lo expresa con palabras, sino con miradas incitadoras que disimula cerrando los ojos cuando parece que va a descararse; el tono de voz es de señorita mimada, y sólo al final, cuando los enredos que provoca Pardavé hacen creer a Roldán y a Durán que Infante es casado y con hijos –comedia que habían armado para desilusionar a Quintana— Roldán y Durán se revelan ambiciosas e interesadas, lo que aprovecha Infante para deshacerse de ellas.
Además de que otra vez –lo sostendré después– el elenco de coestrellas, o de actores de reparto, es el que sostiene la cinta, Durán llama la atención porque muestra una belleza no muy común: en vez de la mujer sumisa o de la dama bravía acostumbradas en nuestra cinematografía, parece agresiva, prometedora, anunciando pasiones que no ofrece Quintana. Y la mirada que le dirige a Infante en las escenas finales la revela como cruel y mandona. Es una lástima, para la cinta, que Infante prefiera a Quintana, porque entonces la trama regresa al carril de las buenas costumbres y no a lo que parecería conducirla una Durán digna de una sensualidad sólo permitida a las villanas.
Cinematográficamente, Escuela de vagabundos es su mejor película; otra vez es “la otra”, pero “otra” que merecería mejor suerte que la estrella Miroslava, muy bella pero tiesa y sobreactuada; Durán compite con Anabelle Gutiérrez en simpatía, y como ella, se roba las escenas en la que aparece. Durán, como todas las mujeres que aparecen en la trama –excepto, y eso sólo tal vez, Blanca de Castejón–, acosa a Infante; como las dos sirvientas, como otras invitadas a una fiesta, como Miroslava y, en una escena inquietante por su cercanía a la pederastia, Gutiérrez, que no se atreve a ser una Lolita. El enredo que hace creer que Infante no es un célebre compositor sino un vagabundo protegido por Castejón provoca que Durán lo obligue a comportarse más como invitado a la fiesta que como mayordomo; hija del potentado Óscar Ortiz de Pinedo, obliga a que Infante la atienda de manera especial: “soltero, y yo lo vi primero”, declara antes de colgarse de su brazo; con tono de caprichuda, hace que Ortiz de Pinedo lo obligue a quedarse con ella, a que cante una canción que no es suya sino de Pablo Beltrán Ruiz; hace que se siente a la mesa en la cena, e interrumpe todas las conversaciones en que interviene Infante, quien se aprovecha para entrometerse en un negocio entre Óscar Pulido y Ortiz de Pinedo; en vista de esos privilegios, Infante deja el papel de mayordomo y actúa de una manera indefinida: ni como invitado ni como sirviente; pasa la noche en el cuarto de invitados, donde, al hablar del negocio con Pulido, recibe una llamada de Durán, “Patricia”, quien lo invita a nadar con ella a un deportivo (seguramente el Chapultepec, donde Luis Aguilar obliga a Aurora Segura a pedirle perdón, y donde Infante lo denuncia ante el comandante de tránsito en ATM); con una figura mucho más esbelta y atractiva que la regordeta Miroslava, cachondea de una manera inusual a Infante, a quien le dice que no sabe nadar, y se aprovecha para abrazarlo (ambos en traje de baño, como Deborah Kerr y Burt Lancaster en From Here to Eternity), para que la manosee, y se le prende con intenciones muy claras; ¿de veras no sabe nadar?, pregunta Gutiérrez a una muy celosa Miroslava; es campeona nacional, dice ésta. Por desgracia, es la última aparición de Durán en la cinta, porque después dos agentes de tránsito (hubiera sido divertido que uno de ellos lo interpretara, en un bit, Luis Aguilar, y el otro Emilio Tuero; pero estamos hablando de los años cincuenta y del cine mexicano; en Hollywood sí hacen esos guiños al espectador) encuentran la carcacha que al principio de la cinta se desbarranca sin Infante, y lo creen muerto, lo que desencadena la desenfrenada y caótica escena final, típica del director Rogelio González, con el beneficio de la Lolita involuntaria Gutiérrez; hubiera sido otra cinta, pero dan ganas de ver la reacción de Durán si leyera la noticia de la muerte de Infante, y de verlo vivo: hubiera sido más divertida que el desmayo de Miroslava, y el final sería más atrevido.
Su siguiente cinta, y la última durante más de 15 años, fue El sultán descalzo, de Gilberto Martínez Solares; dice García Riera que no es de las mejores cintas de Tin Tan, pero que está lejos de ser de las peores. Sin embargo, ni en las reseñas incluidas en las dos ediciones de la Historia documental del cine mexicano, ni en la del volumen dedicado al cine de Tin Tan, repara en la presencia de Durán, aunque recalca la actuación de Yolanda Varela; varios factores propician la superioridad del papel de Durán; Varela no muestra la cachondería que despliega en Lo que le pasó a Sansón; es más, ni siquiera baila con la sensualidad con que lo hace en Con quién andan nuestras hijas, en una trajinera en Xochimilco, con Freddie Fernández; o como aparece mostrando la belleza de sus piernas en Escuela de rateros, o cuando, en esa misma cinta, pide una cuchara porque le dan ataques epilépticos; tiene buenas escenas, como cuando Tin Tan le dice “lo bueno es que nos queremos”, aunque es la primera vez que hablan; o como cuando va a ir a ver cómo se ve en la cámara fotográfica; más bien parece tan lloricona como en Dos tipos de cuidado. Durán en cambio tiene un papel memorable: esposa del policía Joaquín García Borolas, declara que todos sus vecinos son sus "compadres", y le confiesa que, como él trabaja por las noches, Tin Tan la pasea, la lleva a bailar y la divierte en su ausencia; ante los celos de Borolas, ella, en un “aparte”, exclama: “condenado chaparro, ¿no se ha visto en un espejo?”, con mucha gracia; luego de que Borolas persigue a Tin Tan con pistola en mano, y le dice al marido que le dijeron que la paseaba nada más para hacerlo enojar, tiene el descaro de entrar al cuarto de Valdés, y allí le coquetea, así como a Elmo Michel: “adiós los dos”, se despide; después ella le coquetea a Florencio Castelló, el tendero querendón, le acepta una copa de jerez y le pide que vuelva a servirle, y cuando Tin Tan la delata con Borolas, éste la encuentra sentada en el mostrador, con las piernas cruzadas, alegre, celebrando las coplas que le dedica Castelló; luego de varios enredos, ella, preocupada por la desaparición de Borolas (preso por culpa de Tin Tan), le pide que lo busque; él se aprovecha para usar un uniforme de policía y recaudar comida para Varela, y le advierte que tiene que cubrirlo para que no lo castiguen; le pone una tarifa: “50 pesos, o tú dirás”, a lo que contesta Durán, en una de las escenas más inquietantes del cine mexicano: “Mejor tú dirás, porque 50 pesos no tengo”, y se le cuelga del brazo.
Tin Tan, poco antes, ha dicho de La Pancha (Durán) que ni es tan bonita, pero luego reflexiona, la recuerda, describe su cuerpo y decide que sí vale la pena.
Luego de esa escena vuelve a aparecer, en una arena de boxeo donde Tin Tan y Wolf Ruvinskys han escenificado una burda pelea, y Borolas la descubre y la persigue, sin que se sepa el desenlace. Es una lástima, porque éste es uno más de los muchos buenos momentos que el cine mexicano desperdició por beneficiar a los por lo regular cuadrados actores principales; eso es común en el cine mexicano, y si siempre es de lamentar, más lo es en esta cinta, no muy buena, y que se salva no por Tin Tan y su desenfreno, sus bailes y sus picardías, sino por Liliana Durán, bella, atractiva, graciosa y provocativa. Y por desgracia, cuando parecería que se encaminaba a una carrera más provechosa, emigró a Venezuela; su huella en nuestro cine es endeble, pero con unas cuantas actuaciones permanece como algo que pudo haber sido y no fue.
Una llamada de atención de Pancho Conde Ortega me dio la oportunidad de revalorarla, lo que agradezco a Pancho y lo conmino a que llame mi atención hacia alguna otra actriz a la que no hemos sabido apreciar.

