domingo, 11 de julio de 2010

Escuela de vagabundos, una película engañadora / I

Después del feliz encuentro de Pedro Infante con Joaquín Pardavé en la muy divertida El mil amores, realizó, también bajo la mano hábil de Rogelio González, la que tal vez sea su película más celebrada, Escuela de vagabundos; es cierto que las sagas de Pepe el Toro, de los motociclistas raros, de los “tres García somos muchos en el mundo”, son representativas y paradigmáticas del Infante actor; pero Escuela de vagabundos es una de las más recordadas y citada como la más graciosa, sobre todo por el excelente reparto que secundó a Infante y a Miroslava.
Hace poco, en las redes sociales bastantes personas recordaron con agrado el personaje de Blanca de Castejón, en su papel más famoso, y desde su estreno son rememoradas muchas escenas. Para mí, es el mejor ejemplo de que una cinta la hace el cuadro de actores secundarios, que en el de esta cinta es formidable, pero también de lo mal que vemos cine.
Lo mucho que se han exhibido las películas de Infante, su comercialización, su venta en puestos de periódico, las diferentes colecciones, ha permitido que las veamos varias veces, y pasado el grato recuerdo de algunas escenas, podemos mirarlas, sobre todo ésta, con otros ojos, fijándonos en los detalles, viendo errores que hemos pasado inadvertidos, y que los encargados de estudiar el cine tampoco han tomado en cuenta.

