<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710</id><updated>2012-01-23T17:57:31.366-08:00</updated><category term='--'/><category term='('/><title type='text'>errataspuntocom</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>228</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-9027197238434638734</id><published>2012-01-23T17:57:00.000-08:00</published><updated>2012-01-23T17:57:31.377-08:00</updated><title type='text'>más de caló y modismos</title><content type='html'>Hace mucho no participo en mesas redondas ni en presentaciones de libros; recientemente me pidieron que asistiera a un homenaje a Ediciones Era, y acepté porque a la editorial le debo muchísimo; pero por dos motivos era imposible mi presencia física; una de esas razones, una visita de Nahúm; mandé un texto que, me dijo Elena Enríquez, fue más que bien recibido.&lt;br /&gt; Hace un par de semanas Jorge García-Robles me invitó a que presentara su &lt;i&gt;Diccionario de modismos mexicanos&lt;/i&gt;, el martes 17, en la sala Manuel M. Ponce de Bellas Artes, junto a Alberto Vargas, a quien no conocía, y a Guillermo Samperio, uno de los narradores más leídos de mi generación, aunque parece mucho mayor que los de mi generación. No eran los otros presentadores un factor para aceptar o rechazar, sino que prácticamente sustituiría a Miguel Capistrán, un investigador al que respeto muchísimo, y a quien aprecio aunque hace demasiados años no lo veo. Otra razón fue que el libro me interesaba por su carácter, por la calidad del autor, y porque no me une a él una larga amistad: somos amigos aunque no nos conocemos y nos habíamos visto una sola vez; sin embargo tenemos un amigo en común, Salvador González, quien nos puso en contacto. Así, no había otro interés que el literario.&lt;br /&gt; Pero estuvo lleno de incidentes; uno fue la descortesía de los empleadillos de Bellas Artes y del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes; aunque Capistrán renunció a presentar el libro más de dos semanas antes, nunca cambiaron el anuncio, no modificaron el boletín que mandaron a los periódicos, y cuando llegué a la sala Ponce (aunque dos guaruras intentaron que no entrara), los organizadores no sabían de mi presencia, no me habían puesto rótulo, faltaba silla para mí, y no me entregaron el reconocimiento por la participación. Peor aún: los diarios y las agencias no mandaron reporteros y se limitaron a reproducir el torpísimo boletín de prensa donde citaban mal mis palabras y se las atribuían al pobre de Capistrán, que no tenía culpa de mis afirmaciones. Así, se ve la ineptitud de jefes de prensa y de jefes de secciones.&lt;br /&gt; Esos boletines recrean mal la ceremonia: fuimos descorteses y salimos a la mesa con cerca de 20 minutos de descortesía para los asistentes, por mera coquetería de ver llena la sala; confieso que no hice mucho por convencer a los participantes de la grosería para quienes habían llegado a tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cronista Alberto Vargas leyó un texto con cierto sabor, aunque me temo que confunde “modismos” con “palabras altisonantes”; después leí el texto que incluí aquí el mismo martes por la noche; Samperio tardó 15 minutos antes de leer, a tropezones y entre carcajadas (de él mismo y de parte de algunos de los asistentes), un texto bastante interesante aunque también malinterpreta lo que significan los modismos: para él es un lenguaje cifrado, oculto, de minorías al que sólo tienen acceso los privilegiados como él, que pueden entenderlo. Después se desbocó atacando a la Academia y después a El Colegio Nacional; a la primera por ser la Academia y al segundo no supe por qué, porque no sabe a qué se dedica, lo califica de nido de mafiosos "por los premios que otorga"; lo adornó con una anécdota, pero afirmó que el protagonista fue Adolfo Castañón, quien no es miembro de la institución.&lt;br /&gt; Cerró Jorge García-Robles con el texto más interesante de la jornada, al dar contexto histórico, político y social a los modismos; explica que a lo largo de los años las costumbres se relajan, la ropa se hace más cómoda, libre y erótica; luego se lamentó de que la Real Academia no acepte las malas palabras ni los modismos ni haga cambios necesarísimos, como la supresión de la “h”, de la “y”, comparó al español pobre con el italiano riquísimo porque ellos sí eliminaron la “h” a pesar de que su idioma viene del latín; se debe a que los académicos no ejercen su autoridad, aunque a veces sí, como en la supresión reciente de los monosílabos acentuados y de la supresión de la “b” en “oscuro” y las mayúsculas acentuadas. Dos veces los llamó "pasivos".&lt;br /&gt; Por desgracia, los retrasos impidieron una réplica, que hago por este medio: no respeto a la Academia, aunque sí a alguno de los académicos, tanto de España como de las academias latinoamericanas; creo que se sigue cometiendo el error de incluir a escritores en vez de a filólogos, científicos, pedagogos, que agiliten la modernización del idioma; muchos escritores incluidos ven su nombramiento como un premio y no como una obligación, e incluso hay académicos que ignoran nuestro idioma: hay quien no sabe ni conjugar ciertos verbos, otros que cometen solecismos, redundancias y barbaridades al escribir. Pero la afirmación de que la Academia no ha modificado una coma o un punto del diccionario es ignorar lo que se ha hecho en últimos tiempos, con correcciones, agregados, añadidos, modificaciones, y muchos vocablos que han entrado al Diccionario; no siempre los cambios han sido acertados; falta mucho, pero no hay la apatía que reinó en otros tiempos, más por la altanería de la Academia española, egocentrista y altanera, que no permitía correcciones ni enmiendas.&lt;br /&gt; Esa intolerancia provocó una inmovilidad que fue muy criticada por muchos; en México se distinguió Raúl Prieto Riodelaloza, que con su nombre o con su más conocido seudónimo de Nikito Nipongo, señaló errores, equívocos, mentiras y ridiculeces en numerosas ediciones del Diccionario; a veces exageró pues atacó a las personas más que a los académicos, se burló de quienes aceptaron el cargo en la Academia, y se contradijo: lo mismo la atacó por ser poco flexible que por ser muy flexible.&lt;br /&gt; No fue el único en señalar errores, pero sí el más popular. Los muchos críticos forzaron, sin que lo reconocieran, a que la Academia no sólo corrigiera algunos errores; por ejemplo, la famosa definición de “día”: tiempo en que el sol tarda en dar vuelta a la Tierra, por “tiempo en que el Sol está sobre el horizonte”; también atemperaron muchas definiciones políticas (no hay que olvidar la sumisión de la Academia, que en su edición primera después de la Guerra Civil Española, puso en el lomo: “1939, año de la gloriosa victoria”; eso solo sirve para no confiar en la Academia ni en los académicos; pero en España ya no están los franquistas en la Academia –aunque ahi vienen, ahi vienen de nuevo– y muchos de los nuevos miembros han sido progresistas, gente de izquierda y son favorables  a los cambios), aceptaron palabras que debieran estar en sus páginas, dieron cabida a modismos, regionalismos, y hasta errores repetidos por la ignorancia de las publicaciones periódicas poderosas por sus ingresos o por el número de sus lectores.&lt;br /&gt; Difiero de Jorge García-Robles en que la Academia no acepta cambios; en 1956, luego de un congreso (en Madrid) en que participaron académicos de todo el mundo de habla hispana hicieron una cantidad de modificaciones que muchos se negaron a aceptar entonces, pero que a lo largo del tiempo adaptamos todos: las mayúsculas acentuadas, la supresión de letras inútiles o que tienden a no pronunciarse (como la “b” de obscuro), y los monosílabos sin pronunciación tónica, aunque hicieron diferencias; se acentúan los pronombres personales, no los posesivos; se acentúan las afirmaciones, no las condicionales.&lt;br /&gt; García-Robles pide, como García Márquez, que se elimine la “h” que consideran inútil; sólo que García Márquez lo pide para disculpar su pésima ortografía, de la que hace gala en su portentosa autobiografía (donde relata que las cartas que le escribía a su madre, ésta las contestaba, pero le regresaba las suyas corregidas); no sé cuál sea el pretexto de García-Robles; no puedo admitir que sea su mala ortografía, y espero que no sea cierto lo que dijo, que el español debe escribirse como se habla, o sea una ortografía fonética, como la quieren algunos gramáticos: reducir a una letra los sonidos diferentes de la s, la c y la z; dejar la g para los sonidos suaves y la j para los fuertes (con más gracia, Juan Ramón Jiménez alegaba lo mismo: cuando un corrector señaló “ojo: reloj”, él contestó: “oído: reló”); de ser así, habría que eliminar letras que no pronunciamos, como la “d” al principio o al final de muchas palabras, la “j” de reloj (gracias al subcomandante Marcos no hay que suprimir la i de Chiapas, pero por su culpa ahora se pronuncia Chiiiiaapas y chiiiaapanecos).&lt;br /&gt; El idioma no se reduce al significado de las palabras, sino a su correcta utilización; las más recientes propuestas de la Academia, que por fortuna no siguen ni los académicos españoles bien pensantes, parecen hacer más cómoda la escritura; ante la ineptitud de muchos que no saben conjugar o acentuar muchas palabras, la Academia concede que se simplifique: muchos nos detenemos a pensar si debe acentuarse “aquel”, “este” y otras palabras similares. Para evitarlo, “podemos” no acentuarlos, y que se chinguen los lectores.&lt;br /&gt; Al lector le toca adivinar si Jorge García-Robles se refiere a una conjugación de haber o a una institutriz cuando escriba “aya”; pero él no alegó motivos etimológicos ni históricos, sino de comodidad. En otros idiomas hay diferentes sonidos para cada letra, y en cambio en español para muy pocas, por lo que éstas, las letras conflictivas, deberían de eliminarse o simplificarse.&lt;br /&gt; Sin embargo, ¿qué pasaría si desecháramos la y? ¿Cómo sabríamos cuándo la i es vocal y cuándo consonante, que es básicamente la diferencia, aunque en apariencia suenen igual? Un ejemplo: destruia, ¿sería destruía o destruya?&lt;br /&gt; Las letras en español no son únicas: la palabra celeste tiene en apariencia una sola vocal, puesta tres veces; pero basta con pronunciarla para ver que en cada caso la e es diferente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veamos brevemente el caso de los diccionarios; en la mesa coincidimos en que a los escritores le gustan los diccionarios, pero parece que no los conocemos, por la insistencia de los ponentes de que la Academia debería incluir las palabras altisonantes, muchas de las cuales están en el diccionario preparado por Jorge García-Robles; pero sí están. En las escuelas, cuando los maestros piden diccionarios, los alumnos las buscan, excitados; sólo encuentran “macho cabrío”, que no suena a grosería; otra acepción de esa palabra es la del marido que consiente el adulterio de su esposa, cosa que los alumnos de primaria no alcanzan a comprender (quién sabe ahora: están muy desarrolladitos en temas escabrosos); para Vargas, esa calificación la adopta mejor la palabra “güey”, pero todo mundo sabe que güey es sinónimo de tonto, no de cornudo consciente que consiente.&lt;br /&gt; Un diccionario académico, que pretende fijar, pulir y dar esplendor, no puede aceptar a la primera una palabra que probablemente no tenga durabilidad, como fue el caso de “chiro”, que duró unos cuantos meses; o que tiene un significado en una región, y otro distinto en otra, aunque compartan básicamente el mismo idioma. Para eso son los diccionarios de caló y de modismos, que tan mojigatos nos han salido.&lt;br /&gt; Se queja Jorge de la poca sensibilidad de los académicos para notar los cambios, y su nula autoridad para hacer un idioma más cómodo y más sencillo. Las críticas, como decía al principio, escaldaron a los académicos y le soplan hasta al jocoque; las últimas versiones del Diccionario de la Academia no son normativas, se acercan más a un diccionario de uso, no tan directo como los de Moliner (de uso, pero para escritores y editores, no para el habla cotidiana) o el reciente (más o menos) de Seco, que tiene la virtud de explorar más allá de las fronteras españolas, pero que tampoco es muy extenso. Una simple comparación entre la edición de 1970 y la de 2002 asombraría a quienes afirman que no hay cambios ni nuevas acepciones; lo malo es que verá que no siempre son adecuados ni acertados, y responden a exigencias sociales o políticas; mucho me temo que si algún académico tomara en serio la petición de García-Robles, propondría que eliminemos la “h” que muchos creen que no pronuncian; sólo entonces verían la falta que hace.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queda pendiente el comentario sobre los académicos que sólo cobran sin aportar nada, y los premios que da El Colegio Nacional, ambas afirmaciones de Guillermo Samperio; también sobre la comodidad y lo erótico de las ropas actuales, y de otras costumbres; lo dejo para la siguiente entrega, y algún otro detalle. No puedo terminar sin rectificar mi afirmación sobre el Índice de mexicanismos, que es mucho más que un refranero; quise decir que su mejor parte es el refranero, no por ser un refranero sino porque enseña a usar los modismos y el lenguaje cifrado de una manera inteligente y graciosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la edición mexicana del &lt;i&gt;(self)Play, boy&lt;/i&gt;, que muestra qué tan vieja puede ser una joven como Lindsay Lohan (por el uso, diría el personaje de una novela mía), en entrevista a la ex miss, Lupita Jones, se afirma que Pablo Neruda escribió unos versos de Rubén Darío: “Juventud, divino tesoro”. Órale.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-9027197238434638734?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/9027197238434638734/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=9027197238434638734' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/9027197238434638734'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/9027197238434638734'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2012/01/mas-de-calo-y-modismos.html' title='más de caló y modismos'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-239382510128697032</id><published>2012-01-17T20:41:00.000-08:00</published><updated>2012-01-17T20:41:12.815-08:00</updated><title type='text'>De modismos y caló</title><content type='html'>Para empezar, declaro que este libro me cuachalanga; pero debo explicarme; admiro a los escritores que dominan el lenguaje coloquial que no siempre, o casi nunca, se somete al mundo de las reglas que pretende dominar la Academia, entre otras cosas porque el lenguaje es vivo, se modifica con una frecuencia que no siempre pueden seguir los filólogos, y que los académicos se niegan a registrar mientras una palabra no siente plaza, quede establecida debidamente y que la entiendan todos. (Véase &lt;i&gt;Perspectivas mexicanas desde París&lt;/i&gt;, entrevista de James R. Fortson a Carlos Fuentes, en 1974.)&lt;br /&gt; (Claro, la Academia se equivoca con una frecuencia sospechosa: no registra &lt;i&gt;chido&lt;/i&gt;, pero aceptó &lt;i&gt;presupuestar&lt;/i&gt;, que en el lenguaje cotidiano sustituía a &lt;i&gt;presuponer&lt;/i&gt;, y eso indicaba sumisión al mundo político-administrativo; pero apenas entró a su tumbaburros los políticos dejaron de usar ese término. Y a propósito de &lt;i&gt;chido&lt;/i&gt;, éste sustituyó al muy efímero &lt;i&gt;chiro&lt;/i&gt;, que duró menos de lo que dice Jorge, y que a su vez sustituía a &lt;i&gt;chicho&lt;/i&gt;; no es que hayan desaparecido, sirven para establecer la edad de quien los dice; los que vivieron su plenitud en los años treinta a cincuenta se identifican con la definición “el muchacho chicho de la película gacha”, y allí vemos el extraño caso de la supervivencia de los modismos: ya pocos dicen chicho, pero nadie necesita que le expliquen el significado de &lt;i&gt;gacho&lt;/i&gt;; también me sirve para disentir, porque Jorge dice que &lt;i&gt;chicho&lt;/i&gt; es valiente y arrojado, pero también significa &lt;i&gt;chido&lt;/i&gt;, lo que no es necesario explicar, pese a que las nuevas generaciones tienden más a decir &lt;i&gt;de pelos&lt;/i&gt;.)&lt;br /&gt; Admiro, decía, a los escritores que dominan el lenguaje coloquial; hay quienes no lo dominan, ni lo pretenden; por ejemplo, la escena de la mudanza en &lt;i&gt;El gato&lt;/i&gt;, no el cuento sino la novela de Juan García Ponce, en que uno de los cargadores, al dar por terminada su labor, exclama: “¿Ora sí listo, señora? Hasta la próxima mudanza, entonces. Sale”, que se sale de tono con la narración, y nadie dice eso. José Agustín, en cambio, puede hacer toda una novela a base de modismos, e incluso adelantarse a los vocablos de moda, sin que suene artificial, falso o impostado, ni es necesario recurrir a un diccionario para entender la trama. Lo mismo sucede con Carlos Fuentes, quien hace convivir a personajes de diferentes estratos socioeconómicos y hacerlos hablar con un lenguaje propio de su estrato, sin que haya malos entendidos. Fuentes ha declarado varias veces su pasión por el lenguaje vivo, cambiante, frente al anquilosado que se perpetúa en el tumbaburros de la Academia.&lt;br /&gt; Muchos escritores intercalan palabras propias del caló, o expresiones coloquiales, como contrapunto del lenguaje aparentemente correcto, y logran efectos espléndidos; pero las novelas verosímiles son las que se narran con el lenguaje que utilizamos en la cotidianeidad, en la intimidad, en la sobremesa, en la cantina; muchas veces el uso cotidiano de una palabra contradice su definición en el tumbaburros: en una ocasión, comiendo con Jorge De’Angeli en un restaurante de lujo, se nos antojó fumar; él iba a hacerlo por primera vez; por ello no se me había ocurrido llevar cigarros porque a él, hasta entonces, le molestaba que alguien fumara delante suyo, en comidas; llamó al dueño del restaurante, Luis Marcet, quien llamó a uno de sus chalanes y le ordenó: “pepénate dos cigarros”; en el DRAE, pepenar es recoger algo del suelo, pero también, sorpréndanse, es reprobar a un alumno; más aún, el DRAE ordena que en México se le dé la acepción de robar. Luis Marcet no le ordenó que buscara entre los ceniceros, o en el suelo del restaurante, dos colillas (mucho menos a dos ayudantes del conductor que transporta el pulque, que es la definición que da Jorge a colilla, lo que mucho me sorprende), ni mucho menos que robara dos cigarrillos, sino que los consiguiera. ¿Para qué sirve un diccionario si ninguna de sus definiciones nos ayuda a entender una plática común y corriente? Si en una novela el dueño de un restaurante le pide a un ayudante que pepene un cigarro, el lector entiende que el mesero debe buscar quién le obsequie uno, sea un comensal (de confianza, desde luego), otro mesero, uno de los pinches, o el cajero, ya verá quién; nadie entenderá que se lo robe, que lo busque en el suelo o entre los desechos, ni que para ello repruebe a un alumno.&lt;br /&gt; (A propósito, en el mundo antiguo los cocineros tenían dos ayudantes: el que pinchaba la carne y el que la picaba; pese a su inferioridad laboral, tuvo fortuna filológica el segundo, que pasa a la cultura con el prestigio de pícaro, o alburero; el primero, en cambio, tiene la desgracia de representar la pobreza, la mediocridad, lo pinche.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿El lenguaje cotidiano requiere de un diccionario? ¿Lo que hizo Jorge García-Robles es un mero deleite personal que comparte con sus lectores, entre los que me cuento –así como me cuento entre sus amigos aunque hoy es la tercera vez que lo veo, pese a que antes hayamos intercambiado lecturas gracias a la generosidad de Salvador González? ¿Es un placer de filólogo el registrar cada giro lingüístico, cada invento verbal, cada uso diferente que le dan los escritores que se acercan al idioma que se habla en las calles y que a veces es distinto al que se registra en tareas académicas? ¿Es necesario uno más, entre los no demasiados que han aparecido desde el vocabulario incluido en la segunda edición de &lt;i&gt;El periquillo sarniento&lt;/i&gt; –porque muchos lectores de la primera no entendieron alguno de esos modismos?&lt;br /&gt; En la reunión de académicos de Zacatecas –donde Gabriel García Márquez pedía solidaridad para con su desorden ortográfico— la Academia Mexicana de la Lengua publicó un registro de mexicanismos, que era más bien un refranero, y que incluía un disquete ahora ya inservible con frases, palabras, dichos y refranes, pero se reconocía incompleto; apareció después publicado por el Fondo de Cultura Económica, sin disquete, pero uno se pierde en diccionarios y refraneros, además de que éstos son contradictorios y nadie puede regir su vida por ellos, pues lo mismo aconsejan dejarse llevar por los instintos, que reflexionar antes que caer en lo más bajo de ellos: lo mismo “Mujer que tiene buena pierna y buen andar, merece ser reina y su marido general”, que “busca a la mujer por lo que valga, no sólo por…”, lo que Jorge llama tepanjuanas, la zona del aguayón, las tambochas (aunque ésta Jorge no la recoge; perdón, no la registra, pero la reconocen los lectores de Gabriel Vargas), la zona de las inyecciones, las almohaditas (según la acepción que da Benny Moré en &lt;i&gt;La engañadora&lt;/i&gt;), o como recordaba Carlos Fuentes que se decía a principios del siglo XX, “con las que me siento” y que también incluye Ángeles Mastretta en su lamentablemente inconcluso “Diccionario de mi tía”.&lt;br /&gt; Ha habido algunos intentos por recopilar el lenguaje coloquial; recientemente la Academia Mexicana de la Lengua ha publicado dos diccionarios de mexicanismos que no son mexicanismos (como &lt;i&gt;hot dog&lt;/i&gt;) sino modismos y no particularmente mexicanos; a la lista incluida por Jorge habría que añadir algunos trabajos no académicos ni muy rigurosos, como &lt;i&gt;Así habla el mexicano&lt;/i&gt;, de Jorge Mejía Prieto, y otros más rigurosos, como el reciente de Héctor Manjarrez que se define como “útil vocabulario”, y algunos españoles, como &lt;i&gt;El lenguaje del hampa&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;El léxico de la delincuencia&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;El diccionario de palabras malsonantes&lt;/i&gt;, el &lt;i&gt;Diccionario de caló&lt;/i&gt; y el &lt;i&gt;Diccionario de germanías&lt;/i&gt;, que pese a que son muy localistas, tienen nexos con el lenguaje cotidiano de México (por ejemplo, en uno de ellos entendí un verso muy hermético de Jaime López: “ella empacó su bistec con todo y refrigerador”). Son mejores los de los literatos que los de los filólogos, aunque no tan divertidos; pero recalco que éstos son divertidos por sus fallas, sus carencias y sus errores.&lt;br /&gt; El de Jorge es uno de los mejores que he leído, yo, que soy fanático de los diccionarios, aunque no tengo tantos como Antonio Bolívar y Gabriel Zaid (citados en orden alfabético): combina el rigor del académico y la imaginación del literato; revela que es un buen lector; en la plática más extensa que hemos tenido me confesó que hubiera necesitado dos años más para hacerlo más completo; no abundaré en ello porque ninguno de los existentes es completo, aunque el de Jorge no tiene desperdicio; es decir, no le sobran muchas acepciones ni muchos vocablos, aunque falta “ay chuz”, que ya no está de moda y es políticamente incorrecto: la leí por última vez hace más de diez años, en voz de Ángel Fernández refiriéndose a Fernando Marcos en un texto de Juan Villoro; tampoco “sale y vale”, simplificada como &lt;i&gt;salivali&lt;/i&gt;; y ya metidos en gastos, anoto algunas discrepancias: incluye &lt;i&gt;dos tres&lt;/i&gt; pero no el arcaísmo &lt;i&gt;dos que tres&lt;/i&gt; ni el más actual &lt;i&gt;dos dos&lt;/i&gt;, mucho más exacto según la contundencia explicitada por Diego, Pao y Nahúm, mis informantes de lo cotidiano, pues Lourdes y yo tendemos a ver más los libros que la realidad. Tampoco me la ha refutado Marco Pulido, mi informante de lo cotidiano.&lt;br /&gt; Añado otros desacuerdos: las &lt;i&gt;Margaritas&lt;/i&gt;, más que las “cortesanas, zorras, tías, fulanas, perendangas, furcias, horizontales, pellejas, pelanduscas, pupilas, maturrangas, heteras, meretrices, cantoneras, calloncas, calientacamas, busconas, bagasas” del siglo XIX, eran el comité de recepción a los &lt;i&gt;green grows&lt;/i&gt; del ejército estadounidense que invadió México en 1847, y que tan buena acogida tuvieron en ciertos sectores de la sociedad nacional; y que los &lt;i&gt;polkos&lt;/i&gt;, más que oponerse a las medidas anticlericales de Valentín Gómez Farías, se negaban a mocharse con una lana porque el gobierno carecía de recursos para combatir la invasión (acierta al decir que se les llamaba así porque eran buenos pa’l bailongo). (“¡oh, qué desgracia tan fuerte / de los polkos atontados / que pensaban caer parados / y se les trocó la suerte!”; “Un zancudo muy zancudo / promete a las Margaritas / que les ha de dar lo suyo / ahora que queden viuditas”, son dos de las glosas que recopila Vicente T. Mendoza, pero hay más testimonios.) No estoy de acuerdo con su definición de &lt;i&gt;piocha&lt;/i&gt;, pero no tengo más argumentos que los testimoniales, no filológicos; le reclamo que en &lt;i&gt;suave&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;suavena&lt;/i&gt; no lo acomplete con “su avena con su arroz”.&lt;br /&gt; En cambio, me informo de muchos vocablos que desconocía (y sigo desconociendo) y, lo mejor, me entero por él del periodo de vigencia de cada palabra, de cada vocablo, de cada modismo; admiro su capacidad de leer cosas tan diferentes, sin prejuicios; envidio alguno de los libros que posee, y que haya salido indemne de esta aventura. Por último, confieso que su libro lo envidio porque hace mucho ambicioné recopilar uno parecido, pero fracasé; me limito a usar modismos y caló más como provocación que como método literario. Envidio su libro, y espero que lo prolongue. Sale y vale.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Texto leído el martes 17 de enero en la Sala Manuel M. Ponce de Bellas Artes, casi llena; en la mesa estaban el cronista Alberto Vargas, Guillermo Samperio y el autor del libro; las autoridades de Bellas Artes fueron descorteses, y la presentación se prolongó; por ello no pude replicar algunos dichos de Samperio y otros de Jorge García-Robles acerca de la ortografía, la Academia, los diccionarios de uso; ello será motivo de la siguiente entrega.)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-239382510128697032?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/239382510128697032/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=239382510128697032' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/239382510128697032'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/239382510128697032'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2012/01/de-modismos-y-calo.html' title='De modismos y caló'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-5407275475883806347</id><published>2012-01-09T16:09:00.000-08:00</published><updated>2012-01-09T16:09:02.451-08:00</updated><title type='text'>La mala suerte de Eric Clapton</title><content type='html'>Eric Clapton tiene mala suerte; comenzó a tocar en marzo de 1963 con The Rooters, de lo que no quedó ninguna prueba, pero se sabe que el cantante del conjunto era Terry Brenan; el grupo, aparte de Clapton, tenía a Ben Palmer como pianista, y a Tim McGuinness como bajista; éste fue el bajista de Manfred Mann algún tiempo.&lt;br /&gt; Luego de unos cuantos meses Clapton estuvo unas semanas con Casey Jones &amp; The Engineers, donde el cantante era Brian Casser. De allí pasó a uno de los grupos más célebres de los inicios del rock inglés, Yardbirds, donde sustituyó a Top Topham como requinto, desde octubre de 1963 a marzo de 1965; aunque grabó dos discos con el conjunto, no se sintió muy a gusto porque, decía, él quería tocar blues puro y los demás se dejaban seducir por los éxitos instantáneos. Claro, eso lo dijo entonces, pero en la más reciente de sus autobiografías admite que exageró. A Yardbirds no le costó sustituirlo porque adquirieron a Jeff Beck y luego a Jimmy Page, quien también tocaba el bajo; el cantante del conjunto fue Keith Relf, de voz muy ácida y potente; Clapton ni chance tenía de cantar, entretenido como estaba con los solos que comenzaron a hacerlo famoso.&lt;br /&gt; Al saber que andaba sin chamba, lo llamó John Mayall, otro de los célebres a los que se les dice leyenda. Con él no podía tener pretexto, porque  Mayall no buscaba el éxito fácil, le gustaba dar oportunidad a los buenos aunque no fueran famosos, y experimentaba mucho. Con Bluesbreaker estuvo poco más de un año, aunque con la interrupción de un par de meses, en que se juntó con The Glands, donde estaba Ben Palmer y donde cantaba un casi desconocido John Bailey.&lt;br /&gt; Con Bluesbaker grabó un disco célebre, con el nombre del conjunto, y donde compartía créditos con Hughie Flint, a la batería, y John McVie, bajista; a veces se les juntaba Jack Bruce, uno de los mejores bajistas de esa época, y de todo el rock. En otro álbum, &lt;i&gt;Primal Solos&lt;/i&gt;, grabó en la mitad del disco; en la otra mitad Mick Taylor toca la guitarra.&lt;br /&gt; Y aunque eran más puristas, Clapton al poco tiempo se sintió a disgusto y volvió a separarse: al parecer Mayall era bastante despótico, o berrinchudito, y no le prestaba el micrófono a nadie, excepto a su esposa, y de vez en cuando a algún invitado, siempre que fuera de incógnito o con seudónimo, como Steve Anglo, nada menos que Steve Winwood, en una sola pieza.&lt;br /&gt; Con otro necio, como Jack Bruce, y un baterista no exhibicionista (al principio), Ginger Baker, formó Cream, otro conjunto célebre; hizo un paréntesis para integrar un conjunto que duró tres canciones: Powerhouse, con Bruce, Paul Jones, Pete York y Winwood, que entonces chambeaba como guitarrista, tecladista y voz principal con Spencer Davis; las tres canciones se editaron en un disco misceláneo, llamado &lt;i&gt;What’s a Shakin?&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt; Cream es uno de los conjuntos indispensables para cualquiera al que le guste la música, y se le llamó supergrupo, porque los tres (cuatro, porque Felix Papalardi tocaba con ellos en todos los conciertos y en varias canciones grabados en estudio, y en alguna pieza Gaorge Harrison tocó guitarra rítmica); en los tres discos en estudio y dos en vivo, logra cantar algunas veces, aunque detrás de Jack Bruce, quien además tocaba el bajo con más velocidad que Clapton el requinto. El más conocido era él, y es a quien presentan en multitud de canciones; es Jack Bruce en realidad la figura principal de Cream, pues son suyas varias de las canciones más famosas, y es el que da tono e intención a todos los álbumes.&lt;br /&gt; Dio la casualidad de que su amigo Winwood no estaba tan a gusto en Traffic, del que era cantante, compositor, guitarrista, pianista, organista y, si era necesario, también bajista; el concepto, sin embargo, tenía más ideas de Jim Capaldi y de Chris Wood, y Dave Mason, que tocaba guitarra, cítara, componía, cantaba, tenía un estilo diferente; y como en las telenovelas, apenas se hablaba con Winwood.&lt;br /&gt; La versión oficial es que Baker se enteró de que Clapton y Winwood iban a formar un nuevo conjunto y se les pegó; en la reciente autobiografía del baterista se insinúa que estaba en el proyecto desde el principio, que no fue ningún arribista, y que nadie lo invitó: él ayudó a integrar Blind Faith, el primero de los conocidos como Súper Banda; grabaron un disco que es célebre, y otras piezas más que daban lugar para otros tres discos, con versiones alternas, jams y ensayos; no en todos participa el cuarto integrante del grupo, Rich Grich.&lt;br /&gt; Clapton era un iluso si pensaba que Winwood se iba a dejar arrebatar la batuta; la historia del conjunto es similar a la cinta que narra las desavenencias de Tommy y Jimmy Dorsey, los excelentes músicos estadounidenses que, aunque se querían mucho, no podían tocar juntos porque eran mandonsitos; en el disco Winwood toca órgano, pero también guitarra, y sostiene duelos bellísimos con Clapton, pero a su altura, no como segundo guitarrista; tres de las seis canciones son suyas, otra de Baker, una de Buddy Hollie, y una más de Clapton, pero ni siquiera ésa logró cantarla: todas las interpreta Winwood; desde luego, hubiera sido iluso que intentara equiparársele, pero que lo opacara como guitarrista debe haberle dolido, tanto, que en la gira (hay un video que lo demuestra) para promover el disco se sentía incómodo, desplazado, y prefería palomear con el conjunto de superestrellas desconocidas que abría los conciertos, Delany and Bonnie (and Friends; lo que pasa es que los friends eran Leon Russell, Jim Gordon, Dave Mason, Rita Coolidge, Carl Radle y Bobby Whitlock; debía conformarse con ser el guitarrista principal, aunque Mason a veces se le adelantara, y otro friend ocasional, George Harrison, no permitía que lo ningunearan).&lt;br /&gt; Terminada la gira terminó la vida de Blind Faith, e integró, con Radle, Whitlock y Gordon, Derek and the Dominos, donde era el amo, con sus asegunes, porque los invitados Harrison y Mason y sobre todo Duane Allman hacían lo que se les pegaba la gana.&lt;br /&gt; Terminó por formar un conjunto que se llamaba Eric Clapton &amp; his Band, donde nadie le ganaba (excepto la excelente Marcy Levi, después solista y después Shakespeare Sister; ah, y tenía que ceder el micrófono a Ivonne Elliman, esposa del productor Robert Stigwood, dueño de la RSO, donde grabó muchos de sus discos).&lt;br /&gt; Uno de sus mejores discos, &lt;i&gt;Slowhand&lt;/i&gt; (su apodo entre los cuates), fue calificado por Óscar Sarquiz como el álbum de un guitarrista que canta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recientemente ha hecho giras con Jeff Beck (hay algunas piezas en las que tocan juntos, y otras donde además se les une Page), y varias con Steve Winwood; éste ya no es tan competitivo, y sólo en algunas canciones toca la guitarra, prefiere los teclados, donde se combina con Chris Staiton, y permite que cante, aunque, desde luego, sigue cantando sin perder nada de su voz de tenor mientras que Clapton, como Pedro Infante, no tiene registro definido. Creo que Clapton no abandonaba los excelentes conjuuntos donde era el estrella, cuando menos ante el público, porque no correspondían a sus exigencias de calidad, sino porque no lo dejaban cantar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una comisión de algo determinó que es obligatorio decir “persona con discapacidad” cuando uno se refiera a un inválido; es más, invalida el término inválido, que según el Diccionario de la Real Academia es una persona que adolece de un defecto físico o mental, congénito o adquirido, que le impide o dificulta alguna de sus actividades; en alguna definición, inválido es quien no se vale por sí mismo, o sea cualquiera que, como yo, y como la mayoría de mis amigos, necesita lentes, anteojos, plantillas, muletas, silla de ruedas; hay diferentes grados de invalidez, como las hay en los delitos o en los pecados: algunos más graves que otros, pero todos requieren ayuda externa. Discapacitado es quien no es capaz, pero le suena mejor a éstos que, además, se sienten autorizados para ordenar, algo que ni siquiera la Real Academia se atreve a hacer, y mejor, porque son muy pocos, incapacitados para manejar el lenguaje y la gramática y la ortografía, que hacen caso a sus muy intrépidas, absurdas e inútiles reglas ortográficas.&lt;br /&gt; Y a propósito de reglas (ortográficas), en un organismo llamado del español emergente, hicieron en una de sus cápsulas radiofónicas la diferenciación entre equidad e igualdad, pero se abstuvieron de indicar que el antónimo de equidad es iniquidad, y de equitativo es inicuo; la mayoría de los diarios y revistas, inclusive culturales, escriben (o mecanografían, o teclean) “inequidad” e “inequitativo”, sin ninguna vergüenza.&lt;br /&gt; Y a propósito de tiranías, los españoles deben estar desconcertados con las acciones de su nuevo presidente: alza de impuestos (que nunca dijo en su campaña que pretendiera hacer), regreso de la prohibición legal de la interrupción del embarazo (cursilería para nombrar el aborto), y la terminación abrupta de la ayuda a la industria editorial. Cierto, Rajoy no lo advirtió, pero era de suponerse que actuaría así. Faulkner tiene razón: “Hay que confiar en los malos: nunca cambian”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a propósito de intolerancia, me escriben unos anónimos, enojados porque dije que &lt;i&gt;Escuela de vagabundos&lt;/i&gt; es una cinta muy divertida, con muy buen ritmo, y sensacionales actuaciones pese a lo sobreactuado de Blanca de Castejón, lo arrogante del papel de Infante, y a muchas incongruencias que aparecen en la pantalla, como la tercera mano de Ramón Valdés, a lo injustificado de la más famosa frase del guión ("Qué bueno que vinieron porque si no qué hubiera hecho con tanta comida", lo que se desmiente cuando se ve a Castejón planeando la cena, y a que no le alcanza para Carl Hillos); a que se ven escenas de pederastia –Infante cuarentón enamorando a la supuesta quinceañera Anabelle Gutiérrez— y de perversión –Gutiérrez consumiendo bebidas alcohólicas). Me encantaría discutir con esos anónimos, pero en su portada no se ven argumentos, sólo opiniones, diatribas y descalificaciones porque no digo que Infante es el mejor actor del mundo; no haberlo dicho me costó la expulsión de un libro que, por decirlo, quedó hecho una birria. Lo que me asombra es que digan que como encontré errores, me aburro y me enfurezco con cualquier película; al contrario, me divierto muchísimo viendo churros; lo dicho, con ellos es imposible hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace más de 45 años que no hago propósitos de año nuevo; ahora sí: me propongo dejar que me crezcan los bigotes.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-5407275475883806347?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/5407275475883806347/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=5407275475883806347' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/5407275475883806347'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/5407275475883806347'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2012/01/la-mala-suerte-de-eric-clapton.html' title='La mala suerte de Eric Clapton'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-8515013063443356161</id><published>2011-12-20T18:58:00.000-08:00</published><updated>2011-12-20T18:58:57.869-08:00</updated><title type='text'>De hamburguesas y otros recuerdos</title><content type='html'>El primero (y único, a la fecha) capítulo de mi autobiografía lo escribí a instancias de Jorge De’Angeli, y llevaba un comentario de Manuel Gutiérrez Oropeza que me hizo ver cosas que ignoraba, o no había prestado atención, de mí mismo. Lo público De’Angeli en una revista dedicada a gastronomía; mi escrito hablaba de algunas cuantas experiencias gastronómicas. Pero han pasado más de 20 años y está caduco.&lt;br /&gt; Hablaba en él de El Tecuilito, un restaurante que estaba en la carretera México-Pachuca, o mejor dicho, en Insurgentes Norte, la calle que, como dice Carlos Fuentes, va de Nuevo Laredo a Buenos Aires, y en la que se corría la carrera Panamericana en los años cincuenta. Partida en dos por el Metro y el Metrobús, ofrece ahora un aspecto harto diferente de cómo era en la época en que me llevaban a El Tecuilito, algo que hasta Dèjá Lu puede percibir.&lt;br /&gt; Como vivíamos más o menos cerca, nos íbamos a pie: estaba a la altura de los Indios Verdes (por cierto, teníamos unos vecinos que fueron apodados así, “Indios Verdes”, por su elevada estatura; muchos años después, su hija fue directiva del club de admiradoras de Julio Iglesias); en él comíamos un consomé que recuerdo como el más sabroso que haya probado, y supongo que barbacoa; la última vez que fuimos fue alrededor de 1956.&lt;br /&gt; Después la familia regresó a las costumbres ancestrales: las comidas dominicales se servían en la casa, eso de ir a restaurantes era de gente fodonga; de cualquier manera, se compraba un pollo rostizado en La Abeja, o en otra panadería, en Montevideo (la calle); si otros familiares se sumaban, se compraban dos pollos; en ambas panaderías agregaban papas fritas en el mismo horno que los pollos, con un caldo que las hacía más sabrosas que las por entonces no muy abundantes papas fritas en bolsas; agregaban también chiles serranos; una variación de las comidas familiares estaba enriquecida por una tinga que merecía el honor de hacerse sólo una o dos ocasiones al año; rara vez, otra rama familiar preparaba mole poblano, platillo que era el que comíamos en un restaurante en Xochimilco, exactamente sobre el lago, donde minutos antes habíamos viajado un tramo, en una trajinera; me parece que alguna fotografía perpetúa el momento; en esa fotografía debo tener expresión de azoro, que era la que ponía, y sigo poniendo, en todas las fotografías, excepto si no veo la cámara o al fotógrafo (Marco Antonio Campos, malévolo, en una comida homenaje a José Emilio Pacheco hizo que Rogelio Cuéllar tomara una en la que estoy al centro, rodeado de Marco, de Juan Villoro, Carlos Montemayor y José María Fernández Unsaín; por más que insistí, no quisieron ponerse lentes negros, para que parecieran mis guardaespaldas).&lt;br /&gt; Aunque los restaurantes eran para quienes no tenían tiempo de ir a comer a su casa, se volvieron comunes cuando los comercios comenzaron a trabajar de tiempo corrido; los bancos abrían de 9 a 13 y de 15 a 17 horas; cuando implantaron su horario de 9 a 15, y a causa de las obras para ahorrar tiempo, y que sólo sirven para incrementar el doble el tiempo que uno se pasa en los transportes, los empleados que laboraban en el centro debieron acudir a fondas, restaurantes pequeños, cafés, y muchas familias aumentaron sus ingresos ofreciendo comidas más baratas que en los locales establecidos.