9 comentarios:

LUIS GUERRERO dijo...

SOY VENEZOLANO LILIANA DURAN FUE UNA INSTITUCION EN LA TELEVISORA VENEZOLANA

Telenoveleiros! dijo...

Alguien se acuerda de su personaje (nombre) en ANGELITO (1981) y algo más sobre esa telenovela. Gracias.

Anónimo dijo...

Mi papá conoció a Liliana Durán a principios de los 70 en Caracas y me acuerdo que el nos dijo que era una mujer bella y con piel de durazno.

Andrés Scott dijo...

Andrés Scott
Liliana Durán fue una de las primerísimas de la telenovela venezolana. Fue memorable su actuación en la Telenovela "Estefanía"

lqduran dijo...

Soy la hija de Liliana Duran. Ademas de ser una muy destacada y reconocida Actriz de telenovelas y cine en Venezuela, tambien contó con una muy exitosa y fructifera carrera en el Teatro, lo que era su verdadera pasión.

Lalo dijo...

Gracias por escribir; como habrá notado, tengo admiración por las actuaciones de su señora madre en el cine mexicano, y lamento que no la hayan aprovechado más. Estoy a sus ordenes en mi correo elecgtrónico, leguiluz@prodigy.net.mx Gracias de nuevo

Juan Manuel Leal dijo...

Hola lqduran, he leido que es usted hija e Liliana Duran, da la casualidad que iba buscando su rastro ya que yo soy de Alicante, y mi abuelo paterno era hermana de la madre de Liliana Duran, osea que de su abuela... la última vez que entré en este blog fué en el 2012 y hasta ahora no habia retomado el tema...

lealblanes@gmail.com

Anónimo dijo...

trabajo en estefania...

Luis Soto Mardones dijo...

Saludos a la descendencia de Liliana,y mucho apoyo a los hermanos venezolanos que están sufriendo por un tarado inepto...✈️����✈️....