Desde siempre fue célebre que en la primera escena, vemos a un Infante con aspecto de vagabundo feliz. Montando una carcacha casi destartalada que se niega a avanzar, y que cuando Infante va por agua con una cubeta agujerada, la carcacha se va a un barranco, mientras Infante la ve no tan compungido, y le dice adiós.
Poco después sabemos que se llama Alberto Medina, y casi al final de la cinta, que es un compositor de fama nacional, no tanta porque no lo reconoce nadie de tantos que lo tratan a lo largo de la trama y que se supone son personas enteradas. Lo oímos cantar “Adiós Lucrecia”, aunque en los créditos de la cinta la canción se llama “Dumont y Lucrecia”, de Fernando Estenoz y Miguel Medina (¿por eso se llama así el personaje, por Medina?); la canción es bastante incongruente; habla de Santos Dumont (Alberto), brasileño que inventó un globo que pensaba dirigir con aire solo; en primer lugar no era con aire solo, era un dirigible, o sea que aire caliente, o helio; el padre lo conmina a que se baje de su silla porque tiene que ir a la Antequera, que queda por Málaga, pero él quiere ir a Venecia que está en Italia; está cantada en presente, pero aunque la cinta es de 1954, habla de un personaje que cometió suicidio en 1932.
Fernando Estenoz (muy amigo de mi padre) era el cantante del Trío Avileño, (Aguileño, dice García Riera en su Historia documental del cine mexicano, segunda edición) que entre otras, hizo una versión defeña de “La engañadora”, de Benny Moré que en vez de “A Prado y Neptuno” dice “A Madero y Gante” (por cierto, en Venustiano Carranza casi esquina con Gante había una tienda de discos, Adela, propiedad de Adela, la esposa de Estenoz y protagonista de “Me lo dijo Adela”, que también canta Infante, pero en Escuela de música), y otras piezas suyas son “El disco rayado” (“este disco se rayó, este disco se rayó, este disco se rayó, empújale que empújale que empújale la aguja…”), de “El chacachá del tren” y “Cuidado con la mano”; muy congruente no era.
Que la canción sea incongruente no justifica que la escena lo sea; al final sabemos que Medina, compositor y de los buenos, como dice el amigo que le prestó la carcacha, va de cacería por el rumbo del Rancho de la Palma; como eso queda por Tamaulipas, supongo que lo más probable es que sea Rancho Palma, por Huixquilucan; camina hasta la casa de los Valverde, que no se dice dónde está pero sí que lejos del centro; por algunas referencias, puede que esté por las Lomas, por Coacalco o por el propio Huixquilucan; Infante camina demasiado para pedir que le permitan hablar por teléfono.
De cualquier manera, que vaya de incógnito y de cacería, no justifica que ande en fachas, desarrapado, con sombrero deshilachado y el saco roto, por lo que fácilmente lo confunden con un vagabundo; de allí el título. ¿Así andan los cazadores, sin botas, sin rifle, en solitario?)
Antes de que toque a la puerta conocemos a la familia Valverde; Óscar Pulido es el padre, pudiente pero incapaz de gobernar a la esposa, Blanca de Castejón, ni a las hijas Miroslava y Anabelle Gutiérrez; la primera aparece en shorts muy shorts; Gutiérrez en traje de baño, secándose con una toalla, pero en ningún momento se ve la alberca, ni se le menciona; la escena sirve sobre todo para mostrar las piernas de ambas; sus muslos son rotundos, de acuerdo a la época; Miroslava hace ejercicio, con las piernas en alto, pero Gutiérrez es más atractiva, aunque las dos están muy bellas.
Así bajan a desayunar; Blanca de Castejón, optimista, saluda a los peces, las plantas; es fácilmente memorable por el tono de voz, por la exageración del personaje; Castejón fue más bien actriz de teatro, y en todas las cintas se dedicó a recordarlo: exagera, modula de más, engola la voz, se sobreactúa, y eso hace que la recordemos mal: todos recuerdan la frase “buenos días pececitos” cuando en realidad dice “buenos días pescadito” (años después de la cinta nos corregían: se dice peces, no pescados; ahora la escena es políticamente incorrecta”); sentados a la mesa, Miroslava y Gutiérrez se burlan de Castejón saludándose entre sí, a Castejón y a Pulido, al mayordomo Eduardo Arcaraz, hasta que Pulido reacciona y pide que se callen; antes, Arcaraz se queja de que el último de los vagabundos protegidos por Castejón se llevó la platería, la noche anterior, y tienen que desayunar con cucharas de palo (poco más tarde cenan con cubiertos normales pero no se hace referencia de que hayan ido a comprarlos o que una tienda los haya enviado; descuido del guión); las cocineras Dolores Camarillo y Ana María Villaseñor se burlan de Arcaraz porque siempre amenaza con renunciar y nunca lo hace; en el clóset están guardados sus palos de golf; si puede ir a jugar, o sea que tiene dinero, ¿por qué aguanta a una familia disfuncional y a un par de cocineras –no se ve que hagan otro quehacer; en realidad, ignoramos quién asea la sala y el comedor, ni quien tiende las camas; sin embargo, la casa está impecable: es posible que haya otras sirvientas en la casa, pero que no caen rendidas ante Infante– sin ninguna compensación? Descuido del guión.