&lt;br /&gt; Mi padre se querenció en el centro; primero trabajó en El Mago de Capuchinas, que como indica su nombre estaba en Venustiano Carranza, entre San Juan de Letrán y Gante; en el aparador de la entrada estaba la figura de un mago, con turbante y bola de cristal (el changarro era de una descendiente, nieta o bisnieta, de Manuel Payno); se hizo amigo de Adela, la que inventó el chachachá, según el Trío Avileño (“¿y quién te lo dijo Nené?; me lo dijo Adela”), y que tenía una pequeña pero bien surtida disquería, en la misma acera; tenía un Garrard donde ponía el disco que pedían los clientes; tenía buena memoria porque por lo regular no sabían el título ni el intérprete, mucho menos el compositor; tarareaban la canción: “el alacrán cran cran” o “éste es el danzón que le gustó al Ratón, vamos a bailarlo con el corazón”, las canciones favoritas de mis tíos Raúl y Polo, respectivamente; ella sabía incluso las que acaban de estrenar; me obsequiaba los catálogos que mes a mes le entregaban las casas disqueras, con los discos en venta; supongo que no queda ninguno, pero llegué a memorizarlos; en la esquina sigue estando La Luz, cantina famosa entonces por las hamburguesas y los sándwiches de carne tártara, que presumía de ser la única cantina que no ofrecía botana, y pese a ello, estaba llena. Muchas veces mi padre llevaba sándwiches a la casa; pocas veces los comí, no dentro, porque no me dejaban entrar, aunque allí trabajaba mi tío Raúl (muchos años después entramos a La Luz mis cuates Tlamatinis y yo, como agregado cultural; mi venganza a sus bromas fue que mi tío pidió a todos, menos a Paco Cabrera, su cartilla, para servirles; a mí no), y fuera de ella, mi abuelo Marcelino ofrecía billetes de lotería, y me compraba un sándwich.&lt;br /&gt; Pocos años después de El Mago, mi padre tuvo una tabaquería en la calle de Ayuntamiento; iba con él casi todos los sábados, y muchas veces en vacaciones; estaba a unos pasos de la XEW, y una de sus actividades era cambiar los cheques a quienes trabajaban en la estación (también lo hacía el señor Limón, una leyenda en la W); así, hizo amistad con los del Trío Avileño, con Celio González, con Piporro, con la Marquesa Solares (pícara, corría a avisarle a mi padre cuando llegaba alguna actriz, con falda muy corta, o abierta hasta medio muslo); en la acera de enfrente estaba el estudio de Herrera, el fotógrafo, y con frecuencia iba Norma Herrera a la tabaquería.&lt;br /&gt; Pero a la hora de la comida había que cerrar e ir a algún lugar no muy caro; en la esquina una mujer preparaba comida casera; dos o tres veces fuimos allí; no recuerdo algo memorable; en San Juan de Letrán había, en un lote baldío, un puesto enorme donde despachaban comida yucateca; si bien los tacos de cochinita no eran sobresalientes, aprendí a tomar horchata, una de mis aficiones actuales, porque no en todos lados saben prepararla bien; más memorables eran los tacos de pollo rostizado y las hamburguesas York, que estaban sobre Victoria, y que duraron hasta muy entrados los años setenta; todavía en 1975 comí allí las últimas hamburguesas de mole bien preparadas.&lt;br /&gt; Cuando era comida familiar íbamos a cualquiera de los dos restaurantes famosos del centro, y que no eran de lujo: La Rica Leche y La Taza de Leche (¿había alguno que se llamara La Blanca? No puedo precisarlo); en uno de ambos me tocó la contingencia de que la mesera era madre de Toño y Luis, compañeros en la escuela ya llamada Teodoro Montiel López, en quinto año. Eran comidas corridas; uno estaba en pleno San Juan de Letrán y fue de los que desaparecieron en septiembre de 1985; en ambos, o en los tres, servían el café con leche (más bien era leche con café) en unos vasos alargados, de cristal, que se iban ensanchando en la parte superior, en forma hexagonal, aunque el borde era redondo; lo asociaba más a las neverías que a los restaurantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comencé a comer solo en restaurantes cuando trabajé para Gustavo Sainz en Equipo Creativo, pero eso lo cuento en &lt;i&gt;El juego de las sensaciones elementales&lt;/i&gt;; cuando Sainz cerró la oficina, me mudé a Bellas Artes; debo contar muchas cosas de allí, pero ahora me limito a los restaurantes cercanos; junto a Libros Escogidos había una fonda chiquita que parecía restaurante, a donde acudía cuando necesitaba sanar de infecciones dentales o intestinales, así de sana e insípida era la comida; en Avenida Juárez, donde ahora está la Librería El Sótano, (no la gloriosa Librería Del Sótano) había un restaurante enorme, con tres o cuatro opciones para comida corrida. Más de una vez tuvimos que regresar algún platillo porque llevaba una mosca como extra; pero en Doctor Mora estaba El Horreo, donde se comía bien y caro, pero como subsiste, lo omito, así como muchas de las anécdotas que vivimos allí, algunas relatadas en &lt;i&gt;El juego&lt;/i&gt;…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace unos días un taxista me platicó de algunos restaurantes que recordaba haber visitado en una niñez no tan lejana, pero que ya habían desaparecido; me hizo recordar algunos que no existen ahora; en los últimos años han cerrado más negocios, y sobre todo más restaurantes, que los que han abierto. Si me limito a las hamburguesas, un platillo al que me han condenado los médicos a no probarlo nunca más (excepto en casa), debo lamentar la desaparición de las que vendían en la esquina de Cuauhtémoc y Chihuahua; las preparaban frente a uno, y las expendían a los clientes, fuera del establecimiento; seguían la receta tradicional: carne molida, con cilantro, ajo molido y muy poca cebolla, y fritas (no anatemizadas en micro güey), en panes pequeños, pero que eran rebasados por la carne.&lt;br /&gt; Con la misma receta podía uno probarlas en Kiko's, de Avenida Juárez, también en la entrada, fuera del restaurante; eran tan baratas que daban ganas de comerse tres, pero uno quedaba sin apetito por dos días; también con la receta tradicional, las Heaven-Cielo, en la calle de Oaxaca, que desaparecieron alrededor de 1988, y que eran de las primeras (tal vez las segundas) que se establecieron en la ciudad de México, en 1948, después de las Wimpis, que estaban, me dice un sabio, donde ahora hay un negocio de hamburguesas gringas, también en Oaxaca, pero más cerca de Durango; las Heaven-Cielo estaban a media cuadra del Metro Insurgentes, cercanía que a la larga los obligó a cerrar. Las últimas hamburguesas memorables estaban en pleno Insurgentes, muy cerca del Sanborns de Aguascalientes, donde además vendían cerveza de raíz, inolvidable.&lt;br /&gt; Lo más cercano a las hamburguesas tradicionales son los bisteces de carne molida que venden en Merlos, en Tacubaya, con el inconveniente de que sólo en fines de semana. Podría asegurar, y sería avalado por muchos, que hamburguesas excelentes eran las del parque de beisbol del Seguro Social, aunque su fama era opacada por los tacos de cochinita, que son ahora, en el  Foro Sol, lo único que sobrevive del beisbol viejo, junto con los apostadores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero hay muchos otros restaurantes que hay que recordar, como El Mortiro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pocas cosas me dan tanta satisfacción como vencer a los necios; pregunto en Mix Up por el nuevo disco de Kate Bush; me muestran &lt;i&gt;Director’s Cut&lt;/i&gt;; no es el último, afirmo; es de 2011, me asestan; no están ustedes actualizados, les espeto, hay uno nuevo; me retan y me llevan a una computadora, donde verifican que hay uno nuevo, &lt;i&gt;50 Words for Snow&lt;/i&gt;; aceptan a regañadientes mi triunfo, que de nada sirve si no lo traen; minutos más tarde pido &lt;i&gt;Unos pantalones para Philipe&lt;/i&gt;; me enseñan dos videos de Laurel &amp; Hardy, doblados al español, por Polo Ortín; no los quiero con doblaje; es igual, me dice la vendedora, es cine mudo. ¿Y dónde se queja uno?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trivia: en &lt;i&gt;Caligrafía de los sueños&lt;/i&gt;, la más reciente novela de Juan Marsé, un personaje se tira a media calle para suicidarse bajo las ruedas de un tranvía, sólo que en esa calle no pasan los tranvías desde hacía años; en otro pasaje, se relata la historia sórdida de dos amores prohibidos. Ambos sucesos, en 1948; dos novelas mexicanas, publicadas en los años ochenta, tienen escenas y tramas similares; ¿cuáles novelas son?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-nmtD3btxs6g/TvFLXmByc4I/AAAAAAAAAJY/rGsVmKsCLvc/s1600/piporro.jpg" imageanchor="1" style="clear:left; float:left;margin-right:1em; margin-bottom:1em"&gt;&lt;img border="0" height="320" width="182" src="http://4.bp.blogspot.com/-nmtD3btxs6g/TvFLXmByc4I/AAAAAAAAAJY/rGsVmKsCLvc/s320/piporro.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-8515013063443356161?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/8515013063443356161/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=8515013063443356161' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/8515013063443356161'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/8515013063443356161'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/12/de-hamburguesas-y-otros-recuerdos.html' title='De hamburguesas y otros recuerdos'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-nmtD3btxs6g/TvFLXmByc4I/AAAAAAAAAJY/rGsVmKsCLvc/s72-c/piporro.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-7223138437345939791</id><published>2011-12-06T07:55:00.000-08:00</published><updated>2011-12-06T07:55:31.639-08:00</updated><title type='text'>Y que me dejen vacilar sin ton ni son</title><content type='html'>Nunca digo “va a llover”, sino “it’s a hard rain gonna fall”; ni “está lloviendo”, sino “Have you ever seen the rain?”, ni “qué fuerte llueve”, sino “Who’ll stop the rain?”; mucho menos “¡está temblando!”, sino “the whole world is shakin’ out, can’t you feel it?”. Eso quiere decir que me gusta el rock y no sólo como una manifestación artística y social (que tiene esa característica de la que carecen otros ritmos o, mejor dicho, otras maneras de hacer y sentir la música), sino como algo inevitable, parte de mí, tanto como la pasión por leer y por ver cine; pero si la lectura a grandes ratos se confunde y se funde con el trabajo (o mejor, en lo que he trabajado en los últimos 43 años); si ver cine depende del tiempo disponible, o de que transmitan algo por la televisión, o de que me acuerde de que tengo el video, o que me entere de la programación, la música la puedo escuchar mientras leo, mientras camino los 30 minutos que me ordenan los médicos, mientras platico, mientras escribo, mientras duermo o mientras descanso.&lt;br /&gt; Tiendo a poner cuatro o cinco discos de un mismo conjunto, o de cantantes o conjuntos similares, que se transmiten influencias; o suele pasar que un disco me incita a escuchar otro; es comprensible que si pongo discos de Neil Young (es difícil oír tres suyos seguidos: es demasiado intenso), luego ponga dos o tres de Joni Mitchell, y luego a Christine McVie (con sus inteligentísimas canciones feministas); a veces una lectura (como digamos por ejemplo Joyce) obliga a oír todo, o casi todo, Kate Bush, pero también a Lou Reed y, quién sabe por qué, a Van Morrison.&lt;br /&gt; No sé qué sea primero, si oír un concierto de Mozart obliga a escuchar a Steve Winwood, como solista; y sus sinfonías, a Traffic (así como luego de oír a Ravel tengo que buscar los discos de chachachá para encontrar “Sabrosona”, que contiene uno de los solos de percusiones más ricos, en ambos sentidos, de la música popular); sé que, sin que sea un acto reflejo, no podemos oír a Kachaturian sin desembocar en los primeros discos de The Who (aunque hay que confesar que no siempre es a la inversa, porque The Who agota, y Kachaturian no, aunque produce taquicardias); tampoco sé qué pongo primero: Schumann y Beethoven, o Beatles, pero comienzo con uno y me sigo con los otros hasta agotar obras completas, aunque no disponga de todas las versiones excelentes que se hayan grabado de los primeros, entre otras cosas porque no todas están disponibles, muchas no están reimpresas, o si lo están, no las traen las ya muy escasas tiendas de discos, algunas casi en estado de abandono, y a las grandes cadenas no le importan los aficionados: es casi imposible encontrar todo el repertorio de Janine Jansen, y ni contar lo que me costó conseguir la versión de Stephanie Chase del concierto para violín y orquesta de Beethoven (¿alguien podría explicar por qué la UNAM no pone a la venta el video de cuando vino a tocarlo al DF con la OFUNAM?), aunque pocas versiones de Beethoven no son buenas.&lt;br /&gt; (Claro que hay manías, muy explicables; las diez u once versiones que tengo de ese concierto no son ni la cuarta parte de las que tiene Mario Magallón, o de las que tiene Luis Pérez; y ninguna de mis cinco grabaciones en disco compacto del Concierto para piano y orquesta de Schumann iguala la única que tengo en acetato; llegué al grado de comprarla con Von Karajan, pero ni siquiera ésa; y lo comento porque como bien saben mis amigos melómanos y mis amigos músicos, Von Karajan es admirado o rechazado, ambas actitudes de manera tajante; casi no existe admirador de Furwängler que lo sea también de Von Karajan, y viceversa; admiro mucho más al primero, influido primero por mis amigos, y luego convencido; pese a las recientes y muy buenas versiones de las extraordinarias violinistas jóvenes –Jansen, Hahn, Kopatchinskaja, Batiashvili, Chase, además tan bonitas o más que las tenistas rusas—, no son mejores que la de Mehunin, aunque ellas sean mucho más guapas. Y mucho de la excelencia de esa versión se le debe a Furtwängler.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Todos saben que John Lennon contaba que escuchó la Sonata 27-2 de Beethoven un día que la tocaba Yoko Ono en su piano blanco, que él le pidió que la tocara al revés y que de allí salió “Because”, que aparece en &lt;i&gt;Abbey Road&lt;/i&gt;; muchos menos saben que en “And I love her”, mientras Harrison toca un requinto eléctrico que distrae mucho, Lennon toca con la guitarra acústica la melodía del primer movimiento de esa sonata; también es sabido que George Martin, tratando de adecentar a los Beatles, les ponía conciertos que no sólo no los adecentaban, sino que les daban ideas y los enriquecían sin perder su esencia rocanrolera; sus primeros críticos serios intentaban justificarlos diciendo que descendían de una tradición romántica, de Schubert y Schumman, y no advirtieron nunca que ellos admiraban a Chuck Berry, que de muchas maneras descendía de ciertas obras de Beethoven; no fue sino hasta que Electric Light Orchestra lo explicó con manzanas, que muchos se enteraron que “Roll Over Beethoven” tomaba prestadas, o más bien arrebataba, las líneas principales de la Quinta Sinfonía de Beethoven. Lo que tampoco cuentan ni siquiera sus admiradores más acérrimos es que Beatles no sólo se basaban en ellos tres para algunas de sus canciones, sino también en Mahler (Paul McCartney) o en Tchaikowsky (Lennon), y hay que recordar la influencia de Ravi Shankar –cómplice, entre otros, de Philip Glass— en Harrison. Glass ha colaborado además con otros roqueros como Lou Reed, David Bowie, Paul Simon y Linda Rondstadt.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No intento justificarme: me gusta el rock, como me gustan el mambo, el danzón, el fox-trot, el chachachá, con la desgracia de que estoy imposibilitado para disfrutarlos bailando, sólo puedo escucharlos. Pero como dije, el rock tiene características no sólo musicales; no niego, antes al contrario, la categoría que le da Acerina al danzón, al tomar partes de algunas obras y convertirlas en clásicos modernos: Mozart (&lt;i&gt;La flauta mágica&lt;/i&gt;), Tchaikowsky (&lt;i&gt;El cascanueces&lt;/i&gt;), Verdi (&lt;i&gt;Rigoleto&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Rigoletito&lt;/i&gt; –prefiero la segunda, aunque la primera sea más fina), Schubert. Pero sus raíces son más populares; tampoco niego, antes al contrario, que Gershwin y sobre todo Cole Porter (Call Porter!, le decía Cabrera Infante) elevan la música popular estadounidense a categorías altísimas sin perder su esencia popular, ni que ambos tengan muchísimas referencias, tanto en la música como en los versos, de clásicos de la ópera, de los conciertos y de la mejor literatura; ni de la muy evidente presencia de los clásicos en Gonzalo Curiel, María Grever y Consuelo Velásquez, tan profunda que a ratos llega a la copia descarada (o del parecido de muchas piezas de Luis Arcaraz con la obra de Ernesto Lecuona).&lt;br /&gt; Pero el rock, más que cultura, es comportamiento; no me toca explicarlo, pero sí narrarlo; así como me despido diciendo “con su compermiso”, por citar a Tin Tan; así cuando un amigo de Enrique Fuentes me preguntó que cuál era mi gracia no pude sino contestar “la facilidad de palabra”, cita del primer (y mejor) Cantinflas; cuando explico alguna no muy infrecuente falta de ortografía, la adjudico a que tengo una mano lastimada, como Pedro Infante; cuando juego dominó, alardeo con un “pa’ molarla de acabar”, como Jorge Negrete, y a la primera provocación me disculpo de una discusión con un “de güey me meto”, como le sacateó David Silva cuando alguien le pidió que separara a dos mujeres que se peleaban por él; a algún amigo lo he tomado por sorpresa cuando, aquejado por una molestia de carraspera, contesto a un “cómo estás?” diciendo que “con tos y mala vista”. En su autobiografía procaz, Carlos Monsiváis responde una pregunta imaginada con un “ya que no tuve niñez, permítame tener currículum”.&lt;br /&gt;  Así, logro sostener conversaciones completas citando frases de canciones, muchas veces sin que el interlocutor lo advierta; a veces son tan obvias que me delato, por eso evado decirle a algún impertinente “no es necesario que cuando tú pases me digas adiós”, porque hasta él reconocería la cita, pero hay muchas otras que deslizo en pláticas, en reseñas, en relatos, que no todos reconocen; no puedo hacerlo ante sabios como Marco Pulido, Juan José Utrilla, Marco Antonio Campos, Salvador González, porque me contestan de manera contundente con alguna otra cita que me tardo a veces hasta minutos en aislar y reconocer (alguna vez tuve la audacia de recitarle a Marco Pulido la filmografía casi completa de Antonio Espino Clavillazo, y me la reviró enumerando la del Indio Calles, no sólo como director, también como actor). A veces cito literalmente, y luego encuentro una variante ágil de Monsiváis (me muero de ganas de citar en voz alta la última que le leí, póstuma).&lt;br /&gt; Pero si el bolero y las canciones rancheras me dan oportunidad de hacer citas que no todos conocen, casi todo el rock da esa chanza; Lindsay Buckingham, Chistine McVie, Van Morrison, Jim Morrison, Bob Dylan, Who, Kinks, Beatles, hasta el rústico Elvis Presley, tienen frases que explican la vida, los sentimientos (de todo tipo), de contar experiencias, y por lo regular lo hacen con versos muy bien escritos, que condensan con eficacia e inteligencia lo que sólo el hombre puede sentir; muchas veces lamento que lectores voraces de otros géneros se hayan perdido una de las formas de poesía más ricas de los últimos 60 años, por pensar que el rock es sólo ruido. Casi todo el rock tiene esa potencia de decir, con unas cuantas palabras, todo un drama (y esta frase la dice uno de los roqueros menos explícitos, en una canción aparentemente alegre).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Esto que hoy escribo salió, en gran parte, de la conversación en una cantina con Marisol Schulz; otra parte, por la plática con un amigo poeta, pero como es muy mi amigo mejor no les doy su nombre –a menos que me autorice—, quien, al confesar su pasión por Lilia Prado, me dijo que hasta la debía la costumbre heroicamente insana de hablar solo, cita que yo también suelo hacer; como me tomó por sorpresa, no le dije que, cuando lamentaba que en fotografías no le despertara las mismas pasiones, la frase correcta hubiera sido “mirando tu retrato me consuelo”.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Busco un libro de Ramón Xirau en una Porrúa; como es costumbre, la dependiente busca primero en la computadora, donde ve que está en tal estante y hay cinco ejemplares; veinte minutos después, de revolver varias veces los plúteos correspondientes, llama al único hombre que despacha; él se acerca y toma un ejemplar que está frente a los ojos de ella; además, hay sólo cuatro ejemplares; sin que se dieran cuenta, se volaron uno. ¿Necesitan una computadora para buscar libros, si las computadoras son enemigas de los libros?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como dice Hugo García Michel, ¿alguien esperaba que un no lector, lea? Si muchos escritores no leen, si hay un famoso crítico que no termina de leer los libros que comenta; es más, si hay autores que no leen lo que le preparan sus “negros” para publicar libros con su nombre. Ya no son los tiempos en que los presidentes leían. Cuatro ejemplos de presidentes lectores: Álvaro Obregón, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, Carlos Salinas de Gortari.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-7223138437345939791?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/7223138437345939791/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=7223138437345939791' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/7223138437345939791'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/7223138437345939791'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/12/y-que-me-dejen-vacilar-sin-ton-ni-son.html' title='Y que me dejen vacilar sin ton ni son'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-1293874672963871991</id><published>2011-11-28T05:15:00.000-08:00</published><updated>2011-11-28T05:15:38.816-08:00</updated><title type='text'>Yo lo único que quiero es bailar rocanrol / I</title><content type='html'>I&lt;br /&gt;Cuidadito, cuidadito,&lt;br /&gt;me vas a matar de un susto,&lt;br /&gt;y no es justo,&lt;br /&gt;porque yo sufro del corazón.&lt;br /&gt;Mario de Jesús&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A quién se lo escuché primero, no logró recordarlo; si fue a Jorge Sánchez López o a mi tío Enrique; mi escuela primaria era tan pobre que no tenía nombre; no fue sino hasta que falleció el director, Teodoro Montiel López, que su nombre apareció en el escudo; antes sólo era la Primaria M-521, y nosotros, apenados por esa situación, decíamos que se llamaba Cuauhtémoc, porque está en esa calle, en la colonia Aragón, entre la Estrella y la afamada Martín Carrera; Jorge entró cuando ya estábamos en tercero, y después del recreo, en nuestra primera clase de cuarto, antes de que entrara el maestro Juanito, se puso a cantar “Tutti frutti”, contorsionándose; un día antes, o un día después, mi tío Enrique, en un tocadiscos portátil, me puso el primer LP de los Locos del Ritmo; aunque lo oí todo, lo que más me llamó la atención fue la adaptación de “La cucaracha” en rock.&lt;br /&gt; No desconocía la música, pero me sabía más canciones de Pedro Infante y de Jorge Negrete que cualquiera otra, aunque prefería algunas que no he vuelto a encontrar, como “Espinita”, de Nico Jiménez, pero no con Ana María González, sino con Evangelina Elizondo, de quien mi padre era fanático absoluto, como también lo fue de María Victoria; al parecer, era de los que iban al Margo a aullar cuando arrastraba las sílabas en “Soy feliz” (es famosa su anécdota de que alargó “estoy taaaaan enamorada” porque se le estaba olvidando la letra, y el efecto fue pasmoso, tanto la ovacionaron que siguió cantando así para siempre) y la tan masoquista “Como un perro” (“Por tener la miel amarga de tus besos, hoy se tiene que arrastrar mi dignidad; por piedad, por compasión, no me desprecies, me moriría sin tu amor, no me abandones. No por Dios, no te me vayas, te lo ruego, que en la vida como un perro pasaré, sin hablarte, sin llorar, sin un reproche, siempre tirado a tus pies, de día y de noche”); escuchaba casi a diario a los Cuates Castilla, y sufría con Lola Beltrán, a quien nunca admiré sino hasta oír en su voz “Cuenta perdida”; &lt;i&gt;Así es mi tierra&lt;/i&gt;, los duelos entre Claudio Estrada, Antonio Bribiesca y Antonio Moreno, &lt;i&gt;Max Factor las Estrellas y Usted&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;Revista Musical Nescafé&lt;/i&gt; eran los programas que veíamos cada semana, entre 7 y 9 de la noche.&lt;br /&gt; Al día siguiente de la conmoción causada por Jorge Sánchez López, se le unió el mucho más tranquilo Jaime García Sánchez; se autonombraron “los hermanos Presley”; atónito, entre los discos de mi casa encontré “Maybelline”, de Chuck Berry, en 78 RPM, mezclado con “Papa Loves Mambo”, de Perry Como, acompañado por la orquesta de Mitch Ayres y, quién lo dijera, The Ray Charles Chorus; “Chicago”, de Fred Fisher, pero no logro recordar con quién, y “St. Louis Blues”, espero que no con Louis Amstrong porque me hubiera dado mucho coraje cuando se rompió, que eso solía pasar con los discos de pasta.&lt;br /&gt; Al poco comenzaron a aparecer conjuntos de rock mexicanos; imposible competir con Federico Arana ni con Federico Rubli, quienes han hecho una muy divertida y documentada historia de las grabaciones y versiones mexicanas de rocanroles; hace algunos meses estuve invitado, por Jorge García-Robles, en un programa de radio donde coincidimos Rubli y yo en que algunos de los rocanroleros mexicanos de los cincuenta y sesenta merecieron mejor suerte que la de hacer versiones pedestres de algunos rocanroles, pero que tenían buenas voces, y a veces mejor instrumentación que los originales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;II&lt;br /&gt;Une tu labio al mío&lt;br /&gt;y estréchame en tus brazos&lt;br /&gt;y cuenta los latidos&lt;br /&gt;de nuestro corazón.&lt;br /&gt;María Grever&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No fueron los más famosos, pero hubo rocanroleros mexicanos con excelente voz; entre las mujeres estaban Lety Cisneros, Leda Moreno, Olivia Molina, Mayita; las conocidas (Angélica María, Julissa, Emily Cranz –por otras razones–, Blanquita Estrada, Queta Garay) no sólo carecían de voz, sino a veces hasta de entonación.&lt;br /&gt; Entre los hombres tenían buena voz Alberto Vázquez –lástima que la impostara–, Miguel Ángel, Manolo Muñoz –por dos o tres años–, Toño de la Villa, y no muchos más; sin embargo, para una generación completa es muy difícil criticarlos; en lo que sí es excelente ese momento es en la instrumentación; hace pocos años apareció &lt;i&gt;Los grandes covers en México&lt;/i&gt; (Universal, 039 260-2), donde incluyen una pieza original y la versión mexicana; no hay que hacer caso de las letras infames, dizque chistosas o deformantes, o las voces que pocas veces pudieron equipararse con las inglesas o estadounidenses, sino la música; por ejemplo, Los Locos del Ritmo agregan un piano excelente en “Aviéntense todos” del que carece, y le hace falta, a la versión de Eddie Cochran; la versión de Tin Tan a “Personalidad” es muy superior, por la orquestación, a la de Lloyd Price; por supuesto, aunque no tocaban mal, Los Rebeldes del Rock nunca pudieron superar las versiones originales de “Poison Ivy” o de “Rockin’ Little Angel”, pero no eran desechables; los mexicanos tenían que lidiar con los directivos de las disqueras, con las traducciones que iban en contra del original (“Vete con ella”, por ejemplo, dice exactamente lo contrario que la canción de donde provenía), o que le faltaban el respeto al género (“Corre Sansón corre” parece mal chiste; la original advierte de la maldad de una mujer endemoniada con cara angelical), y así hay muchas; en general, el rock tenía mucho de subversivo, y con una carga erótica comparable al danzón; el rock mexicano fue dulcificado, adulterado, domesticado, le quitaron todo lo detonante y le dejaron sólo lo ruidoso, por las voces destempladas y los guitarrazos, aunque hay que observar con detenimiento las filmaciones de los Hermanos Carrión (sobrinos, creo, de Gustavo César Carrión, que musicalizó, a su manera, tantas películas mexicanas con sonidos aterradores, aunque el tema fuera sentimental), para ver la delicadeza de las guitarras acústicas, lo equilibrado del contrabajo (o del bajo eléctrico) y la finura del requinto de Diego (González) de Cosío; esas piezas tienen la estructura de las canciones posteriores de Jim Capaldi y de Eric Clapton. Lo que no sabemos es si en las grabaciones eran ellos quienes tocaban, o eran Mario Patrón, Leo Acosta, Tino Contreras, Gilberto Puente u otros músicos de estudio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;III&lt;br /&gt;Ya veo que me lo devuelves&lt;br /&gt;[el corazón que una noche muy confiado te entregué]&lt;br /&gt;pero yo te lo di entero&lt;br /&gt;en pedazos no lo quiero&lt;br /&gt;te puedes quedar con él.&lt;br /&gt;Emma Elena Valdemar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cine mexicano es culpable de muchos crímenes, perpetrados con la complicidad de argumentistas, guionistas (entre ellos, algunos intelectuales irreprochables en otros géneros: Josefina Vicens, Ricardo Garibay, José Revueltas, Mauricio Magdaleno, Salvador Novo, Gustavo Sainz), directores, sobre todo los productores a quienes no les importó deteriorar un arte para convertirlo en mercancía barata, y el público que lo soportó, sin exigencias. Y uno de los peores fue la explotación que hicieron del rock mexicano; mientras en Estados Unidos Frank Tashlin hacía &lt;i&gt;The Girl Can’t Help It&lt;/i&gt; (con excelente música y sentido del humor), en México hacíamos &lt;i&gt;Los chiflados del Rock’an’Roll&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Rebelde sin casa&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;El cielo y la tierra&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Dile que la quiero&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Mi canción eres tú&lt;/i&gt;; mientras Robert Wise hizo &lt;i&gt;West Side Story&lt;/i&gt;, Julián Soler deshizo &lt;i&gt;La edad de la violencia&lt;/i&gt;; mientras en Hollywood se hacían tramas alrededor de conflictos juveniles (dramáticos o más ligeros), en México se aprovechaban de la popularidad de conjuntos y cantantes para meterlos en mitad de una escena, a cantar cosas que no tenían que ver con el argumento, simplemente para llevar público juvenil a sus melodramas; Arana relata que incluso Luis Buñuel utilizó a Los Sinners, con paga simbólica, sin crédito y culpándolos de ser instrumento del diablo, en &lt;i&gt;Simón del Desierto&lt;/i&gt; (más oportuno fue el &lt;i&gt;Indio&lt;/i&gt; Fernández, que muestra contrastes entre campo y ciudad, gracias a Los Locos del Ritmo).&lt;br /&gt; Sin pretexto, de manera gratuita, aparecía Julissa bailando y mostrando sus muy bellas piernas (a veces, eso es lo mejor de esas cintas), o María Eugenia Rubio haciéndola de ingenua, o César Costa haciéndole el paro a Resortes (válgame), o Los Hooligans cantando “Despeinada”, sin que, insisto, tuviera que ver con la trama; en una de las películas más infames del cine mexicano, &lt;i&gt;Los años verdes&lt;/i&gt;, los ponen a tocar un vals para que se vea que no sólo son brinquitos y guitarrazos, pero en un jardín, sin electricidad, y haciendo como que tocan guitarras eléctricas; no fue sino hasta los ochenta que no se usó el rock para atraer público sumiso, sin olvidar los acercamientos en el cine de José Agustín, aunque en ellos había más visión paródica que alegórica.&lt;br /&gt; En medio de eso había algunos programas televisivos en que aparecían rocanroleros: &lt;i&gt;Premier Orfeón&lt;/i&gt; (después, &lt;i&gt;Orfeón A Go Go&lt;/i&gt;), que era una sucesión de números interpretados por artistas de esa disquera: César Costa, Los Hooligans, Leda Moreno, Los Rebeldes del Rock, Los Crazy Boys, Emily Cranz (por otros motivos), las Hermanitas Jiménez (por otros motivos); Ossart montó un programa similar, que duró mucho menos tiempo, y con cantantes de otras disqueras: Angélica María compitiendo con Ariadna Welter por César Costa; Enrique Guzmán, uno de los más populares, no tuvo esa tribuna más que como invitado a veces hasta de Pedro Vargas, y sólo tuvo programa propio cuando explotó su comicidad no siempre intencional. Manolo Muñoz y Alberto Vázquez también debieron aparecer más como invitados que como titulares.&lt;br /&gt; Mucho del atractivo de esos programas eran las bailarinas; por ejemplo, el ballet de Malena Soto, las primeras en usar minifalda en la televisión, o Andrea Coto, la que mejor bailó el yenka, o que mejor se vio bailándolo; o las imitadoras de las bailarinas enjauladas (Macaria, Robertha; Ana Martin; en Estados Unidos: Goldie Hawn, Terri Garr); pese a todo, estaban muy lejos de &lt;i&gt;T.A.M.I. Show&lt;/i&gt;; también a veces debían compartir el programa con Los Polivoces que hacían crueles parodias (“me ordenó el doctor que vuelva” [el estómago]; “yo no quiero ser de los que dices que me dicen que yo soy, ¡ay, pero lo soy!”), o con Javier Solís o María de Lourdes o con La Consentida (ya sé que lo repito, pero era muy gracioso que criticara a las minifalderas, por descocadas, mientras mostraba un escote que ni Elvira Quintana) o con Antonio Bribiesca, o con Rubén Cepeda Novelo cantando &lt;i&gt;Torero Twist&lt;/i&gt; o algo así, sintiéndose inferiores a Bill Halley y sus Cometas. No aparecían en escena los coristas; entre ellos, Plácido Domingo haciendo coros para Costa y Guzmán; o las mujeres, casi anónimas, que tenían mejores voces que los cantantes populares; o lo que revela Tere Estrada en su libro sobre roqueras, que eran Leda Moreno o Vianney Valdés, de voz y simpatía privilegiadas, perdida en la más provinciana provincia, quienes hacían coros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;IV&lt;br /&gt;Corazón, tú dirás lo que hacemos,&lt;br /&gt;lo que resolvemos.&lt;br /&gt;José Alfredo Jiménez&lt;br /&gt;Lo peor de nuestro rock fueron sus letras: apunta Federico Arana la incongruencia gramatical de “El rock de la cárcel”: todo el mundo en la prisión corrieron a bailar el rock; Queta Garay en “Las caricaturas me hacen llorar”: “la primer función”; Enrique Guzmán en “Anoche no dormí”: “fue de ti, fue de mí la gloria de este gran amor”; Angélica María: “con un beso pequeñísimo de tus labios al besarme”; los mayorcitos nos advertían que cómo se le llevaría una serenata a cualquier mujer con “Perro lanudo”; incoherencias, coros incomprensibles, cambios de primera a segunda a tercera personas sin ninguna razón, excepto para forzar una rima o para que no sobrara una sílaba (no nos quejamos en cambio de los poetas que nunca dicen “quizás” en vez de “quizá” porque les sobraría una sílaba, en el caso de los que cuidan el ritmo y la acentuación); ni los mayorcitos decían que también sus canciones tenían incongruencias (“por alto está el cielo en el mundo, por hondo que esté el mar profundo”) o incoherencias (“ay leré, leré leré leré, leré leré leré”).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;V&lt;br /&gt;Corazón, corazón,&lt;br /&gt;no me quieras matar corazón.&lt;br /&gt;José Alfredo Jiménez&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En espera de los diagnósticos definitivos, en una parodia incalificable del Viernes Negro, encuentro un disco triple, con un DVD, producido en 2008, pero ya sabemos lo lamentable de las tiendas de discos en México (en los sesenta el Mercado de Discos era insuperable); la compilación no tiene muchas novedades; algunas curiosidades, como “Acapulco Rock” con Miguel Ángel, no con Manolo Muñoz; a Baby Bell; “Qué tal May Lou” con Paco Cañedo en vez de los Teen Tops o los Hermanos Carrión; “Sólo un mes”, de Los Locos del Ritmo, excluida de casi todas las recopilaciones.&lt;br /&gt; Lo que llama la atención es el DVD; algunas filmaciones originales: Los Teen Tops simulando que tocan, modelos que cohíben a los cantantes; Emily Cranz (por otras razones), un infame play back de “El gran Tomás”, que sólo se perdona por la belleza de Mayté Gaos (ahora la doctora en historia María Teresa Gaos, según acota Luis Zapata) acompañada de Tun Tun y los Polivoces, o la aparentemente ingenua Pily Gaos desperdiciada en voz y belleza con las más bobas canciones posibles (ambas, hermanas, y familiares de José Gaos); algunas escenas, entrañables porque nos remontan a la primera adolescencia (de la que apenas estamos saliendo), porque hacen recordar otras épocas no por terribles menos memorables, pero un crimen espantoso: algunas canciones, interpretados por los cantantes originales, 30 o 40 o 50 años después; ver a los Loud Jets sesentones vestidos como quinceañeros; a Paco Cañedo con más calvicie que don Roberto Cañedo en sus papeles de villano de cintas de luchadores; o los Blue Caps con cara de regañones contra los rocanroleros; o Leda Moreno, tan bonita que había sido y con una voz tan ágil, ahora con sobrepeso, sin frescura, sin aliento. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.&lt;br /&gt;(No sólo Francisco Elorriaga, también Marco Pulido afirmó, cuando todos opinaban que era &lt;i&gt;Pedro Páramo&lt;/i&gt;, que &lt;i&gt;Bajo el volcán&lt;/i&gt; es la mejor novela mexicana.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VI&lt;br /&gt;Fallaste, corazón,&lt;br /&gt;no vuelvas a apostar.&lt;br /&gt;Cuco Sánchez&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El futbol americano cada vez se parece más al soccer (que por algo es soccer); el jueves el mejor jugador defensivo de Detroit, apellidado Suh, se aprovechó que un contrincante estaba indefenso, en el suelo, para azotarle la cabeza contra el piso dos veces; luego lo pisó, lo pateó, y como los futbolistos de todo el mundo, levantó las manitas como diciendo yo no fui, y se asombró de que lo expulsaran del juego; ante la amenaza de que lo suspendan y lo multen cuando menos cinco juegos, ofreció disculpas a sus compañeros, a sus coaches y a su público, pero no al ofendido y lastimado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VII&lt;br /&gt;Nos volvimos a ver, después de tanto,&lt;br /&gt;que al mirarte me dio un vuelco el corazón.&lt;br /&gt;Salvador Novo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El remedio propuesto es peor; y qué hace uno sin hipocondría (lo más lamentable es que la computadora no me deja escribir hipocrondria).&lt;br /&gt;Ah, y Tres caídas, el cuarto libro de Diego, está ya en la Librería Madero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ay, corazón!&lt;br /&gt;Consuelo Velásquez&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-1293874672963871991?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/1293874672963871991/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=1293874672963871991' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/1293874672963871991'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/1293874672963871991'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/11/yo-lo-unico-que-quiero-es-bailar.html' title='Yo lo único que quiero es bailar rocanrol / I'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-7053534468105025306</id><published>2011-11-21T06:48:00.000-08:00</published><updated>2011-11-21T06:48:15.326-08:00</updated><title type='text'>Yo lo bailo en un ladrillo / I</title><content type='html'>En &lt;i&gt;El gendarme desconocido&lt;/i&gt;, Cantinflas, agente 777, saca a bailar a Mapy Cortés (“la mujer sin par”, se la habían presentado, aunque él, viéndola bien, afirma que sí tiene, y qué par), con una frase arrogante, cuando Cortés le pregunta si baila danzón: “Yo lo bailo en un ladrillo y me sobra terraplén”; no es de sus mejores bailes en el cine, tiene otros más lucidores, sobre todo porque el danzón se baila en un ladrillo, y en &lt;i&gt;El gendarme desconocido&lt;/i&gt; se mueve demasiado, caderea de más y sin mucho sentido, y se parece más al posterior Resortes que al célebre Cantinflas que sí sabía bailar.&lt;br /&gt; Resortes fue más bien acrobático, y sus movimientos, más adecuados al mambo, pero poco estéticos; más que él, se lucen sus parejas: una Silvia Derbez mostrando audazmente unos insospechados muslos (sobre todo porque en el cine y las telenovelas se le recuerda más por su eficacia lacrimógena) en &lt;i&gt;Baile mi rey&lt;/i&gt; (fuera de las escenas de baile, está bastante patético), y una Lilia Prado más sensual, mostrando “las ligas” (que es como lo provoca para que sea su pareja) y una incitante pantaleta negra, al final de &lt;i&gt;Confidencias de un ruletero&lt;/i&gt;; pero la mejor escena de baile en una película con Resortes no la protagoniza él, sino Arturo  Martínez, Guillermo Hernández, René Barrera: para que no se oigan los gritos destemplados de Resortes, a quien los villanos creen estar intoxicando con gas butano, ponen un disco, el chachachá “Cógele bien el compás” y, de manera distraída, casi natural, comienzan a balancearse al ritmo de la música, sentados; Martínez, villano estelar del  cine mexicano, de pie, baila suavecito, moviendo los hombros con mucha cadencia.&lt;br /&gt; Germán Valdés se lució en el cine bailando tanto danzón como chachachá; entre sus mejores piezas están “El bodeguero”, con letra cambiada, en &lt;i&gt;Los tres mosqueteros y medio&lt;/i&gt;, rodeado de unas mujeres muy sensuales, en corpiño y liguero, quienes poco antes han bailado un can-can sin bomberos (una de ellas baila encima de una mesa, y el ocupante se asoma bajo la falda para atisbar mejor) (en un excelente western, &lt;i&gt;Destry Rides Again&lt;/i&gt;, un actor secundario se asoma al pie de una escalera bajo la falda de Marlene Dietrich, escena audaz para finales de los treinta); baila un mambo junto a una pareja de hombres en medio de una fiesta en &lt;i&gt;El revoltoso&lt;/i&gt;; hace trío con su hermano Manuel y con Marga López, combinando ritmos, en &lt;i&gt;Los fantasmas burlones&lt;/i&gt;, y sobre todo se revienta unos espléndidos chachachás junto a Yolanda Varela y Ana Bertha Lepe en &lt;i&gt;Lo que le pasó a Sansón&lt;/i&gt;. Baila con Rosita Fornés una canción muy pícara (“échale maíz a las maracas pa’ que suenen… Cuidado con Gulliver hermano, cuidado con Gulliver”) y “Piel canela” rodeado de unas cubanas exuberantes (al pasar una de ellas junto a él, coincide con el fragmento que describe del “ancho mar su inmensidad”, y describe, con las manos, la inmensidad de las caderas de la bailarina).&lt;br /&gt; Con su hermano Ramón hace un trío muy movido con Rosita Quintana en &lt;i&gt;Calabacitas tiernas&lt;/i&gt;, un swing en el que, en una de las vueltas, Quintana muestra unas pantaletas negras (en la vida real, se supone que las prendas íntimas negras son más incitantes; en el cine, evitaban casi siempre las prendas blancas).&lt;br /&gt; Los Valdés se distinguieron por sus buenos bailes: Germán, Manuel, Ramón y el Ratón; éste, como figurante en muchísimos bailes, no siempre con Germán, pero varias veces con él. Manuel, más estrella de televisión que de cine, tiene muchos bailes memorables: en &lt;i&gt;Dos fantasmas y una muchacha&lt;/i&gt;, su célebre “Médico brujo”, donde da muestras de agilidad y acrobacia asombrosas, pero no distorsionadas; en &lt;i&gt;Dormitorio para señoritas&lt;/i&gt;, "La dicha es mucha en la ducha"; uno de sus mejores bailes está en &lt;i&gt;Las viudas del chachachá&lt;/i&gt;, al lado de Amalia Aguilar y la &lt;i&gt;Chula&lt;/i&gt; Prieto, con el ballet de Ricardo Luna; pese a que ellas bailan bien, sobre todo Aguilar, Valdés se roba la cámara por su manera tan natural y alegre: no pierde ni la concentración ni la sonrisa; pero quien mejor baila en esa película musical, en que la trama es que Prieto y Aguilar se convierten en estrellas de la coreografía, es Andrés Soler, quien a la mitad de una pieza hace uno de los pasos más difíciles de ese ritmo, “el avioncito”: con los brazos extendidos a los lados, se balancea pero apenas moviendo el cuerpo; es fácil caer en la exageración: no don Andrés, aunque poco antes su personaje había declarado que no entendía ese ritmo y hasta renegaba de él.