Pulido amenaza: ningún vagabundo más en la casa; al poco aparece Infante y Castejón, pese a los esfuerzos de Arcaraz para evitar que lo vea, lo contrata como jardinero; sus funciones en realidad son otras: chofer, guarura, y enamora a las cinco mujeres de la casa. Cuando Miroslava lo descubre lo rechaza y luego se porta agresiva; pero la coquetería que despliega para con otros no justifica que permita al nuevo criado su insolencia y que sea tan igualado.
Hay una escena muy divertida: Miroslava da instrucciones a Infante para que vaya por Pulido a su trabajo: las instrucciones son precisas: trabaja en avenida Juárez, no usa lentes, le gustan las fresas con crema y sale a las cinco de la tarde; no obstante, da con él; en el camino de regreso Pulido le advierte que no va a permitir que robe como los otros vagabundos, que ya se llevaron todo; Infante advierte: “algo habrá, algo habrá”.
A pesar de la lejanía de la casa, que está en un lugar aislado y casi incomunicado, después de la cena, con cubiertos normales, Pulido se escapa para irse de parranda; no se lleva el auto ni llama un taxi, pero se va sin que nadie lo advierta, ¿cómo le hace? Descuido del guión; regresa casi de madrugada, hasta el cepillo, exagerando el habla y el andar; el ruletero Ramón Valdés intenta estafarlo; quiere cobrarle diez pesos, luego veinte y luego todo el rollo de billetes (no usa cartera); hay que recordar que está filmada en 1954, cuando apenas se estaba regulando el servicio de los autos de alquiler, o ruleteros, y después taxistas, por el taxímetro, que no trae todavía Valdés; la tarifa era convencional y nada diferenciaba a los taxis de los otros autos; diez pesos por una dejada es bastante caro; hay una cinta de la época, con Adalberto Martínez Resortes, Dos pesos dejada; si se considera que los diputados ganaban 33 pesos diarios, que el gerente de una gran compañía percibía mil pesos mensuales, y que 14 años después, cuando comenzaron los taxis colectivos se llamaron peseros porque cobraban un peso del Zócalo al Auditorio Nacional, y dos pesos del Auditorio a la Villa, veinte pesos era un abuso.
Infante lo evita, lo domina, le tuerce un brazo a Valdés y hace que se vaya; Valdés se aleja, enfurruñado, mentando madres con el claxon; nadie objeta (“si tiene algo que objetar, objete”, le dice Pulido a Abel Salazar en una cinta mala pero alburera: Mi mujer necesita marido) que suene el claxon aunque Valdés use las dos manos para darle vuelta al volante. Descuido de dirección y de continuidad.
Más tarde que él, regresa Miroslava, acompañada de Fernando Casanova; Infante vuelve a ser insolente con Casanova, con quien ya había tenido un incidente; y luego con Miroslava, quien permite que la faje (¿qué andaba haciendo tan tarde?). Ella le coquetea por primera vez, y él la lleva a la fuente del jardín (¿ahí es donde se refresca Gutiérrez en traje de baño?) y canta “Grito prisionero”, de Gabriel Luna de la Fuente; es de las mejores canciones interpretadas por Infante; es una lástima que no hayan sincronizado la pista con la imagen; allí la besa por primera vez.
Antes ha habido una escena en la cocina; mientras Camarillo y Villaseñor atienden melosas a Infante, Arcaraz espera inútilmente que le sirvan el desayuno; si la cinta hubiera sido filmada en los ochenta hubiera sido muy sospechosa la vestimenta de Infante; no trae camisa, y la camiseta, que no es de tirantitos, carece de mangas; esa vestimenta comenzó a usarse a finales de los ochenta y de plano en los noventa para presumir músculos y apantallar, pero no a las mujeres. Allí canta, y baila, lo más cercano que estuvo Infante de los ritmos modernos, si se exceptúa el mambo que bailan, borrachos, él y Badú en El Gavilán Pollero; “Nana Pancha”, que canta las hazañas de una mujer bravía, indómita, una especie de Pancho López al revés; si se hacen las cuentas se verá la exageración: si cumplió apenas los treinta cuando Maximiliano llegó aquí a la nación, la Nana Pancha tiene, para la época, 119 años, y por muy viva que esté, es de dudar que no haya día en que la policía, a la comisaría la quiera remitir, y quién sabe de dónde saque el dinero para pagar la doble multa, la original y la ocasionada porque no se deja y los insulta, para poder salir.
El tal Alberto Medina no es un compositor y de los buenos, a menos que se le achaquen "Grito prisionero" y las otras dos que canta en la cinta.
Una escena, sin embargo, es brutalmente buena; en medio de tanto escándalo, Anabelle Gutiérrez, en plena noche, aparece con camisón no muy provocativo; su papel es de una quinceañera, más o menos, pero en la vida real andaba por los 21 o 22 años, y su bello cuerpo la delataba; se secretea con Infante, le regala una paleta (¿Mimí, o de anís?; por la forma cualquiera de las dos; pero es una paleta al tiempo), y cada vez los susurros son más bajos pero dejan ver un deseo contenido; ella le pregunta si le gusta un poquito y él dice que un chorro, que si no estuviera tan chica sería su novia; ella grita un “¡Alberto!” muy espontáneo y sincero, además de natural, que borra todas las escenas de Miroslava, excepto la del pastel de pepinos, que para no seguir abusando del espacio, dejaré para la siguiente.