&lt;br /&gt; Los Soler fueron buenos bailarines, sobre todo Andrés y Fernando; éste, en &lt;i&gt;Al son de la marimba&lt;/i&gt;, sostiene un divertido duelo con Sara García en una danza chiapaneca; ella, atrevida, deja ver los tobillos al sostener la falda con la punta de los dedos; él se levanta un poco el pantalón; la sonrisa de ambos es picaresca, incluso luego del duelo de bombas entre Sara García y la muy guapa Amanda del Llano. Don Fernando también baila conga en &lt;i&gt;¡Qué hombre tan simpático!&lt;/i&gt;, al lado de una muy traviesa Gloria Marín, quien antes había cantado otra conga, “El apagón”; en "¡Qué hombre tan simpático!" hacen la fila que se mueve con cadencia al ritmo de uno dos y tres, qué paso tan chévere, qué paso tan chévere el de mi conga es, que nadie baila mejor que Bugs Bunny en varias caricaturas, sobre todo en “Un conejo para Bogart”, donde imita a Groucho Marx y, sobre todo, a Carmen Miranda.&lt;br /&gt; Don Andrés baila un fox al lado de las hermanas Dávalos, de la mejor familia de la colonia Juan Polainas, en &lt;i&gt;El Ceniciento&lt;/i&gt;, y lo hace tan bien o mejor que Tin Tan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya se sabe que uno de los bailes más célebres de nuestro cine, el de &lt;i&gt;El Peñón de las Ánimas&lt;/i&gt;, no lo ejecutaron Jorge Negrete y María Félix, sino una pareja que los dobló, porque ninguno sabía bailar; nadie dobló, en cambio, a Luis Aguilar en &lt;i&gt;El Gallo Giro&lt;/i&gt; (su apodo para siempre) bailando charleston con una vitalidad que no volvió a mostrar en ninguna de sus películas como charro antes o después, ni al mostrarse tan tieso como chambelán de Alma Delia Fuentes en &lt;i&gt;ATM&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt; Nadie dobla a Joaquín Pardavé bailando "Kikus kikus makakikus ecus tecus ecunecos", con una letra que describe un streap tease cómico pero aterrador, ni bailando mambo en &lt;i&gt;Del charleston al mambo&lt;/i&gt; (me temo que, en cambio, sí doblaron a Abel Salazar, y además desperdiciaron a Rosario Gutiérrez que pudo haber hecho una “Llorona loca” más emotiva y sensual que la que bailó allí); si protagonizó Pardavé muchas piezas en plan ridículo, o cuando menos burdo, ni Resortes bailó el mambo mejor que él, con un cadereo que ni muchas de las mujeres pudieron imitarle; cadereo sólo igualado por Enrique Herrera, en el mejor papel de su vida al lado de Gloria Marín en &lt;i&gt;Una mujer que no miente&lt;/i&gt;, aunque lo supera Alfredo Varela con unos pasos de “La Bamba” que de seguro vio Chuck Berry para crear su famoso paso de pato que todo rocanrolero ha imitado, y que Varela hizo cuando menos siete años antes.&lt;br /&gt; Buenos bailarines, los villanos: Arturo Martínez, Rodolfo Acosta, Carlos López Moctezuma, Antonio Badú, Carlos Valadez, son mejores bailadores que los héroes, aunque éstos ganen los concursos de baile (Raúl Meraz, el Capitán Cosmos, ganó el &lt;i&gt;Maratón de baile&lt;/i&gt; al lado de Elda Peralta, aunque sólo por el chantaje sentimental y por la resistencia, no por su destreza); además, tienen la habilidad de amenazar a la explotada sin dejar de bailar con cadencia y altanería; una de las escenas cumbres del cine mexicano la estelariza Badú, que le canta descaradamente “Hipócrita” a Leticia Palma en las propias narices de Luis Beristáin, mientras la incita sexualmente al pegarle el cuerpo, mientras ella descompone la figura haciendo mohínes; aunque para bailar aventando el cuerpo en plena incitación sexual, nadie mejor que David Silva, correspondido por una entrona Katy Jurado en &lt;i&gt;Hay lugar para… dos&lt;/i&gt;; ella se resiste muy poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los estadunidenses bailan con más sentido de lo espectacular, hacen peligrosos malabares, se trepan a las paredes y dan dos o tres pasos en ellas; se equilibran con muñecos de trapo o con dibujos animados; incluso cuando el físico no los favorece, logran pasos impresionantes; de los célebres, el más alto fue Fred Astaire, con 1.75, bajo para los estándares de los gigantones John Wayne, Gary Cooper, James Stewart, Pedro Armendáriz, Stewart Granger, Dean Martin, Clark Gable, que rebasaban con mucho el 1.80 (algunos, pasaban del 1.90), mientras que Gene Kelly, Bing Crosby y Donald O’Connor apenas llegaban al 1.70, la misma estatura de Frank Sinatra, que no sabía bailar pero que bailaba muy bien, o parecía que lo hacía (ellos eran apenas un poco más bajos que Bogart, de 1.73, y un poco más altos que Alan Ladd, de 1.68; pongo esto porque Katy Jurado era más alta que David Silva, pero no se nota en ese “Nereidas” que se revientan); pocos mexicanos han intentado ese baile acrobático del cine estadunidense; y cuando lo hicieron, se veían como eso, como un intento: Corona y Arau; Sergio Corona, sin embargo, fue el mejor alternante de una Silvia Pinal siempre alegre, excitante, incitante, vital (sobre todo en “muchachá”). A cambio de esa carencia, el cine mexicano tuvo siempre bailes y bailarines más eróticos; si Astaire y Rogers ponían el mundo de cabeza, Begoña Palacios, Pinal, Lepe, Varela, hacían que el mundo perdiera la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paul McCartney prefirió pagar altas pensiones, o indemnizaciones, con tal de no someterse a análisis de sangre para ver si había la posibilidad de que varias mujeres hubieran sido preñadas por él; al parecer, John Lennon, que fue muy coscolino, no fue requerido por las autoridades para que respondiera por paternidades no reconocidas; en sus memorias, Billy Wyman confiesa que la grouppie que más le atrajo resultó embarazada en el único encuentro que tuvieron; él se enteró demasiado tarde, y sin remedio, porque la muchacha se cambió de casa, y hasta de ciudad, y él no pudo encontrarla. Las pruebas de sangre quedaron rebasadas por los adelantos científicos, que ayudan a solucionar muchos problemas médicos, a prevenir o cuando menos retardar enfermedades, y en los insulsos programas policiales de la televisión estadounidense, a resolver crímenes, a falta de la inteligencia de los héroes de esas series; en cambio, dejan obsoleta la trama de uno de los cuentos perfectos de Jorge Luis Borges, “Emma Zunz”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sigo visitando médicos; se han podido descartar los pronósticos más fastidiosos, y se acerca la recuperación; mientras, me conformo con ver buenos bailes, como el de Laurel &amp; Hardy en su película del Oeste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque los marcadores en el futbol americano sean cerrados, de pronto hay algunas palizas históricas; hace algunos años Dallas llevaba ventaja de dos o tres anotaciones y quedaba menos de dos minutos de juego cuando interceptaron un pase; Danny White, quien suplía a Roger Staubach, en vez de dejar correr el tiempo lanzó un pase de anotación; el coach Tom Landry lo castigó y en los siguientes juegos lo dejaba sólo como pateador: no hay que abusar de los contrincantes; no sólo hay que ser caballeroso, sino precavido: los malos deseos se revierten.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1993 Marcel Sisniega sostuvo unas simultáneas contra 40 intelectuales mexicanos; pocos lograron un triunfo apretado, otros pocos consiguieron empatar; la mayoría, incluso algunos reputados, fueron vapuleados; en muy pocos movimientos despachó a José María Espinasa; un movimiento más tarde Jaime Avilés, el único representante de &lt;i&gt;El Financiero&lt;/i&gt;, fue despachado, y Jaime se mostró satisfecho de no ser el primer eliminado; dos movimientos más tarde Daniel Sada recibió el apretón de manos de Sisniega, pero no se sintió nada mal, porque su hijo, entonces de 12 años, siguió representando a la familia Sada; de hecho, Sisniega lo derrotó luego de más de 40 movimientos, y fue a quien felicitó más calurosamente; Sisniega lo veía con satisfacción, porque le dio batalla fiera; más que felicitación, fue un reconocimiento; Daniel estaba tan feliz como si él hubiera ganado. Todavía hace un par de años, en la cafetería de la Rosario Castellanos, recordaba aquella partida, de la que se sentía tan orgulloso como de toda su obra completa. Seguro que hasta sus últimos momentos la seguía recordando, orgulloso de su familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acaba de aparecer el cuarto libro de Diego, &lt;i&gt;Tres caídas&lt;/i&gt;; de venta en Solar, Luis Moya 116, por el Metro Balderas o por Salto del Agua; el tema: lucha libre.&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-HMQlczG4bmg/Tspkp_Bgb3I/AAAAAAAAAJM/ZA6dshYASq4/s1600/Scan_Pic0002.jpg" imageanchor="1" style="clear:right; float:right; margin-left:1em; margin-bottom:1em"&gt;&lt;img border="0" height="320" width="206" src="http://4.bp.blogspot.com/-HMQlczG4bmg/Tspkp_Bgb3I/AAAAAAAAAJM/ZA6dshYASq4/s320/Scan_Pic0002.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-7053534468105025306?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/7053534468105025306/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=7053534468105025306' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/7053534468105025306'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/7053534468105025306'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/11/yo-lo-bailo-en-un-ladrillo-i.html' title='Yo lo bailo en un ladrillo / I'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-HMQlczG4bmg/Tspkp_Bgb3I/AAAAAAAAAJM/ZA6dshYASq4/s72-c/Scan_Pic0002.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-2233099390418713964</id><published>2011-11-06T08:13:00.000-08:00</published><updated>2011-11-06T08:13:55.628-08:00</updated><title type='text'>Prohibido prohibir</title><content type='html'>“Cuando yo era pequeño –dice Frédéric Breigbeder–, nadie se abrochaba el cinturón en el coche. Todo el mundo fumaba en todas partes. La gente bebía a morro &lt;i&gt;[sic]&lt;/i&gt; mientras conducía y hacía slalom en la Vespa, sin casco. Me acuerdo del piloto de Fórmula 1 Jacques Laffitte conduciendo el Aston Martin de mi padre a 270 kilómetros por hora para inaugurar la nueva autopista entre Biarritz y San Sebastián. Todo el mundo follaba &lt;i&gt;[sic]&lt;/i&gt; sin condón. Se podía mirar a una mujer, abordarla, intentar seducirla, acaso rozarla, sin arriesgarse a ser tomado como un criminal. La gran diferencia entre mis padres y yo: durante su juventud, las libertades aumentaban; durante la mía, no han hecho más que disminuir año tras año.”   (&lt;i&gt;Una novela francesa&lt;/i&gt;, con prefacio de Michel Houellebecq; ¿traducción? de Francese Rovira, Anagrama, Barcelona, España, septiembre de 2011, 213 pp. No he cambiado el lenguaje, pero sí modifiqué un poco la puntuación.)&lt;br /&gt; (&lt;i&gt;Follar&lt;/i&gt;, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, es practicar el coito; pero sólo hasta su cuarta acepción; otras acepciones, con mayores prioridades, son soplar con el fuelle, y en su acepción más vulgar, soltar una ventosidad pero sin hacer ruido. Todavía en la edición de 1970 el DRAE no consignaba esa acepción pese a que ya era de uso común en el lenguaje de los españoles, como lo demuestra Jaime Martín en su &lt;i&gt;Diccionario de expresiones malsonantes del español&lt;/i&gt;, de 1974; Manuel Seco no lo incluyen en el &lt;i&gt;Diccionario de dudas&lt;/i&gt; [1961; ¿sería que no tenía ninguna duda de su uso?], aunque ya lo recoge –perdón– en &lt;i&gt;Diccionario del Español Actual&lt;/i&gt;; el DRAE ya lo incluye en su edición de 1992; era de esperarse que Moliner no lo incluyera, pero asombra que lo contenga el Larousse; en su &lt;i&gt;Diccionario de dificultades&lt;/i&gt;, Álex Grijelmo no lo incluye, aunque los autores de los diarios y publicaciones para las que él trabaja lo utilicen con frecuencia; no está en el casi completo &lt;i&gt;Gran Diccionario Enciclopédico Ilustrado de Selecciones&lt;/i&gt;, ni en el &lt;i&gt;Larousse Visual&lt;/i&gt; –sería divertido–; en el &lt;i&gt;Diccionario de mexicanismos&lt;/i&gt; que recientemente perpetró la Academia Mexicana de la Lengua no incluyen el término, pero sí &lt;i&gt;parchar&lt;/i&gt;, que sería, en lo vulgar y lo obsceno, el equivalente al español &lt;i&gt;follar&lt;/i&gt;; no un equivalente real, porque &lt;i&gt;follar&lt;/i&gt; viene de fuelle, lo que daría lugar a la descripción gráfica de la cópula, aunque sólo en las posiciones más convencionales, mientras que &lt;i&gt;parchar&lt;/i&gt; significaría tapar, reparar, arreglar una oquedad; es más correcto el uso que le da el &lt;i&gt;Diccionario del Español de México&lt;/i&gt;, de Luis Fernando Lara, “copular”, porque la mayoría de los diccionarios dicen “practicar el coito”, y alguno generaliza: fornicar, cuyo uso correcto lo remite al acto en que los practicantes no están unidos conyugalmente por alguna de las tres leyes –o sus equivalentes. La señora Company Company, curiosamente, da como primera acepción de &lt;i&gt;parchar&lt;/i&gt; el de practicar el coito, antes que las correctas. ¿Un traductor de editoriales españolas, si le importaran los lectores de América Latina, qué debía poner? ¿Parchar, coger?)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera vez que una empresa me otorgó un seguro de vida, el médico que realizaba los exámenes me preguntó si fumaba; cuando le dije que tres o cuatro cigarrillos al día me dijo “eso no es nada”, y puso que no era fumador. Ahora, con decir alguien que fuma uno al día lo acusan no de fumador sino de criminal y de causar la muerte de cuantos habiten en varios kilómetros cuadrados a la redonda; no le importan a esos inquisidores opiniones científicas, las que ha demostrado Octavio Rodríguez Araujo; ellos repiten los argumentos de una organización que se pretende autoridad mundial aunque ya demostró su dependencia de los laboratorios, y que no sólo exageró cifras y peligros de la influenza, sino que mintió sobre sus alcances, sus consecuencias y su real peligro, con lo que la gente y las autoridades médicas descuidaron otras enfermedades, como la influenza estacional, que provocó más fallecimientos que la otra. He sido, excepto en la edad en que fumar significaba entrar a un mundo más peligroso, más atractivo, un fumador social; Sergio Galindo, como parte de un ritual, me llamaba a su oficina, y antes de entregarme las cuartillas que hubiera escrito ese día, o me entregara pruebas de libros que estuviéramos preparando, o manuscritos para que los leyera, o que platicáramos de los libros que leíamos, me ofrecía un cigarro; “no fumo”, le contestaba siempre; era ya un ritual: a él y a Arturo Serrano les daba envidia de que en una cena, o una reunión, o en una cantina, pudiera fumar ocho o diez cigarrillos, y luego estar sin fumar ni uno, dos o tres meses seguidos. Llevo consumidos diez cigarros en los últimos 34 meses, y cada vez tengo menos ganas de fumar, pero me molestan las prohibiciones, los criticones, los que nos andan cuidando; los comandos paramaternales (el término es de Quino) que nos advierten que cometemos un acto contra nuestra salud, contra la religión, contra la moral, al mismo tiempo que celebran que las efímeras celebridades del espectáculo presuman cuántas veces, con cuántas parejas y en qué posiciones (aunque omiten cuánto tiempo duran sus audacias eróticas).&lt;br /&gt; Cuando comenzó la campaña para prohibir, como en tiempos del nazismo, que se le obsequiaran a los niños algunos juguetes que llamaron bélicos, Antonio Muñoz Molina contó que toda su infancia jugó con pistolas de fulminantes, o ni siquiera, y con rifles, y pese a ello nunca había asesinado a nadie, ni era capaz de actos más violentos que los que imaginara para sus novelas, pero que en persona no los cometería; la televisión transmitía programas en que los protagonistas eran “vaqueros”: Hopalong Cassidy, Roy Rogers, El Llanero Solitario, Cisco Kid (encarnados por William Boyd, Gene Autrey, Clayton Moore, y muchos otros); Rin Tin Tin inmovilizaba a los villanos a mordidas y ladridos amenazantes, y muchas veces los atacaba derribándolos y ponía el hocico cerca de su cuello mientras llegaban el teniente Rip Master o el sargento Biff O’Hara a aprehenderlos. Los más grandecitos veían a Mike Hammer, Boston Blackie (el protagonista tenía nombre de una marca de cigarros: Chester Morris; su lema: “amigo de los que no tienen enemigos, enemigo de los que no tienen amigos”), &lt;i&gt;Alta tensión&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Los intocables&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;La ley del revólver&lt;/i&gt;, al sádico de Perry Mason, &lt;i&gt;Combate&lt;/i&gt;; más de una generación disfrutó de las cintas bélicas de Errol Flynn, Tyrone Power, Gary Cooper; John Ford afirmaba que en sus cintas había matado más indios que el ejército confederado de Estados Unidos, y Howard Hawks hace que un puñado de inválidos, alcohólicos y fracasados domine a una partida de defensores de la iniciativa privada ambiciosa. disparando balas, flechas y haciendo estallar cartuchos de dinamita; el mismo Hawks paralizaba a los héroes mostrando las piernas de las heroínas que posaban en ropa íntima; Hawks culmina una de sus mejores cintas haciendo que Charles Coburn lance un chorro de agua de sifón sobre las nalgas de Marilyn Monroe, haciéndolas más visibles aún; y John Huston pone a Marilyn a jugar con una pelotita pegada a una raquetita; le da cerca de cien golpes, coreada por muchísimos hombres que admiran el movimiento que hace con las caderas, sin hacerse la indignada ni la remolona. Y los espectadores que vieron esos programas, esas y otras muchas cintas, no se lanzaron a la calle a matar gente ni a manosear o violar a mujeres, desprevenidas o no; muchos de esos filmes fueron, y son, apreciados por hombres inteligentes que no han cometido crímenes, no de sangre, y sólo uno que otro contra la gramática.&lt;br /&gt; Los disidentes del régimen soviético (y del cubano y del chino, que prohibían el rock) se quejaban de que su gobierno adoptaba una actitud paternalista, que cuidaba que cuando copulaban lo hicieran sin posiciones perversas, que tenían prohibido y castigado el sexo oral; no perseguían a los fumadores porque Stalin y Jrushov eran fumadores empedernidos; uno se consolaba diciendo que no eran socialistas, que el socialismo no era represor; pero resulta que en nombre de una izquierda nos cuidan como Hitler cuidó a los alemanes, como Stalin a los soviéticos, y durante muchos siglos la iglesia cuidó a los feligreses para que no cayeran en el infierno.&lt;br /&gt; El párrafo de Breigbeder es terrible; después de un periodo en que la humanidad se vio libre del peligro nazi, y de que al menos el mundo occidental vivió un desenfreno sano; luego criaron a sus hijos bajo controles rígidos, prohibiéndoles las libertades que habían ganado para sí; al menos, es lo que se saca en conclusión de su novela; parece también que así es en el mundo real; se busca prohibir todo; ahora, corridas de toros; no en cambio el futbol soccer, donde hay violencia en cancha y tribunas, donde las mujeres en el público son manoseadas peor que en la última versión de Woodstock o que en los primeros vagones del Metro.&lt;br /&gt; Asombra también leer, en su más reciente antología, a un Carlos Monsiváis políticamente correcto, cuando toda su vida se le tuvo como un provocador; propusieron quitar los saleros de las mesas de los restaurantes para que nadie pusiera más sal de la que ya traían los alimentos, y andan legiones advirtiendo de los peligros de comer carne roja, sin tomar en cuenta el asesinato diario de miles de plantas, como previene un cartel que puso Alejandro Toledo hace unos días en su portal de facebook y que aquí reproduzco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos queda la satisfacción, cuando menos, de sentirnos marginados, rebeldes, tanto, que las buenas conciencias nos andan cuidando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En &lt;i&gt;Los ídolos a nado&lt;/i&gt;, Monsiváis habla de un sitio, Los Eloínes, uno de los primeros antros (ése s{í auténtico antro) donde se privilegiaba a quienes disentían de las mayorías sexuales, y bailaban parejas del mismo sexo, preferentemente del masculino; hace una descripción no tan pícara ni tan elocuente, como de otros sitios en otros reportajes; no cita, sin embargo, que al final de &lt;i&gt;El Ceniciento&lt;/i&gt;, una de las más celebradas cintas de Germán Valdés, éste, huyendo de los policías que van a apresarlo, se mete a una patrulla, a la que confunde con un ruletero; ¿cuánto a Perú 27?, le pregunta a un patrullero; era la dirección de Los Eloínes; Tin Tan no era un disidente político, pero se pasó haciendo referencias prohibidas; a la censura se le pasó completita esa referencia a un lugar no prohibido, pero sí marginado de las clases sociales pudientes, aunque algunos de sus integrantes haya ido, a escondidas, a ese sitio, insólito en esos tiempos, principios de los cincuenta. También se le ha pasado a los críticos y comentaristas de las muy elogiadas cintas de Tin Tan; como se les pasó que en &lt;i&gt;El bello durmiente&lt;/i&gt;, ante el reproche de Wolf Ruvinsky de que huyera de los grandes animales: “aquí está la caza grande”, a lo que Valdés contestaba “yo prefiero casa chica”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mi nota sobre los 50 años de Era, dije que &lt;i&gt;Bajo el volcán&lt;/i&gt; es la mejor novela mexicana; esa afirmación la hizo Francisco Elorriaga, hace ya unos años. Y Octavio Rodríguez Araujo me corrige: la Crema Teatrical no era de Nívea, era simplemente Teatrical. La Nívea tenía su propia crema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En uno de sus múltiples y fallidos trabajos, el personaje principal de &lt;i&gt;Los 400 golpes&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Antoine y Colette&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Besos robados&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;Domicilio conyugal&lt;/i&gt;, Antoine Doinel, es un detective bueno para el chisme y para indagar asuntos ajenos, pero pésimo siguiendo a la gente, que siempre lo descubre. ¿Qué reportero mexicano adolece del mismo defecto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-w6vcJBTreig/TrayPOWSVTI/AAAAAAAAAJA/fSe5ZwS6o9Q/s1600/salven%2Ba%2Blas%2Bplantas.jpg" imageanchor="1" style="clear:right; float:right; margin-left:1em; margin-bottom:1em"&gt;&lt;img border="0" height="300" width="300" src="http://3.bp.blogspot.com/-w6vcJBTreig/TrayPOWSVTI/AAAAAAAAAJA/fSe5ZwS6o9Q/s320/salven%2Ba%2Blas%2Bplantas.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-2233099390418713964?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/2233099390418713964/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=2233099390418713964' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/2233099390418713964'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/2233099390418713964'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/11/prohibido-prohibir.html' title='Prohibido prohibir'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-w6vcJBTreig/TrayPOWSVTI/AAAAAAAAAJA/fSe5ZwS6o9Q/s72-c/salven%2Ba%2Blas%2Bplantas.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-3356967998630629490</id><published>2011-10-24T18:20:00.000-07:00</published><updated>2011-10-25T13:13:51.523-07:00</updated><title type='text'>Era: 50 años de dignidad editorial</title><content type='html'>En una entrevista pública que le hicieron a Emilio García Riera, aparecida en la &lt;i&gt;Revista de la Universidad de México&lt;/i&gt; (en la que confesó sus bajas pasiones por Paulette Goddard y Leticia Palma –que estaban bien buenas, aseguró), habló de su &lt;i&gt;Historia documental del cine mexicano&lt;/i&gt;, y acotó que estaba diseñada por Vicente Rojo, “como Dios manda”; el tiempo le dio la razón; no hay manera de comparar la segunda edición con ésta, elegante, sobria, maravillosamente ilustrada, equilibrada, fácil de leer pese a su gran formato y al número de páginas de cada tomo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque comencé a leer antes, no fue sino en 1966 en que pude comprar los libros que quería; era inevitable: Carlos Fuentes, Juan García Ponce, Salvador Elizondo, José Agustín, José Emilio Pacheco. Mi padre se había hecho amigo de Antonio Navarrete, entonces encargado de la Zaplana de San Juan de Letrán, y le daba descuento; podría decir cuáles fueron, y en qué orden; me basta ahora con apuntar que entre ellos estuvieron &lt;i&gt;La noche&lt;/i&gt;, de Juan García Ponce; &lt;i&gt;Narda o el verano&lt;/i&gt;, de Elizondo; &lt;i&gt;Aura&lt;/i&gt;, de Fuentes, y &lt;i&gt;El viento distante&lt;/i&gt;, de José Emilio Pacheco.&lt;br /&gt;No fueron los primeros libros de Era que leí; nombro esos cuatro porque, si bien mi &lt;i&gt;Aura&lt;/i&gt; es de 1970, hace poco conseguí una primera edición que, salvo que tiene desprendida la cubierta, está intacta; y &lt;i&gt;El viento distante&lt;/i&gt; era la segunda edición, pero en 1976 conseguí la primera; las otras son puras primeras ediciones, y excepto &lt;i&gt;Aura&lt;/i&gt;, están dedicadas por los autores.&lt;br /&gt;Para no abundar en apuntes autobiográficos, sólo mencionaré algunos de sus libros que, para no usar una frase de moda (“me cambiaron la vida”), diré exclusivamente algunos de los que transformaron mi modo de ver el país, la realidad, la política, la literatura: &lt;i&gt;Marxismo y filosofía&lt;/i&gt;, de Karl Korsch; &lt;i&gt;Bajo el volcán&lt;/i&gt;, de Malcolm Lowry (la mejor novela mexicana); &lt;i&gt;El coronel no tiene quien le escriba&lt;/i&gt;, de García Márquez; &lt;i&gt;El oficio de escritor&lt;/i&gt;, excelentes entrevistas con escritores (y muy superior a los tomos sucesivos, por otras editoriales); &lt;i&gt;Los convidados de agosto&lt;/i&gt;, de Rosario Castellanos; &lt;i&gt;Didascalias&lt;/i&gt;, de Juan Manuel Torres; &lt;i&gt;El otoño recorre las islas&lt;/i&gt;, de José Carlos Becerra; &lt;i&gt;Las flores azules&lt;/i&gt;, de Queneau; la &lt;i&gt;Fenomenología del relajo&lt;/i&gt;, de Jorge Portilla; y no sabría si pudiera deshacerme de casi ninguno de la colección Alacena, de la que tengo casi tres cuartas partes de los títulos publicados, y de ninguno de Cine-Club Era (que tengo creo que todos); no puedo olvidarme que, en esencia, es la editorial de José Emilio Pacheco, y que uno de sus títulos centrales, &lt;i&gt;Las batallas en el desierto&lt;/i&gt;, está dedicado para mí. ¿Es necesario recordar que ante lo disperso que fueron las ediciones de José Revueltas, Era tuvo el acierto de publicarlas en una colección muy hermosa? ¿Y que casi la totalidad de la obra de Carlos Monsiváis está en Era, y cuando no, lo pagó muy caro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dije que la colección de las obras de Revueltas es muy hermosa; no es pleonasmo, es redundancia; son muchas las cualidades de la editorial; comparte la elegancia del diseño con ciertas etapas de otras editoriales, que vivieron una época de camaradería y leal competencia, prestándose autores, diseñadores, editores y correctores; no es de extrañar que mucha de la elegancia de libros del Fondo de Cultura Económica, de Joaquín Mortiz y de Era tuvieran como coincidencia el equilibro, la bella tipografía, la caja cómoda y legible, y no pocas veces, la audacia; Era sigue conservando esa caja cómoda, el empeño, casi siempre conseguido, por presentar textos pulcros, con tipos que pueden leerse a pesar de su audacia; una tipografía única, diseñada exclusivamente para sus colecciones, que sólo ojos entrenados podían descubrir sus diferencias y sus afinidades, pero todos perciben su belleza.&lt;br /&gt;Así como puede recordarse con admiración la Serie del Volador de Joaquín Mortiz, o su Novelistas Contemporáneos, más delicada y bella que su modelo de Seix-Barral, colección Fomentor, así hay que reconocer la audacia editorial de la colección Alacena, innovadora en tamaño, proporciones, medianiles (esos espacios entre la mancha tipográfica y el corte del papel), la disposición juguetona de los espacios, de las ilustraciones, cuando las había), de las capitulares, de las versalitas al inicio de los textos; y los títulos, audaces también, y ahora asombrosos: la &lt;i&gt;Oración del 9 de febrero&lt;/i&gt; y el &lt;i&gt;Anecdotario de Alfonso Reyes&lt;/i&gt;; la &lt;i&gt;Breve historia de Coyoacán&lt;/i&gt;, de Salvador Novo; los &lt;i&gt;Cuentos&lt;/i&gt; y el &lt;i&gt;Teatro pánicos&lt;/i&gt;, de un Jodorowsky que al mismo tiempo azoraba y seducía a un público hipnotizado; poesía renovadora, como la de José Carlos Becerra, Isabel Fraire, y Luis Rius; no hay que resaltar que los títulos que enuncié entre los primeros que adquirí pertenecen a esta colección.&lt;br /&gt;Pero no debo olvidar la colección Problemas de México; varios están enfocados a estudiar muchos de los conflictos que se vivieron en el país, y más concretamente en nuestra ciudad, antes de 1968, como las huelgas magisterial y de ferrocarrileros, los políticos; los análisis minuciosos del cardenismo o la historia definitiva del régimen de Miguel Alemán, además de otra que debían releer estudiosos e historiadores, la del minimato, de Medin. Y que la cronología exacta y puntual del Movimiento Estudiantil de 1968 fue la que abrió esta colección, indispensable para entendernos.&lt;br /&gt;Dentro de los estudios mexicanos, no podemos olvidar ni a Fernando Benítez ni a David Brading ni mucho menos a Friedrich Katz, tres autores monumentales de obras indispensables.&lt;br /&gt;¿Cómo no presumir la posesión de libros tan preciados como los &lt;i&gt;Discos visuales&lt;/i&gt;, los &lt;i&gt;Topoemas&lt;/i&gt; y el libro maleta Octavio Paz / Marcel Duschamp? O el increíble diseño de &lt;i&gt;La palabra mágica&lt;/i&gt;, de Augusto Monterroso, en el que cada texto está en diferente papel, sea en textura o en color, logrando un equilibrio perfecto, pero del que todavía no entiendo cómo lo hicieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No he hablado de las portadas; son sencillas pero inmejorables; a veces lo consiguen con el puro juego tipográfico; a veces, con un elemento gráfico, resaltado por un color que parece pleno pero que tiene matices; con letras que se desvanecen de manera apenas perceptible; con la repetición de una ilustración; a veces, una ilustración sola, que abarca gran proporción del tamaño, pero con algo que llama la atención, y que no es el tamaño, sino algo inconcluso, o que se sale de la proporción, o que no combina con los demás elementos; y el sello de la casa, presente pero que no distrae, aunque no podemos dejar de observar; o las pantallas que oscurecen a los personajes de una escena cinematográfica, pero que son fácilmente identificables. Ninguna otra editorial de habla hispana intentó siquiera copiar a Era.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablemos de las ediciones; dije que &lt;i&gt;El oficio de escritor&lt;/i&gt;, de Era, resulta muy superior a otras ediciones o continuaciones; es por la traducción fina y exacta de José Luis González, un escritor mexicano nacido en Puerto Rico (también editado en Era), excelente como él solo; pero además, las fichas de los entrevistados son claras, justas y puntuales, características de las que carecen las ediciones argentinas; y qué decir de las traducciones de Lowry, por Salvador Elizondo y por mi amigo Raúl Ortiz y Ortiz (alguna vez Huberto Batis le reclamó en público a Raúl que hubiera permitido que otros traductores rebajaran los libros de Lowry con traducciones ilegibles, y se llevó un aplauso por su audacia, pero también por lo exacto de su reclamo); y la traducción de &lt;i&gt;Las flores azules&lt;/i&gt;, de Jorge Aguilar Mora, muy superior a cualquiera otra versión de Queneau al español, y que hace ver un libro francés, con un lenguaje muy específico y difícil, totalmente natural, rico y experimental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La novela renovadora, la poesía juguetona, los experimentos de estructura e idomáticos encontraron en Era un espacio similar al de Joaquín Mortiz; la literatura prohibida en la España oscurantista de los sesenta encontró en Era un refugio salvador; porque Era publicó, y publica, libros de marxismo, de socialismo, de comunismo, que no es el del oportunismo, ni de socialistas que se avergonzaron de serlo, pero que fueron clave en el combate al burocratismo, el totalitarismo, y el capitalismo disfrazado de socialismo; y en Era, aunque no únicamente allí, se salvaguardó la dignidad de la España vencida pero no derrotada, y se expuso la crítica a las dictaduras, y se habló de los socialistas que combatían, en dos frentes, dos tiranías sólo diferenciadas por el nombre y por sus dirigentes.&lt;br /&gt;Muchos otros títulos nos dieron la posibilidad de leer literatura cubana, polaca, y de muchas otras partes; y no puedo olvidar libros más tradicionales, igualmente importantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era es sinónimo de etapa, y de una etapa que lleva 50 años enriqueciendo a México, pese a que el mercado editorial ya no es el de la competencia leal; que ha sobrevivido a crisis sociales, económicas, políticas que han hecho dudar a muchos de la sobrevivencia de la sociedad mexicana (y la editorial editó las crónicas en que el país renació gracias a la sociedad civil, un término que prácticamente nació en sus páginas); pero Era son las siglas de sus iniciadores, Espresate, Rojo, Azorín el Terrible (el adjetivo es de Vicente Rojo), y que tienen significados específicos: elegancia, rigor, nivel de exigencia que aterraba a los colaboradores, pero que acogió a los mejores editores, diseñadores, formadores, linotipistas, correctores, ilustradores y autores disponibles; la nómina en todo es gigantesca; es sinónimo de editorial progresista pero no dogmática; política, pero no vocera de resentidos; mexicana pero no patriotera; rigurosa, pero abierta a la crítica. Pertenece a la estirpe de las editoriales que surgieron del Fondo de Cultura Económica, como Mortiz y Siglo XXI, y desde el principio la igualó, si no en número de títulos, sí en calidad y en riqueza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Termino con otra confesión, que supongo ninguno de los directivos de Era conoce; acababa de cerrar Equipo Creativo, la empresa de Gustavo Sainz donde hacíamos revistas, diseñábamos y corregíamos libros y calendarios cívicos ahora muy apreciados; en Libros Escogidos, de Polo Duarte, un célebre corrector del que nadie me dijo su nombre pero que era conocido como &lt;i&gt;El Mago&lt;/i&gt;, me invitó a hacer una prueba de corrector en Era (o en Imprenta Madero, el Mr. Hyde de Era); me dieron a corregir un ensayo de Carlos Monsiváis sobre la novela policial, y la entrevista pública a García Riera, para la Revista de la UNAM; pese a dos o tres descuidos, aprobé el examen, y me conminaron a que me presentara una semana después a trabajar; en el ínter, Sergio Galindo me ofreció lo mismo, pero para Bellas Artes. Nunca llegué a Era, sino años después, a revisar alguna publicación de otra editorial, y me sentí orgulloso porque, al entrar, me saludó efusivo Bernardo Recamier, a quien admiraba pero no conocía; el reconocimiento de alguien de Era me hizo sentir alguien importante del mundo editorial.&lt;br /&gt;Y terminó, ahora sí, con un agradecimiento porque a Era le debo mucho: placer, satisfacción, plenitud, orgullo; muchos de mis mejores días han sido leyendo alguno de sus libros, o mejor, releyéndolos, apreciándolos en todos sus aspectos. Pero por mucho que agradezca, no es suficiente: nos ha dado demasiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Era me invitó a participar en una mesa redonda por sus 50 años de existencia; este texto es el resultado de esa invitación; físicamente no podía asistir; ni mis problemas de salud ni un compromiso no sólo ineludible sino muy satisfactorio, me lo permitían, pero Elena Enríquez prometió leerlo. Ya más en la intimidad, me he enterado después de mucha gente que colaboró en la editorial y por ello me explico mucho de su calidad; no seré más indiscreto que ellos.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué agradable sorpresa la de Jorge Cantú; si como infielder es indeciso, con un rango de alcance menor al promedio y un brazo no siempre seguro; si estuvo en las Mayores, y puede que regrese, nomás que recupere el ritmo que perdió al cambiar de equipo, sólo por su bateo, ha demostrado una inteligencia, una sangre ligera y una facilidad para explicar el juego que ya quisieran para ellos los cronistas televisivos; hace que el espectador entienda mejor el juego, y además sabe anécdotas, historias, y muchas otras cosas que lo hacen divertido, y tan eficaz como lo ha sido en tres o cuatro temporadas con el bat; pero además conoce de otros deportes tanto como de beisbol, y no sólo de deportes; una auténtica revelación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De carcajada la manera de Tony LaRussa de dirigir un equipo de beisbol; comienzan los rumores, luego de que él perdió el segundo y el cuarto juego: ¿será intencional? Sus explicaciones son inaceptables: que dio la orden correcta y el coach confundió nombres totalmente diferentes; ¿habrá quien no se haya dado cuenta que toda su carrera de manager se ha dedicado a deshacer equipos? Y qué pena lo de Pedro Septién; pero quien piense que es por la edad, también se equivoca: siempre fue así, sólo que antes sabía narrar.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El medio cultural está satisfecho porque por fin quitaron de la presidencia de la Comisión de Cultura de la Asamblea Legislativa a una legisladora que al felicitar a José Emilio Pacheco por uno de los premios con que se honran al otorgárselo, le atribuyó &lt;i&gt;Un tranvía llamado Deseo&lt;/i&gt;, que en realidad es de Tennessee Williams; en la página 295 de &lt;i&gt;La hoguera y el viento. José Emilio Pacheco ante la crítica&lt;/i&gt; (Difusión Cultural de la UNAM-Era, 1993), de Hugo J. Verani, se lee, en el apartado de Traducciones y adaptaciones, el duodécimo lugar: Williams Tennessee. &lt;i&gt;Un tranvía llamado deseo &lt;/i&gt;[&lt;i&gt;A Streetcar Named Desire&lt;/i&gt;]. Culiacán: Universidad Autónoma de Sinaloa, [julio], 1983; 2ª ed., [agosto] 1983. Traducción de JEP. Puedo agregar que en la portada está &lt;i&gt;Deseo&lt;/i&gt;, no &lt;i&gt;deseo&lt;/i&gt;, y que en la página legal se añade que la colección que lo incluye, Lectura para todos, era dirigida por Pacheco y por Carlos Monsiváis, que la versión mexicana está dedicada a Margarita y a Sergio, y que la traducción estuvo a cargo de José Emilio Pacheco. La edición tiene 224 páginas, y otros títulos de la colección fueron &lt;i&gt;Viajes de Gulliver&lt;/i&gt;, de Swift; &lt;i&gt;Edipo rey&lt;/i&gt;, de Sófocles; &lt;i&gt;Mario y el hipnotizador&lt;/i&gt;, de Thomas Mann; &lt;i&gt;Septiembre ardiente y otros cuentos&lt;/i&gt;, de Faulkner; &lt;i&gt;Historia del abecenrraje y la hermosa jirafa&lt;/i&gt;, de Antonio Villegas; &lt;i&gt;Madre Coraje (Ana “La Valor”)&lt;/i&gt;, de Bertold Brecht, y &lt;i&gt;El Doble&lt;/i&gt;, de Dostoievsky. Posteriormente se añadieron &lt;i&gt;Lluvia&lt;/i&gt;, de Somerset Maugham; &lt;i&gt;Don Juan o el convidado de piedra. Mozart y Salieri&lt;/i&gt;, de Pushkin; todos llevaban prólogo de Pacheco, algunos en coautoría con Monsiváis; además de a Williams, tradujo a Pushkin y a Maughan, éste bajo el seudónimo de Ricardo Ledezma.&lt;br /&gt;La versión de Puskin está en verso, no recogido aún en las compilaciones de la poesía de Pacheco. También está en verso, adaptado y actualizado, &lt;i&gt;El cerco de Numancia&lt;/i&gt;, sólo que editado por Siglo XXI. A nadie se le ocurre atribuírselos a Pacheco, pero no debe ignorarse su labor como traductor.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-3356967998630629490?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/3356967998630629490/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=3356967998630629490' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/3356967998630629490'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/3356967998630629490'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/10/era-50-anos-de-dignidad-editorial.html' title='Era: 50 años de dignidad editorial'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-9004723132778305404</id><published>2011-10-18T18:15:00.000-07:00</published><updated>2011-10-18T18:25:09.858-07:00</updated><title type='text'>Second verse, same as the first</title><content type='html'>Me escribe Humberto Musacchio: en las redacciones de los periódicos que cerraban la edición alrededor de las diez de la noche, ahora se pasan con mucho de la medianoche; las computadoras (u ordenadores) no han ayudado ni a la rapidez, pero tampoco, mucho menos, a la precisión, la pulcritud, la exactitud en el idioma; cada vez hay más erratas, aparte de los dislates, solecismos, barbarismos y neologismos absurdos (parte de este comentario es de mi cosecha). Lamenta parecer reaccionario, pero considera que todo tiempo pasado fue mejor.&lt;br /&gt;Los correctores de los diarios enmendaban planas enteras a escritores prestigiados, que luego presumían de lo bien que redactaban (en un filme reciente, Sarah Michelle Gellar, interpretando a una editora, se queja de que no haya agradecimientos de parte del autor de un libro en el que ella trabajó corrigiendo, enmendando, suprimiendo, aumentando; escena falsa: el trabajo de corrección es anónimo –y debe seguir siendo así–, además de que pocos autores se dan cuenta dónde y qué les corrigieron); los procesadores de palabras, que muchos creen que son programas de edición, tienen un corrector automático que señala de alguna manera cuándo se escribe mal una palabra; aun así, esos correctores automáticos no distinguen cuándo se acentúa aún y cuándo no; cuándo se escribe &lt;i&gt;éste&lt;/i&gt; y cuándo &lt;i&gt;este&lt;/i&gt; (en la página La Palabra del Día se quejan de que en México no hayamos adoptado, salvo uno que otro despistado, las nuevas reglas ortográficas, para berrinche de unos cuantos académicos hispanizantes); sobre todo, los tecleadores (término muy común en las redacciones de los diarios –y no generalizo “en los diarios” porque en los departamentos administrativos, comerciales, reclusos humanos, y muchas veces en las mismas direcciones, no tienen idea de la redacción) son indiferentes a la lógica del idioma: ¿de dónde y con qué autoridad apareció “localía”, para referirse a la supuesta ventaja de un equipo deportivo al jugar en su ciudad?, ¿a quién se le ocurrió hablar de “precuelas” cuando se refieren a las primeras obras de una saga?, ¿quién dice que los inválidos nos ofendemos cuando hablan de inválidos y preferimos el inválido “discapacitado” que en realidad quiere decir que se es incapaz, y no que necesita algún aparato para valernos por nosotros mismos, como plantillas, anteojos, muletas, aparatos ortopédicos, sillas de ruedas, aparatos para la sordera, o respaldo psicológico para combatir los males somáticos? ¿Qué valida hablar de los adultos mayores, si por necesidad todos los adultos son mayores? Nadie habla de los adultos menores, pero sí de las personas con capacidades diferentes, lo que es también redundante porque todos somos diferentes, aun los imitadores como Dèjá Lu, que es diferente de los modelos a los que copia (¡qué bueno, nos asustaríamos!)&lt;br /&gt;Algunos términos pasan de moda: Abel Quesada se quejó durante años de los “planeadores” y los dibujaba planeando sobre los edificios donde cobraban sin hacer nada; los gobiernos de técnicos pusieron de moda un incómodo “presupuestar”, y lo usaron con tanta seguridad que se coló a las páginas de los diccionarios de la Real Academia de la Lengua Española, en los momentos en que dejaban de usarlo los tecnócratas. Y los que hacían emberrinchar a los buenos correctores con el “enfatizar” ganaron la batalla para entrar al DRAE, precisamente cuando abandonó el lenguaje cotidiano y hasta desapareció de los diarios. En algunos círculos sigue usándose “audicionar”, pero sólo en el medio artístico, que es como abrevian que van a presentar una audición para alguna obra, aunque se lo he oído a varios académicos; y no es que sean términos demasiado feos, pero sí inútiles.&lt;br /&gt;¿Cuándo se puso de moda la “previa cita”? Que usen el término los agentes inmobiliarios es comprensible, pero cuánto y cuánto escritor supuestamente cuidadoso escribe “llegó sin previa cita”, como si no fuera redundante. Más antiguo es “tomó parte activa”, que no es tan ruinosa como la más reciente y más tonta “participa activamente”; es de suponer entonces que hay una contraparte que es participar pasivamente. Y ni qué hablar de “los niños y las niñas” (excepto los que tienen un talento precoz), hasta llegar al increíble “cetáceos y cetáceas”. Sé que desde hace más de 15 años comenzó una moda incomprensible: al hablar de la calidad de invicto de un equipo deportivo, los infalibles y comiquísimos cronistas hablan no de “lo invicto”, de que perdieron “lo invicto”; dicen que perdieron “el invicto”, como si nos importara su intimidad; ¿pero a poco no son disfrutables los cronistas de los Juegos Panamericanos, que sólo saben hablar de futbol, y mal, que cuando reseñan handball o futbol femenil, no pueden evitar hablar de “los jugadores”, del “portero”, pese a que sean muy femeninas las jugadoras; salvajes, rudas y tramposas, pero femeninas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los diarios y revistas tienen una excusa inverosímil, pero muy utilizada: el poco tiempo que se tiene para elaborarlos; apenas unas cuantas horas, o unos cuantos días; es más explicable lo descuidado; que ahora abunden esas expresiones es porque ya no existen los correctores de originales, de galeras, los atendedores (los que rememora Musacchio) que aunque leían tres o cuatro veces cada nota, reportaje, entrevista, artículo, terminaban mucho antes que ahora, que se escribe directamente en la computadora, o se envía por correo electrónico, o lo llevan en disco o en USB, y sólo se lee una vez, y eso buscando dedazos. Claro, los periódicos se evitan las reclamaciones de escritores enfurecidos porque le corrigieron una palabra que a él le gusta escribir o separar a la mala; lo malo es que se contagia: no es que esté mal escrito, pero por qué tienen que decir “te vas derecho y al llegar a lo que es la esquina te das vuelta, y llegas a lo que es Reforma”. Abundan las llamadas telefónicas para ofrecer lo que es un nuevo servicio de lo que es una institución bancaria en la que ni siquiera tenemos lo que es una cuenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las transmisiones televisivas de los Juegos Panamericanos revelan terquedad de los espectadores; hace poco David Huerta se quejó de que un cronista menos plano y menos ignorante que otros debió tragarse un regaño de alguien que reclamaba que se refiriera a la gente de color, y de que los meseros se burlan de quien pide un vaso de agua: ¡aguantarse pese a tener la razón es causa suficiente para una leve, fugaz e inservible taquicardia! Alguien reclamó que pronunciaran “hanball” (janbol”) y exigen que se diga “jambal”; los locutores (porque no son cronistas) aguantan el regaño y pronuncian la &lt;i&gt;a&lt;/i&gt;, que no utilizan cuando dicen futbol o beisbol o basquetbol; algunos se lo merecen, por ignorantes, parciales y limitados. Y malhablados, con lo que violan la ley.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dice Musacchio que todo tiempo pasado fue mejor; a Jorge Manrique sólo le parecía que lo había sido; Leonard Maltin no duda que lo fue; ha sacado de sus libros anuales muchas de las películas viejas y sólo conserva las muy obvias como clásicas, y hasta eso, algunas extraordinarias, pero que no se proyectan más que en cineclubes, y que no están en los catálogos de los vendedores de videos sea en VHS, DVD o Blue-Ray, también fueron extirpadas de esas listas, porque el sentido de esa publicación anual es que el espectador por televisión tenga una referencia inmediata del año en que fue filmada, el director, principales actores, unas cuantas líneas para hablar del argumento sin contar la trama, y un comentario por lo regular contundente, y a veces llama la atención por la aparición fugaz de actores novatos, o los llamados bits o cameos, como Ann Sheridan en &lt;i&gt;El tesoro de la Sierra Madre&lt;/i&gt;; Danny Glover en &lt;i&gt;Maverick&lt;/i&gt; haciendo un chiste sobre &lt;i&gt;Arma mortal&lt;/i&gt;; Noel Nelli y Kirk Alyn en la versión de 1978 de &lt;i&gt;Supermán&lt;/i&gt;; Mal Evans en &lt;i&gt;Help!&lt;/i&gt;; Kevin Kostner en &lt;i&gt;Night Shift&lt;/i&gt;; o llama la atención sobre alguna escena particularmente inusual.&lt;br /&gt;Antes era fácil conseguir la guía de Maltin, en Sanborns o en Libros, Libros, Libros, pero en alguna de las crisis descontinuaron su comercialización en México, y ahora sólo cuando viajan algunas amistades a Estados Unidos, me la consiguen; tampoco es necesario comprarla año tras año porque aunque hay muchos añadidos, no tantos como para que el lector se entere de ellos a menos que revise minuciosamente cada página, y las confronte con los del volumen anterior. Pero es notorio que algunas películas que vimos en matinés, o en los miércoles de tres cintas por un boleto, desaparecen como si no hubieran existido. Pero he ahí mi error: Maltin hizo un tomo voluminoso con todos los filmes clásicos, con fechas muy precisas: desde el cine mudo hasta 1965: &lt;i&gt;Classic Movie Guide&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;Es un libro muy disfrutable; aunque no deja de hacer algún comentario cáustico, ni deja de verter veneno, los títulos incluidos pueden ser considerados de culto; destaca la música, bailes, los estereotipos o cuando los actores se salen del estereotipo; señala las muchas cintas feministas antes de que el feminismo fuera excluyente; resalta escenas memorables, aunque cuando tengan la desventaja de que sea con la que abre la película; quien conozca estas guías sabe que la primera recomendación la da con las estrellas que otorga a cada obra, desde el terrible BOMB hasta las cuatro estrellas; uno puede objetarle su juicio de algunas de las cintas; por ejemplo, que a &lt;i&gt;Hatari&lt;/i&gt; le dé tres estrellas y media, o que no le dé cuatro estrellas a cada obra de Truffaut, pero son pocas a las que no les reconozca su verdadero valor; en este tomo dedicado a los clásicos califica con gusto más que con juicio, pero no es más generoso de lo que debe; y no se tienta el corazón para descalificar a alguna, pero el lector debe compartir con él el placer de alguna película sólo por las memorias (como dijo G. Caín de &lt;i&gt;Casablanca&lt;/i&gt;: “¿Por qué las cuatro estrellas? Por el recuerdo”. ¿Qué se puede objetar de &lt;i&gt;El pistolero más rápido del Oeste&lt;/i&gt;? Es una cinta sin acción, pero tensa a más no poder; pacifista si podía alguien ser pacifista en los años cincuenta del cine estadounidense. Pocos cinéfilos la menosprecian, pero no la hemos visto desde hace más de 40 años, a menos que la pesquemos a media tarde en el 619, con el riesgo de atrasarnos en la chamba; Maltin se da el lujo de incluir &lt;i&gt;La momia azteca&lt;/i&gt; (en Estados Unidos, &lt;i&gt;Robot vs the Azteca Mummy&lt;/i&gt;), y aunque argumenta todas sus fallas y le pone el BOMB como calificación, se le nota el cariño, no por lo camp, sino por su inocencia, su ingenuidad, y seguramente por la belleza de Rosita Arenas, espantosamente convertida en momia; tiene el buen gusto de anunciar sus secuelas, aunque no las incluya. En el directorio final no viene Jacques Tati, pero rescata a Frank Tashlin, injustamente olvidado ("injustamente algo olvidado", escribe uno de nuestros clásicos, y uno no sabe si se refiere a que algo debía estar completamente olvidado; los errores no son exclusividad de los periodistas).&lt;br /&gt;Como todas las guías, no es un libro para leer, sino para consultar; pero como da la casualidad de que uno no encuentra con facilidad los títulos incluidos, dan ganas de echarse unas 40 o 50 páginas diarias, sólo por el placer de recordar las matinés dominicales, y rememorar a aquel personaje de Truffaut que va a robarse los carteles de los cines. Hasta dan ganas de poner varios &lt;i&gt;soundtrack&lt;/i&gt; a la hora en que estamos hojeando el libro, sólo para acompañar la lectura. Y pa' molarla de acabar, anuncian otra guía de Maltin: &lt;i&gt;Of Mice and Magic&lt;/i&gt;, una historia de los dibujos animados en el cine estadounidense. Y por cierto, una trivia que revela que pese a sus intentos de rigor, Maltin ha sido parcial al menos una vez: da mejor calificación a Gremlins 2 que a Gremlins, sólo porque aparece en la segunda, aunque sea vituperado por los gremlins.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen los enterados (¿cómo se enteró Francisco Elorriaga antes de que lo dieran a conocer los diarios?) que Medias Rojas perdió el pase a los playoffs porque varios lanzadores agarraron la jarra desde tres semanas antes de que terminara el campeonato; aseguran que bebían cerveza, comían fried chicken (qué pésimo gusto) y veían videos cuando sus compañeros estaban siendo aplastados en los diamantes; que el manager Terry Francona fue incapaz de contenerlos y disciplinarlos, y que no fueron sólo tres pitchers, sino muchos otros jugadores; que Ellsbury, candidato a ser nombrado El Regreso del Año, jugaba para él mismo; que David Ortiz se la pasó criticando a sus compañeros mientras participaba de la debacle (récord de 7-20 en los últimos 27y juegos), y que Adrián González, conformista, culpó al calendario de juegos, a que televisaron muchos de sus partidos, y a Dios, quien dispuso que éste no fuera un año bueno para el equipo de Boston; de los pocos que se salvaron fue Alfredo Aceves, a quien desperdiciaron en relevos a medio juego, cuando pudo hacer mucho más como abridor. Lástima que González no haya mostrado la dignidad de Aurelio Rodríguez, de Jorge Orta, de Teodoro Higuera, de Beto Ávila, ni el coraje de Fernando Valenzuela, Benjamín Gil, y se conforme con seguir los pasos de Erubiel Durazo, Jorge Cantú y otros por el estilo. Por cierto, Terry Francona, ya muy veterano y retirado hace varias temporadas, es hijo de Tony Francona, a quien vi jugar como infielder de Cleveland en los años sesenta. Eso hace sentirse viejo a cualquiera, más que cuando se retiró Steve Garvey, unos días menor que uno. Tito Francona, leo en Internet, en 1959 bateó más que nadie en las Ligas Mayores, ocho décimas más que los campeones de bateo Harvey Kuenn y Hank Aaron, dos inmortales del beisbol. Ese año nació Terry.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-9004723132778305404?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/9004723132778305404/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=9004723132778305404' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/9004723132778305404'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/9004723132778305404'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/10/second-verse-same-as-first.html' title='Second verse, same as the first'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-3506023154603745154</id><published>2011-10-09T18:30:00.000-07:00</published><updated>2011-10-09T18:30:57.478-07:00</updated><title type='text'>De siglos y siglas</title><content type='html'>Gustavo Sainz y Felipe Garrido fueron quienes me enseñaron los primeros elementos de la edición de libros y revistas, pero no los culpen de mis fallas ni de mis erratas; ellos tienen las suyas y yo las mías. Sainz me demostró el uso del dele y las culebras; Felipe, la utilización de las versalitas, y sobre todo, que los números no tienen minúsculas. Eso parece obvio, y hasta cómico cuando se enuncia, pero sólo hay que fijarse con atención en decenas de páginas de editoriales incluso respetables, que manejan los números en minúsculas.&lt;br /&gt; No fueron ésas sus únicas enseñanzas, ni fueron mis únicos mentores, ni de quienes aprendí más, pero sin ellos nada hubiera aprendido; por mi cuenta también he hecho cosas aceptables, y he aprendido otras que nadie me dijo, y que nadie había hecho. Manuel Gutiérrez Oropeza y yo empezamos a poner en minúsculas (en bajas, en el argot editorial) palabras que antes se escribían con mayúsculas, porque el periodismo mexicano imitó hasta la ridiculez y la desvergüenza al periodismo de Estados Unidos (y en muchos casos lo sigue haciendo); también comenzamos a acentuar las mayúsculas que debían llevar tilde. Lo hicimos en &lt;i&gt;La Onda&lt;/i&gt;, aunque nos acarreó el reproche hasta de una revista universitaria, no sólo coincidente con nuestros propósitos sino hasta con intercambio de colaboradores, porque nos señalaron que el diario que nos publicaba &lt;i&gt;La Onda&lt;/i&gt; no acentuaba México (ellos tampoco).&lt;br /&gt; (Poco después comencé a hacerlo en el &lt;i&gt;Diario de la Tarde&lt;/i&gt;, a principios de los ochenta; no causó ningún escándalo, nadie lo observó; los únicos reproches fueron de mis propios compañeros, a quienes convencí de que eso nos daría una característica de la que carecían los demás; y los convencí en el Tampico, el restaurante que inventó la carne a la tampiqueña, en donde Fernando Casas Alemán se enteró de que no era el candidato del PRI a la presidencia de la República, y donde se arreglaron muchos negocios importantes de los que no tengo la referencia exacta; el &lt;i&gt;Diario de la Tarde&lt;/i&gt; lo elaborábamos a partir de las siete de la mañana, y lo cerrábamos a las nueve; un día a la semana hacía guardia, con Raúl Rodríguez, Fernando González Mora y Rafael Arenas; a mediodía, cuando íbamos a ese restaurante, ya estábamos cansados y más susceptibles a críticas y elogios [por eso, don Raúl Puga, un subdirector de ese diario, tenía la consigna: chingue a su madre el que crea cualquier cosa después del tercer trago]. El experimento fue agobiante: convencer a todos los jefes de sección de que cabecearan con minúsculas [excepto la letra inicial y los nombres propios, como parecía obvio aunque no lo fuera], y que acentuaran las mayúsculas; y en el taller donde se maqueteaban las páginas, revisar cada cabeza, cada balazo, cada secundaria. El impacto fue tan contundente que ningún otro periódico siguió nuestro ejemplo. Conseguí lo mismo en &lt;i&gt;El Financiero&lt;/i&gt;, ¡a mediados de los noventa! También costó trabajo, pero el cambio fue evidente, porque coincidió con el cambio de diseño, lo aprovechamos y fue fundamental para dar una imagen más moderna del diario. Hay periódicos que siguen poniendo altas todas las letras iniciales de todas las palabras de más de tres letras, o incluso éstas si son verbos, al estilo americano.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regreso a las deles y las versalitas; la dele es la marca con la que se señala la letra que, en las pruebas, debe cambiarse cuando es errónea, para señalar, al margen, la letra correcta, o colocarle o suprimirle el acento. Todo el que se haya dedicado a la corrección ha puesto miles de deles, algunos sin saber que se llaman deles. Pilar Tapia escribió un cuento delicioso sobre las obsesiones de los editores por las deles, que hasta las ponen en los menús de los restaurantes para señalar los errores (ahora las computadoras ponen nuevas trampas: como mucha tipografía es escaneada, nos engañan convirtiendo la “rn” en “m” o al revés; si es terrible en los libros –y muy difícil de detectar hasta que aparecen impresas–, es fatal en el menú de Los Panchos, donde ofrecen tacos de camitas).&lt;br /&gt; Las versalitas son otra cosa: Versal, dicen los manuales y los diccionarios, es la letra con que comenzaban los versos, cuando cada verso comenzaba con mayúscula. Las versalitas son mayúsculas en tamaño de minúsculas. Tienen un uso específico: para reducir el tamaño de las letras cuando ocupan mucho espacio y resaltan y afean la tipografía; se usan para bajar el tamaño de las siglas, que regularmente ocupan mucho espacio, y para señalar los siglos. Se usan, por ejemplo, para que las mayúsculas que estorbarían la lectura, tengan más elegancia; para señalar, en ese caso, que alguien lee un letrero que indica “FARMACIA BRISEÑO” y no se vea burdo.&lt;br /&gt; La muy añorada Serie del Volador, de Joaquín Mortiz, iniciaba cada novela, o cada relato, con la primera línea toda en versalitas; no siempre: &lt;i&gt;Morirás lejos&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;El principio del placer&lt;/i&gt;, de José Emilio Pacheco, se salen de la norma; también &lt;i&gt;Cumpleaños&lt;/i&gt;, de Carlos Fuentes, aunque &lt;i&gt;Cantar de ciegos&lt;/i&gt; sí la sigue. El Fondo de Cultura Económica comenzaba con la primera frase en versalitas; no importaba el número de palabras, sino la frase, que pudiera ser una, dos o más; si era un nombre, iba completo en versales y versalitas. También las usaba para las cornisas, sólo en versalitas, esas líneas que indican en una página el nombre del autor y en otra el nombre del libro, o del capítulo. También sirven para las dedicatorias, o para el nombre del capítulo. Con diferencias; las dedicatorias iban todas en versalitas, mientras que los capítulos, en versales y versalitas. Había casos incómodos, como en &lt;i&gt;La región más transparente&lt;/i&gt;, que los capítulos van en cursivas, pero la primera frase en versalitas, porque pocas variantes tipográficas son más feas que las versalitas cursivas, aunque son inevitables cuando el título del libro incluye algún siglo (&lt;i&gt;La pintura erótica en el siglo XXI&lt;/i&gt;, por ejemplo).&lt;br /&gt; Algunos libros de Era usaban también la primera línea de cuento o de capítulo en versales y versalitas, como &lt;i&gt;Aura&lt;/i&gt; (pero no &lt;i&gt;El viento distante&lt;/i&gt; ni &lt;i&gt;Una familia lejana&lt;/i&gt;); Siglo XXI también los usaba, pero no en todos los casos. (Siglo XXI es nombre, pero otras editoriales, al citar uno de sus libros, ponen el XXI en versalitas.)&lt;br /&gt; Pero todos los editores son maniáticos; hay editoriales con tres criterios diferentes, según el encargado de cada colección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alfonso Reyes dedica “esta primera serie de &lt;i&gt;Simpatías y diferencias&lt;/i&gt; a los tipógrafos y correctores de &lt;i&gt;El Sol&lt;/i&gt;, de Madrid, que tantas veces, y con esa serenidad que es la más alta condición de su oficio, tuvieron que tolerar –al componer estos artículos– mi impaciencia o mi tardanza, mis fidelidades a la regla, o mis personales manías ortográficas”; Gabriel García Márquez reniega (y hasta negó una edición) y agradece, por igual, la intervención de los correctores, lo mismo para ajustar una novela a las reglas de la Academia, que por corregir sus incongruencias ortográficas; ahora no hay quien se le ponga enfrente, pero alguna vez, un quisquilloso le telefoneó para advertirle de una incorrección y, molesto, preguntó qué opinaba Álex Grijelmo (ese afamado corrector de &lt;i&gt;El País&lt;/i&gt;, tan divertido, tan riguroso pero a ratos tan disparejo); cuando le dijeron que opinaba que había un error en cómo lo escribía García Márquez, ordenó que lo corrigieran la primera vez, pero no las subsiguientes, para que el lector viera (si es que lo advertía), que él lo escribe como se le da la gana. Haría falta que alguien se le pusiera al brinco a Vargas Llosa, porque últimamente usa una puntuación alejada del español.&lt;br /&gt; Pero eso era antes, como dice la famosa frase en las redacciones. Una de las consecuencias más graves del uso de las computadoras (u ordenadores: ambos son incorrectos) en tipografía es la desaparición del oficio de tipógrafo; el linotipo requería de varias maestrías: la mecanografía veloz y correcta, el conocimiento de la ortografía y la gramática, conocimiento de historia, ciencias y otras materias, y la habilidad para formar las líneas, cambiar las fuentes cuando era necesario (no era sólo dar un comando al teclado de la computadora [u ordenador, etcétera] para cambiar tamaños, cursivas, negritas [pocas veces en los libros, muchas en diarios y revistas], y además soportar necedades de los autores, editores, que no siempre recibían con agrado las correcciones y observaciones); pocos reconocen sus errores; el oficio casi ha desaparecido, como el de sastre, que ahora o son remendones o son para elitistas (curioso: uno de los oficios que no ha desaparecido es el de afilador de cuchillos; no es tan visible, pero aparecen dos veces por semana por los buenos restaurantes, pero pasa inadvertido). Muchos consideraron que la facilidad que ofrece la computadora (u ordenador, etcétera) hacía innecesarias esas maestrías y eran fácilmente sustituibles por mecanógrafos; Felipe Garrido opinaba que las computadoras (u ordenadores, etcétera) ayudarían más a los tipógrafos; ignoro qué sucedió, si ellos se sintieron ofendidos y mejor se jubilaron (porque era un oficio no tanto de jóvenes), o los editores consideraron que eran muy caros y mejor los sustituyeron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Las consecuencias han sido fatales. Me han llegado, o he comprado, libros en que usan versalitas para todo, menos para lo que fueron inventadas; las usan para nombres propios, como Carlos I, o Pío XII; es decir, creen que son para números romanos; o usan versales y versalitas para cornisas (que además, cuando son muy largas no las abrevian, sino que les ponen puntos suspensivos); usan versales y versalotas; es decir, de tamaño de mayúsculas, con lo que no ahorran espacio sino que lo desperdician; ignoran, y a lo mejor porque la orden para las versalitas en las computadoras (versales, dice la fuente) las pone un poco más grandes que las minúsculas, que en la lógica de los números tipográficos, las minúsculas son tres puntos más chicas que las mayúsculas (“haga la prueba”, diría un clásico a quien cito descaradamente: ni aún ahora niego la cruz de mi parroquia); no debería asombrarme; el director de la institución que publica uno de esos libros cree que un incunable es un libro del que se imprimió un solo ejemplar.&lt;br /&gt; Hay otras consecuencias; el espacio tipográfico del ancho de las letras no es el mismo en computadoras (u ordenadores) que en linotipo; eso ha provocado que en muchos libros haya líneas muy apretadas, y otras en que el espacio entre palabra y palabra es exagerado.&lt;br /&gt;        No estoy en contra de las innovaciones; uno de mis libros tiene las cornisas debajo de la caja tipográfica; otro, a los lados. (Fui incluso autor de una audacia; en un epistolario me atreví a numerar las citas y referencias carta por carta, no de corrido; me reprochó uno que fungía como jefe: eso nunca se ha hecho; como lo respetaba –como persona– no le dije que sí, que en la correspondencia de Faulkner con sus editores ya se había hecho, pero temí que me preguntara quién era Faulkner; tampoco le dije que así me evitaría un buen número de errores, como sucede en casi todas las ediciones con cientos de notas, en que falta o sobra una, o más.)&lt;br /&gt; Pero las audacias no siempre son aconsejables; no en la ingeniería, aunque sí en la arquitectura; no en la cirugía aunque sí en la investigación médica; no en la aviación comercial aunque sí en la acrobacia; las versalotas distraen, ensucian, estorban; las versalitas (mi amiga Blanca Luz Pulido dice que son mayúsculas avergonzadas) adornan, simplifican, engalanan, embellecen. Nunca hay que abusar: un texto en puras versalitas sería ilegible, y no sólo por el texto, sino por la tipografía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Fragmento de un primer capítulo de memorias como editor y corrector; espero competir con las de Marco Antonio Pulido, aunque sospecho que las de él serán más divertidas. Y mucho menos si Juan José Utrilla se lanza  escribir las suyas.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Justicia beisbolera: Tampa Bay y Yanquis de Nueva York fueron eliminados en las series divisionales: eso no quiere decir que Medias Rojas debiera estar en ellas, jugaron mal y no merecían pasar, pero no debieron ser eliminados con trampas más dignas de otros deportes que del &lt;br /&gt;beisbol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Dèjá Lu tendrá mala memoria o sólo es descarado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer el portal de &lt;i&gt;El Universal&lt;/i&gt; subió El Librero muy tarde, pero está ya a disposición de quienes quieran leerlo. Sólo hay que ver Hemeroteca, pulsar 9 de ectubre, Columnas, y la columna.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-3506023154603745154?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/3506023154603745154/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=3506023154603745154' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/3506023154603745154'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/3506023154603745154'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/10/de-siglos-y-siglas.html' title='De siglos y siglas'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-7839786643938245181</id><published>2011-10-02T10:57:00.000-07:00</published><updated>2011-10-02T10:57:50.552-07:00</updated><title type='text'>Leñero, Sainz, José Agustín, literatos revolucionarios</title><content type='html'>Podría presumir de las dedicatorias en los libros de ambos; que los conozco desde hace más de 40 años y siempre me trataron con deferencia; que ambos han sido mis invitados: Vicente Leñero al curso de lectura de su narrativa, y José Agustín al Taller de Lectura de &lt;i&gt;El Financiero&lt;/i&gt;, y luego a unas carnitas, donde completó otras dedicatorias de libros suyos que tenía sin firmar; que de ambos tengo toda su obra en primera edición, incluidos &lt;i&gt;La polvareda&lt;/i&gt; y el casi inencontrable &lt;i&gt;Cajón de sastre&lt;/i&gt;, de Leñero (por supuesto, &lt;i&gt;Los albañiles&lt;/i&gt;), y &lt;i&gt;La tumba&lt;/i&gt;, en la edición de Arreola, y la primera de Novaro.&lt;br /&gt; Mejor hablo de mi lectura de su obra, con algunos antecedentes que creo debemos tomar en cuenta al examinar sus libros; en sus autobiografías precoces, incluida la de Gustavo Sainz, se hace mención del intercambio de ideas, consejos, lecturas, entre los tres, cuando compartían chamba en la revista &lt;i&gt;Claudia&lt;/i&gt;, entonces nuevecita, dirigida por Ernesto Spota, y que se editaba en Novedades Editores , a cargo de Mex-Abril; en la redacción de &lt;i&gt;Claudia&lt;/i&gt; estaba también Gabriel Parra, de quien pocos recuerdan que fue becario del Centro Mexicano de Escritores, que fue reportero de política muchos años, y que ahora, creo, es notario público. Junto a ellos, en el departamento de diseño, estaban Nemorio Mendoza y Alfonso Rodríguez Tovar; los dos continuaron mucho tiempo trabajando para Sainz en Equipo Creativo, y Alfonso fue el primer encargado de diseño de &lt;i&gt;Proceso&lt;/i&gt;. Refiere Sainz que, entre reportaje y reportaje, entrevista y entrevista, traducción y corrección, intercambiaban manuscritos, se leían mutuamente, se aconsejaban; Sainz esperaba la publicación de &lt;i&gt;Gazapo&lt;/i&gt; y comenzaba &lt;i&gt;Obsesivos días circulares&lt;/i&gt;; por unas semanas, se adelantó la aparición de &lt;i&gt;Estudio Q&lt;/i&gt;; Agustín avanzaba a gran velocidad con &lt;i&gt;De perfil&lt;/i&gt;; los tres escribieron su autobiografía precoz para Empresas Editoriales y, al relatar una de sus travesuras, Agustín la somete a la corrección de Leñero.&lt;br /&gt; Era 1966; era una de las mejores épocas de la narrativa, o más preciso, de la literatura mexicana; era también una época de experimentación literaria; los sesenta son años fructíferos: Carlos Fuentes publica &lt;i&gt;La muerte de Artemio Cruz&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Zona sagrada&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Cambio de piel&lt;/i&gt;; Pacheco, &lt;i&gt;Morirás lejos&lt;/i&gt;; Sergio Fernández, &lt;i&gt;Los peces&lt;/i&gt;; Salvador Elizondo, &lt;i&gt;Farabeuf&lt;/i&gt;; llegan los libros de Claude Simon, Alain Robbe-Grillet, Nathalie Sarraute, Michael Butor, Carlo Emilio Gadda, Edoardo Sanguinetti, Joao Guimaraes Rosa, Gunter Grass; es la era de la poesía más audaz de Octavio Paz (&lt;i&gt;Blanco&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Ladera este&lt;/i&gt;), de Marco Antonio Montes de Oca, y otros cuyos experimentos no son tan visibles pero no por eso menos radicales.&lt;br /&gt; Por desgracia, un libro inoportuno hizo que se dividiera a los narradores mexicanos en dos categorías; no entre experimentadores y lineales, lo que sería injusto pero más cercano al espíritu de esa época, sino entre onderos y fresas: “Onda y escritura en México”, y los dividía entre los que escribían con leperadas y tenían personajes adolescentes o muy jóvenes y que narraban sus escarceos sexuales, o los que escribían con propiedad. La división fue mucho más injusta.&lt;br /&gt; En primer lugar, situaban a los jóvenes a los que en 1971 tenían entre 20 y 33 año, o sea nacidos sólo después de 1938; por poquito dejaban fuera a Gustavo Sainz; de cualquier manera, a Leñero nunca lo pusieron entre los onderos, aunque tenía todos los atributos: su excelente dominio del lenguaje hacía verosímiles sus diálogos, fuera entre actores, albañiles, beisbolistas, campesinos fanáticos, sacerdotes, psicoanalistas, literatos, policías; y si tenían que hablar con peladeces, lo hacían con toda naturalidad; el comienzo de &lt;i&gt;Los albañiles&lt;/i&gt; está lleno de las llamadas malas palabras; las relaciones sexuales no están ausentes de sus páginas, y además con mucha malicia, picardía, y a veces muy exhaustivamente narradas; varias páginas de &lt;i&gt;Estudio Q&lt;/i&gt;, o de &lt;i&gt;A fuerza de palabras&lt;/i&gt;, o de &lt;i&gt;El garabato&lt;/i&gt;, o de &lt;i&gt;Los albañiles&lt;/i&gt;, son muestras de ello; incluso el cine, al tratar de imitarlas, las ha utilizado con desparpajo y no siempre con buen gusto (López Tarso en &lt;i&gt;Los albañiles&lt;/i&gt;, Leticia Perdigón en &lt;i&gt;Misterio&lt;/i&gt;; y otras de las que Leñero ha sido el guionista o argumentista –las mejores, protagonizadas por Angélica Chaín y Ana Martin en &lt;i&gt;Cadena perpetua&lt;/i&gt;); y en cuanto el afán de experimentar, ninguno con más entusiasmo y búsqueda; José Revueltas, quien no le sacaba a la experimentación, se quejaba de que en &lt;i&gt;Los albañiles&lt;/i&gt; algunas preguntas hechas en la página 50 (es un decir) se continuaban o contestaban en la 200 (nadie se quejó de que eso mismo, y por las mismas épocas, lo hiciera Vargas Llosa, por ejemplo); y su experimentación no sólo estaba en la estructura, en la construcción, sino en la misma propuesta de los libros: &lt;i&gt;La voz adolorida&lt;/i&gt; mezclaba confesión religiosa con la confesión íntima, en un alarde de audacia que pocos años después le costó un castigo a Lemercier, y de paso a Sergio Méndez Arceo, por su experimento en un seminario en Cuernavaca; en &lt;i&gt;Los albañiles&lt;/i&gt; asocia el crimen del portero de un edificio en construcción con el pecado del que redime la religión mediante el sacrificio, siempre renovado, del redentor, y asociaba al perverso, mitómano, megalómano, vicioso y pederasta don Jesús con el Jesús símbolo de la religión católica; en &lt;i&gt;Estudio Q&lt;/i&gt; los actores (o sea la gente) quiere revelarse, insumisa, contra el director de una telenovela (¿Dios?), pero éste se anticipa, y en el guión, que modifica a diario, está descrita esa insurrección: es inútil rebelarse contra Dios porque ya todo está escrito; el director cuenta con la colaboración forzada de una guionista, quien finalmente sólo obedece; el cruce de caminos entre los protagonistas de &lt;i&gt;Redil de ovejas&lt;/i&gt;, todos con los mismos nombres, es la encrucijada en la que se encuentra el mundo religioso, incapaz de entender, y menos de comprender, a su grey, sólo que no cuenta con la rebeldía personal.&lt;br /&gt; El cambio de actividad de Leñero, y su acercamiento al teatro (donde también experimentó, pero mi incapacidad para apreciar el teatro me impide descubrir en dónde están sus experimentos, y sólo podría repetir los que él mismo señala), lo alejó de la narrativa; tengo la impresión de que en el teatro refleja más sus preocupaciones sociales que las literarias; es uno de los dramaturgos que más ha insistido en publicar sus dramas, lo que ayuda a apreciar muchas de sus cualidades, principalmente el excelente manejo de los diálogos.&lt;br /&gt; Leñero estaba mucho más cerca de los experimentos de sus compañeros de &lt;i&gt;Claudia&lt;/i&gt; que otros muchos autores que se movían alrededor del mundo de José Agustín y Gustavo Sainz; no estaba cerca del rock, y su relación con las artes plásticas no era tan profunda como la de sus amigos; sin embargo, compartió con ellos algunas tareas editoriales, que fueron parte importante de la obra de Sainz; Leñero fue jefe de redacción de la revista del Colegio de México, &lt;i&gt;Diálogos&lt;/i&gt;, y dirigió &lt;i&gt;Revista de Revistas&lt;/i&gt;, que en muchos sentidos era un periodismo diferente, como el que intentaba hacer Sainz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Gustavo Sainz también se le encasilló, sin advertir que era uno de los más interesados en la renovación de la estructura de la novela; la facilidad con que se lee &lt;i&gt;Gazapo&lt;/i&gt; impidió, y sigue impidiendo, ver el excelente trabajo que hizo con sus primeros libros; los posteriores, además de que insisten en buscar nuevas formas, son más atrevidas en el lenguaje y en la concreción de los personajes, pero eso no quita lo que buscó en &lt;i&gt;Gazapo&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Obsesivos días circulares&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;La princesa del Palacio de Hierro&lt;/i&gt;, por limitarme a la época de la que comencé a hablar.&lt;br /&gt; Cuenta Sainz que Leñero trabajaba, mientras él pulía &lt;i&gt;Gazapo&lt;/i&gt;, en &lt;i&gt;Punto de vista&lt;/i&gt;, que no es otra que &lt;i&gt;Estudio Q&lt;/i&gt;; en ambas novelas se juega con el personaje como objeto; mientras Leñero recurre a la astrología, la quiromancia, las pruebas psicométricas, la fisiología e incluso las palabras de otros para definir al protagonista de &lt;i&gt;Estudio Q&lt;/i&gt;, Sainz hace leer varias veces una misma anécdota, narrada por diferentes personajes: los protagonistas, los testigos, los que oyeron el suceso a trasmano, los que lo interpretan, y lo hace por medio de diálogos, descripciones, transcripciones, telefonemas, diarios íntimos, confesiones en medio de actos eróticos, o gracias a una grabadora; incluso, deja saber que algunas de esas versiones son falsas, o están tergiversadas; y al final propone finales (¿finales?, ¿en serio?) alternos, más los que el lector imagine.&lt;br /&gt; Se comete un error si quiere verse o leerse &lt;i&gt;Gazapo&lt;/i&gt; como un testimonio de época; si bien es cierto que influyó a muchísimos escritores menores que él, en realidad narra una época muy anterior, antes de que proliferaran las prepas (¿a quién me estoy fusilando?), antes de que, como ambicionaba Arreola, pudieran ir de la mano dos jóvenes enamorados sin que los reprendieran (nos reprendieran) los vetarros que calificaban al rock como música infernal; sí, puede tomarse como un retrato de la clase media de la Colonia del Valle, y sobre todo de la parte más árida de esa colonia; y de una clase media a punto de convertirse en clase baja, ilustrada por cómics, por la peor televisión, por ambiciones de ascenso social, a costa de lo que fuera. Pero &lt;i&gt;Gazapo&lt;/i&gt; es mucho más que eso. Por desgracia, si en su momento tuvo lectores entusiastas pero sólo de la parte más superficial de la novela, ahora ya ni siquiera son capaces de entender que si algo hacen los nuevos escritores, se lo deben a Sainz, aunque no le hayan entendido.&lt;br /&gt; &lt;i&gt;Obsesivos días circulares&lt;/i&gt; es más extrema aún; narrada en primera persona, en la voz de un jovial portero de una escuela para adolescentes, en realidad esconde una trama que si le entendiera la iglesia ortodoxa rusa se alarmaría mucho más que como lo hace con García Márquez y con Nabokov (¿y dónde dejan a los hermanos Grimm, y a Vargas Llosa, y a Hans Christian Anderson, y a la Biblia?): el portero, con nombre latino, es sólo un instrumento para que hombres elegantes y depravados paguen una cantidad alta por espiar a las adolescentes cachondas cuando se desnudan para ir a la clase de deportes; además, se narran sus aventuras eróticas con la esposa, con la esposa del gánster que procura a esa clientela y que en realidad es un matón al servicio de políticos corruptos, y con otra mujer misteriosa, de apariciones fugaces pero perturbadoras; y hay otras historias, sórdidas, depravadas, pero sólo se conocen a trasmano; Sainz hizo una versión menos compleja para Grijalbo (la primera edición, de Joaquin Mortiz, es un monumento tipográfico, como pocos en la historia del libro en México), pero le quitó el encanto; las nuevas ediciones recogen la primera, no la segunda edición.&lt;br /&gt; Más incomprendida fue &lt;i&gt;La princesa del Palacio de Hierro&lt;/i&gt;; un solo adjetivo (el Guapo Guapo) sirve para enmascarar a un actor famoso por sus conquistas, todas ficticias; un baladista de moda famoso por sus conquistas entre grupies; un político de fama mundial que no pudo llegar a ser presidente, como ambicionaba, y a otros personajes menos famosos pero no menos procaces; otras protagonistas encarnan a dos hermanas que fungían como actrices y que en realidad encarnaban el desmadre del cine mexicano. Pero lo anecdótico, de nuevo, es lo menos relevante de una historia que comienza por el final y va retrocediendo hasta llegar, no al principio, sino al final, y que se narra desde un momento determinado; si &lt;i&gt;Gazapo&lt;/i&gt; narra las aventuras de unos adolescentes a lo largo de una semana, de sábado a sábado, pero desde el miércoles, &lt;i&gt;La princesa del Palacio de Hierro&lt;/i&gt; cuenta todo desde el final para tratar de entender el principio, y hace que la historia arranque, se detenga, vuelva a calentar motores, y luego se atore en un juego de adjetivos estrafalarios que distraen la atención del lector y de la protagonista; es además una inmersión en el lenguaje coloquial como pocas veces se ha hecho en nuestras letras; no hay oportunidad de salir a la superficie, hay que nadar en el fondo, y además a contracorriente. La gracia de la protagonista y la habilidad narrativa hizo que se le leyera, otra vez, sólo superficialmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;José Agustín debutó de manera precoz con una novela que alguien calificó de “bomba”; en esa época no adivinarían que ahora es la que leen con más gozo los adolescentes, los alumnos de las preparatorias, ante el azoro de maestros que quisieran que leyeran mejor &lt;i&gt;De perfil&lt;/i&gt;; tanto &lt;i&gt;La tumba&lt;/i&gt; como &lt;i&gt;De perfil&lt;/i&gt; son catalogados como libros en que se explora con detenimiento el mundo del adolescente; es cierto que los protagonistas de ambos libros apenas rondan los 18 o 16 años, y que quieren vivir como adultos; pero eso también es sólo una parte de los libros; el excelente narrador que es José Agustín ha hecho que perdamos de vista al escritor; también es cierto que el mismo Agustín ha propiciado esto, y que mucha de su popularidad se debió, desde el principio, a que tomó el rock en serio, y no sólo como materia intelectual, sino como método de vida: desmenuza las canciones, analiza la música, encuentra el sentido de las letras, halla conexiones con la mal llamada música clásica, trata a cantantes de otros géneros como si fueran rocanroleros; para él, tiene el mismo estrato Pedro Infante que Elvis Presley, y como ellos, casi como hermano mayor, Beethoven; le gusta la música con riesgos, de avanzada (aunque esa vanguardia ahora sea vista como algo pasajero, sin entender todo lo que significó en el devenir de la música), que requieren de oídos atentos y de una estética diferente.&lt;br /&gt; Con esa misma actitud narra la vida, o unos cuantos momentos, de esos adolescentes: un Gabriel Guía cuyo interés erótico se ve recompensado con la entrega de la tía sensual, libérrima, propiciadora de escándalos familiares; pero esa entrega consiste en la indiferencia sentimental, a la que responde con actitudes provocadoras, agresivas, iconoclastas.&lt;br /&gt; Los tres días en que sucede &lt;i&gt;De perfil&lt;/i&gt; resumen cerca de 50 años de la historia de México: la lucha por el poder, la pérdida de la libertad, la proliferación de actividades que hacen pensar en más oportunidades, aunque en realidad sólo signifiquen dispersión de intereses; por un personaje al que sólo imaginamos, vemos cómo un grillo estudiantil se convierte en un hombre poderoso que está al servicio del poder, y para el que nada cambia, ni él mismo; los padres y el hermano del narrador no encarnan estereotipos, ni representan al mundo de esa época, pero los conflictos que viven (desaliento, desilusión, desamor, decepciones, ausencia de perspectivas) contrastan con el descubrimiento del mundo externo, del erotismo, de la libertad ganada a chingadazos, y como ironía, mediante el acercamiento de personajes frustrados (Ricardo), fracasados (Octavio), fulgurantes (Queta), ilusos (los grillos que lo salvan de los porros), perdidos (Rogelio, el Suetercito) mediante fiestas fracasadas, visita a burdeles (en una escena que parece salida de &lt;i&gt;La región más transparente&lt;/i&gt;), ligues interrumpidos, pérdida de la virginidad (pero no sabe quién era virgen, si él narrador o Queta), de mundos ficticios (la política estudiantil, las mafias literarias), o de la intromisión de los adultos que no quieren ser desbancados por esos adolescentes.