Posdata. El sábado hubo tres blanqueadas; uno de los juegos terminó 1-0 por vigésima quinta vez en lo que va del año, y fue en 11 entradas; en ese encuentro, los Filis conectaron su primer hit en la novena entrada; y pensar que nos lo hemos perdido porque las televisoras están entretenidas en un torneo de futbol donde lo más atractivo es cuantificar los errores arbitrales, las fallas de los superestrellas cansados seguramente por sus actividades múltiples fuera de la cancha, y el estrellato inesperado de un pulpo, que no tiene la culpa de nada; lo único bueno fue que Larissa Riquelme no necesitó que su equipo favorito ganara el torneo para encuerarse (que no le faltaba mucho; falta ver si pone de moda el estilacho para colgarse del escote el celular). También hay que admitir que hay menos entusiasmo desde que eliminaron al equipo mexicano.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Usted trata demasiado fuerte parecer inteligente.

Lalo dijo...

No, trato de escribir bien, y de fijarme en todos los detalles; sería, eso sí, muy tonto, no advertirlos y simplemente decir "me gusta" o "no me gusta". Y pese a todo, la cinta es agradable. Ojalá firmaran su comentario.
Eduardo Mejía

Luis Fabian Nevarez dijo...

yo si me fije en algunos detalles de la pelicula y el que mas me llamo la atencion es la vestimenta quelleva al principio

ardc dijo...

Saludos. Muy buen post y buen análisis de los detalles; el problema es que son muchos y la entrada quedaría muy extensa. Coincido con usted en que es una de las películas más divertidas de Infante y que cumplió con lo que tenía que cumplir: entretener.

Pienso que muchos de los filmes de Pedro Infante están llenos de detalles como los que mencionas, ya sea errores de secuencia, de guión, etc., y siempre es entretenido encontrarse con este tipo de blogs. Yo tengo en borrador un análisis similar sobre otra película de él (y de las mas famosas); espero terminarlo pronto.

Saludos!

Zophia Cabrera dijo...

Debes fijarte en que la información sea real, los diálogos que mencionas son inexactos, hay muchas mas cosas que analizar que si te gusta o no te gusta Miroslava Stern.
Lo que concuerdo es que es una de las mejores comedia de Infante.

Ren, Rena, Rengüichita, llamame como quieras dijo...

Resulta que si conocemos la historia del cine encontramos este tipo de detalles en todas las películas, gringas, mexicanas, francesas, etc. Para empezar el género es un poco mas allegado al teatro del absurdo, que no... Ningún punto de toda la trama se sostendría en una realidad estricta. Nadie recoge vagabundos y los pone de servicio y esa es la anécdota en la que está centrada la película y por ahí ya habríamos empezado mal.
Lo que hoy consideramos estos errores de guión, en 1955 no existían, la idea del guión no existía, al menos no con la sofisticación que lo conocemos el día de hoy. Todos los aspectos del cine han ido perfeccionándose (hasta el hartazgo, diría yo) y si comparamos el lenguaje cinematográfico de El gran asalto al tren (1903) con cualquier película de acción de hoy, es realmente abismal la diferencia. Los efectos especiales, la dirección actoral, la fotografía, el diseño de producción han cambiado infinitamente con los años para traer mas realismo al cine, por lo que cuando vemos una película nunca se la puede descontextualizar y se le debe ver como una totalidad. En 1955 las películas se hacían como hacer bollos, porque la industria (primera y única vez que el cine mexicano fue una industria) venía de una inyección de capital, no solo económico si no humano, ya que Hollywood se mudó a México mientras Estados Unidos estuvo participando en la Segunda Guerra Mundial, directores, fotógrafos y productores encontaron en México un refugio y transmitieron a los mexicanos conocimientos técnicos que hubo que ajustar a una realidad social diferente, en un país con un sentido del humor diferente, Escuela de Vagabundos tiene mucho de comedia slapstick, mucho de romance y algo d absurdo. El sistema de estrellas, heredado de Hollywood fabricaba grandes figuras que necesitaban estar en la pantalla continuamente, con gran exposición en los medios. Insertando música y momentos simpáticos se convertían estas películas en grandes trancazos cinematográficos. Y hasta el día de hoy es una película maravillosa, simpática, disfrutable y que nos habla de un México que ya no existe, no sólo el que vemos en la pantalla si no el que reía con una película simple y divertida si hacerse tantas preguntas bobas.

ExcaliburAgain dijo...

Para empezar la película es una farsa. Hay cosas que se obvian como por ejemplo, la manera en que se "escapa" el padre para irse de parranda o la alberca que nunca aparece, de esa forma no vemos asuntos como que los personajes van al baño, a pagar la luz o el agua. La frase de cuando Pedro dice "algo habrá" es "algo habrá quedado, algo habrá quedado". En cuanto a la fama, recuerden que en aquel entonces no había internet, ni redes sociales. Los pescaditos, pues ya están pescados. Sinceramente, que ganas de querer arruinar una película.