&lt;br /&gt; Se sabe la época en que transcurre la anécdota, por la proliferación de las prepas, por el precio de los cigarros, las tarifas de los taxis y del pasaje (y ruta) de los camiones, un DF antes del Metro; y por el lenguaje de los adultos, pero el del narrador, su primo, sus amigos, no sólo se sigue entendiendo, no sólo no ha perdido frescura, sino que se ha establecido más allá de una moda: la sabiduría filológica de José Agustín es asombrosa; y su manejo de la estructura, más parecida a la de John Updike de lo que parece, pero también endeudada con toda la narrativa estadounidense de vanguardia, y no sólo en lo literario: Agustín es el escritor que más ha asimilado el cine, la música, las artes plásticas, y la política, y las ha convertido en narrativa. Ni el lector más plano puede asegurar que estas dos novelas sean lineales, aunque se lean como si comenzaran por el principio y terminaran por el final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Onda y escritura en México&lt;/i&gt; fue un libro inoportuno y lleno de estereotipos, sino injusto: no incluyó a Leñero, tal vez el narrador más innovador de la novela mexicana, y encasilló a Sainz y a José Agustín como onderos, cuando sus ambiciones, y sus logros, rebasaban cualquier etiqueta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Prometo seguir hablando de los libros de ellos tres; Leñero y José Agustín han sido reconocidos con la medalla de Bellas Artes, por un régimen que ni antes ni ahora los ha entendido, y que en algún momento los combatió, pero sobre todo los ignoró, pero que ahora se honra con ese reconocimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Alguien cree que Girardi actuó de buena fe cuando Yanquis perdió una ventaja de siete carreras, y que pensaba en darle un descanso al incansable Mariano Rivera, cuando no lo mandó a conservar una ventaja de una sola carrera en la novena entrada, y con eso perjudicaba a los Medias Rojas? ¿Y la ética?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo tengo la culpa: los creé. Y ellos se juntan.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-7839786643938245181?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/7839786643938245181/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=7839786643938245181' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/7839786643938245181'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/7839786643938245181'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/10/lenero-sainz-jose-agustin-literatos.html' title='Leñero, Sainz, José Agustín, literatos revolucionarios'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-1448556835497335696</id><published>2011-09-19T15:50:00.000-07:00</published><updated>2011-09-19T15:50:22.090-07:00</updated><title type='text'>Otro enijma de López Velarde</title><content type='html'>En su precioso ensayo sobre las erratas fecundas, Alfonso Reyes cuenta que, ante la insistencia de Juan Ramón Jiménez por el uso de la jota cuando es sonido fuerte, contra la g cuando es sonido suave, los amigos de Juan Ramón afirmaban que una virjen, así con jota, dejaba de serlo.&lt;br /&gt; Reyes llegó a sostener polémicas, en su tono amable, por defender la X de México frente a escritores que insistían en escribir Méjico; aunque aceptaba que la jota era más aceptable en términos fonéticos y etimológicos, se impuso el uso de la X por recalcar nuestro pasado mexica, frente al colonialismo de una España que se aferra a escribir Méjico aun en sus más recientes ediciones de sus diccionarios; por referirse a las palabras usadas u originarias en México, no dejan de escribir “mejicanismo”, aunque remitan a “mexicanismo”, y así seguirán, porque también insisten en que 25 son más que cien y que mil.&lt;br /&gt; Y en fin, Reyes usaba “México”, y uno de sus libros, donde habla de México, se llama &lt;i&gt;La X en la frente&lt;/i&gt;. Hay que recordar que fue la generación de la Reforma la que propuso esa X, para acentuar la nacionalidad mexicana. Si nos atenemos a la colección Clásicos de la Historia de México, publicada por el Fondo de Cultura Económica, todos los tomos, facsímiles, dicen “México”, excepto los escritos antes de las guerras de Reforma y contra la Intervención, o sea el conservador Lucas Alamán y el muy liberal José María Luis Mora, quienes escribieron “Méjico”.&lt;br /&gt; Una de las quejas constantes de Raúl Prieto contra la Madre Academia era su tozudez en seguir escribiendo (y diciendo) “Méjico” (y lo recalcan), como si Madrid siguiera siendo la metrópoli (&lt;i&gt;Nueva Madre Academia&lt;/i&gt;, pág. 654, edición de Grijalbo, 1981).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues López Velarde escribía “Méjico”.&lt;br /&gt; Si nos atenemos a la &lt;i&gt;Poesía moderna de México&lt;/i&gt;, la antología preparada por los Contemporáneos y firmada por Jorge Cuesta, López Velarde dice “mientras una mexicana en su tápalo lleve los dobleces...” (“La suave Patria”), y en “El sueño de los guantes negros”, dice “Oh, prisionera del Valle de México”; Manuel Maples Arce, en su antología homónima no incluye “El sueño de los guantes negros”, por lo que sólo escribe “mexicanas” en “La suave Patria”; en una antología casi contemporánea, &lt;i&gt;Poemas escogidos&lt;/i&gt; de Ramón López Velarde, con un estudio de Xavier Villaurrutia, Nueva Cvltvra, 1940), se usa la X en “México” y “mexicana”, y desde luego se repite en la reedición de la Biblioteca del Estudiante Universitario, &lt;i&gt;El león y la virgen&lt;/i&gt;, en la que ya se le atribuyen a Villaurrutia el prólogo y la selección (hay diferencias en el prólogo y en el estudio). Villaurrutia y Cuesta conocieron a López Velarde, lo trataron, aunque con respeto y distancia, según lo refiere Salvador Novo, y a ratos con un poco de irrespeto. Manuel Maples Arce fue su amigo y lector, y no se sabe por qué no le respetó a López Velarde su uso de la jota.&lt;br /&gt; Desde luego, en toda antología que se respete se incluyen “El sueño de los guantes negros” y “La suave Patria”, y en todos lados se respeta la X, no la jota: lo hace José Emilio Pacheco en &lt;i&gt;Antología del modernismo&lt;/i&gt;, aunque no lo incluye en &lt;i&gt;Poesía modernista, una antología general&lt;/i&gt;; Carlos Monsiváis, en sus tres versiones de &lt;i&gt;Poesía Mexicana del siglo XX&lt;/i&gt;, incluye “La suave Patria” y en las tres versiones está con X. Así están “El sueño…” y “La suave Patria” en &lt;i&gt;Ómnibus de poesía mexicana&lt;/i&gt;, de Gabriel Zaid, y en &lt;i&gt;La suave Patria y otros poemas&lt;/i&gt;, con el prodigioso prólogo de Octavio Paz tomado de &lt;i&gt;Cuadrivio&lt;/i&gt;; así está en la cuidadosa antología de Juan Domingo Argüelles, &lt;i&gt;Dos siglos de poesía mexicana&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt; Existen las X en el &lt;i&gt;Calendario de Ramón López Velarde&lt;/i&gt;, pese a que todo el material lo prestaba Alí Chumacero de su selecta pero nutrida biblioteca.&lt;br /&gt; En cambio, en las &lt;i&gt;Obras&lt;/i&gt; de Ramón López Velarde, la edición de José Luis Martínez para el Fondo de Cultura Económica, se respeta la jota; en su momento se lo comenté a Felipe Garrido y me recomendó que me fuera a las fuentes originales; era lo obvio: tengo &lt;i&gt;El son del corazón&lt;/i&gt;, y en él aparecen con X tanto “México” como “mexicana”; “Viste primeras ediciones, no primeras publicaciones”, me amonestó. Y sí, acudí a &lt;i&gt;El Maestro&lt;/i&gt;, la revista vasconcelista que dirigían Enrique Monteverde y Agustín Loera y Chávez, y en su número de septiembre de 1921 se publica por vez primera “La suave Patria”, dos meses y medio después de la muerte de López Velarde, y en sus páginas se conserva la jota de “mejicana”; también Guillermo Sheridan deja la jota en “El sueño…”, en su biografía de López Velarde, &lt;i&gt;Un corazón adicto&lt;/i&gt;. Pero con jota está en la antología mínima preparada por Hugo Gutiérrez Vega para Material de Lectura de la UNAM, con un prólogo insistente en el erotismo de López Velarde, y con jota en &lt;i&gt;Poesía en movimiento&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía razón Felipe Garrido: hay que acudir a las fuentes originales. Así, sólo José Luis Martínez respetó la curiosa caligrafía y ortografía de López Velarde, cuyas jotas no pueden deberse a una errata; en algunas de sus prosas salta la palabra “México”: no muchas veces, pero salta; por ejemplo, en “Semana mayor”, de &lt;i&gt;El minutero&lt;/i&gt;, en el primer párrafo, dice “Méjico fingía una necrópolis”; así aparece en el número 5 de la portada de la revista &lt;i&gt;Pegaso&lt;/i&gt; (en la que participaba López Velarde, al lado de Efrén Rebolledo y Enrique González Martínez), de abril de 1917, pero en &lt;i&gt;Obras&lt;/i&gt; (pág. 300) está “México”. ¿Por qué José Luis Martínez dejó la jota en los poemas pero la cambió por una X en la prosa?&lt;br /&gt; El “Méjico fingía” muy cuidadoso significa que no creía que la g fuerte debía escribirse con jota, como ordena Juan Ramón Jiménez; sus “enigmas” y sus “vírgenes” con ge las diferencia muy bien de la jota de México, como decía Alfonso Junco en sus disputas con su tocayo Alfonso Reyes; ¿por qué razón López Velarde, mexicano como pocos, escribía la palabra con la jota tan española (“En la mitad de la clase / me reprendió el profesor / cuando dije que la jota / era un bailable español”, dice Francisco Gabilondo Soler en su muy hermosa jota “Jota de la jota”). Otro dato curioso es que en su antología &lt;i&gt;Novedad de la patria y otros prosas&lt;/i&gt; de Ramón López Velarde (edición del Día Nacional del Libro, 1987), Felipe Garrido incluye “Semana mayor” y escribe México con X.&lt;br /&gt; ¿Se debía a su formación religiosa (de López Velarde)? Su prosa política, encomiada por muchos pero abjurada por otros, lo muestra partidario de Madero, pero no de la Revolución; tras el golpe contra Madero, López Velarde no se sumó al grupo de intelectuales que apoyó a Victoriano Huerta, aunque como muchos de ellos, rechazó el “baño de sangre” que dejó al país con muchas heridas; para muchos, Huerta representaba la vuelta al orden luego de la anarquía desatada por Madero, o por su gobierno; así, colaboraron con Huerta, Enrique González Martínez, Salvador Díaz Mirón, José Juan Tablada, Nemesio García Naranjo, José María Lozano, Alberto García Granados, Querido Moheno (estos últimos, presos en el Porfiriato por atacar al régimen; uno pensaría que era natural su acercamiento a Madero, no a Huerta), Jorge Vera Estañol, Carlos Rincón Gallardo, y muchos diplomáticos que no renunciaron a sus puestos, y que fueron depuestos a la caída de Huerta cuando Carranza asumió la Primera Jefatura del Ejército Constitucionalista.&lt;br /&gt; López Velarde colaboró, de manera mínima, apenas secundaria, con Venustiano Carranza, y al final de su vida, por gestiones de José Vasconcelos, en el gobierno de Obregón, pero sin tratar con él, sólo con Vasconcelos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vasconcelos es uno de los principales promotores del arte mexicano, promovió a músicos, pintores y escritores, a que exaltaron al país, a la Revolución, y a la nueva grandeza mexicana; protegió y promovió a López Velarde en más de una ocasión, y se dice que tuvo que ver con el origen de “La suave Patria”, y ésta se publica por primera vez en &lt;i&gt;El Maestro&lt;/i&gt;, que era el órgano, la voz oficial del Ministro Vasconcelos. ¿Cómo es que Vasconcelos, tan mexicano, haya permitido la jota en el “mexicana” de “La suave Patria”? ¿Cómo es que tantos antologadores han cambiado la X por la jota, en prosas y poemas? ¿Es traicionarlo escribiendo “México” y “mexicana” cuando él escribió “Méjico” y “mejicana”?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas se sabe algo de los familiares de Ramón López Velarde; algo de sus padres, de sus tíos y de sus hermanos; nada de otros parientes, como los Berumen, los que no cambiaron el apellido. Uno de ellos, llamado Juan, un militar sin mucha fama (de militar, pero sí de castigador), casó con Marcela Mejía, hija de Pedro Mejía y Feliciana Salazar; de ese matrimonio nació Ramón Berumen Mejía, conocido como “El Hermoso Berumen”, famoso réferi de boxeo, el primer mexicano (¿mejicano?) en arbitrar una pelea de campeonato mundial de boxeo en que no estuviera involucrado un mexicano, y el réferi que apareció en más cintas mexicanas (en &lt;i&gt;Pepe el Toro&lt;/i&gt; es su amigo César Arroyo el que sólo amonesta a Wolf Ruvinsky por abrirle una ceja al Torito de un cabezazo); hasta cerca de los ochenta años daba clases de volibol en el Parque Alemán, donde jugaba la Liga Lindavista. Mi tío Pepe, que vive ahora en la angustiosa Saltillo, me envía una fotografía donde aparecen López Velarde y el señor José González, segundo esposo de Mamá Chana, por lo tanto mi bisabuelo; no es raro, la provincia era muy chica y todos se conocían ("Esas gentes de Jerez / miel y veneno a la vez; / todititos son parientes / y ni uno se puede ver", Eugenio del Hoyo); pero conociéndose todos, ¿por qué se sabe tan poco de la vida de López Velarde y por qué haya tantos enigmas? ¿No es curioso que José Luis Martínez, cuidadoso editor de la obra de López Velarde, no haya mencionado a Maples Arce, no sólo porque hayan compartido andanzas de chirriscos, sino por innegables lazos entre la poesía de ambos? ¿Cuántas cosas desconocemos de nuestros escritores? ¿Y esas cosas deben influir en nuestra lectura de su obra? En el caso de Renato Leduc, por ejemplo, han estorbado. Se sabe, porque él lo dijo, que se involucró en la Revolución porque en donde trabajaba como telegrafista, una hermosa joven villista hablaba en las manifestaciones, hacía arengas, y Leduc y algún amigo se acercaban para espiarle las piernas bajo las faldas (los famosos&lt;i&gt; upskirts&lt;/i&gt; actuales), y la siguieron a otras poblaciones, para seguir espiándole las piernas; ese dato, y muchas anécdotas han influido para ver en sus poemas un candente lenguaje erótico, combinado con un sentido del humor desarmante, iconoclasta, subversivo (“no creí que un favor tan ruin se me negase. ¿Solicitar tu mano? No conozco esos vicios”; “Soez, majadero, que prendan la luz”); por perseguir esos poemas se pierde de vista su excelente manejo del ritmo, de la acentuación, de la rima; poemas inteligentes, aunque perdamos de vista la inteligencia opacada por el albur, la petición sexual, el piropo atrevido, la descripción de la belleza femenina. Por seguir al poeta ingenioso dejamos de ver al poeta inteligente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay muchos enijmas en la vida y la obra de López Velarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según Óscar Sarquiz, un joven guitarrista, pianista, cantante y compositor famoso era el vivo retrato de Dorian Gray, porque envejecía mientras sus colegas se mantenían juveniles; así, Dèjá Lu envejece muchísimo mientras los demás siguen como si apenas tuvieran 50 años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adrián González no puede con la presión; no era lo mismo ser el mejor bateador de un equipo colero, que cargar con el peso de un equipo contendiente. ¿Síndrome del deportista mexicano? ¿Seguirá el mal fario de cuando fueron a verlo Carlos Slim y Marco Pulido?&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-ycKnsd9pGMg/TnfHJRIZ2hI/AAAAAAAAAI4/2APdHsK1WEc/s1600/bisabuelo%255B1%255D.jpg" imageanchor="1" style="clear:right; float:right; margin-left:1em; margin-bottom:1em"&gt;&lt;img border="0" height="173" width="320" src="http://4.bp.blogspot.com/-ycKnsd9pGMg/TnfHJRIZ2hI/AAAAAAAAAI4/2APdHsK1WEc/s320/bisabuelo%255B1%255D.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-1448556835497335696?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/1448556835497335696/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=1448556835497335696' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/1448556835497335696'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/1448556835497335696'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/09/otro-enijma-de-lopez-velarde.html' title='Otro enijma de López Velarde'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-ycKnsd9pGMg/TnfHJRIZ2hI/AAAAAAAAAI4/2APdHsK1WEc/s72-c/bisabuelo%255B1%255D.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-4468643992966778591</id><published>2011-09-12T15:31:00.000-07:00</published><updated>2011-09-12T15:31:55.322-07:00</updated><title type='text'>¿Cantor de la provincia o de los encantos femeninos?</title><content type='html'>A Ramón López Velarde se le clasifica de muchas maneras, pero casi siempre omiten una categoría, la que se desprende del erotismo en su obra; excepto José Emilio Pacheco, no siempre sus lectores la han observado, la mayoría de las veces por atender otras características de su muy rica, sugerente poesía, una de las más enigmáticas de nuestra literatura, y que se presta a tantas interpretaciones.&lt;br /&gt;Murió soltero, recalca Gabriel Zaid, y anota que lo más probable es que haya sido a causa de su pobreza,  pobreza que a su vez deriva de su negativa a colaborar con un gobierno que derrocó al que él apoyaba; pero también apunta (en &lt;i&gt;Tres poetas católicos&lt;/i&gt;) la muy extensa variedad de mujeres a las que pretendió; no describe las otras relaciones, las que a veces asoman en algunos de sus versos, pero de las que no hay detalles; hay, sin embargo, algunas confidencias, que se han colado, furtivas; algunas de ellas: Manuel Maples Arce, que es casi lo opuesto a López Velarde en la poesía, narra cómo se iban a las afueras de las iglesias no a cumplir con el rito de la misa, sino a observar a las muchachas (de diferente estrato socioeconómico, según los horarios) y ver si tenían suerte en una época bastante laxa, debido precisamente a lo inseguro de la vida en tiempos revolucionarios.&lt;br /&gt;Dice Maples Arce: “Era el poeta hombre de buena presencia, de rostro bondadoso y melancólico; vestía siempre de oscuro; su persona y su trato reflejaban la mayor pulcritud. No pocos domingos lo acompañé en sus paseos a la Plaza Orizaba y a la iglesia vecina de la Sagrada Familia [donde David Silva casa con Martha Roth en &lt;i&gt;Una familia de tantas&lt;/i&gt;], a esperar la salida de misa de las muchachas que, en fascinante procesión, descendían las escalinatas. Pasaban delante de nuestros ojos aquellas rubias y morenas que encendían anhelos recónditos de nuestra sensibilidad. Bajo las claras mañanas y el cielo azul, aquella visión que se alejaba por los follajes del jardín era como una promesa de amor. López Velarde sentía vivamente el encanto de la belleza sensual, asociada a la glorificación de un rito. En sus poemas se perciben cualidades intuitivas: ‘Brazos sacramentales’, ‘La delicia que es mitad friolenta, mitad cardenalicia’, ‘Las lascivas soledades’. Cada ocho días nos encontrábamos en ese paseo en el que disfrutaba de su fina conversación al par que se estrechaba nuestra amistad…” (Soberana juventud, Universidad Veracruzana).&lt;br /&gt;Miguel Capistrán sospecha que la neumonía fatal la contrajo por andar en algunas de esas andanzas, sin abrigo, y que no se cuidó ni antes ni después.&lt;br /&gt;Otra de las confidencias, que podría motivas otras suspicacias, es que urgido como estaba de favores femeninos, no siempre tenía la disponibilidad para atenderlos, cuando se presentaban; la, digámosle con lenguaje actual, disfunción inoportuna le hacían rehuir algunas citas, pero se presentaba una cura momentánea, que debía aprovechar o la perdía por días o semanas enteras (¿"mi amargura impotente"?), y que una de ésas lo pescó desabrigado.&lt;br /&gt;Sus biógrafos han sido discretos y benévolos con esta situación, si es que es real; lo real es que hay tres nombres constantes en la vida de López Velarde: Josefa de los Ríos (Fuensanta, personaje de los poemas primeros, los de &lt;i&gt;La sangre devota&lt;/i&gt;); María Nevares, con quien tuvo una relación intensa pero ambigua, y Margarita Quijano, con la que no se sabe qué pasó, por qué terminaron; Zaid agrega a la pianista Fe Hermosillo; si no fueran tan trágicas estas historias, uno podría recordar, a propósito de los embates de López Velarde, las palabras de Fernando Soler en &lt;i&gt;Mi querido Capitán&lt;/i&gt;: eso me pasa por andar como mariposa de flor en flor.&lt;br /&gt;En muchos de sus poemas hay referencias eróticas que aparecen de manera súbita, y así desaparecen; no por eso son menos inquietantes; nunca es directo, pero nunca es tan sutil como para ignorar de qué habla: en “Ser una casta pequeñez…”, dice “Yo, sintiéndome bien en la aromática / vecindad de tus hombros y en la limpia / fragancia de tus brazos, / te diría quererte más allá / de las torres gemelas. // Dejarías entonces en la bárbara / novedad de mi frente / el beso inaccesible / a mi experiencia licenciosa y fúnebre.” En “Mi prima Águeda” hay varias referencias eróticas: “Águeda aparecía, resonante / de almidón, y sus ojos / verdes y sus mejillas rubicundas / me protegían contra el pavoroso / luto… Yo era rapaz / y conocía la o por lo redondo, / y Águeda que tejía / mansa y perseverante en el sonoro / corredor, me causaba / calosfríos ignotos… / (Creo que hasta la debo la costumbre / heroicamente insana de hablar solo.") “Nuestras vidas son péndulos” (casi cada verso es una referencia sensual, una historia esbozada, deliciosamente descrita): “¿Dónde estará la niña / que en aquel lugarejo / una noche de baile / me habló de sus deseos / de viajar, y me dijo su tedio? // Gemía el vals por ella, / y ella era un boceto / lánguido: unos pendientes / de ámbar, y un jazmín / en el pelo. // Gemían los violines / en el torpe quinteto… / E ignoraba la niña / que al quejarse de tedio / conmigo, se quejaba / con un péndulo. // Niña que me dijiste / en aquel lugarejo / una noche de baile / confidencias de tedio: / donde quiera que exhales / tu suspiro discreto, / nuestras vidas son péndulos… // Dos péndulos distantes / que oscilan paralelos / en una misma brisa / de invierno.”; “La tónica tibieza”: “Yo no sé si está presa / mi devoción en la alta / locura del primer / teólogo que soñó con la primera infanta, / o si, atávicamente, soy árabe sin cuitas / que siempre está de vuelta de la cruel continencia / del desierto, y que en medio de un júbilo de huríes, / las halla a todas bellas y a todas favoritas.” “Y pensar que pudimos…” (otra confesión indiscreta): “Y pensar que extraviamos / la senda milagrosa / en que se hubiera abierto / nuestra ilusión, como perenne rosa… // Y pensar que pudimos / enlazar nuestras manos / y apurar en un beso  / la comunión de fértiles veranos… // Y pensar que pudimos, / en una onda secreta / de embriaguez, deslizarnos, / valsando un vals sin fin, por el planeta… // Y pensar que pudimos, / al rendir la jornada, / desde la sosegada / sombra de tu portal y en una suave / conjunción de existencias / ver las cintilaciones del zodíaco / sombre la sombra de nuestras conciencias…” (esa “sombra de nuestras conciencias” ¿no es una referencia al “Idilio salvaje” de Manuel José Othón: “Y en mí, ¡qué hondo y tremendo cataclismo! /  ¡qué sombra y qué pavor en la conciencia / y qué horrible disgusto de mí mismo!”; igualmente, “unas inmensas ganas de llorar” recuerdan al “…ven a lavar tu ciprio manto / en el mar amarguísimo y profundo de un triste amor, o de un inmenso llanto”).&lt;br /&gt;Las referencias eróticas se hacen más sutiles en &lt;i&gt;Zozobra&lt;/i&gt;: “El viejo pozo”: “Besarse, en un remedo bíblico, junto al pozo, / y que la boca amada trascienda a fresco gozo / de manantial, y que el amor se profundice / en la pareja que lo siente, / como el hondo venero providente…”; “Que sea para bien”: “Ya no puedo dudar… Diste muerte a mi cándida / niñez, toda olorosa a sacristía, y también / diste muerte al liviano chacal de mi cartuja. / Que sea para bien… // […] Me revelas la síntesis de mi propio zodíaco: / el León y la Virgen. Y mis ojos te ven / apretar en los dedos –como un haz de centellas— / éxtasis y placeres. Que sea para bien…”; “Despilfarras el tiempo” (éste es otro prodigio de sutil atrevimiento, lleno de sugerencias): “Prolóngase tu doncellez / como una vacua intriga de ajedrez. // Torneada como una reina / de cedro, ningún jaque te despeina. // Mis peones tantálicos / al rondarte a deshora, / fracasan en sus ímpetus vandálicos. // La lámpara sonroja tu balcón; / despilfarras el tiempo y la emoción. // Yo despilfarro, en una absurda espera, / fantasía y hoguera. // En la velada incompatible, / frustrase el yacimiento incompatible, / y de nuestras arterias el caudal. // Los pródigos al uso / que vengan a nosotros a prender / cómo se dilapida todo el ser. // […] Y frente al ínclito derroche / de los tesoros que atesora / el yacimiento de las almas, algo / muy hondo en mí se escandaliza y llora.”&lt;br /&gt;Hay algunos versos célebres que me parece que se han leído sin un erotismo que cada vez suena más desesperado; la lucha que se desata en López Velarde se hace más angustiosa, y las referencias cada vez más discretas; en “El retorno maléfico” hay una imagen muy descriptiva: “el amor amoroso de las parejas pares”, que no sólo es muy afortunada, sino la mejor para narrar de manera sintética un encuentro sexual; esa imagen la repetirá, con menos sutileza en “La suave Patria”:  “Trueno del temporal, oigo en tus quejas crujir los esqueletos en parejas”. Esa ansiedad aparece en una imagen muy atrevida en “El mendigo”: “Prosigue descubriendo mi pupila famélica / más panes y más lindas mujeres y más rosas / en el bando de cuervos que la jornada célica / sus picos atavían con las cargas preciosas, / y encima de mi sacro apetito no baja / sino un pétalo, un rizo profundo, una migaja.”; igualmente, en “Idolatría” hay una imagen muy viva: “La Vida mágica se vive entera / en la mano viril que gesticula / al evocar el seno o la cadera, […] Idolatremos todo padecer, / gozando en la mirífica mujer.”; “La lágrima” es muy elocuente: “Encima / de la azucena esquinada / que orna la cadavérica almohada; / encima / del soltero dolor empedernido / de yacer como imberbe congregante / mientras los gatos erizan el ruido / y forjan una patria espeluznante; / encima / del apetito nunca satisfecho / de la cal / que demacró las conciencias livianas, / y del desencanto profesional / con que saltan del lecho / las cortesanas; / encima de la ingenuidad casamentera / y del descalabro que nada espera; / encima de la huesa y del  nido , / la lágrima salobre que he bebido…”&lt;br /&gt;“Todo” es uno de sus poemas más complejos, pero lo desentrañó José Emilio Pacheco con maestría en la &lt;i&gt;Antología del modernismo&lt;/i&gt;; no lo repito, remito al lector a esa espléndida edición; sólo acoto que el centro del poema habla de las andanzas callejeras, cuando cada muchacha entorna sus maderas, y del enigma de no ser ni carne ni pescado. Y evoco una escena semejante en un libro contemporáneo a la poesía de López Velarde: &lt;i&gt;Ulises&lt;/i&gt;, de James Joyce.&lt;br /&gt;No insistiré en otros muchos poemas donde se ocultan, y saltan de manera traviesa y subrepticia, las imágenes de mujeres castas (palabra que se repite con inquietante frecuencia en su poesía) que se quedan esperando, porque él fue tan maravillosamente casto; sólo añado que hemos leído mal, con demasiado pudor, “La suave Patria”, y algunos hasta insistieron en que debía de ser nuestro verdadero himno nacional, sin ver que habla más de las mujeres que del concepto patriótico, el cual fue sólo un pretexto, tal como lo dice en el “Proemio”, porque al poeta le gusta hablar de la “exquisita partitura del íntimo decoro”, pero le encargaron una tarea para la que no es apto (a la manera del tenor que imita la gutural modulación del bajo), y cumple con ella.&lt;br /&gt;Pero las imágenes eróticas, aparte de la exquisita partitura del íntimo decoro, se multiplican: “¿Quién, en la noche que asusta a la rana, / no miró, antes de saber del vicio, / del brazo de su novia, la galana / pólvora de los fuegos de artificio?” (Esa imagen también aparece en el &lt;i&gt;Ulises&lt;/i&gt;; ambos, "La suave Patria" y el &lt;i&gt;Ulises&lt;/i&gt; son de 1921); “tú vales por el río / de las virtudes de tu mujerío”; “creeré en ti mientras una mejicana / en su tápalo lleve los dobleces de la tienda, a las seis de la mañana, y al estrenar su lujo, quede lleno el país, del aroma del estreno.” “quiero raptarte en la cuaresma opaca, sobre un garañón, y con matraca, y entre los tiros de la policía” (en las rancherías cercanas a Jerez se acostumbraba “lazar” a las muchachas, es decir, raptarlas, así que a la familia no le quedaba más que aceptar los hechos consumados); y qué imagen tan bella la de “las cantadoras que en las ferias, con el bravío pecho, empitonando la camisa, han hecho la lujuria y el ritmo de las horas.”&lt;br /&gt;Una de las escenas más bellas, y que los críticos no han recalcado, es que López Velarde, más que cantar al heroísmo del joven abuelo Cuauhtémoc, se lamenta no de su derrota, sino que a ella, a todo lo que sufre (la piragua prisionera [cuando Cortés lo captura], el azoro de sus crías [el desconcierto de los mexicas al toparse con los hombres blancos y barbados, mitad bestias], el sollozar de sus mitologías [la religión desplazada por el cristianismo], los ídolos a nado [la ciudad derrumbada, flotando sobre las aguas, con las estatuas, las figuras de los dioses aztecas], hay que agregar que lo hayan separado de su mujer, en pleno acto amoroso (y por encima, haberte desatado del pecho curvo de la emperatriz).&lt;br /&gt;Me quedan pendientes algunos enigmas más de López Velarde, que expondré en la próxima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dèjá Lu no se conforma con copiar a José Emilio Pacheco; ¿por qué tiene que copiarme a mí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Ni siquiera ahora voy a negar la cruz de mi parroquia.”&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-4468643992966778591?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/4468643992966778591/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=4468643992966778591' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/4468643992966778591'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/4468643992966778591'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/09/cantor-de-la-provincia-o-dee-los.html' title='¿Cantor de la provincia o de los encantos femeninos?'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-5783263901595065270</id><published>2011-09-05T11:10:00.000-07:00</published><updated>2011-09-05T11:10:29.586-07:00</updated><title type='text'>Ateneístas "lúdicos", y grandes literatos</title><content type='html'>La generación del Ateneo es una de las más brillantes en la historia del país, y el número de sus integrantes es impresionante; los unió el deseo de progreso, de renovación de la cultura, la civilización mexicana, las ganas de experimentar; la inteligencia, los conocimientos, la voracidad de lecturas de clásicos y de contemporáneos; los separó el huertismo, la segunda etapa de la Revolución, y las mujeres, en más de un caso.&lt;br /&gt; Se respetaban entre sí: Martín Luis Guzmán dijo de José Vasconcelos: “…era para nosotros el genio. En todo se traslucía así: en sus hechos, su pensamiento, los escritos que nos leía. Desde el punto de vista de dar forma literaria al pensamiento es uno de los grandes valores que ha producido México. Dicen –él mismo lo ha dicho– que es desaliñado; sin embargo, cuando uno lo lee no lo advierte, porque cabalga sobre las ideas. En las cenas… nos leía unas cuantas cuartillas. En ellas cuidaba minuciosamente el estilo. Quedábamos en suspenso, fulminados por su prosa magnífica… Su obra es como él mismo: grande en sus errores, grande en sus aciertos, inconmensurable en sus contradicciones, en sus injusticias. Si al pensamiento de Sócrates lo guiaba un demonio, al de Vasconcelos lo guía el demonio de la pasión… Si Vasconcelos hubiera sido consecuente con sus grandes facultades y con su genio creador, hubiera sido en las letras nacidas al calor de la Revolución lo que es Diego Rivera en la pintura.”&lt;br /&gt; A su vez, Vasconcelos dijo: “En México existen dos personas que tienen el don del estilo: Alfonso Reyes y Martín Luis Guzmán. De los dos, prefiero a Martín, que tiene el mayor número de cosas qué decir y que, además, se compromete… Entre todos los libros suyos prefiero &lt;i&gt;La sombra del Caudillo&lt;/i&gt;, porque allí no nos engaña mostrándonos la grandeza de seres inexistentes, sino que denuncia los corrompidos métodos electorales del obregonismo.”&lt;br /&gt; (Ambas declaraciones están tomadas de &lt;i&gt;19 protagonistas de la literatura mexicana del siglo XX&lt;/i&gt;, de Emmanuel Carballo, Empresas Editoriales, 1965.)&lt;br /&gt; Sin embargo, en &lt;i&gt;La tormenta&lt;/i&gt;, Vasconcelos narra: “Desde Panamá había escrito a Rigoletto, anunciándole mi próxima llegada a Nueva York. En vista del trastorno sufrido en Jamaica, le avisé por telégrafo la nueva partida que hacía desde Santiago. Le pedía que informara a Villarreal y a los amigos. Y no sospechaba que estuviera en contacto con Adriana. La respuesta de mi último mensaje me llegó a bordo, la antevíspera de nuestro arribo a Nueva York. Y fue lacónica; decía más o menos: ‘Adriana y yo unidos, te esperamos desembarcadero’… Al principio no entendía. Lo último que me hubiera ocurrido era tenerlo de rival, y menos de sustituto. Absurdo como era el caso, no sé por qué no le creí en el acto, y lentamente me fui dirigiendo al camarote… era un golpe de tal maldad, de refinada venganza, que preví aun las excusas, el amor súbito, irresistible a lo Pelleas y Melisande, aunque sin dagas de por medio. El suplicio chino que así me tomaba el alma me doblegó; me dejé caer en la cama, y con las manos en la frente me puse a llorar… Lloraba por mí, pero también por ella, que tan bajo caía después de ser tan altiva… No estuvo en el muelle Adriana, pero sí, obsequioso y reservado, Rigoletto… [Vasconcelos lo increpa, y lo interroga; ¿por qué no había ido Adriana; Rigoletto le dice que lo espera en su casa y quiere que vayan para que hablen]…–¿Y qué es lo que hablaremos? –interroga Vasconcelos: –Pues te quiere decir que se ha enamorado de mí y te pedirá que la dejes en paz. Tus cartas la tienen muy ofendida. Me las ha mostrado. ¡Qué quieres que te diga! Es un caso terrible. Lo lamento yo el primero, pero nos queremos…” (Edición del FCE.)&lt;br /&gt; Rigoletto, tan disminuido en las páginas de Vasconcelos, es Martín Luis Guzmán, quien le andaba pedaleando la bicicleta a su amigo: dice Guzmán en una carta de marzo de 1916 a Alfonso Reyes (&lt;i&gt;Medias palabras. Correspondencia 1913-1959&lt;/i&gt;, UNAM, edición de Fernando Curiel, 1991): “Pepe Vasconcelos: tan bueno, inteligente y contradictorio como le conocimos. Come el pan con sus hijos y su esposa, y bebe la miel de la misma rosa. La rosa no se ha marchitado; el tono languidece, pero los pétalos son siempre frescos. Estas rosas encuentran fácilmente jugos alimenticios en la tierra neoyorquina. ¿Son verdaderamente inteligentes estas rosas?”. Curiel acota: ¿Quién es “la misma rosa”? Elena Arizmendi, sin duda. La Adriana que le despoja a Vasconcelos mientras éste se encuentra en Perú. En otra carta, que Curiel fecha en enero de ¿1917? Guzmán dice: “El helenismo –la tradición manda escribirlo con &lt;i&gt;h&lt;/i&gt;– está aquí; cerca de la pluma que esto escribe, lo llevo en el corazón…”.&lt;br /&gt; Elena Arizmendi se interpuso entre los amigos, y en ambos despertó pasiones.&lt;br /&gt; Guzmán fue siempre un hombre discreto, pero también disfrutó del encanto que producía en las mujeres que, incluso las famosas, lo escuchaban, arrobadas. Vasconcelos, más entregado, vivió varios romances, que malamente disimuló en sus memorias, o al menos son de todos conocidos esos amores. En un pasaje de &lt;i&gt;La sombra del ángel&lt;/i&gt;, de Katherine S. Blair describe a Vasconcelos, cuando le dicta una carta a Antonieta Rivas Mercado; a la mitad de un párrafo, interrumpe y exclama: “¡qué bonitas piernas tiene usted!”; Rivas Mercado, turbada, le pide que siga con la carta; Vasconcelos la asedia, la persigue, hasta que la consigue, lo que provoca un conflicto enorme en Rivas Mercado, enamorada del pintor Manuel Rodríguez Lozano, a quien considera lo ha engañado al acceder a las peticiones de Vasconcelos. Valeria y Adriana en sus libros, Rivas Mercado y Arizmendi en la vida real, llenan de pasión varias páginas de Vasconcelos; hay que recordar que esos romances los vivió con plenitud como aventuras extramaritales, y que en diversas ediciones posteriores a las primeras bajó el tono, en las llamadas ediciones expurgadas; por fortuna, nunca dejaron de circular las primeras, y el texto fue restaurado en la edición del Fondo de Cultura Económica. Julio Torri, su compañero ateneísta, opinaba: “Me gustan las primeras ediciones de sus memorias; las nuevas ediciones expurgadas no me interesan”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La lista de los miembros del Ateneo es extensa e imprecisa; Juan Hernández Luna, en el prólogo a las &lt;i&gt;Conferencias del Ateneo de la Juventud&lt;/i&gt;, menciona a Reyes, Antonio Caso, Pedro Henríquez Ureña, Julio Torri, Enrique González Martínez, Rafael López, Roberto Argüelles Bringas, Eduardo Colín, Eduardo Joaquín Méndez Rivas, Alfonso Cravioto, Antonio Mediz Bolio, Jesús Acevedo, Martín Luis Guzmán, Diego Rivera, Roberto Montenegro, Manuel Ponce, Julián Carrillo, Carlos González Peña, Isidro Fabela, Manuel de la Parra, Mariano Silva y Aceves y Federico Mariscal, pero omitió a Nemesio García Naranjo y a Efrén Rebolledo, a quien consideran miembro externo del grupo.&lt;br /&gt; Uno de ellos, célebre, tuvo una muerte gloriosa; falleció, como Rock Hudson en una serie de televisión, en pleno acto sexual, pero en una casa que no era la suya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ateneísta menos sospechoso de furor es Enrique González Martínez; sus muchos libros, casi todos inconseguibles, han hecho que se le conozca por los poemas recogidos en casi todas las antologías, y en donde coinciden en la temática: reflexivo, cuasi religioso, pensativo; sin embargo, frente al tumulto de admiradoras jóvenes, él se define como “algo menos que amante y más que amigo”, parafraseando a Shakespeare en &lt;i&gt;Hamlet&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt; No sólo tiene ese coqueteo, inquietante además; en algunos de sus poemas se acerca al erotismo de Efrén Rebolledo o al de, antes que ellos, Manuel M. Flores. Dice González Martínez: “Ya dejas el plumón. Las presurosas / manos desatan el discreto nudo, / y queda el cuerpo escultural desnudo, / volcán de nieve en explosión de rosas. // El baño espera. De estrecharte ansiosas / están las aguas, y en el mármol mudo, / un esculpido sátiro membrudo / te contempla con ansias amorosas. // Entras al fin y el agua se estremece. / En tanto, allá en el orto ya parece / el claro sol de refulgente rastro. // Y cuando ufana de la fuente sales, / de tu alcoba a los diáfanos cristales, / por mirarte salir, se asoma el astro.”; en otro: “Del arroyo en las límpidas aguas, / medio oculta del bosque en las frondas, / se bañaba desnuda y tranquila / luciendo sus bellas y clásicas formas. // Los cabellos, cual velo de oro, / le cubrían la espalda marmórea, / y del agua prendida en los rizos, / la luna en diamantes trocaba las gotas. // Asombrado quedé, con el alma / a la par conmovida y absorta; / mas la luna escondióse en el cielo / y entre ella y yo puso sus velos la sombra… // He querido olvidarla y no puedo. / Cual relieve esculpido en la roca, / ha quedado grabada en mis sueños / la bella desnuda de clásicas formas.”; “Fue un beso tan fugaz que rozó apenas / la frente virginal y escapó luego; / mas de allí al corazón cundió su fuego / y corrió por la sangre de las venas. // Las dichas del amor, antes serenas, / trocáronse en mortal desasosiego… / ¡Ay! ¿cómo pudo envenenar tan luego / si la cándida frente rozó apenas? // ¡Oh, beso engañador, oh, beso aleve! / ¿Cómo diste a beber en toque leve / el ponzoñoso filtro de tus penas? // ¿Cómo en las garras del dolor, cautivo / dejaste un corazón, beso furtivo / si la tez virginal rozaste apenas?”; “Canta, mi bien. Al peso del racimo / la vid inclina su follaje umbroso / y con abrazo estrecho y amoroso / busca en el tronco paternal, arrimo. // De la naturaleza el don opimo / bien merece tu canto melodioso; / canta, mientras el jugo delicioso / en la ancha copa de cristal exprimo. // Bebe… ¿Te sientes mal? Ya el vino asoma / a tus blancas mejillas, en rubores, / y en fulgores extraños, a tus ojos. // Ya tu frente en mi pecho se desploma… / Y yo me embriago de placer y amores / libando el néctar de tus labios rojos.”; “¡Y vi tu desnudez!… ¡Cuánta blancura / atesora tu cuerpo alabastrino! / En ti forjó la mano del destino / un templo de alabastro a la hermosura. // En ese fondo de inviolada albura / sólo forman contraste peregrino / de tus ojos lo azul –cielo divino– // y el oro de tus crenchas –onda pura. // ¡Y vi tu desnudez!... Nada más blanco / que el armiño sin mancha de tu flanco / de carne púber que al placer invita; // y vi tus senos, que en tus manos domas / como indócil pareja de palomas / que al beso del amor tiembla y palpita.”; “Amada, ven. Del campo la verdura / salpican ya las tempraneras flores, / y el enjambre de pájaros cantores / sus trinos lanza en la arboleda oscura. // Mira, desde el cenit el sol fulgura / en torrentes de luz abrasadores, / y es una alegre fiesta de colores / al ósculo del viento la llanura. // Entre las redes del amor opresos, / miraremos pasar en dulce halago / del río paternal las claras linfas, // y al estallar de mis amantes besos, / verás bañarse en el azul del lago / blancas, desnudas y en tropel las ninfas.”; “Ella se niega mientras él insiste; / fogoso el amador, tenaz la bella, / en jiras el jubón de la doncella / la lucha apenas del amor resiste. // Casta no cede; pero mira triste / de aquel retozo la patente huella, / y con falsos lamentos se querella / y de astucia y de bríos se resiste. // Por escapar de los robustos brazos, / de un empellón, cual víctima inmolada, / rueda el cántaro al fin hecho pedazos. // Queda atónito él, ella pasmada; / mas pasa el susto y vuelven los abrazos / tras una estrepitosa carcajada…”; “En tus sedas, frufrúes tentadores / hablan de amor con misterioso acento; / de tu corpiño azul, brota opulento / tu blanco busto como un haz de flores. // En tus ojos, eróticos fulgores // se agitan con extraño movimiento, / y en tu ventana el vagaroso viento / lascivo entona su canción de amores. // En el cristal bohemio se consume / sutil esencia y mezcla su perfume / con el perfume lánguido que exhalas, // y en propicio rincón de la arboleda /–vencido mármol—se desploma Leda / bajo un cisne de opresoras alas.”; “Como al polo el imán va mi deseo / en pos de ti con insistencia loca, / y sueño con las mieles de tu boca / y en todos tus encantos me recreo. // ¡Ah! pero sé que es humo y devaneo / toda ilusión cuando se alcanza y toca, / y aunque eres onda que a besar provoca, / al llegar a tus linfas titubeo. // Todo mi ser al tuyo se convierte; / mas tiemblo al sospechar que al poseerte / destruye la pasión que me avasalla… // ¡Ah, si pudiera eternizar la vida / de una frase de amor interrumpida, / y el espasmo de un beso que no estalla!”.&lt;br /&gt; Y hay muchos ejemplos más de este erotismo inocente pero impetuoso del poeta que se quitaba piadoso las sandalias por no herir las piedras del camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los diarios, sobre todo los literarios, se exponen aspectos demasiado personales; así, se entiende el entusiasmo de Alfonso Reyes al admirar piernas femeninas expuestas con tanto desenfado, como la &lt;i&gt;girl&lt;/i&gt; del barco; pero unos días más tarde le escribe a Julio Torri: “Julio, las muchachas yanquis (tú ya lo sabes, profesor de cursos de verano) usan las medias enrolladas debajo de las rodillas, y en todos los deportes enseñan los muslos desnudos. Cuando, en &lt;i&gt;Holiday&lt;/i&gt;, de Waldo Frank, Virginia Hade le ofrece al negro Cloud cambiar navajas, como lleva la suya en la media, se levanta las faldas y deja ver las rodillas blancas. Final: linchamiento del negro.” Jaime García Terrés, indiscreto, cuenta que Torri usaba su biblioteca privada para presumirla a sus arrobadas alumnas, a quienes se las mostraba en privado. Y no son ellos los más seducidos por el erotismo en la literatura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es un vicio detestable que cunde no sólo en las publicaciones periódicas, sino en muchos libros aparentemente serios, hablar de “planes para el futuro”; una redundancia que se cuela hasta en las mejores páginas de buenos escritores; en realidad, el único que hace planes para el pasado es Dèjá Lu.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-5783263901595065270?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/5783263901595065270/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=5783263901595065270' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/5783263901595065270'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/5783263901595065270'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/09/ateneistas-ludicos-y-grandes-literatos.html' title='Ateneístas &quot;lúdicos&quot;, y grandes literatos'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-6429891492153326641</id><published>2011-08-29T08:00:00.000-07:00</published><updated>2011-08-29T08:00:38.062-07:00</updated><title type='text'>Alta literatura y bajas pasiones</title><content type='html'>“La supuesta pasión elevada, desdeñosa de todo lo que no sea ella misma, que los futuros progenitores se profesan mutuamente no es en el fondo más que una locura muy singular, que hace que un hombre enamorado esté dispuesto a entregar todos los bienes de este mundo a cambio de poder acostarse con una mujer dada, la cual, en definitiva, no le dará nada que no hubiera podido darle cualquier otra”, dice Schopenhauer; ¿por qué suponemos que esa mujer dada es de hombros estrechos y caderas anchas, pechos exuberantes (de las que también llamaban la atención del filósofo), cara agraciada y por lo regular de gesto fiero, o pícaro, y de ojos de papel volando? ¿Será que la historia ha sido recurrente en casos como ésos?&lt;br /&gt;	¿La historia? La historia ha sido discreta, pero no sus actores.&lt;br /&gt;	Doña Guadalupe Monroy, quien estuvo a cargo de la investigación de la vida cotidiana durante la República Restaurada (&lt;i&gt;Historia Moderna de México&lt;/i&gt;, tomo 3, &lt;i&gt;Vida Social&lt;/i&gt;), dice que pocas ocasiones “ha contado México con un grupo de escritores de la calidad que entonces tuvo”, y hace un recuento breve pero significativo: Sierra, Mateos, Cuéllar, Altamirano, Prieto, Acuña; pudo haber citado varios más, como los asistentes a las tertulias de Rosario de la Peña, entre ellos Acuña y Prieto, pero también Barreda, Ignacio Ramírez, José Martí, Manuel M. Flores, Agustín F. Cuenca. Y andaban en esos años Manuel Payno, Juan de Dios Peza, Vicente Riva Palacio…&lt;br /&gt;	Es mucho repetir la historia de Acuña, Laura Méndez, Cuenca, Rosario, Flores: suicidio, enfermedades venéreas, adolescencia apresurada y soledad (Soledad) arrepentida, amores trágicos; no es el “Nocturno” de Acuña la mejor expresión literaria de esos conflictos, esos amores mal correspondidos y bien calabaceados, sino el soneto de &lt;i&gt;El Nigromante&lt;/i&gt;, que a la avanzada edad de 55 años se considera viejo para alcanzar la gloria de la intimidad con De la Peña, y se declara derrotado: “hoy de mí mis rivales hacen juego / cobardes, atacando en gavilla / y libre yo mi presa al aire entrego”; los testimonios, subjetivos, dan sólo una idea de cuáles eran las cualidades que llamaba la atención de tanto hombre talentoso, culto, que dejaron obra sólida pese a los tiempos difíciles que les tocó vivir.&lt;br /&gt;	La pasión por De la Peña no es el único caso que habla de la debilidad por la carne; el adusto Ignacio Manuel Altamirano, quien había reaccionado, como casi todos, indignado por el can-can que causaba furor en los teatros de la ciudad de México, de pronto recapacitó: “Hace un año que nos desgañitamos algunos amigos y yo gritando contra el &lt;i&gt;can-can&lt;/i&gt;. A pesar de las buenas y graves razones que entonces expusimos, el público corría desatado a ver &lt;i&gt;Los dioses del Olimpo&lt;/i&gt;, el &lt;i&gt;can-can&lt;/i&gt; del circo de Chiarini [el más popular de la época] y después a la Torreblanca y su séquito de sílfides pantorrilludas”.&lt;br /&gt;	Si de alguien tan serio y grave como Altamirano viene esa repentina admiración por las piernas femeninas, no son de extrañar entonces las expresiones de admiración de Alfonso Reyes ante la visión de otras hermosas piernas femeninas…&lt;br /&gt;	Pero no debo adelantarme: que la pasión se apoderó de los escritores mexicanos, hay muchos ejemplos, de los que mencionaré unos cuantos, circunscritos a la generación del Ateneo, aunque quedan ganas de citar al clérigo fray Manuel de Navarrete, otros versos candentes de Altamirano, del muy ardiente Manuel M. Flores,  y, entre los poetas mayores del siglo XIX en que no estuvo ausente el erotismo, la pasión desenfrenada, la posesión, los amores clandestinos (Díaz Mirón, capaz de ternura y de violencia al mismo tiempo, describe: “la vi tendida de espaldas / entre púrpura revuelta… / Estaba toda desnuda / aspirando humo de esencias / en largo tubo escarchado / de diamantes y perlas. / / Sobre la siniestra mano / apoyada la cabeza, / y cual el ojo de un tigre / un ópalo daba en ella / vislumbres de sangre y fuego / al oro de su ancha trenza. / / Tenía un  pie sobre el otro / y los dos como azucenas, / y cerca de los tobillos / argollas de finas piedras, / y en el vientre un denso triángulo / de rizada y rubia seda. / / En un brazo se torcía / como cinta de centella / un áspid de filigrana / salpicado de turquesas, / con dos carbunclos por ojos / y un dardo de oro en la lengua. / / Tibias estaban sus carnes, / y sus altos pechos eran / cual blanca leche vertida / dentro de dos copas griegas / convertida en alabastro, / sólida ya pero aún trémula. / / ¡Ah! Hubiera yo dado entonces / todos mis lauros de Atenas / por entrar en esa alcoba / coronado de violetas, / dejando con los eunucos / mis coturnos a la puerta.” Y los amores fugaces, prohibidos, culpables, descritos en “Música de Schubert” y en “Nox”, y la obsesión narrada en los dos sonetos de “La Giganta”; o Manuel José Othón, quien cedió a una pasión tardía, extramarital, se diría hoy; está por narrarse la historia completa, con nombres y fechas; lo importante es la descripción de ese amorío, que se lo achaca a su amigo Alfonso Toro, pero donde cuenta cómo se obsesionó por una mujer de rasgos indígenas, muy hermosa, de cuerpo arrebatador, a la que no pudo resistirse; en ocho sonetos relata ese amorío, que culmina con un encuentro sexual, tras el cual vino el arrepentimiento, las lamentaciones, el temor a ser descubierto, expuesto. Comienza con reclamos [“¡Por qué a mi helada soledad viniste…?”], le sigue la clandestinidad [“Mira el paisaje: inmensidad abajo, inmensidad, inmensidad arriba”] y la sordidez de lo prohibido [“Silencio, lobreguez, pavor tremendos que viene sólo a interrumpir apenas el galope triunfal de los berrendos”], el erotismo [“En la estepa maldita, bajo el peso de sibilante brisa que asesina, yergues tu talla escultural y fina, como un relieve en el confín impreso… y destacada contra el sol muriente, como un airón, flotando inmensamente, tu bruna cabellera de india brava… las lianas de tu cuerpo retorcidas en el torso viril que te subyuga con una gran palpitación de vidas”];  ante los hechos [“Flota en todo el paisaje tal pavura, como si fuera un campo de matanzas…”] viene la desolación [“Y allí estamos nosotros, oprimidos por la angustia de todas las pasiones, bajo el peso de todos los olvidos. En un cielo de plomo el sol ya muerto; y en nuestros desgarrados corazones el desierto, el desierto… y el desierto”]; el deseo persiste [“al verberar tu ardiente cabellera, como una maldición, sobre tu espalda”] pero vienen las justificaciones y el deseo de no volver a pecar [“En tus aras quemé mi último incienso y deshojé mis postrimeras rosas… Quise entrar en tu alma, y ¡qué descenso! ¡qué andar por entre ruinas y entre fosas…” ] Para ella fue una aventura [“…¡Qué resta ya de tanto y tanto deliquio? En ti ni la moral dolencia, ni el dejo impuro, ni el sabor del llanto”] pero para Othón, algo que cargará toda la vida [“qué sombra y qué pavor en la conciencia, y qué horrible disgusto de mí mismo!”]).&lt;br /&gt;	Pero como dijo Tito Guízar, eso que dijeron en verso tienen que repetirlo en prosa.&lt;br /&gt;	Más jubilosos, los ateneístas muestran un gusto y un placer ante la mujer: Alfonso Reyes, el 10 de octubre de 1924, observa a una gringuita en el barco donde se dirige a Europa: “La &lt;i&gt;girl&lt;/i&gt; rubia que lleva las medias enrolladas debajo de las rodillas, y enseña los muslos desnudos al jugar con los discos, al desplantarse, juguetea con los &lt;i&gt;stewards&lt;/i&gt; y es un ejemplo de la yanqui vulgar que los europeos tomarían por esposa...”; dos días después vuelve a mencionarla, luego de proclamar satisfecho sus coqueteos con otras turistas: “Me divierto mucho con los libros de &lt;i&gt;puzzles&lt;/i&gt;… que traen Mrs. Jackson y algunas otras damitas yanquis. Acuden a mí para todas las palabras eruditas, de lenguaje general, parecidas en todas las lenguas, de raíces grecolatinas… Hoy, por la noche, en el salón, se han ido despidiendo de mí. Entre ellos se va la &lt;i&gt;girl&lt;/i&gt; de las piernas, que no contenta con flirtear con los &lt;i&gt;stewards&lt;/i&gt;, deja muy enamorado al doctorcillo holandés de a bordo”;  el 29 de diciembre de 1931 habla de una cena en la embajada mexicana en Brasil: “La gente se puso alegre. No se querían ir. Madeleine [“Mme. Foujita”] cantaba y bailaba con las piernas al aire que era un primor”.&lt;br /&gt;	En los poemas que escribió en Brasil hay algunos que superan en calor a los de Efrén Rebolledo; en algunos hay picardía (“¡Armonía natural / que reina en mi gallinero: cada vez que canta un gallo, pone la gallina un huevo!”; “Yo quiero mirar al mundo por aquel agujerito: como estará más redondo parecerá más bonito”; "¡Ay del que, teniendo dos manos, es manco para el &lt;i&gt;bis&lt;/i&gt; tal vez! Que, como dicen los peruanos, &lt;i&gt;Arrugas y canas son ganas; arrastrar los pies y no poder otra vez es vejez&lt;/i&gt;”), pero en otros hay impaciencia por una mujer (“Brasil ¿me das a la moza que ha tiempo he dado en querer? Mira que si me la niegas enloquezco, y yo no sé… […] no se diga que me pierdo por culpa de una mujer”; “Ojos de azúcar quemada, no te quiero ver sufrir. Boca diminuta hecha de pellizco y de mohín, no te quiero ver sufrir. Como saltaba tu cuello en un ahogo sin fin, dos tórtolas asustadas se te querían salir. Ojos de azúcar quemada, no te quiero ver sufrir. Manos nerviosas, delgadas, pies que temblaban así, pequeños hombros redondos que me llegan hasta aquí, los taloncitos helados y el vientrecito febril. ¡No te quiero ver sufrir”! ¡No te quiero ver sufrir!” “…Dan las mulatas del Mangue, desnudas a la mitad, de ahuacate y zapotillo la cosecha natural. ¡Y yo, soñando que vero piraguas por el Canal, rebozos y trenzas negras en que va injerto el rosal! Entre luz de dos visiones refleja y libra el cristal; dos madejas enlazadas se tuercen en mi telar…”; “En el más cariñoso lecho me siento morir, cuando en la naturaleza toda mansa como jardín. Muelle, el ala del ángel blanco –¡qué piedad, qué ternura al fin!– primera vez rosa mis hombros como el arco roza el violín… ¡Y yo que viví tantos años, tantos años como perdí, sin dar oídos a la esfinge que susurraba junto a mí! Yo no sabía que la vida se reclina y tiene así en esa gula de la nada que es su diván, es su cojín”; o los poemas "Salambona", "Amor que aguantas…" o "Retrato".&lt;br /&gt;	En el tercer tomo de su diario se relata, como se relata en los poemas escritos en Río de Janeiro, una historia de amor clandestino, por el que no quiere abandonar Brasil; se insinúa la culpable, pero no se atina a decir su nombre; ya en México, más compuesto, escribe varias historias que rezuman erotismo al mismo tiempo que gracia; varias están en &lt;i&gt;El licencioso&lt;/i&gt;, pero hay otras sueltas, como la cuñada de los Henríquez Ureña, como la mujer del fotógrafo por la que no se condenó Reyes, que hablan de su pasión por las mujeres, y sobre todo por el instinto sexual que despiertan en los hombres.&lt;br /&gt;	Muchas historias alrededor de Julio Torri se resumen en “Inicio de cursos”, de Guillermo Sheridan (en &lt;i&gt;Cartas de Copilco y otras postales&lt;/i&gt; y en &lt;i&gt;Lugar a dudas&lt;/i&gt;): “En la entrada a la facultad, Dante supervisa los tianguis de libros viejos, nuevos y robados. Gómez de la Serna muestra los mofletes; Torri aprovecha su sitio en el suelo para espiarle los calzones a las estudiantes…”; se sabe que su mítica biblioteca albergaba, además de numerosos incunables, primeras ediciones valiosísimas, muchos libros en donde se describía, o se dibujaba, los actos sexuales más audaces y arriesgados; en una carta enviada a Alfonso Reyes confiesa, él tan discreto, la relación con una &lt;i&gt;girl&lt;/i&gt;: “Hubo unos cursos de verano que fueron un completo éxito. Vinieron unas norteamericanas encantadoras… Adquirí una amistad preciosa, Miss Brown… alta y grácil como un joven elefante… Me ha dicho que desearía permanecer en México un poco más de tiempo para hacerme metodista. Ya sabe canciones mexicanas, que yo le repaso en el Ford, cuando la restituyo a su hotel por las noches (una amistad perfecta en que la malicia no encuentra pantorrillas que morder). Está llena de datos falsos sobre México y sobre los mexicanos, pero como está predestinada a no entendernos nunca, yo dejo seguir el automóvil y caer la lluvia. Gómez Robelo está enamorado de ella. Cuando no está ninguno de nosotros dos con ella, Ricardo y yo nos abrazamos y suspiramos. Ella nos es vagamente infiel a cada uno con el otro… Yo he adelantado mucho en inglés con ella”. Texto que contrasta con uno de sus escritos magistrales, “Mujeres”, en que resume la frase de Schopenhauer con que comienzo ésta: “Las mujeres asnas son la perdición de los hombres superiores”.&lt;br /&gt;	No son los únicos ateneístas poseídos por la pasión carnal. En la siguiente me detendré en varios de ellos, incluso no sospechosos de tales debilidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me estoy convirtiendo en un perfecto hipocondriaco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para que Ichiro Suzuki complete once temporadas con porcentaje superior a .300 y más de 200 hits, debe batear .925 en lo que resta de la temporada. Simplemente no es tan perfecto como parecía, y quedará muy lejos de las marcas de más campañas consecutivas arriba de .300;, al parecer, atrás de Cap Anson, Rod Carew, Ed Delahanty, Frank Frisch, Bill Hamilton, Harry Heilman, Roger Hornsby, Willie Keeler, Stan Musial, Ty Cobb, Al Simmons, Honus Wagner, Paul Waner y Ted Williams. &lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-6429891492153326641?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/6429891492153326641/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=6429891492153326641' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/6429891492153326641'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/6429891492153326641'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/08/alta-literatura-y-bajas-pasiones.html' title='Alta literatura y bajas pasiones'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-1390723423430588154</id><published>2011-08-22T08:18:00.000-07:00</published><updated>2011-08-22T13:18:51.104-07:00</updated><title type='text'>Placeres prohibidos</title><content type='html'>I&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era comida dominical, pero no exactamente barata; por lo regular se prefería comprar un pollo rostizado, al que en las panaderías donde los preparaban añadían rebanadas de papas, fritas en el jugo que soltaban los pollos, y añadían chiles serranos harto picosos.&lt;br /&gt;Más bien las tortas eran lo que se llevaba al recreo, porque no era necesario que se comieran calientes; incluso las de frijoles refritos aguantaban las dos horas y media entre el ingreso a clases y el recreo; lo malo es que no había muchas posibilidades de variaciones: frijoles, cajeta, leche condensada, queso supremo; las madres sádicas ponían nata a las tortas de los hijos. Las más sabrosas, las de leche condensada, ni modo, se escurrían y manchaban, pero todo lo compensaba el sabor; lo mismo sucedía con las de cajeta, aunque tantito menos. Para los que comemos lento, la media hora del recreo era insuficiente. Y comerlas a diario hacía aburrida la rutina.&lt;br /&gt;No fue sino hasta mediados de los años sesenta en que las redescubrí, gracias a la tortería que estaba fuera del entonces tranquilo paso de avenida Hidalgo a Balderas, donde ahora se encuentra una casa de la cultura dicen que apropiada pero no por agentes de la cultura, y muy cerca de la estación Hidalgo del Metro: Tortas Robles; no eran las más sanas, pero sí las más populares de los alumnos de las escuelas cercanas: la Vocacional 1, la Prepa 4, la Anexa, la Normal; extraordinariamente baratas, la variedad era poca, y con decir que las de queso de puerco eran las mejores se dice bastante más de lo que se debiera; costaban, en esa época, entre un peso y 1.50; lo mejor eran las fotografías de famosas y no famosas en lo que ahora se llama “upskirt”, o “descuido” en el español de Madrid: Liz Taylor bajando de un avión mientras el viento levantaba su vestido; una copia del negativo original de cuando Marilyn Monroe, en la ciudad de México, hizo patente que lo que mejor usaba en la intimidad era Chanel # 5; Brigitte Bardott al momento de cruzar la pierna; algunas actrices mexicanas traicionadas por los fotógrafos oportunistas; algunas que no sabían que el flash rojo servía para evidenciar las transparencias.&lt;br /&gt;En Ayuntamiento había un establecimiento, York se llamaba, donde preparaban tacos de pollo rostizado, y unas hamburguesas de mole que no anulaban las tortas de pierna adobada que provocaban entusiasmo en la clientela; y ya en los setenta, cerca de &lt;i&gt;Novedades&lt;/i&gt;, estaban unas renovadas Tortas Armando, herederas de las que consignaron Artemio de Valle-Arizpe y Salvador Novo cuando estaban en la calle del Espíritu Santo, ahora conocido como Filomeno Mata; en la planta baja se comían las tortas a pie, que es como se debe; en el piso superior, a unas mesas cuadradas y pequeñas, donde algunos réprobos pedían comida corrida que no igualaba (supongo; siempre seguí el consejo de Isaac Arriaga: comer lo más barato posible dentro de la dignidad; eso no incluye las comidas corridas) el sabor y la originalidad de las tortas Armando, cuya especialidad eran las de pierna adobada y las de milanesa, y que seguían, en la medida de lo posible, las recetas originales; a un par de calles estaban, y siguen estando, las tortas La Texcocana, pequeñas pero llenonas, y las más populares eran, en ciertas épocas, las de bacalao; un poco menos, las de queso de puerco (estigmatizadas por Germán Valdés y por Abel Quesada); las mejores eran y son las de carnitas; no menos de dos ni más de tres, y eso empujadas por Mundet roja, que ayudaba al desempance.&lt;br /&gt;No hay muchas que las remplacen; la sucursal La Texcocanita, en las afueras de la Zona Rosa, siempre tiene gente pero no siempre se acaban las de carnitas, aunque no se deba a la competencia cercana; hubo unas que en los noventa hicieron cimbrar las cercanías de Polanco y Anzures: las que estaban fuera de una cantina frente al Deportivo Chapultepec, con una variedad que hacía dudar a los clientes, porque casi todas eran buenas; cerca de Lomas de Sotelo, donde íbamos a reclamar el mal funcionamiento de los teléfonos, había (¿hay?) unos puestos siempre llenos donde tenían gran variedad de tortas, con nombres exóticos; su auge duró unos pocos años.&lt;br /&gt;Las teleras, dicho sea con propiedad, eran los panes adecuados para las tortas; los bolillos eran para acompañar la comida; apenas hace unos meses han reaparecido las teleras en las escasas panaderías y en los supermercados, pero tuvieron la ocurrencia de poner a la venta unas de tamaño muy pequeño, lo que sirvió para que en los merenderos hagan los molletes con las teleras pequeñas, y las cobran más caras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;II&lt;br /&gt;Los descubrí con mi amiga Mónica, allá por 1969, en las afueras de la Zona Rosa, por Nazas o Lerma, cerca de Chapultepec; eran unos tacos de cecina adobada bastante sabrosos; casi todos los días había que hacer una fila más o menos larga porque tenían mucha clientela; no eran caros ni muy llenones, pero sí sabrosos; cuando Mónica se fue a Tijuana dejé de ir a comerlos, y cuando los busqué ya habían desaparecido; también con ella comí otros, aunque menos veces, en Lerma pero cerca de Sena; los recuerdo con agrado, pero no de qué eran; tiendo a creer que también eran de cecina; en las cercanías del Metro Insurgentes, unos tacos al pastor hacían que se abarrotara la gente para tratar de comerlos; también duraron poco, como poco duraron los que estaban afuerita del Metro Allende, donde también los comí con Mónica, y después con Patricia Proal; es injusto que no hayan durado porque eran sabrosos.&lt;br /&gt;Los primeros tacos al pastor los comí, luego de salir de una cantina, con todos los Tlamatinis menos César Jurado Lima, quien no jalaba con nosotros ni a las cantinas ni a los tacos; estaban en 5 de Mayo o en 16 de Septiembre, y nos llevó Alejandro Rosales; estábamos hambrientos y nos acabamos los pocos que quedaban; saliendo de Los Tranvías o del Golfo de México había que ir a los tacos al pastor que estaban en Avenida Hidalgo, entre Libros Escogidos y el Teatro Hidalgo; los fanáticos de Jesús Luis Benítez deben envidiar las veces que fuimos él, Alejandro Aricieaga y yo, a rematar una tarde de discusiones menos literarias que relajientas; Aurelio González iba a la cantina, pero no a los tacos; en cambio, fuimos un par de veces a los tacos que estaban en Tacuba y Gante, donde ahora hay una taquería pomadosa, carísima y desabrida; se comía a pie pese a lo amplio del local.&lt;br /&gt;Hay que ser muy aventurero para arriesgarse con tacos de carnitas; los de El Grano de Oro son, la mayoría de las veces, excelentes; la última conversación literario-beisbolística completa, al lado de Gerardo de la Torre, Juan José Utrilla y Marco Pulido, la tuvimos allí, casi hasta que cerraron; en la sucursal de la Anáhuac han mejorado muchísimo; lo malo es que ya no tienen en la Del Valle el consomé de carnero extraordinario que sólo ofrecían sábados y domingos; no sé dónde conseguían Rosa Emma y Angélica unas carnitas memorables, con las que me agasajaban los domingos, pero creo que sólo las superaban, y eso por el consomé, las de El Tecuilito, hace más o menos 50 años.&lt;br /&gt;Con mi tío Enrique conocí unos tacos al pastor sobre Uruguay, cerca del Banco de Comercio, que era imposible dejar de comerlos.&lt;br /&gt;Con Arturo Valdés desahogábamos las penas con unos tacos de lengua más que aceptables, cerca del cine Soto, y otros, en una cantina en Fortuna y la Calzada de Guadalupe, que fueron insuficientes para paliar el hambre una vez que infringimos las normas de buena conducta no inscritas en ningún código, ni hubo refrescos que mitigaran la sed.&lt;br /&gt;También en Fortuna esquina con Unión íbamos a comer, primero, unos tacos al carbón, con las ganancias del dominó; duraron unos pocos años, y allí se pasó don Rafa, que antes estaba en un local mucho más pequeño, frente al cine Tepeyac, y sus tacos retaban a los de cualquiera otro sitio.&lt;br /&gt;Más tradicionales, los tacos de Beatriz; nunca he podido con los especiales, ni con los semidorados, pero en mis tiempos mejores, eran tres de carnitas y dos de barbacoa, además de un tarro grande de tepache.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;III&lt;br /&gt;Allí donde los intelectuales iban a hablar de cine y de literatura, en el Kiko's, yo los veía desde fuera mientras engullía unas hamburguesas deliciosas, en el mismo Kiko's pero en los mostradores de fuera del local; desaparecieron cuando desapareció la Librería del Caballito y se transformó, cuadras más adelante, en la Librería Del Sótano (no la actual El Sótano, tan cursi, tan poco librería); casi se les emparejaban las que estaban en Cuauhtémoc y Chihuahua, en un local pequeño; las hamburguesas tanto en Kiko's como éstas eran pequeñas, pero deliciosas, y muy tradicionales; ambas desaparecieron, como desaparecieron, hace como una década, las Heaven-Cielo en la calle de Oaxaca, de las primeras que se instalaron en México a finales de los cuarenta: cerca, sobre Insurgentes, entre Querétaro y Aguascalientes, un pequeño local ofrecía unas hamburguesas de las de antes de que deformaran nuestro gusto las extranjerizantes; además, ofrecían cerveza de raíz que se encontraba en pocos lugares, como el puesto de esquimos que estaba en la calzada de Guadalupe y a donde iba con Jesús Desachy, Humberto Huerta y Alfonso, después de las clases, a tomarnos un agua de sabores y a hablar de futbol con el dueño del local.&lt;br /&gt;En la tortería frente al Deportivo Chapultepec ofrecían unas hamburguesas muy comestibles, pero bajaron de categoría junto con las tortas.&lt;br /&gt;Y en La Luz, la original, mi padre me compraba unos sándwiches de carne tártara inolvidables; se sabe que las señoras de alcurnia cuando no les era dado entrar a las cantinas, mandaban a su chofer a que les llevara estos sándwiches, que comían en sus autos, calientes aún; y las hamburguesas de esa cantina superaban casi las de cualquiera otra cantina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;IV&lt;br /&gt;Marco Pulido aún recuerda cuando, en El Mortiro, primero me empaqué una fabada, luego una paella, unas costillas y luego un postre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;V&lt;br /&gt;Hace un par de semanas me llevé un chico sustote; la causa: alteración de la realidad, encontrarse con dos enemigos y un traidor, o una combinación de: a) los herederos de tortas Armando; b) un lomo en Coca-Cola; c) un arroz con mole y tacos de barbacoa y de carnitas; d) a falta de apetito, unos tacos de chicharrón, y e) unas hamburguesas en cerveza. La consecuencia es que debe pasar un buen rato antes de que pueda volver a comer algo de eso; por eso las remembranzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer domingo hubo cuatro blanqueadas; y frente al cada vez menos evidente dominio de Adrián González, muy buenas temporadas de Alfonso Salas, Jaime García, Giovanni Gallardo, Joakim Soria, esporádicas buenas salidas de Rodrigo López, y el resurgimiento de Alfredo Amézaga, no con el bat, sí con el guante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dèjá Lu cree que investigar es leer periódicos viejos; no lo es, pero tendría algún mérito que cuando menos eso hiciera; no, son sus negros los que le roban el placer de leerlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si las mujeres de hombros estrechos y caderas anchas no garantizan mayores placeres, ¿por qué son las más asediadas incluso por hombres inteligentes, mucho más que ellas (ejemplos sobran, pero para qué hablar mal de los amigos)? Schopenhauer no se lo pudo explicar. Queda como tema pendiente qué y cómo lo han sufrido los intelectuales mexicanos.&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-1390723423430588154?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/1390723423430588154/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=1390723423430588154' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/1390723423430588154'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/1390723423430588154'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/08/placeres-prohibidos.html' title='Placeres prohibidos'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-7078570042923332514</id><published>2011-08-09T09:46:00.000-07:00</published><updated>2011-08-09T09:46:36.877-07:00</updated><title type='text'>mira mira mira ciudá a la vista...</title><content type='html'>Por algo que nunca debió haber pasado, llevamos siete semanas visitando los alrededores de Ciudad Satélite; hacía mucho que no nos acercábamos, y menos desde el texto de José Joaquín Blanco acerca de ese centro comercial, no sé si el primero o segundo de esa magnitud, y en donde uno se perdía y se aburría, excepto en las escaleras eléctricas.&lt;br /&gt;	De no ser por eso, no había a qué ir; alguna vez a la dentista, otra vez a buscar un libro de Juan Goytisolo que me aseguraron estaba en la pequeña sucursal de Salvat; una que otra vez hicimos una buena acción, y compramos un aparato de sonido que conservamos. Zona árida y hecha para quienes tienen auto y paciencia, y valor. Nada tiene que ver con aquel anuncio en que, en una taza montada en un platito, que tripulaban dos extraterrestres bastante amigables, que conducía uno de ellos, absorto, y el otro, asombrado, le daba coscorrones al tiempo que pronunciaba “mira mira mira ciudá a la vista ciudá a la vista”; daban paso a fotografías fijas de lotes y creo que dibujos de algo que no existía pero que iba a existir: lotes baratos, escuelas, comercios, y un gran centro comercial. Para llegar, además de en platillos voladores, había que ir en auto por todo Ejército Nacional que entonces parecía más carretera que el estacionamiento móvil que es ahora. Y no es lo que prometían; por ejemplo, para encontrar una farmacia cercana a Circuito Economistas hay que cruzar un puente endeble para cruzar el Periférico (¿Anillo Periférico no es un pleonasmo que sólo sirve para alburear?) y, del otro lado, caminar como seis calles áridas y peligrosas; viaje redondo en auto, 15 minutos, si no se pierde el conductor.&lt;br /&gt;	Era a finales de los años cincuenta; la televisión aún no cumplía diez años en México, pero la publicidad era ingeniosa y divertida; se sabe que las agencias de publicidad (que no pagaban bien pero que eran más generosas que las oficinas gubernamentales o las redacciones de periódicos y revistas, y más o menos como las editoriales, con el inconveniente que para que los escritores pudieran trabajar en editoriales deberían dominar la ortografía y la redacción, y no siempre se les daba) empleaban a escritores y pintores para hacerse cargo de anuncios ingeniosos y eficaces.&lt;br /&gt;	Entre otros escritores redactores de publicidad estaban Álvaro Mutis, Francisco Cervantes, Raúl Renán, Gabriel García Márquez; muchos ilustradores, pintores, diseñadores, de planta o de free lance, acabalaban el gasto en esas agencias; uno de los escritores que colaboraron en agencias con mucha fortuna fue Salvador Novo, quien hacía cuartetas, octavas o de cualquier otra extensión especialmente para los sorteos extraordinarios de la Lotería Nacional (“qué feo es Mateo; feo, feo, feo”), y colaboró mucho para compañías de aviación, para cervecerías, y algunas otras empresas; no es suyo, sin embargo, uno memorable que le hemos achacado erróneamente, “siga los tres movimientos de Fab…”, creación de uno de los genios del género, don José Hernández, a quien conocí, así haya sido brevemente, por la generosidad de Miguel Capistrán; don José, amigo de los escritores del grupo de Los Contemporáneos, los invitó a todos a colaborar, como free lance, con él poniendo el ingenio no en creaciones literarias, sino en creatividad publicitaria; Capistrán debería de entregar una compilación de lo que hizo cada uno; sólo sé que a invitación de don José, Xavier Villaurrutia hizo un juego de palabras realmente ingenioso y que ha perdurado por más de siete décadas, porque es insuperable: “Mejor mejora Mejoral”.&lt;br /&gt;	No es por quejarme de la actualidad, pero da la impresión de que los copy (como se les llama en el argot interno) tienen más interés en hacer chistes que en promover los productos; y lo malo de los chistes es que a la tercera vez ya no son graciosos; o a veces son tan graciosos que nos fijamos en los chistes y no en los productos; no estoy para comparar, lo que quiero es hacer un recuento de algunos “anuncios”, como se les decía en los cincuenta y sesenta, que recuerdo como si apenas hubieran pasado 50 o 60 años.&lt;br /&gt;	El más memorable de todos, porque lo recuerdan incluso los que nunca lo vieron, fue el de la Cerveza Don Quijote (la que nadie recuerda), en la que un muñequito (o dibujo animado) conminaba, a medios chiles, a que bajara un amigo, de un edificio alto, a medianoche: “baja, es algo importante”; estaba de moda en 1957 cuando el temblor que tiró al Ángel de la Independencia, y muchos dijeron que el angelito se había caído porque lo conminaron a que bajara porque era algo importante (también, porque le cantaron “rock del angelito, baja ya, baja ya”).&lt;br /&gt;	El Sedán o Vochito simplemente era Volkswagen, y cada año sus publicistas se lucían con publicidad moderna, sugestiva, ingeniosa y no pocas veces divertida; tuvieron un desatino a principios de los setenta, cuando lo anunciaron como “el Gran Chico” y los albureros que nada perdonan lo chotearon; después fueron decayendo, y se centraron en lo visual; el más recordado fue el del que se quejaba porque su novia lo había cambiado por el propietario de un VW nuevo, y se conformaba con gritarle a lo lejos “Adiós Malena”.&lt;br /&gt;	En los setenta, a causa de lo ceñido de las faldas que revelaban los bordes de las pantarraf, inventaron unas mallas con pantaletas pintadas, en vez de; para conminar a las mujeres para que dejaran de incitar, el locutor proclamaba “Caramba, doña Leonor, cómo se le notan”, con resultados nefastos en reuniones, restaurantes, a las transeúntes a las que comenzaron a decirles “doña Leonor”; mal anuncio, pero memorable y que duró mucho más que el producto que promovía. No igual, pero relacionado, un anuncio gráfico: al lado de una figura femenina en calzones, y un hombre de mirada torva: "un día alguien los va a ver; ese día puede ser hoy", y conminaban a que usaran panties transparentes (así eran los 8 1/2 de Peter Pan). &lt;br /&gt;	Más atractivo era el que modelaba Silvia Pinal, en baby doll pequeñísimo; recién levantada de la cama se agachaba, para recoger quién sabe qué del suelo, y mostraba las portentosas piernas que ostentó mucho tiempo; anunciaba Teatrical de Nívea, que la mala pronunciación convirtió en “Nivea” (tenían razón: el nombre era malo, difícil para pronunciar).&lt;br /&gt;	El agua de Seltz, que ayudaba a disminuir las molestias gástricas, también propiciaba menos malestares provocados por la cruda, o resaca por nombre correcto pero espantoso (“resacoso” llegaba Bogart a filmar, dice uno de sus biógrafos, o mejor, su traductor); un producto, que no medicamento, era más efectivo si se echaban en un vaso de agua dos de esas tabletas efervescentes (ahora sustituidas por los Melox, de nombre tan alburero); y en una ocasión decidieron los vendedores que en vez de vender dos sobres, mejor un sobre con las dos pastillas en él, y adheridas: “son dos, se toman juntas”; la gente siguió comprando dos sobrecitos en vez de uno, por lo que pronto cesó su venta, la publicidad, pero no la muletilla.&lt;br /&gt;	Duró poco el producto, y el comercial televisado, pero la frase publicitaria perduró casi una década: un beisbolista se barría en la tercera base, sin tirar la corona que adornaba su testa; el ampáyer le preguntaba “¿Por qué fuma SM Su Majestad?” “Porque sabe mejor”, respondía; mucho parecido tuvo una posterior: “¿Por qué fumas Marlboro?” “Porque me gusta”, decía el locutor con tono de suficiencia. Nada parecido a la humildad de “Con filtro o sin filtro, pero que sea Raleigh” con que León Michel abría y cerraba el Estudio Raleigh con Pedro Vargas: “Esta noche quiero amarte como nunca, y besarte como nunca te besé”, cantaba Vargas, sin segundas intenciones.&lt;br /&gt;	Causó malestar entre los puristas la afirmación de “Nova renova el placer de fumar”, que promovía unos cigarros tan malos que tronaban, pero sin sabor específico; más berrinches hicieron los puristas con “Alturízate con Canadá”, unos zapatos con chicos taconzotes dizque para que los chaparros no pareciéramos tan chaparros. Igual de incorrecta fue una frase no tan impugnada para ropa que, aunque se mojara, no encogía: “Sanforízate con Sanforizado”; “es que no estaba sanforizado”, era la leyenda de un dibujo ¿de Abel Quezada? “en que uno de los personajes traía ropa que le quedaba chica y apretada. De Abel Quezada era el anuncio de Glostora, una brillantina que pegaba y hacía lustroso y grasoso el cabello… Después fue Wildrot, que tuvo el atrevimiento de poner a un modelo en una gasolinera a pedir “póngame aceite por favor” y le ponían un embudo en la cabeza para vaciarle aceite.&lt;br /&gt;	Imitaban a los Panchos los que cantaban “Me voy al pueblo a tomarme un Vergel”, un ron que tuvo mucho pegue en los años cincuenta y sesenta; éste era de un poeta elitista y hermético pero con gusto por lo popular; en los ochenta, en vez de ese anuncio ponían a Anthony Queen que afirmaba que era una buena bebida, porque el viejo lo decía; lo curioso es que ese anuncio en México era desmentido por las campañas antialcohólicas en Estados Unidos de las que no hacía caso Ronald Reagan, cuyo embajador en México promovió, antes, otra bebida alcohólica con la prueba del añejo; nada tenía que ver con las bebidas alcohólicas el hombre que traía chicos cuerotes en bikini: El que tiene Castillo lo tiene todo, que lo repetían los forofos de los Tigres cuando entraba a relevar Enrique Castillo. Una variante era “Quiero un castillo: vamos a tomarlo”.&lt;br /&gt;	En dibujos animados, unos tomates cantaban “estaban los tomatitos, muy contentitos, cuando llegó el verdugo a hacerlos jugo; no me importa la muerte, dicen a coro, si muero con decoro en los productos Del Fuerte”; en poco tiempo en las calles se cantaba “astaban las tamatatas, may cantantatas… esteben les tematetes, mey quententetes”, igual al juego de Yo te daré, te daré niña hermosa, te daré una cosa, una cosa que yo sólo sé, café, que Cabrera Infante recobra con todo y juego (ye te deré…) en &lt;i&gt;Tres Tristes Tigres&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;	O las gallinitas, vestidas de coquetas, bailando “vamos, vámonos con Campbells, para  que nos hagan rico consomé la la la la la la la la”, con música del Can Can de &lt;i&gt;Orfeo en los infiernos&lt;/i&gt; de Offenbach.&lt;br /&gt;	Una línea aérea, KLM, ponía a un ave aleteando cansadísima cuando veía pasar un avión, y sentado en las alas traseras a otra ave, rechoncha, bien peinada, fumando puro y con una copa en la mano; la última de las variantes es que le preguntaba el ave de a pie al ricachón: “Perdone, ¿dónde lo he visto?”. Respondía “Probablemente en televisión”. Otra ave, mucho más grande, menos presuntuosa y amable, respondía con sonrisa bonachona al que le preguntaba algo: “Sí, ¿qué pasa?”. Ese anuncio le dio más popularidad a Víctor Alcocer que cualquiera de sus muchas buenas actuaciones. “Señor Serfín, señor Serfín”, lo reconocían unas aves infantiles.&lt;br /&gt;	Y uno de los más populares, que sustituyó el clásico de Chano y Juana en la promoción de una sal de uvas, la Picot, y que llevaba muchos años, fue el de “Burbujita burbujita burbujita, de la sal de uvas Picot”, con el dibujo de una figura que se asemejaba a la Campanita del Peter Pan de Walt Disney.&lt;br /&gt;	Y otro célebre fue el de “Hasta que usé una Manchester me sentí a gusto”, del entonces de moda Mauricio Garcés, quien hizo muchos chistes, ninguno mejor que el que hace al comentar, cuando le avisan que llegó el fabricante de sus corbatas: “qué bueno, las que tengo ya me aprietan” (en otra película, donde la hace de modista para propasarse con sus clientas, afirma que sus diseños se los hace Cuevas y sus eslogans Monsiváis). (Los puristas clamaban: &lt;i&gt;Desde&lt;/i&gt; que usé una Manchester".) &lt;br /&gt;	Desde luego, hay muchos más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Chico sustote; en el dominó se afirma, cuando el compañero tapa la ruta claramente señalada por quien lleva la mano, que uno juega con dos enemigos y un traidor. Hagan de cuenta; la consecuencia fue una taquicardia que, acompañada de los resultados de cuatro días de comidas pesadas, hizo sonar la alarma; no fue nada, más que el chico sustote para todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Quién le echó la sal a Adrián González: Slim o Marco Antonio Pulido?; ambos estaban en el Fenway Park cuando lo dominaron los pitchers de los Yanquis. &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-7078570042923332514?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/7078570042923332514/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=7078570042923332514' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/7078570042923332514'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/7078570042923332514'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/08/mira-mira-mira-ciuda-la-vista.html' title='mira mira mira ciudá a la vista...'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-4886172587921794781</id><published>2011-08-01T16:13:00.000-07:00</published><updated>2011-08-01T16:13:31.118-07:00</updated><title type='text'>Mexicanas escupefuego</title><content type='html'>En sus ya muchas guías anuales de cine, Leonald Maltin hace una acotación curiosa que los exhibidores no han sabido aprovechar; cuando comenta &lt;i&gt;Drácula&lt;/i&gt;, dice que la versión en español, dirigida por George Melford, es casi tan buena como la célebre de Tod Browning (la de Bela Lugosi), hechas al mismo tiempo (para los públicos “hispánicos”, que no tenían tiempo para leer los letreritos, o eran analfabetas), pero con el atractivo de que estaba filmada por la noche, con una atmósfera más adecuada para la trama, y con actrices mucho más sensuales que las gringas: es decir, Lupita Tovar y Carmen Guerrero eran más bellas y vestían más provocadoras que Helen Chanderfl y Frances Dade.&lt;br /&gt; Poco después Guerrero y Tovar desquiciaban en los estudios a los gringos que, puestos a comparar, preferían a las mexicanas, a las que solían asestar el sobrenombre de “escupefuego”, hasta que se le quedó para siempre a Lupe Vélez. (Más recientemente también se lo adjudicaron a Linda Christian, mexicana agringada, y eso que no la hizo su hermana Ariadna Welter. Pero las mexicanas se ligaron a actores célebres y fueron “el amor de su vida” cuando menos unos buenos años.) &lt;br /&gt; (Reginald Horsman, en &lt;i&gt;La raza y el Destino Manifiesto&lt;/i&gt; –FCE—, comenta que en los años cuarenta del siglo XIX los expansionistas gringos no veían la hora de invadir México, extinguir a los mexicanos flojos, poco aptos intelectualmente, sumisos y nada dados a la rebeldía; a los sobrevivientes tenerlos por esclavos eficaces y obedientes; pero los observadores repararon en que las mexicanas eran bellas, coquetas, vestían menos tapadas que las cuáqueras, y con ojos de papel volando; “el viajero anglosajón queda no poco sorprendido ante la apariencia de Eva y los escasos ropajes de las mujeres mexicanas… las formas del bello sexo [tienen] una redondez, una plenitud que la severidad de los lazos apretados nunca permite a sus partidarias… son criaturas alegres, sociables, bondadosas casi universalmente, liberales hasta la exageración, fácil y naturalmente graciosas en sus modales… Las damas presentan un sorprendente contraste con sus paisanos en su carácter general aparte de la moral”.)&lt;br /&gt; No pocas mexicanas han causado alboroto en Hollywood, no tanto por su habilidad histriónica sino por las bajas pasiones que despiertan en los espectadores, y en la vida real, ante la belleza fría, inalterable de las estadounidenses. Dolores del Río causó un impacto general, y tuvo el privilegio de bailar con Fred Astaire antes que Ginger Rogers, y se habla de las fiestas en donde los invitados literalmente enloquecían al verla bailar encima de una mesa, despojada de inhibiciones y dicen que de ropa; excepto &lt;i&gt;Volando a Río&lt;/i&gt;, y luego ya muy madurita como mamá de Elvis Presley o como india (dirigida por John Ford en una de sus últimas cintas), no hay película que destaque más que por llevarla como protagonista. Bueno, &lt;i&gt;Journey to Fear&lt;/i&gt;, donde alterna, es un decir, con Orson Welles, quien tuvo para ella un elogio muy poco repetible en público, pues opinaba que nadie usaba como Del Río la ropa íntima con tanta elegancia. Welles estuvo enamorado de ella, como de otras muchas mujeres bellas, como Rita Hayworth, mexicana, casi, nacida en Chihuahua y que también enloqueció a varias celebridades, sobre todo a Welles, con quien casó, tuvo una hija y se divorció, dejándolo turulato por algún tiempo; a ella le dedica una de las frases cumbres del cine, “Maybe I’ll live so long that I’ll forget her. Maybe I’ll die trying” (&lt;i&gt;La dama de Shangai&lt;/i&gt;); en tiempos de la Segunda Guerra Mundial , dicen los memoriosos, su foto era la segunda favorita de los soldados en el frente (y ya sabemos para qué servían esos posters); fue en sus tiempos, y aun ahora, considerada una de las actrices más sensuales, al mismo tiempo que buena actriz; es de las pocas que tuvo el privilegio de bailar tanto con Fred Astaire como con Gene Kelly; fue la primera actriz que se convirtió en princesa, antes que Grace Kelly, y recuerdan que encabeza el reparto en cuando menos cinco de los filmes considerados clásicos de todos los tiempos. Castaña convertida en pelirroja gracias a los tintes para el cabello, consideraba que era una buena persona, pero con la de malas de que le gustaba a los malditillos, niños rebeldes, gandallas de Hollywood; durante mucho tiempo era un orgullo para los mexicanos saberse paisanos de Rita Hayworth, &lt;i&gt;né&lt;/i&gt; Margarita Cansino, y a quien Ava Gardner rindió homenaje público.&lt;br /&gt; Begoña Palacios sabía bailar, y en los bailes enseñaba pierna cuidando de no exponer las pantarraf; debutó al lado de Pedro Infante en &lt;i&gt;El mil amores&lt;/i&gt; sin que se notara lo bella que iba a ser; en la mayoría de sus primeras cintas aparecía como bailarina; en una, totalmente olvidable, le bajó el novio a Angélica María sin mostrar ni arrepentimiento ni nada, y a Enrique Guzmán lo dejó chiflando en la loma; pero al ver los bailes que enmarcaban las canciones que él “interpretaba”, uno entiende por qué pasó lo que pasó; no fue buena actriz; son memorables las escenas donde, interpretando a una sirvienta, camina con la elegancia de las modelos, cosa que no hacían las protagonistas principales; pero enloqueció a Sam Peckinpah, uno de los directores de culto del western de la tercera época; al verla en las cintas, donde no mostraba talento más que bailando, uno se pregunta qué le vio Peckinpah, y luego uno ve ciertas escenas y ve lo que le vio. Fue memorable un comercial que hizo en los años sesenta al promover V8, un jugo de frutas enlatado: “Guau, esto no sabe a jugo de tomate”, con tal cachondería (en el sentido mexicano de la palabra, no en el español, con significado insulso) que fue parodiado, imitado, y por fortuna no lo censuraron, pero seguramente porque los censores tenían jugo de tomate en vez de sangre en las venas. Se entiende que Peckinpah la haya preferido por sobre otras actrices con las que trabajó (Susan George, Stella Stevens, Ali McGraw, Senta Berger, Rita Coolidge).&lt;br /&gt; Poco hay que agregar a lo que escribió Gabriel Ramírez sobre Lupe Vélez en su libro homenaje a si no la primera “escupefuego”, sí la más célebre, con una filmografía en la que nada sobresale, excepto su presencia, que alborotaba a actores y público con sus escenas candentes, llenos de una sexualidad primitiva que encendían el set; Johnny Weissmuller casó con ella, vivieron etapas intensas de amor y desesperación, se separaron, y no pudieron olvidarse mutuamente, por ambos motivos; dice Ramírez que Gary Cooper fue el amor de su vida, pero dicen que él no quiso casar con ella; a su suicidio, o muerte por vómito, estaba embarazada de un actor secundario; su muerte trágica empaña los escándalos que causaba donde se presentaba, desde sus apariciones en teatro rivalizando con Lupe Rivas Cacho y Celia Montalbán, sus peleas con ellas (se dice que Celestino Gorostiza fue de los primeros admiradores ardientes que tuvo Vélez), una escena picaresca con Oliver Hardy, una escena ambigua con Laurel y Hardy en una cinta donde los tres eran invitados, y la conmoción que causaba apenas aparecía en la pantalla; si bien su carrera fue decayendo, es célebre que era una dinamita que necesitaba pocas chispas para estallar.&lt;br /&gt; Katy Jurado perturbó a Pedro Armendáriz en &lt;i&gt;El Bruto&lt;/i&gt;, pero también a Gary Cooper en &lt;i&gt;High Noon&lt;/i&gt;; si éste termina quedándose con Grace Kelly es a fuerza de voluntad, porque en realidad tenía más tendencia que una carreta jalada por bueyes, a ser jalado por Jurado, sensual, agresiva, mandona, y haciéndole recordar cuando retozaban. Jurado, espléndida como actriz, también había vencido a &lt;i&gt;La Romántica&lt;/i&gt;, pero se la cede a Pepe, porque sabe que con ella no va a ser feliz; Jurado fue candidata a un Oscar como mejor actriz de reparto, y mucho me temo que no se lo hayan dado porque hubiera sido un premio a la sensualidad frente a la belleza fría de Kelly, políticamente correcta. Jurado iba y venía de Hollywood, y aunque el tipo de su belleza era ruda, primitiva, imponía su presencia de “india brava”; Ernest Borgnine, su primer marido, la apodaba &lt;i&gt;Bullito&lt;/i&gt;, o sea un pequeño toro, y opinaba que era una belleza, pero también una tigresa; filmó al lado de Marlon Brando, John Wayne y otros; alguna vez (estos últimos datos los aportan los de IMdb) Frank Sinatra le hizo proposiciones poco menos que indecorosas y ella lo tranquilizó diciéndole “amigos, sólo amigos”, como Carmen Molina a Pedro Infante en &lt;i&gt;No desearás la mujer de tu hijo&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt; Salma Hayek fue la segunda mexicana nominada para un Oscar, que merecidamente no se llevó; parece ser digna sucesora de Lupe Vélez, tanto por las pasiones que desata como por la carrera sin muchas películas dignas, ni por ser de estatura elevada (mide 1.57; Vélez medía 1.52; Hayworth, en sus mejores épocas, medía 36-25-36), pero será recordada por una escena de &lt;i&gt;Wild Wild West&lt;/i&gt;, donde deja ver su “butt crack” y deja turbados y tartamudos a Kevin Kline y a Will Smith; Lupe Vélez no necesitó mostrar tanto para provocar la misma reacción. Igualmente atractiva resultó Salma para Penélope Cruz, quien le hizo una caricia atrevida en plena calle, fotografiada por muchos fotógrafos al acecho de cualquier travesura de alguna de las dos. Parece que después de eso Salma tomó distancia de Cruz. Es de las actrices favoritas de Tarantino, a saber por qué. Tiene algunos títulos no menospreciables, pero más por la trama (&lt;i&gt;Mariachi&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;After the Sunset&lt;/i&gt; –ésta, por las escenas candentes con Pierce Brosnan).&lt;br /&gt; Carmen Guerrero fue pareja, o compañera, de Charly Chase en varios cortos, y es memorable su aparición como la esposa de &lt;i&gt;El compadre Mendoza&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt; Lupita Tovar, nuestra segunda &lt;i&gt;Santa&lt;/i&gt;, tuvo una carrera discreta pero no menospreciable; para los anales del cine será recordada tanto por su belleza como por ser madre del productor Pancho Kohner, y de Susan Kohner, dirigida por John Huston en &lt;i&gt;Freud&lt;/i&gt;, y por la nominación al Oscar por la segunda versión de &lt;i&gt;Imitation of Life&lt;/i&gt;. Quienes eran fanáticos de &lt;i&gt;Ruta 66&lt;/i&gt; la habrán visto en cuando menos un capítulo de la serie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguiremos informando (muchos de estos datos los obtuve de Roberto Sosa, quien me apabulla con sus conocimientos de cine, en respuesta de que siempre le gano en conocimientos de beisbol. Otros datos, igual de importantes, son de Marco Pulido. Las fotografías de Lupe Vélez con Oliver Hardy, y con Stan Laurel y Oliver Hardy, en complicidad con Marco Antonio Campos).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que dice Schopenhauer que los hombres se la pasan buscando mujeres de hombros estrechos y caderas anchas, de facciones finas líneas y cuerpo exuberante, pensando que esos solos atributos le proporcionarán más placer que otras menos agraciadas. Y que eso no es cierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Ichiro Suzuki dio el viejazo? Hasta la noche del domingo 31 de julio llevaba 118 hits en la campaña, para un cálculo aproximado de 180 imparables para la temporada; de ser así, quedaría con menos de 200 hits por primera vez en su carrera de Ligas Mayores; tiene porcentaje de .267, muy por debajo de su promedio en Grandes Ligas de .327, y su slugging anda por los suelos; 38 años no son muchos, pero no son pocos para un pelotero; es la edad en que comienzan a endurecerse los huesos; lo mismo está pasando con Albert Pujols, supuestamente sucesor de Stan Musial, quien fue excelente bateador hasta los 44 años. Claro, puede que sean malas rachas; en los últimos diez juegos Suzuki ha bateado para .333, pero no ha sido suficiente para alcanzar sus números de siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahi la llevamos, mucho mejor que antes; y en el otro aspecto aparte del médico, también ahi la llevamos gracias a Carlos Ramírez. Seguiremos informando&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-lmrJLzWVqU4/Tjcy2usEVUI/AAAAAAAAAIo/VChVqpJ06bA/s1600/lupe1%2B001.jpg" imageanchor="1" style="clear:left; float:left;margin-right:1em; margin-bottom:1em"&gt;&lt;img border="0" height="226" width="320" src="http://4.bp.blogspot.com/-lmrJLzWVqU4/Tjcy2usEVUI/AAAAAAAAAIo/VChVqpJ06bA/s320/lupe1%2B001.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-SchCVijWCAo/TjczDe8QkPI/AAAAAAAAAIw/uryymoiNatM/s1600/lupe2%2B001.jpg" imageanchor="1" style="margin-left:1em; margin-right:1em"&gt;&lt;img border="0" height="226" width="320" src="http://3.bp.blogspot.com/-SchCVijWCAo/TjczDe8QkPI/AAAAAAAAAIw/uryymoiNatM/s320/lupe2%2B001.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-4886172587921794781?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/4886172587921794781/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=4886172587921794781' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/4886172587921794781'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/4886172587921794781'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/08/mexicanas-escupefuego.html' title='Mexicanas escupefuego'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-lmrJLzWVqU4/Tjcy2usEVUI/AAAAAAAAAIo/VChVqpJ06bA/s72-c/lupe1%2B001.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-503731306690539067</id><published>2011-07-25T19:40:00.000-07:00</published><updated>2011-07-25T19:40:51.782-07:00</updated><title type='text'>De piernas y de pudorosas</title><content type='html'>Me molestan los mimos; los que andan por Coyoacán e imitan a los transeúntes son los peores porque se burlan de la gente sin que nadie los provoque; tienen rutinas aburridas y repetitivas. Por influencia de Alexandro (Jodorowski; antes bastaba con el nombre) se admiraba a Marcel Marceu, al que se catalogaba como el  mejor mimo del mundo; Mel Brooks le rinde homenaje en una película en la que el único que pronuncia una palabra es él. Pero por asociación de ideas, al escuchar su nombre, uno recuerda a Sophie Marceu, una de las actrices más bellas, desinhibidas, solventes (adjetivo que le gustaba a Emilio García Riera), y que ha sido generosa tanto con buenas actuaciones como al mostrar su belleza en plenitud, en películas y en presentaciones; es la única que ha protagonizado un desnudo en alguna de las ya demasiadas cintas de James Bond, y opaca hasta a Denisse Richardson.&lt;br /&gt; En &lt;i&gt;Marquise&lt;/i&gt;, curiosamente, no hace ningún desnudo; curiosamente, digo, porque el papel que interpreta es el de una actriz que en la Francia del siglo XVIII gana celebridad ejecutando una machincuepa; en la cinta se ve cómo la hace, pero no completa; y la celebridad es justa porque hay que recordar que en ese siglo aún no se inventaba la ropa íntima femenina, no al menos como la conocemos ahora; muchas faldas, crinolinas, camisas, pero no pantaloncitos.&lt;br /&gt; En México hubo una antecedente del personaje, que se insinúa verídico, interpretado por Sophie Marceau; lo consignan varios autores que recogen leyendas y tradiciones de México, sobre todo en la Colonia, no todos con la picardía de Artemio de Valle-Arizpe.&lt;br /&gt; El chiste de las que hacían machincuepas estaba en que eran muy bellas, tanto la francesa, que no por nada iba a verla el mismo rey de Francia (según la película) como la que en México debió hacerla para recibir la herencia de su tío. Pero no sólo se trataba de la belleza, sino de que muchos que las contemplaron fue la única mujer a quienes vieron desnuda en toda su vida; incluso los casados y con muchos hijos nunca contemplaron la belleza de la esposa, por raro que hoy nos parezca.&lt;br /&gt; La publicidad anunció hace poco que veríamos a Gloria Trevi como nunca antes la hemos visto, y uno piensa entonces que aparecerá vestida; lo mismo puede decirse de otras actrices muy bellas pero que no lo han pensado para actuar muy desnudas, como Nastasja Kinsky, a quien sus familiares llaman cariñosamente &lt;i&gt;Nasty&lt;/i&gt;, y quien se ha desnudado con gran naturalidad. En México, en una rara combinación de talento, belleza y mucha desinhibición, Blanca Guerra ha aparecido muy hermosa tanto vestida como sin ropa, en buenas y en muy malas películas.&lt;br /&gt;Uno de los libros, lamentablemente agotados y que sólo abarcó un número limitado de reseñas, La &lt;i&gt;guía del cine mexicano. De la pantalla grande a la televisión&lt;/i&gt;, de García Riera y Fernando Macotela, semejante a las guías de Leonard  Maltin, tiene la característica de anunciar que ciertas películas no se exhibirían, al menos íntegras, por televisión, por las actrices desnudas; pero los comentarios son pícaros y cómplices; en &lt;i&gt;El hombre de los hongos&lt;/i&gt;, por ejemplo, dicen que “Isela Vega, Ofelia Medina y la pantera aparecen desnudas”. Lástima que no vio García Riera cómo ya no cortan las escenas antes prohibidas, con desnudos integrales, y ahora se ve que no muy justificados.&lt;br /&gt; Pero no siempre son los desnudos el atractivo de ciertas películas; más bien llaman la atención algunas cintas donde actrices por lo regular recatadas muestran un escote, o enseñan las piernas, apenas unos segundos, y uno lamenta que no hayan sido más generosas.&lt;br /&gt; En &lt;i&gt;El baño de Afrodita&lt;/i&gt;, la muy pudorosa Rosario Granados, que en muchas cintas exagera de melodramática (la viuda recatada enamorada de Pedro Infante; la bella pero anodina enamorada de Jorge Negrete), hace un papel más divertido que el de la estrella del reparto, el argentino Luis Sandrini, quien no hacía reír mucho; él, en el jardín de un manicomio, camina con un cigarrillo en los labios; saca un cerillo, y lo frota en una estatua; aunque lo enciende, se le apaga rápido; frota otro, y lo enciende, en los glúteos de Granados, vestida como diosa griega, e inmóvil en medio del  jardín; comienzan a caminar juntos, y al poco, ella abre la bata y le muestra unas piernas asombrosamente frondosas y bien formadas, de argentina de antes de las más recientes crisis. No he visto todas sus cintas, pero sí las principales, y en ninguna de ellas enseñó las piernas, realmente bellas.&lt;br /&gt; No hay que pensar mucho para recordar qué otras actrices fueron parcas mostrando su cuerpo, aunque fueran bastante bellas como para sentirse orgullosas de él; en &lt;i&gt;La venenosa&lt;/i&gt;, Gloria Marín aparece en traje de trapecista, mostrando las piernas, y al subir al trapecio, José María Linares Rivas desde abajo la contempla perturbado, más que eso, con toda razón; en otra escena, muy curiosa, también muestra los muslos: canta y baila “El apagón”, de Esperón y Cortázar, en &lt;i&gt;¡Qué hombre tan simpático!&lt;/i&gt; (exhiben con frecuencia la cinta en Cablevisión, pero también está la escena disponible en youtube; no así, por desgracia, la escena de &lt;i&gt;La venenosa&lt;/i&gt;); el vestido, largo y holgado, tiene una abertura que muestra la pierna derecha de Marín, muy exuberante; dura pocos segundos pero ayuda a entender que Negrete, Hugo del Carril y Abel Salazar se enamoraran de ella; en &lt;i&gt;El caso de una mujer asesinadita&lt;/i&gt; también nuestra un poco de pierna, tirada en el suelo, pero apenas un poco más de la rodilla; Lilia Michel, quien usaba faldas muy justas y suéteres muy apretados para recalcar su belleza, baila un swing en &lt;i&gt;Sí, mi vida&lt;/i&gt;, y al girar con rapidez enseña unos muslos que desmentían sus papeles de ñoña; y es una lástima que no haya sacado más provecho de sus piernas para completar su gesto de picardía. Muestra las piernas en &lt;i&gt;Un beso en la noche&lt;/i&gt;, al bailar swing junto a sus supuestas hermanas Mapy Cortés y Virginia Manzano; Cortés fue muy generosa en muchas de sus cintas, aunque siempre hacía un gesto como de turbación, durante un segundo, como para hacer énfasis en que le habíamos visto las piernas, y luego proseguía su baile; en esa cinta Michel tenía 19 años y piernas como de 25; más atrevida fue Manzano, quien en un giro muestra las pantaletas apenas una fracción de segundo; me temo que sea ésa la única cinta donde se atrevió a tanto.&lt;br /&gt; Amparo Rivelles, de tan solemne y cursi aburría hasta en las telenovelas; por eso asombró el desnudo que hizo, ya mayorcita, en &lt;i&gt;Presagio&lt;/i&gt;; menos espasmos causó Carmen Montejo en la misma película, pero también fue su único desnudo, aunque en más de una ocasión, en traje de baño, enseñó las piernas.&lt;br /&gt; María Félix, en &lt;i&gt;María Eugenia&lt;/i&gt;, su segunda cinta, aparece en traje de baño, pero sentada, y disimula lo delgado de sus piernas; en &lt;i&gt;Enamorada&lt;/i&gt; se levanta la falda para que Pedro Armendáriz le vea el chamorro, pero apenas a la rodilla; sin embargo, ya muy mayor, en &lt;i&gt;Safo 63&lt;/i&gt;, muestra por qué no había enseñado los pechos, con tantas oportunidades que tuvo, para el cine mundial.&lt;br /&gt; Marga López ha presumido de actriz, pero le ha costado trabajo con las comedias; en dos de ellas fue generosa mostrando las piernas: en &lt;i&gt;El niño perdido&lt;/i&gt; se asoma a una escalera, con la bata abierta, lo que provoca una de las frases inusitadas de Germán Valdés: “¡Qué puerta! Digo, ¡Qué piernas!” (dar puerta era, antes, incitar sexualmente la mujer a un hombre, sobre todo si no tenía una relación seria con él; en el &lt;i&gt;Diccionario de Mexicanismos&lt;/i&gt; de la Academia Mexicana de la Lengua ignoran esta definición; en cambio afirman que puerta es un ”portón rústico hecho con dos postes verticales separados a cierta distancia uno del otro, que tienen una serie de agujeros por los cuales se deslizan horizontalmente unos palos con los que se abre o cierra el paso”. Voooy, como diría la &lt;i&gt;Tucita&lt;/i&gt;). Eso fue a principios de su carrera en México; algunos años después aparece nadando supuestamente desnuda con Pedro Infante en una de las cintas más cursis que hayan filmado ambos, juntos o separados: &lt;i&gt;La tercera palabra&lt;/i&gt;; muestra las piernas por unos segundos, tan pocos que no se puede decir si eran o no bellas; la tercera ocasión fue en &lt;i&gt;Los fantasmas burlones&lt;/i&gt;, donde al final Manuel y Germán Valdés bailan con ella "Azul pintado de azul" en diferentes ritmos, incluido un twist; pero al simular que están en Francia bailan un remedo de can-can, durante el cual ella, de espaldas a la cámara, se levanta el vestido mostrando por única vez unas pantaletas; tampoco es muy excitante que digamos; al pensar en esas escenas uno recuerda la frase de Juan Marsé sobre Barbra Streissand: “a pesar de que ha mostrado mucho las piernas, nada sabemos de ellas”.&lt;br /&gt; Participante en muchísimas películas desde muy niña, Angélica María no mostraba las piernas; al verla caminar en &lt;i&gt;Los signos del Zodíaco&lt;/i&gt; se podría darle la razón: gruesas, rectas, sin pantorrillas, sin formas; sus admiradores preferían olvidar la escena en que aparece en traje de baño en una cinta de Juan Orol, en una playa artificial que, como recordaba García Riera, las olas, que eran más bien espuma de detergente, se negaban a alejarse como las de verdad; pero cayó en manos de José Agustín, y anduvo de hot pants y minifalda en &lt;i&gt;Cinco de chocolate y uno de fresa&lt;/i&gt;; en una escena rueda en el pasto con Fernando Luján, luego de platicar en una banca; en ambas escenas se ven sus pantaletas blancas; vuelve a mostrarlas cuando trepa el muro del convento donde vive con otra personalidad; García Riera exclama que en esa película se ve muy linda; en &lt;i&gt;Alguien nos quiere matar&lt;/i&gt; no es pródiga en esas escenas, pero se sube a un árbol, y desde abajo Carlos Bracho la espía con el mismo gesto que José María Linares Rivas ve a Gloria Marín; en &lt;i&gt;Ya sé quién eres (te he estado observando)&lt;/i&gt;, en su luna de miel, se asoma a un balcón vestida con la camisa de la pijama de Octavio Galindo, para placer de un huésped del hotel que ve complacido sus muslos contundentes; minutos después, en un faje poco erótico, vuelve a mostrar las piernas muy desnudas, en varias posiciones; finalmente, en &lt;i&gt;La verdadera vocación de Magdalena&lt;/i&gt;, en una escena que suprimen en su paso por la televisión, Javier Martín del Campo aprovecha que está dormida y le baja cuidadosamente el pantalón de la pijama; se alcanzaban a ver las pantaletas y algo de muslos muy redondos, cuando irrumpe Carmen Montejo; al final de la película, vestida de cantante de rock, se levanta el vestido para provocar a su marido, y lo que logra es excitar a todos los miembros (perdón) del conjunto de rock que la acompaña supuestamente en Avándaro.&lt;br /&gt; Como acotación, pocos años después, interpretó a una azafata en una telenovela, &lt;i&gt;Ana del aire&lt;/i&gt;; dos de sus compañeras eran Susana Dosamantes y Lupita D’alessio; aunque las tres usaban minifalda, era D’alessio la que dejaba ver las pantaletas al sentarse de frente a la cámara, sin taparse. Memorables escenas, pero no por lo erótico.&lt;br /&gt; Rival de Angélica María en muchos aspectos, Julissa en cambio daba vueltas violentas en algunas canciones; le gustaba usar ropa interior negra, más notoria cuando las películas no eran en color; en más de una cinta se desnudó.&lt;br /&gt; María Elena Marqués tenía piernas muy bien formadas, pero se las regateó al espectador excepto en dos cintas: &lt;i&gt;Doña Bárbara&lt;/i&gt;, en donde interpreta a la hija de María Félix, y es medio salvaje, por lo que no se cuida cuando ocasionalmente se le sube la falda, provocando miradas pecaminosas en los actores que la acompañaban en esas escenas; también muchos años después, en &lt;i&gt;Las manzanas de Dorotea&lt;/i&gt;, en una escena aislada, simula ser una nativa salvaje y por ello libre de mostrar las piernas en un traje de baño como de los Picapiedra; si la escena es mala, burda, no lo son sus piernas.&lt;br /&gt; La venezolana (sin acento en la pronunciación) Rosita Arenas no tenía la costumbre de subirse la falda, aunque lo hizo en &lt;i&gt;Vístete Cristina&lt;/i&gt;, excitando a un fácilmente excitable Andy Russel; en &lt;i&gt;El bruto&lt;/i&gt;, sin mostrar más que las rodillas, perturba a Pedro Armendáriz, a Luis Buñuel y al espectador; finalmente, en &lt;i&gt;Al compás del Rock and Roll&lt;/i&gt;, sale bailando swing creyendo que es rock, con una especie de traje de baño; a su lado están Martha Roth, un poco más atrevida, y Leonor Llausás, quien ya había tenido experiencias con las piernas al aire en &lt;i&gt;Ensayo de un crimen&lt;/i&gt;. Más curiosa es una escena de &lt;i&gt;Los chiflados del Rock and Roll&lt;/i&gt;, donde muy vestida, canta "No volveré", llorando porque cree a Luis Aguilar enamorado de otra; pero las lágrimas no se mueven ni un milímetro, están congeladas.&lt;br /&gt; Pero el recuento apenas comienza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El &lt;i&gt;Diccionario de mexicanismos&lt;/i&gt; de la Academia tampoco incluye “retratar” en su léxico; alguna que otra recopilación incluye “retrato” como sinónimo de un golpe en la cara; pero el más auténtico lo desconocen Guido Gómez de Silva, Manjarrez y Mejía Prieto, entre otros; “retratar” se dice, o se decía cuando las faldas eran otras, así como las costumbres, del momento en que una mujer se agachaba y mostraba el trasero a uno o varios hombres; no era necesario que se le vieran las pantys, sólo que se dibujaran los glúteos en una falda muy justa (no tenía chiste con las faldas amplias); en los sesenta, con la minifalda y las mallas, mostraban más. Tenía especial significado cuando era consciente de que la estaban observando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con frecuencia mensual o bimestral, íbamos Tito Monterroso y yo a La Ópera, a eso del mediodía; nos tomábamos dos o tres cervezas y picábamos botana, o comíamos unas quesadillas, picosísimas en esa cantina; nos salíamos alrededor de las cinco de la tarde; se despedía diciendo que era una sensación muy placentera estar “a media tarde a medios chiles”; medios chiles, dice el &lt;i&gt;Diccionario de Mexicanismos&lt;/i&gt; de doña Concepción Company, se refiere a algo inconcluso, no estar a medio tono; no es lo mismo “media estocada”, que es estar casi borracho; sólo en la segunda acepción de “a medios chiles” es estar ligeramente borracho, lo que es inexacto; la doctora Company debería probar lo que es estar a medios chiles. Las otras dos acepciones son inaceptables. “Estocada” tampoco viene en el dicho diccionario. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sábado hubo, después de muchos días, una jornada sin blanqueadas en las Ligas Mayores, pero ocho juegos terminaron por diferencia de dos o menos carreras. Algo inusitado; a principios de campaña hubo una batalla en los estacionamientos del parque de los Dodgers, donde golpearon hasta dejar inconsciente y con secuelas a un forofo de los Gigantes; hace unos días los atraparon y serán juzgados; siempre se presumió de lo pacíficos que son los parques de beisbol, donde la pasión no conduce a la violencia. Ha comenzado a aparecer; mucho me temo que sea consecuencia de la necedad de llenar estadios con ignorantes de ese deporte, a los que llevaban con la supuesta emoción del jonrón. Ahi se lo haigan; si no los contienen, si no revierten esa tendencia, en poco tiempo serán tan inseguros y violentos como en los estadios de futbol.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-503731306690539067?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/503731306690539067/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=503731306690539067' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/503731306690539067'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/503731306690539067'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/07/de-piernas-y-de-pudorosas.html' title='De piernas y de pudorosas'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-5567249349791207897</id><published>2011-07-19T09:56:00.000-07:00</published><updated>2011-07-19T09:56:34.341-07:00</updated><title type='text'>Palabra de mujer (más de refraneros misóginos)</title><content type='html'>La lectura del reciente libro de Susana Corcuera, &lt;i&gt;De pícaros y malqueridos&lt;/i&gt;, reafirma la idea de que la mujer es un instrumento del Diablo que sirve para desencaminar al hombre y llevarlo a la perdición; durante una época la iglesia la persiguió, la acusó de usar artilugios para perder al hombre, y ponían como ejemplo a Eva haciendo comer higos (o fruto prohibido) con la tentación de que adquirían sabiduría y una mayor independencia, además de la reproducción y placer en sus intentos.&lt;br /&gt; La picaresca abunda en poemas en los que la mujer tiende trampas, y también que permite que le tiendan otras, todas en persecución del placer carnal; no disimula la participación de clérigos que, aprovechando la ocasión, abusan de las fieles que acuden en busca de consejo; pero como ya dije, será ocasión de otro escrito más detallado.&lt;br /&gt; Los refranes, que apuntan Ángeles Sánchez Bringas y Pilar Vallés en su condensado&lt;i&gt; La que de amarillo se viste&lt;/i&gt;, aspiran a decir una verdad, y que sirva de consejo o de aviso o de consuelo de aquel que ha cedido a la tentación, ha caído en una trampa, o sufre por ello; muchos dan a entender que no hay mujeres inocentes, que desde chicas saben qué hay que hacer para conquistar a los hombres, y mientras a más, mejor; y como se pensaba que un hombre era más hombre mientras más mujeres tuviera, y podría presumirlas, sino en nombre sí en número, la mujer en cambio si pasaba de uno en sus redes ya era considerada fácil, promiscua, o cuando menos débil.&lt;br /&gt; Abundan los chistes en los que se habla de las jóvenes incapaces de resistir asedios: “Quiero confesarte los amores que he tenido antes de ti –dice la muchacha—;  ya me los confesaste la semana pasada –arguye el novio—; los que he tenido desde entonces”. “No es lo mismo La Santa Sede que la santa cede”; el cine mexicano abunda en ejemplos de muchachas seducidas que sólo son redimidas por la nobleza del hombre que perdona su desliz, a veces engañada por las promesas del galán (&lt;i&gt;El caso de una adolescente&lt;/i&gt;; &lt;i&gt;Una virgen moderna&lt;/i&gt;; &lt;i&gt;Tu hijo debe nacer&lt;/i&gt;; &lt;i&gt;Ellas también son rebeldes&lt;/i&gt;; &lt;i&gt;Con quién andan nuestras hijas&lt;/i&gt;; &lt;i&gt;Tres días tiene la vida&lt;/i&gt;; &lt;i&gt;Hasta que perdió Jalisco&lt;/i&gt;; &lt;i&gt;Maldita ciudad&lt;/i&gt;; &lt;i&gt;Al rojo vivo&lt;/i&gt;); a veces, son víctimas de engaños o de violación (&lt;i&gt;Dos tipos de cuidado&lt;/i&gt;; &lt;i&gt;Siempre hay una primera vez&lt;/i&gt;; &lt;i&gt;Aventurera&lt;/i&gt;); la caída por lujuria se paga caro (&lt;i&gt;Santa&lt;/i&gt;; &lt;i&gt;Hay lugar para…dos&lt;/i&gt;; &lt;i&gt;La Diana cazadora&lt;/i&gt;; &lt;i&gt;Ahora soy rico&lt;/i&gt;). Son escasas las cintas donde el placer gozoso no tiene repercusiones funestas (&lt;i&gt;Fin de fiesta&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Lo mejor de Teresa&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Para servir a usted&lt;/i&gt;); pocas veces el cine ha visto el sexo extramarital con humor, y cuando incurre en él, hay una víctima (“La sorpresa”, en &lt;i&gt;Trampas de amor&lt;/i&gt;).&lt;br /&gt; Los refranes nos advierten que hay que tener cuidado con las mujeres; a ellas, que los hombres son muy malos, prometen muchos regalos (es inevitable: cada que puedo cito a José Agustín) y luego no cumplen, que sólo se aprovechan de ellas. Continuaré citando sólo unos cuantos; pero entre ellos, intercalaré más que un refrán como tal, algún ejemplo literario, sin identificarlo porque los lectores lo identificarán por ellos mismos; no cito el ejemplo de la mujer que no defendió su honra como defendió la indemnización que le dan por haber sido violada, por no dar la razón al juez que exoneró a un remedo de cantante arguyendo que la violada no hizo lo necesario para defenderse.&lt;br /&gt;        Una acotación antes de la recreación: la mayoría de los refranes están rimados; las rimas son sencillas y previsibles, aunque  haya algunas elegantes, asombrosas, inesperadas, pero son pocas; y una de las cosas que hacen parecer aburridos los refranes es su monotonía en el ritmo, y tienden a ser octosílabos, que hacen poco variado el decir; pero cuando rompen ese ritmo son difíciles de memorizar, y también de pronunciar. También, que parecen intemporales; por eso no es raro encontrarlos en novelas y poemas de siglos atrás; raros son los que necesitan explicación, por eso molesta que intenten hacerlos explícitos, pues aun los de tiempos muy remotos son fáciles de entender. Otra característica: son reiterativos, y muchos parecen variantes de otros, por lo que no puede saberse cuál fue primero; se presume que son de autoría anónima, y por eso uno se sorprende que se sepa quién los escribió (Esopo, Aristóteles); muchos simplemente los han registrado y han hecho que con ellos se expresen sus personajes (Lope, Cervantes); tampoco es raro que lleguen a la lírica popular y que al cabo de los años se dé por hecho que nacieron de ella; también es cierto que cuando el autor está muy identificado, no es fácil que se popularice. Y otra advertencia: no siempre sigo la puntuación de las autoras, porque en muchos de los refranes una coma o un punto o un signo de admiración hace que se pierda la fluidez; dejé fuera muchos que semejan a otros de los incluidos, pero no dejé que me ganara la pudibundez e incluí, me temo que con desparpajo, algunos bastante vulgares, pero no me negarán que graciosos, que es una de las características principales de un buen refranero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las bromas y la mujer, cuando sean menester&lt;br /&gt;Las lágrimas de las putas al cielo llegan juntas&lt;br /&gt;Las malas amigas y los malos novios abundan como las pulgas&lt;br /&gt;Las ocasiones hacen a las putas y a los ladrones&lt;br /&gt;Le gusta el trote de macho, aunque le zangolotee&lt;br /&gt;Le salen canas y cuernos tanto a viejos como a tiernos&lt;br /&gt;Llámame puta aunque no sea, mejor que vieja fea&lt;br /&gt;Lo mejor de la mujer está en el medio; ni tan mala, ni buena que cause tedio&lt;br /&gt;Lo que el diablo no puede hacer, hácelo la mujer&lt;br /&gt;Lo que en el hombre es pasión en la mujer es capricho&lt;br /&gt;Lo que la mujer no consigue hablando, lo conseguirá llorando&lt;br /&gt;Los casados son como los marranos: de día pelean y de noche duermen juntos&lt;br /&gt;Lunar en la boca, señal de loca&lt;br /&gt;Mal ganado será guardar mozas locas para casar&lt;br /&gt;Mal regaña el amo a la moza, si a veces con ella retoza&lt;br /&gt;Mal se guarda a las doncellas cuando no se guardan ellas&lt;br /&gt;Mala para el metate, pero buena para el petate&lt;br /&gt;Marido con pereza, es una mala pieza&lt;br /&gt;Marido que no es casero canta en otro gallinero&lt;br /&gt;Mariposa que busca la llama, en ella se abrasa&lt;br /&gt;Más matan faldas que balas&lt;br /&gt;Más tiran nalgas en lecho que bueyes en barbecho&lt;br /&gt;Más vale puta sin parecerlo, que parecerlo y no serlo&lt;br /&gt;Más vale querer a un perro, y no a una ingrata mujer&lt;br /&gt;Matrimonio a edad madura, cornamenta o sepultura&lt;br /&gt;Mejor de vieja rogado que de moza desdeñado&lt;br /&gt;Mi comadre la bandida, santa en la muerte y puta en la vida&lt;br /&gt;Mientras más remangas las enaguas, más enseñas las nalgas&lt;br /&gt;Moza que asoma a la ventana, de ser vista tiene gana&lt;br /&gt;Muchas hay de brazos mancas, pero ágiles de las ancas&lt;br /&gt;Mujer a quien le das lo que te pide, mujer que te dará lo que le pidas&lt;br /&gt;Mujer alborotada pronto es preñada&lt;br /&gt;Mujer asomada a la ventana, o es puta o está enamorada&lt;br /&gt;Mujer bella con exceso, mucho sexo y poco seso&lt;br /&gt;Mujer celosa, leona furiosa&lt;br /&gt;Mujer con belleza, humo en la cabeza&lt;br /&gt;Mujer con muchos amigos cuenta con dineros y con abrigos&lt;br /&gt;Mujer hermosa y con talento, parece cosa de cuento&lt;br /&gt;Mujer joven y hombre maduro, segura la insolación&lt;br /&gt;Mujer que a la venta se pone a cada rato, venderse quiere barato&lt;br /&gt;Mujer que con curas trata, poco amor y mucha reata&lt;br /&gt;Mujer que de noche se pasea, es muy puta, vieja o fea&lt;br /&gt;Mujer que quiera a uno solo, y banqueta para dos,/ no se hallan en Guanajuato ni por el amor de       Dios&lt;br /&gt;Mujer que sabe latín ni tiene marido ni tiene buen fin&lt;br /&gt;Mujer recatada, mujer deseada&lt;br /&gt;Mujer y carta cerrada, abiertas no valen nada&lt;br /&gt;Ni a puerta que te han cerrado, ni a mujer que te ha olvidado&lt;br /&gt;Ni mujer de nalga dispuesta, la mente te engañe charlando con seducción&lt;br /&gt;Ni buscarlas si se han ido, ni echarlas si no se van&lt;br /&gt;Ni cabalgues en potro, ni alabes a tu mujer a otro&lt;br /&gt;Ni de estiércol buen olor, ni de puta buen amor&lt;br /&gt;Ni fea que espante, ni bonita que atarante&lt;br /&gt;Ni las feas están seguras cuando el hombre las procura&lt;br /&gt;No busques para casarte mujer que pueda humillarte&lt;br /&gt;No compres caballo de muchos fierros ni te cases con muchacha de muchos novios&lt;br /&gt;No hay mujer que no lo dé, sino hombre que no lo sabe pedir&lt;br /&gt;No hay mujer tan buena como la ajena&lt;br /&gt;No hay puta sin medalla ni pendejo sin portafolio&lt;br /&gt;No medies en la cuestión, si marido y mujer son&lt;br /&gt;No te cases con mujer de manos grandes, pues todo le parecerá poco&lt;br /&gt;No te cases con mujer que te gane en el saber&lt;br /&gt;Ojo alerta con la moza y con la puerta&lt;br /&gt;Pa’ comer y pa’ coger no hay tontos ni cansados&lt;br /&gt;Palabra de mujer ni vale ni un alfiler&lt;br /&gt;Palos de amor no duelen (éste a lo mejor necesita explicación)&lt;br /&gt;Para el mal de amores no hay doctores&lt;br /&gt;Para librarse de faldas hay que quitarlas o alzarlas&lt;br /&gt;Para no ser infeliz, evita cualquier desliz&lt;br /&gt;Para qué las cortas verdes si maduras caen solitas (éste no parece refrán, sino consejo)&lt;br /&gt;Para tener cien yernos no es necesario tener cien hijas&lt;br /&gt;Peras y viudas caen de maduras&lt;br /&gt;Por el besar, comienza la doncella a resbalar&lt;br /&gt;Por favor te abrazan y quieres que te aprieten (éste tampoco es refrán, pero es divertido)&lt;br /&gt;Preferible caer en los brazos de una mujer que en sus manos&lt;br /&gt;Quien en mujer confía, confía aquél en ladrones&lt;br /&gt;Quien con mujer bella casa, de su honra se descasa&lt;br /&gt;¿Quieres conocer a Inés? Vive con ella un mes (éste tampoco es refrán, pero también es divertido)&lt;br /&gt;Quieres hacerte amar, date a desear&lt;br /&gt;Secreto dicho a mujer, secreto deja de ser&lt;br /&gt;Ser tan poco el amor y que se vaya en celos (no es refrán, y tiene muchas variantes)&lt;br /&gt;Sexo sin amor, flor sin perfume&lt;br /&gt;Si es doncella, dígalo ella&lt;br /&gt;Si la vaca fuera honesta, no tendría cuernos el toro&lt;br /&gt;Si no hay calor en el nido, lo busca fuera el marido&lt;br /&gt;Sin contar a la mujer, lo más traidor es el vino&lt;br /&gt;Solitas bajan al agua sin que nadie las arree (tampoco es refrán, pero es muy hermoso)&lt;br /&gt;Sólo una cuenta tienen que llevar las mujeres, y ésa siempre la pierde&lt;br /&gt;Tanto tiempo de atolera y no saberlo menear&lt;br /&gt;Tetas de mujer tienen mucho poder&lt;br /&gt;Va la moza al río, y cuenta lo suyo y lo mío&lt;br /&gt;Vecina: bocina&lt;br /&gt;Yo que se lo proponía, y ella que lo apetecía (éste tampoco es refrán, pero sí ilustrativo)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque hay parecidos, están ausentes varios; cito dos: uno, en las redacciones de los periódicos: ¡Con estos bueyes hay que arar! Y uno de los muchos mencionados por Salvador Novo, y que dijo en ocasión del enamoramiento fugaz de un amigo por una italiana: ¡Bendito sea Dios que hay ganchos que en cualquier clavo se atoran!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace una semana Juan Gabriel Castro decidió retirarse luego de 17 temporadas, no todas completas, en las Ligas Mayores. &lt;i&gt;Manos de Oro&lt;/i&gt;, le decían sus compañeros; alguna vez sus coequiperos lo nombraron el Mejor Relevista del equipo, aunque era short stop o tercera base o camarero; no se quedó un día sin chamba; ya es asistente especial del manager general de la organización, y estará encargado del desarrollo de los jugadores jóvenes; se une a otros mexicanos que desempeñan ese puesto, o uno similar, en las organizaciones de las Mayores, como Mario Mendoza, Juan Navarrete, Rubén Amaro y Jorge Orta. A George Brett le achacaron calificar a los bateadores con porcentajes bajos como la “Línea Mendoza”; no fue él, sino otros; Brett, por el contrario, decía que Mario Mendoza, que bateaba .210, con su fildeo equivalía a que bateara.400, y señalaba que él, Brett, hubiera sido el último bateador de .400 de no haberse topado con el guante mágico de Mario Mendoza, quien se lo impidió con grandes atrapadas. No hay que olvidar que el jugador mexicano es fino; los matalotes han durado poco, se apagan rápido y sólo dan de qué hablar mal.&lt;br /&gt;Y por cierto, ciertos primeras bases (Pujols, Filder, Kornerko, Howard) desentonan con la descripción de cómo debían ser los inicialistas: altos, delgados, fuertes, elegantes (Lou Gerigh, Stan Musial,  Keith Hernández, Joe Pepitone, Willie Clark, Steve Garvey), inteligentes y desdichados en su vida personal; pero el beisbol tiende a regresar a sus raíces: ya short, segundas y jardineros centrales han dejado de ser matalotes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevamos un mes, y ya parece que vamos saliendo, nomás falta lidiar con los dinosaurios que no quieren dejar de serlo; pero asombra y enaltece la reciedumbre de Mónica, y reconfortan y enorgullecen los amigos dispuestos a todo. Y vale repetir el final de la autobiografía de Sainz citando a Stevenson: ¿De qué puede enorgullecerse un hombre si no está orgulloso de sus amigos?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-5567249349791207897?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/5567249349791207897/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=5567249349791207897' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/5567249349791207897'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/5567249349791207897'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/07/palabra-de-mujer-mas-de-refraneros.html' title='Palabra de mujer (más de refraneros misóginos)'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-8190717715395169390</id><published>2011-07-12T07:15:00.000-07:00</published><updated>2011-07-12T07:15:44.194-07:00</updated><title type='text'>Como dijo don Teofilito (refranero misógino)</title><content type='html'>Una de las canciones más populares interpretadas por Pedro Infante, y prolongada en &lt;i&gt;El mil amores&lt;/i&gt;, es “Tres consejos”, de Rubén Fuentes; los refranes son “Más vale pájaro en mano que ver un ciento volar”, “Si rasuran al vecino pon tu barba a remojar”, “Del plato a la boca se cae la sopa”; en realidad  hay más: “no te hagas más ilusiones, primero me has de agarrar”; “en las cosas del cariño nunca debes de confiar”; “más vales ser desconfiado, así nunca sufrirás”; “aquel que no oye consejo nunca a viejo llegará”; “dalo poquito a poquito, y nunca se acabará”. Don Rubén confunde consejos con refranes, aunque es cierto que no hay límites definidos entre esos géneros de la literatura popular. Los consejos no se escuchan, o mejor, no deben escucharse; muchos escritores, pintores, directores, aconsejan a los jóvenes que no oigan consejos, pero no dejan de impartirlos; en realidad, nadie está a salvo de dar consejos (sí de ignorarlos, por supuesto): desde qué remedio seguir para curarse de los resfriados hasta los que invaden la vida privada (“yo sé lo que te digo”).&lt;br /&gt; Los refranes, en cambio, tienen prestigio literario; Alfonso Reyes escribió un ensayo donde apunta todos los dichos del Quijote que han pasado al refranero mexicano, y hay compilaciones breves, gigantescas, especializadas en género, en época, en regiones; una de las obras venturosas de la Academia Mexicana de la Lengua es el &lt;i&gt;Índice de mexicanismos&lt;/i&gt;, que contiene frases, dichos y refranes al por mayor. Y hace dos ediciones del Diccionario de la Real Academia obsequiaban un &lt;i&gt;Refranero general ideológico español&lt;/i&gt;, cuyo único defecto es su volumen exagerado. En general, ése es el defecto de los refraneros, así como de los diccionarios de germanías: son demasiado extensos, repetitivos y llegan a aburrir, excepto a los especialistas, a los estudiosos del género, porque además intentan explicar lo que es explícito (excepto en algunos ambiguos: no está el horno para bollos, que da a entender que no es el momento oportuno para dirimir una disputa, pero es contradictorio, porque por lo regular se aplica cuando uno de los interlocutores está encabritado y caliente, y el refrán sugiere que está frío; ¿o será porque de tan caliente va a quemar los panes?), y las explicaciones son pudibundas, recatadas.&lt;br /&gt; Excepto esos estudiosos, los refraneros los consultamos para encontrar la frase con que pudimos haber callado a un interlocutor con una frase oportuna, brillante, sarcástica; la encontramos, pero a destiempo; además de lo inoportuno del caso, hay tantas contradicciones en los refraneros, que aun cuando tuviéramos a la mano una, el interlocutor puede encontrar, en esas mismas páginas, una igual de brillante, oportuna y sarcástica, pero en sentido inverso.&lt;br /&gt; Con todo y su fama, los refranes no siempre dicen la verdad; o dicen tantas verdades que es cuestión de encontrar uno que se acomode a lo que pensamos y sostenemos; por otra parte, hay tantas variedades que una discusión digamos política puede degenerar en otra filológica, por una leve variante en el refranero, según la época, la región o el género.&lt;br /&gt; En el cine mexicano hay varios ejemplos de personajes que se nutren del refranero: desde el no muy afortunado Pito Pérez (mejor en el original, pero muy popular por la interpretación de Manuel Medel), hasta las muy afortunadas actuaciones de Andrés Soler en diversas cintas, desde &lt;i&gt;Carabina 30-30&lt;/i&gt; hasta &lt;i&gt;Los tres alegres compadres&lt;/i&gt;, pasando por el motociclista Pedro Chávez aconsejando a Luis Macías de que deje a su novia, o usando refranes para enamorar a adolescentes, definir a una piruja, o como pretexto para no trabajar; pero ejemplos hay muchos, buenos y malos. En la canción popular, José Alfredo Jiménez, Chava Flores y Cuco Sánchez han utilizado refranes para hacer espléndidas canciones, como “No soy monedita de oro”, por citar una. (“El amor quita el hambre, yo por eso nunca me enamoro”, uno de los dichos de Pedro Chávez, no lo he encontrado en ningún refranero; hay que alabar su originalidad.)&lt;br /&gt; El refranero, como tantas cosas, sufre el peligro de ser incluido entre las malas costumbres actuales: quienes vivieron niñez, adolescencia y primera juventud admirando a héroes y villanos fumadores tienen que tragarse eso de que Johnny Weismuller es mejor que Gary Cooper, John Wayne y Bogart, porque nunca se le ve fumando en la pantalla; Paul McCartney hace unos años anunció su decisión de modificar la portada de &lt;i&gt;Abbey Road&lt;/i&gt; para eliminar el cigarrillo que luce en la mano derecha; los admiradores novatos de Pedro Infante aclaran que no era machista, sino que los guiones hacían que lo pareciera, y ha perdido brillo la frase con que Jorge Negrete lo califica: “porque cuando una mujer nos traiciona, la perdonamos y en paz, al fin y al cabo es mujer; pero cuando la traición viene del que creemos nuestro mejor amigo, ¡ah Chihuahua, cómo duele!”); los únicos que aguantan la presión de la corrección política son Les Luthiers, quienes en cada presentación suelen elogiar el físico femenino, o hacer calificaciones extremas (“anda fornicando a tontas y a locas, que finalmente son las más fáciles”) sin ser abucheados, hostigados ni boicoteados por grupos extremistas, que quieren modificar hasta la gramática por antifeminista.&lt;br /&gt; Porque el refranero es antifeminista; fustiga a los dos géneros, pero se ensaña con la mujer; desde luego, también la hace la picaresca y la poesía erótica de los siglos de oro, aunque en ella a veces el erotismo es placentero, no sólo ventajoso. Pero eso es tema para una entrega (perdón) posterior (perdón, hablo en el sentido recto –perdón– de la palabra). Por ahora me limito al refranero.&lt;br /&gt; No es que sea el mejor, pero es más sintético, tiene una introducción correcta pero aburrida (perdón), y abusa de las explicaciones, pero está muy bien ordenado por temas, subtemas, cualidades, defectos, características físicas y de conducta, y al final, en orden alfabético:  me refiero a &lt;i&gt;La que de amarillo se viste&lt;/i&gt;, con subtítulo de &lt;i&gt;La mujer en el refranero mexicano&lt;/i&gt;, compilado por Ángeles Sánchez Bringas y Pilar Vallés, y publicado con cierto acierto por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (¿por qué ponen Conaculta en mayúsculas, como siglas, cuando es un acrónimo?), pues tiene erratas que sólo se explican por descuido (Peréz, por ejemplo), y con una tipografía más adecuada para relato que para un refranero (para los fanáticos de la biblioteconomía: ¿dónde colocar los refraneros? ¿Con los diccionarios? En realidad, son lo contrario a un diccionario), pero que se deja leer. (El &lt;i&gt;Índice de mexicanismos&lt;/i&gt; traía un disquete donde podían leerse, agrupados por las referencias, los temas y otras categorías, refranes y frases, en una lectura muy cómoda; ya no funcionan con las nuevas computadoras, hay que conformarse con leerlo a la antigüita, en las páginas de un libro no muy cómodo y algo desordenado.)&lt;br /&gt; Tiene menos de 250 páginas, si no contamos las preliminares, lo que en realidad son pocas para un refranero; cada categoría está muy explicada, aunque las autoras repitan refranes, explicaciones y motivos; ordenados alfabéticamente, son apenas 44 páginas, lo que ayuda a que el lector no se aburra; en los capítulos las notas no son muy abundantes, y en general tienden a consignar variantes en otras regiones o en otras épocas, aunque como buenas filólogas, menosprecian variantes más divertidas, como las pronunciadas en el cine mexicano (en especial, por Joaquín Pardavé o Sara García, mexicanizando refranes supuestamente árabes, pero en realidad variantes de los mexicanos, o Fernando Soler, que los dice con tanta gracia como su hermano Andrés) o las emitidas por las canciones populares; no es su intención, pero no consignan cuando son usados por la literatura mexicana, pródiga en el refranero, actualizándolo, adaptándolo o modernizándolo, como “Lo Cortés no quita lo Cuauhtémoc”, de &lt;i&gt;La región más transparente&lt;/i&gt;, de Carlos Fuentes, y luego con muchas otras variantes, o el catálogo de refranes en &lt;i&gt;Las tierras flacas&lt;/i&gt;, con mucha gracia por Agustín Yáñez, o los que deja escapar también con gracia y malicia Salvador Novo, en su lírica o en su sátira.&lt;br /&gt; Aunque no abundan, a veces incluyen dichos, consejos, ejemplos de la picardía, y hasta albures, lo que muestra lo borroso de las fronteras en el léxico vernáculo estudiado por especialistas. &lt;br /&gt; A continuación, una primera selección políticamente incorrecta, de este refranero que parece disfrutar de la calificación de las mujeres en el refranero mexicano:&lt;br /&gt;A cualquier hora el perro mea y la mujer llora&lt;br /&gt;A la luz de la tea, ni la más fea es fea&lt;br /&gt;A la más cuerda, no has de dar cuerda, que es más fácil que se pierda&lt;br /&gt;A la mujer, como a la carabina, tenerla cargada y en una esquina&lt;br /&gt;A la mujer, el diablo le dio el saber&lt;br /&gt;A la mujer y a la cabra, soga larga; mas no tan larga que se pierdan mujer y cabra&lt;br /&gt;A la mula y a la mujer a palos se han de vencer&lt;br /&gt;A marido ausente, amigo presente&lt;br /&gt;Al hombre sesudo, la mujer lo hace cornudo&lt;br /&gt;Al que Dios da buena ayuda, la mujer se le hace muda&lt;br /&gt;Algo ha de tener la fea cuando el hombre la desea&lt;br /&gt;Amor, dinero y pesetas y un mujer de grandes tetas&lt;br /&gt;Animales ingratos, las mujeres y los gatos&lt;br /&gt;Beata de las que el diablo arrebata&lt;br /&gt;Boca besada, mujer entregada&lt;br /&gt;Bonita y hacendosa soltera, casada lo contrario&lt;br /&gt;Busca mujer por lo que valga y no sólo por la nalga&lt;br /&gt;Cada rato muda el viento, y la mujer al momento&lt;br /&gt;Cásate y verás lo que es coger a huevo, aguado y caro&lt;br /&gt;Con esa carne ni frijoles pido&lt;br /&gt;Cortan más las viejas que las tijeras&lt;br /&gt;Cuando hablan las putas viejas, Dios se tapa las orejas&lt;br /&gt;Cuando maduran, todas caen&lt;br /&gt;Cuando se pide con fe, no hay mujer que no lo dé&lt;br /&gt;De doncella que anda en lenguas, ni hagas culpa ni defiendas&lt;br /&gt;De la mujer mucho bueno has de esperar, y mucho has de temer&lt;br /&gt;Debajo de una manta, ni la hermosa asombra ni la fea espanta&lt;br /&gt;Desgraciado el gallinero donde la gallina canta y el gallo cacarea&lt;br /&gt;Dios nos ha dado mujeres para amarlas, y paciencia para aguantarlas&lt;br /&gt;Doncella manoseada, cual si desdoncellada&lt;br /&gt;Donde mujer no hay, va el diablo y la trae&lt;br /&gt;El casado con bonita muchos ojos necesita&lt;br /&gt;El chiste no está en ser cusca, sino en saberlo menear&lt;br /&gt;El consejo de una vieja pierde a la buena doncella&lt;br /&gt;El hombre en la plaza y la mujer en su casa&lt;br /&gt;El hombre es libre de la puerta para afuera&lt;br /&gt;El hombre persigue a la mujer hasta que ésta lo alcanza&lt;br /&gt;El hombre quiere a mujer sana, y la mujer al hombre que gana&lt;br /&gt;El que tiene mujer fea no sé cómo se recrea&lt;br /&gt;El vino y la mujer, el juicio hacen perder&lt;br /&gt;En casa de tu enemigo, a su mujer ten por amigo&lt;br /&gt;En la mujer no hay color como el que da el rubor&lt;br /&gt;Entre el sí y el no de una mujer, no cabe la cabeza de un alfiler&lt;br /&gt;Eres como la gata mora, si te la meten gritas, si te la sacan lloras&lt;br /&gt;Fealdad no es castidad&lt;br /&gt;Hombre casado, hombre acabado&lt;br /&gt;Hombre celoso, o es cornudo o quiere serlo&lt;br /&gt;Huerto, mujer y molino, requieren uso continuo&lt;br /&gt;Ira de mujer, ira de Lucifer&lt;br /&gt;La buena teta, que en la mano quepa&lt;br /&gt;La cusca regenerada, de cusca no tiene nada&lt;br /&gt;La memoria, cual mujer, suele a veces ser infiel&lt;br /&gt;La mujer buena no tiene ojos ni orejas&lt;br /&gt;La mujer, como el vino, engaña al más fino&lt;br /&gt;La mujer honesta, en su casa y no en la fiesta&lt;br /&gt;La mujer llora antes del matrimonio, el hombre después&lt;br /&gt;La mujer o ama u odia, no conoce medio alguno&lt;br /&gt;La mujer que toma su cuerpo dona&lt;br /&gt;La mujer, si es hermosa, te la pegará; si es fea, te cansará; si pobre, te arruinará, y si rica, te gobernará&lt;br /&gt;La mujer y la mentira nacieron el mismo día&lt;br /&gt;La mujer y las tortillas calientitas han de ser&lt;br /&gt;La que da beso, da d’eso&lt;br /&gt;La que es buena esposa, es limpia y hacendosa&lt;br /&gt;La que mucho los ojos mece, es puta o lo parece&lt;br /&gt;La vergüenza y la doncellez, se pierden sólo una vez&lt;br /&gt;Las mujeres en sus ratos, arañan más que los gatos&lt;br /&gt;¿Las quieres enamoradas?, que se sientan despreciadas &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aluego seguimos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Cusca, dice el DRAE, es hacer algo que molesta; el Pequeño Larousse dice que en México es "prostituta"; pero los diccionarios de mexicanismos, tan hispanos ellos, no lo recogen [perdón], ni los panhispánicos ni los de dudas. Por cierto, qué papelón.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Casi a diario, tres blanqueadas, ocho o nueve juegos por ventaja de una o dos carreras; bueno, Ichiro Suzuki batea .270; es año de pitcheo.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Dèja Lu hasta a sí mismo se copia.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Como en el cuento de Fredric Brown, las computadoras hacen lo que desean: la que me domina envió al periódico, aunque ya estaba borrada o suprimida, una columna que ya se había publicado. Si logro saber cómo lo hice, podré dominar el mundo. Por lo pronto, ofrezco una disculpa a quienes lo advirtieron; a los que no, para qué.)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-8190717715395169390?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/8190717715395169390/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=8190717715395169390' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/8190717715395169390'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/8190717715395169390'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/07/como-dijo-don-teofilito-refranero.html' title='Como dijo don Teofilito (refranero misógino)'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-2519732816373852882</id><published>2011-07-05T08:07:00.000-07:00</published><updated>2011-07-05T08:07:55.378-07:00</updated><title type='text'>¿Cómo, cómo, cómo?</title><content type='html'>Lo dijo primero Elvis Presley y lo repitió muy poco después Roy Orbison; aquél, en “Now or Never” (con música de “Torna a Sorrento”); el segundo en “Pretty Woman”, sin ningún rodeo: “Be mine tonight”; antes que Presley, Buddy Holly anuncia con más elegancia pero más contundencia: “That´ll Be the Day”, y casi al mismo tiempo que Orbison, Paul Anka cantó “Tonight, my love, tonight” (como diciendo “hoy toca”, como el del chiste de la convención de sexólogos; en traducción, Alberto Vázquez fue más repetitivo: “esta noche, mi amor, esta noche mi amor”; lástima que el resto de la canción sea tan inocuo, sin la malicia de Anka “kiss me kiss me kiss me warm, let me feel like I be born”); por esos mismos años el mundo se estremeció con la alegría de Tony por María expresada en “Tonight” y “Maria” de West Side Story (“Today the minutes seem like hours, the hours go so slowly, and still the sky is light, Oh moon, grow bright, And make this endless day endless night” / “I’ve just kiss a girl name Maria, and never be the same again…”).&lt;br /&gt; No son metáforas, son la enunciación del amor físico en un mundo y una cultura que culminaba la era de una vida precipitada, en la que la certidumbre de la muerte propiciaba una prisa por entregarse; en las biografías de los músicos ingleses nacidos en los años cuarenta abundan quienes fueron de padres desconocidos, de soldados estadounidenses que salieron precipitadamente al término de la guerra sin conocer a los hijos que engendraron, sino muchos años después, cuando los vástagos ya eran famosos; en los siguientes años vieron nacer la era del amor, el “amor libre” que, en labios de los personajes del cine mexicano, era sexualidad sin compromiso, “el sexo sin boda” que cantó muchos años después un sobreviviente extemporáneo de los cincuenta y sesenta, Joaquín Sabina.&lt;br /&gt; La canción mexicana, entendida como la que se hizo o se popularizó en México, en la XEB y en la XEW (aunque algunas se hayan escrito en Venezuela, Colombia, Puerto Rico o Cuba) pocas veces fue tan directa, pero abundaron las metáforas; parte del siglo XIX y casi todo el XX hubo versos alusivos, frases insinuantes, muchas veces con picardía, para hablar del amor físico, de la entrega momentánea (“entrega inmediata”, califica Pedro Infante a su romance con una empleada de correos en &lt;i&gt;Dos tipos de cuidado&lt;/i&gt;), de los cariñitos de un instante, a veces del autoerotismo, a veces de la infidelidad, o de la promiscuidad (“Cien mujeres han pasado por mi vida”; cien es el número de esposas, queridas, segundos frentes que le calculan tanto a Pancho Villa como a Emiliano Zapata); los expertos hablan del amor infeliz y del amor desdichado como categorías superiores de la canción popular, pero en ellas caben muchas subcategorías que, como en la entrega anterior, enumeraré de una manera arbitraria, porque los autores son muchos y todos respetables; al incluirlos no los califico de perversos; sólo hay que recordar los casos de censura que impedía decir las cosas por su nombre, como el muy conocido de Lara (“aunque no quiera Dios”) o el no demasiado conocido de “renuncio a Dios, porque al tenerte yo en vida”); hubo otra censura, o autocensura, que disimulaba tratando de evadir la censura no oficial que de cualquier manera se ejercía en las radiodifusoras o en las televisoras; ésas, que permitieron en cambio tanto doble sentido de Tin-Tan, Óscar Pulido, Clavillazo, Infante, Negrete y sus guionistas, que dijeron lo que quisieron y que ni Gobernación ni las ligas de la decencia entendieron. Hay quien dice que tampoco lo entendieron los compositores; me niego a creer que no sabían lo que estaban diciendo. Y eso que no recurro a los despropósitos causados por la pobreza gramatical con que por lo regular están escritas muchas canciones: “como aberrante viviré”.&lt;br /&gt; No hay ninguna hipocresía en la canción que rememora Pancho Conde Ortega, sabio en demasiadas materias: “Como un perro”, de Severo Mirón, en la voz de Chelo Silva, pero también en la de María Victoria: “Por tener la miel amarga de tus besos, hoy se tiene que arrastrar mi dignidad; por piedad, por compasión, no me desprecies; me moriría sin tu amor, no me abandones. No, por Dios, no te me vayas, te lo ruego; que la vida como un perro pasaré; sin hablarte, sin llorar, sin un reproche; siempre tirado a tus pies, de día y de noche” (Severo Mirón, periodista, compositor, locutor, es autor de varias canciones que merecerían más popularidad, como “Vieja, pobre, flaca, fea” –“ojalá te vea, me reiré de ti”– aunque su vida privada haya sido violenta y sórdida); no hay duda de que Severo Mirón hablaba de un amor ilícito; como ilícito es el relatado por otro periodista, Ramón Inclán, “Aún se acuerda de mí” (“Aún se acuerda de mí, aún me tiene cariño, y una carta recibí en que reclama mi olvido. Aún se acuerda de mí, pero qué noble querer: yo no merezco su amor, merezco más su rencor, y aún se acuerda de mí. Reniego ahora de toditos mis agravios, de la dicha que yo siempre le he causado”; en esta obra, la rima es traicionera y hace pensar en las consecuencias de la adolescencia apresurada). A continuación, algunas de esas frases entresacadas, pero no descontextualizadas, de varias canciones mexicanas. Hay entre los autores algunos cuya fama se ha desvanecido, otros que quedaron anónimos, pero muchos de los más renombrados compositores, justamente por estar entre los mejores, como mis muy admirados Rubén Fuentes y Alfonso Esparza Oteo. Y desde luego, José Alfredo Jiménez y Cuco Sánchez, aunque cabe la sospecha de que entre sus muy hermosas frases, no en todas estuvieron muy conscientes de lo que decían y de lo que daban a entender.&lt;br /&gt; “Me conformo aunque sea con un tantito; sería tan bonito, cariñito, estoy bien seguro que después me pedirías de mi amor otro poquito”; “Cuando sientas el calor de otras caricias, mi recuerdo ha de brillar donde tú estés”; “Quiero que conozcas [a] mucha gente, yo quiero que te besen otros labios para que me compares”; “Esta noche con la luna te vas a pasear conmigo, aunque le parezca mal al bueno de tu marido”; “Ya te he dicho que no siembres las uvas en el camino, porque pasa el pasajero y corta el mejor racimo”; “Quisiera ser gato verde para entrar por tu vidriera, para estarte acariciando antes de que amaneciera”; “Pregúntale a las estrellas si por las noches me ven llorar; pregúntales si no busco, para adorarte, la soledad”; “Bonitos modos los que tiene pa’ querer, que por ahi dicen que a mí me robó el placer”; “Las dichas ajenas fueron los testigos de todas las penas que pasé por ti”; “La culpa tienen los hombres que burlan a las mujeres; esta canción que te canto se llama ‘al cabo no puedes’”; “Al ver tu pecho de amor henchido ser tuyo siempre fiel te juré… ¡Ay, cuantas veces la luz del día nos sorprendió…!”; “Quiero ser otra vez el que inquiete la paz de tus sueños”; “A l’ora quiasté sabe la’spero en la barranca montado en la potranca pa’ darnos al amor… Nomás allá se lo haiga si trai al chilpayate, y a l’ora quiste sabe comienza a maloriar”; “La novia que espera temblando de amores”; “Allí donde yo amé con febril locura, allí donde me amaron por vez primera, donde tuvo su cuna un idilio breve…”; “¿Yo pa’ qué quiero amores que sean fingidos? ¿Yo pa’ qué quiero amores que tengan dueño?”; “Dime si ya no me quieres para no volverte a ver… yo no soy el primer hombre ni tú la primer mujer”; “Yo no voy a tu ventana porque no puedo treparme, mejor ábreme la puerta pa’ que veas que sí se montar… mi caballo tordillo corriendo por las veredas, con un moño en el morrillo échame un torito fuera”; “Y aunque otro quera cortarla yo la divisé primero, y juro que he de robarla aunque tenga jardinero; yo la he de ver trasplantada en el huerto de mi casa, y si sale el jardinero, pos a ver, a ver qué pasa”; “El amor para que dure debe ser disimulado… Indita, por un trabajo me cobraste cuatro reales; indita no seas tan cara, yo puse los materiales”; “Y en la orillita de un río, a la sombra de un pirul; su querer fue sólo mío una mañanita azul. Y después en la piragua nos fuimos a navegar, ¡qué lindo se movía el agua cuando yo la volví a besar!”; “Quiero ser chofer de tu automóvil y agarrar las curvas de bajada”; “Cuando me aprietan bailando yo me siento sofocar; pero si bailo con Pepe, con Pepe no siento na’; y no es que Pepe no apriete sino que sabe apretar”; “Me ofreciste acompañarme desde la iglesia a mi choza; pero como no llegaste tuve que venirme solo”; “Ya me embriagué con otro hombre, ya no soy Naela para ti”.&lt;br /&gt;      La canción ranchera también está llena de referencias al amor físico, acompañado del amor sentimental; donde hay más traiciones, más mancornadoras, y más presunción de donjuanismo. Veamos unos pocos ejemplos:&lt;br /&gt;      “Dame la mano, morena, para subir a tu nido; no duermas sola, duerme conmigo”; “Se te olvidaba que el maguey sabía lo que juraste en nuestra noche, y que a su modo él también podría recriminarte con un reproche. No sé si creas las extrañas cosas que ven mis ojos, tal vez te asombren; las pencas nuevas que al maguey le brotan, vienen marcadas con nuestros nombres”; "Rumbos y amores distintos ando en el mundo probando; ya ves mancornadora, y a qué te supo ese trago”; “Las caricias que me hacías son las que se me revelan que estoy contigo, que me estás acariciando”; El cariño comprado ni sabe querernos ni sabe ser fiel”; “Al encontrarme un amor le digo véngase usted, y al rato digo pos no, que no se puede”; “Ya me diste cariño, ya me diste ternura, ya me hiciste feliz; ya después de tus besos y de tantas caricias qué me importa morir”; “No te guardo rencor, yo sé que el dinero cubre los anhelos de tu corazón”; “Eres linda, eres bonita, lástima que seas tan loca, eres como las campanas, todos llegan y te tocan” (en los sesenta Brigitte Bardott cantó, en español “eres chiquita y bonita lástima que seas tan loca, pareces guitarra fina que cualesquiera te toca” con un sabor insuperable); “Para mí la pulpa es pecho y espinazo la cadera; si se larga con cualquiera, que les haga buen provecho”; “Y sé que noche con noche va creciendo más y más”; “Dame más amor, pero más y más; quiero que me beses como tú me besas y después te vas”; “Una gallina variada empolló un guajolotito; eso sucede a menudo con cualquier animalito”; “Ya ves que no es lo mismo amar que ser amado”; “Deja que caiga la noche pa’ que empiece nuestro amor...”; “Las muchachas de hoy en día son como la tuna blanca, cuando ven un peso duro, vámonos pa’ la barranca”; “tengo el pelo completamente blanco, pero voy a sacar juventud de mi pasado… ya verás lo que vas a aprender cuando vivas conmigo”; “Qué bonito entregarse todito completo”; “tú no sabes que por maje me hicieron guaje”; “Me la quiero llevar pa’ mi casa, pa? cantarle y pa? darle la lata”; “Me he de comer un durazno desde la raiz hasta el hueso, no le hace que sea güerita, será mi gusto y por eso… La voy a ver, le voy a hablar, para un asunto particular”; “Cuando dijiste tú adoro este momento, cuando te tuve en mí, en mí pero muy dentro”; “Pues los amores que me entretienen como las olas del mar van y vienen”; “Ni tú ni nadie arrancarán de mi alma los besos que te di; los besos, las caricias y tantas otras cosas que presenció la noche que te entregaste a mí”; “Tengo miedo de buscarte, y de encontrarte, donde me aseguran mis amigos que te vas”; “Ojalá que mi amor no te duela”; “Acaba de una vez, de un solo golpe”; “Quiero que sepas que al verte ajena mi falso orgullo se doblegó”; “¿Quién es ese amigo que ayer te tenía abrazada? Pero, ay qué caray, qué retraidora mujer”; “Cuando estés en los brazos de otro hombre y te creas la más consentida, espero en Dios que te maten dormida, por infame y traidora a mi amor”; “Como soy hombre formal no me gusta tener una, me gusta tener de a dos por si se me enoja alguna”; “Yo me casaría contigo, primero por lo civil”.&lt;br /&gt;      Y qué decir de los chachachás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nosotros tenemos la culpa. ¿Cómo creímos en quien por tradición pertenece a una tribu de megalómanos, mitómanos, oportunistas, infieles? Debimos haber hecho caso a lo que dice Faulkner: “Hay que confiar en los malos, nunca cambian” (ni las mosquitas muertas).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El domingo no hubo blanqueadas en las Ligas Mayores, pero nueve juegos terminaron con diferencia de una o dos carreras. Ayer lunes otros nueve con diferencia de dos o menos carreras; y de tres blanqueadas, dos por 1-0. Éste es más “Año de Pitcheo” que el “Año de Pitcheo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahi la llevamos, ahi la llevamos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-2519732816373852882?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/2519732816373852882/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=2519732816373852882' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/2519732816373852882'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/2519732816373852882'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/07/como-como-como.html' title='¿Cómo, cómo, cómo?'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-449466355880406378</id><published>2011-06-25T09:05:00.000-07:00</published><updated>2011-06-26T18:51:07.175-07:00</updated><title type='text'>¿Qué dijeron?</title><content type='html'>Ya hablé alguna vez en público (en privado muchas) de este asunto, y se me catalogó, y más en privado, como obsesivo, que me fijo en detalles que no existen (&lt;i&gt;sic&lt;/i&gt;), que en realidad los autores no querían decir lo que dijeron, o que es mi imaginación; otros, más de acuerdo conmigo, saben que el subconsciente y el inconsciente saben de razones que conscientemente ignoramos. El hecho es que en la canción mexicana, escondidas tras declaraciones sentimentales y al parecer cándidas, asaltan las verdaderas intenciones, por lo regular lujuriosas (en su primera acepción) o lascivas, que aunque parecidas no son lo mismo.&lt;br /&gt;No hablo de los descuidos inocentes, como el de Esperón y Cortázar en “Cocula”, (“se me vino de repente”, que es la respuesta a la adivinanza de “la canción de la eyaculación prematura”), ni de las frases que con el paso del tiempo cambian de significado, como en la canción de los Locos del Ritmo, “qué dirían de mí, qué dirían de ti, qué diría la gente si me viera todo el día haciéndote el amor”, o los albures descarados y burdos (“Ahi lo trais”, de un Marco Antonio Campos que no es el poeta, y que cantó con toda vulgaridad Pedro Infante) o albures finos (algunos de los de Chava Flores en casi todas sus canciones, notoriamente “Tomando té”), estos últimos casos desde luego intencionales.&lt;br /&gt;Son otras canciones que, entre alguna frase, se cuela otra más reveladora; las hay intencionales pero no para alburear, sino para declarar un amor hasta hace poco considerado ilícito o innombrable, como “tú me acostumbraste a todas esas cosas, y tú me enseñaste que son maravillosas… yo no concebía cómo se quería en tu mundo raro, y por ti aprendí”; o las declaraciones de que importa más el presente que el pasado (“déjame imaginar que no existe el pasado, y que nacimos el mismo instante en que nos conocimos” –que también interpretó Pedro Infante, aunque fue éxito de Lucho Gatica), o el riesgo de lo desconocido (“y si quieren saber de mi pasado, es preciso decir una mentira… que no sé del dolor, que triunfé en el amor y que nunca he llorado”, inusitada dentro del repertorio del machismo inteligente de José Alfredo Jiménez).&lt;br /&gt;Hay diferentes categorías, como el relato sucinto del faje que lleva a la incontinencia amorosa (“comenzó por un dedito y la mano agarró… y de un beso el estallido cambió de pronto el juego en el más dulce amor”), al deseo apresurado (“mirando tu retrato me consuelo”, epígrafe ideal para una revista erótica de buen gusto), la satisfacción absoluta (“tanto tiempo disfrutamos de este amor”) que confiesa actos demasiado íntimos (“en los labios llevas ya sabor a mí”) y que no disimula la petición (“chupa que chupa que es más sabroso”, más sincera que “en la dulce sensación de un beso mordelón”, y que insinúa “yo quiero ser un solo ser y estar contigo”, descripción muy exacta y literaria del acto amoroso) y que apenas es más sutil que la confesión total y que Emilio García Riera consideraba digno del gusto del servicio doméstico nacional (“llévame si quieres hasta el fondo del dolor, hazlo como quieras…” y que hace una confesión inesperada: “ya no soporto la terrible soledad, no con un beso nada  más…”); aunque el beso más descriptivo es de Lara: “me arrodillé pa’ besarte y así entregarte toda mi vida”.&lt;br /&gt;Hay autores muy conscientes de lo que dicen, y se atreven a decirlo sin tapujos, como María Greever (“porque un beso como el que me diste nunca me habían dado, y el sentirme estrechada en tus brazos nunca lo soñé… como esperan las rosas sedientas al rocío, con esas mismas ansias te espero yo a ti”; “en el rumor de una ola depositamos los dos nuestro secreto de amores que en el mar se sepultó… ola que con tu blanca espuma sin precaución ninguna bañaste sus pies, ola que su cuerpo tocaste y sus labios besaste, vuelve otra vez”). Más directo, Agustín Lara a veces rememora, no a Amado Nervo, como solía decir Monsiváis, sino a Leopoldo Lugones (El mar, lleno de urgencias masculinas, / Bramaba alrededor de tu cintura, / Y como un brazo colosal, la oscura / Ribera te llamaba. En tus retinas, // Y en tus cabellos, y en tu astral blancura, / Rieló con decadencias opalinas / Esa luz de las tardes mortecinas / Que en el agua pacífica perdura. // Palpitando a los ritmos de tu seno, / Hinchóse en una ola el mar sereno; / Para hundirte en sus vértigos felinos // Su voz te dijo una caricia vaga, / Y al penetrar entre tus muslos finos, / La onda se aguzó como una daga. –&lt;i&gt;Océanida&lt;/i&gt; --; “Arroyo claro que en tu murmullo le das arrullo al cañaveral, / hilito de agua que hace cosquillas a mi vereda y a mi jacal. / Son tus guijarros un collarcito con el que adorno mi corazón. / ¡Cuna de plata de la mañana, que en la montaña se hace canción! / Yo tengo celos, celos mortales, / porque tú bañas su lindo cuerpo lleno de luz / y tengo celos de tus espumas y tus cristales, arroyito de plata, mi rival eres tú.” –“Arroyito”, Lara).&lt;br /&gt;Pero Lara es mucho más directo en otras canciones, a veces con intención rencorosa (“vende caro tu amor… aquél que de tus labios la miel quiera, que pague con brillantes tu pecado”, aunque es mucho más de ardido “espero a que te pongas más barata pues algún día bajarás de precio” de los hermanos Martínez Gil); o más rendido pero con la misma intención, en “cada noche un amor, distinto amanecer, diferente visión”, o más festiva, la narración de la aventura en Acapulco, sin importar su pasado de ella (“amores habrás tenido, muchos amores… pero ninguno tan bueno ni tan honrado como el que hiciste que en mí brotara” –órale–, o “la blanca tibieza que derramaste en mí”, todos estos versos de una sinceridad sin lugar a dudas de la sensualidad, notoriamente extramarital).&lt;br /&gt;Meloso, Lara se insinúa, ofrece, a veces reclama, pero su reclamo no es el mismo que quien se queja “Ay, amor, ¡qué malo eres¡”, o del que menos enojado y más bien perdonando, “yo te agradezco con toda el alma tu noble empeño”, espléndida en la voz de Eva Garza; Lara no es dubitativo, como Osvaldo Farrés, quien suplica “por lo que tú más quieras, hasta cuándo, hasta cuándo”, o como Gatica, quien confiesa “No sé decirte qué pasó”; es inequívoca la confesión de Pedro Flores, “por más que se oponga el destino, serás para mí”, porque no hay que preguntar para qué; más orgulloso de la confesión es el anónimo compositor de “un beso a la medianoche y el otro al amanecer”. Igual de orgulloso y presumido es el que se ufana: “¿Quién si no fui yo pudo enseñarte el camino del amor?”, aunque a continuación, penoso, confiesa “muerta mi altivez cuando mi orgullo rodó a tus pies”; “Recuerda un poquito quién te hizo mujer”, alardea José Alfredo por aquello de que siempre hay una primera vez.&lt;br /&gt;Pero la canción mexicana está llena de frases inequívocas, y si las mostramos aisladas, son reveladoras; las siguientes, de canciones de múltiples compositores desde los más finos (Alfonso Esparza Oteo) hasta otros menos sutiles, hablan de actos propiciatorios hasta culminaciones: “Acércate más, y más y más, pero mucho más”; “¿Qué no estás tú viendo que lo estoy queriendo sin saberlo tú?” “Porque tal vez será nuestra última noche de amor”; “Pero cómo le explico a mi corazón cuando extrañe en las noches tu piel, tu voz: te fallé como amante”; “Pero a fuerza no será”; “Lo mismo pierde un hombre que una mujer”; “Voy a mojarme los labios con agua bendita”; “Pero voy a sacar juventud de mi pasado” (ideal para promover medicamentos milagrosos); “No quiero que te vayas, la noche está muy fría, abrígame en tus brazos hasta que llegue el día. La almohada está impaciente”; “Te tuve una vez muy dentro de mi corazón”; “Ya no me importa lo que digan los demás”; “Quisiera ser el primer motivo de tu vivir; estar en ti en la misma forma que estás en mí… esa ilusión de amor que se siente una sola vez” “…y hacer de cuenta que hoy nos conocimos”; “Por fin ahora soy feliz, por fin he realizado el amor soñado en mi corazón”; “Lo que he sufrido al sentir tu decepción”; “Que me diste tu amor por equivocación”; “Yo sé que soy una aventura más para ti, que después de esta noche te olvidarás de mí”; “Cuando me asalta el recuerdo de ti, siento en el alma mortal soledad” (es mejor la de Tin-Tan: “Cantando en el baño me acuerdo mucho de ti… y es que cuando me froto, pues yo me acuerdo...”; “Naufragué en el verde mar luminoso de tus ojos, pero al fin pude alcanzar la playa ardiente de tus labios rojos”; “El vicio, el vicio, el vicio de quererte me domina” “Yo haré palpitar todo tu ser”; “Es el error que ahora con dolor pagamos los dos”; “Hace tanto tiempo que estoy divagando, con la fiebre intensa de este cruel martirio, sigue sin piedad sin compasión callando, y tú no me dices ni que sí ni quizá ni que no”; “Y pensar que tuve tan cerca otros labios y los desprecié; pero no me quejo, fue maravilloso lo que te robé”; “Cantando por el barrio del amor”; “Qué caro estoy pagando por quererte, ay cariño” “De mi pasado preguntas todo, que cómo fue”; “Entrégame tú la caricia suprema de amor, con luz en la mirada que ahuyente esa lágrima tuya y olvide el dolor”; “Me gustas mucho, mucho, pero mucho”; “Tú sabes que somos dos amantes que vivimos dos vidas diferentes”; “Como un duende yo sigo tus pasos, para ver si tan sólo eres mía o repartes tu amor en pedazos”; “Si ella te dio su querer tú se lo debes pagar”; “Tuve que pagar albricias por ser tan afortunado”; “Cuando sientas el hastío de otras tierras volverás”; “En la penumbra vaga de la pequeña alcoba, donde en aquella tarde te acariciaba toda”; “El corazón que una noche muy confiado te entregué, y sin ver que me engañabas en tus manos lo dejé”; “Si mi más grande amor tan pequeño lo ves” (otra confesión penosa); “Los dos estamos ahora frente a frente; los dos sabemos lo que el alma siente”; “Te llevaste mi vida con tu prisa y me dejaste inmensamente triste”; “Mas hoy sé que has jugado conmigo, satisfecha quizá ya estarás. Ríete nomás, ríe te digo”; “Quién pudiera pagarte un minuto de amor”; “Chacha, mi chacha linda” (favorita de diversos escritores mexicanos calificados de chirriscos); “Yo que fui del amor ave de paso”; “Amor mío, tu rostro divino no sabe guardar secretos de amor; ya me dijo que estoy en la gloria de tu intimidad; cuánta envidia se va a despertar” (la más explícita de todas las citas); “Cuéntale, cuéntale” (reto de Nydia Caro); “Yo sé que nunca llegaré a la loca y apasionada fuente de tu vida”; “Íntimo secreto, confesión de amor”.&lt;br /&gt;Fuera de contexto, los Tlamatinis encontraron en la confesión de Roberto Carlos, de que una de sus canciones favoritas, y que hasta entonces era de las que más cantaba, “Amapola, lindísima Amapola”, cuando a principios de los setenta lo entambaron por posesión de drogas, la razón de todo. Seguiré en la próxima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los últimos nueve días han sido angustiosos, de azoro, susto, incertidumbre, y finalmente alivio. Ahí la llevamos, todo ha salido mejor de lo que esperábamos. Hace poco un historiador se explicaba la crisis por lo corrupto que somos los mexicanos. No sabe lo que dice, nos confunde con los gobernantes: gente que se acercó a ayudar, que nos avisó lo sucedido tratando de infundir esperanzas, gente que pudiendo aprovecharse se comportó con una honradez, una limpieza ejemplares; gente que aun con el espanto en el rostro hizo más allá de lo humano para auxiliar; médicos, enfermeras, personal administrativo de un hospital de gobierno que desmiente lo que opinamos de ellos sin entender su trabajo. Y como siempre, llenos de amigos que muestran su humanidad, su entereza, su grandeza, y de quienes nos sentimos orgullosos. Ahí la llevamos gracias a ellos. Y queda la certidumbre de que nada hubiera sucedido si las autoridades no fueran tan corruptas, si no beneficiaran a las grandes industrias; ahora sabemos a qué estamos expuestos si permitimos que esos grupos, disfrazados de todas las tendencias políticas a las que denigran, sigan empeñados en conservar o adquirir o recuperar el poder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Sus coreografías son espléndidas, las voces de sus actores, admirables, las tramas divertidas y a veces interesantes, además de la belleza de algunas de sus protagonistas y de sus invitadas; pero preferir las versiones de &lt;i&gt;Glee&lt;/i&gt; es como preferir leer a Dèja Lu en vez de a José Emilio Pacheco.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el portal de El Universal, Edición Impresa, Hemeroteca, en la edición del 26 de junio, en Columnas, El Librero, con reseñas de los cuentos y los poemas completos de Borges, y cuatro libros más.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-449466355880406378?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/449466355880406378/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=449466355880406378' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/449466355880406378'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/449466355880406378'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/06/que-dijeron.html' title='¿Qué dijeron?'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-5463235942107610312</id><published>2011-06-12T20:31:00.000-07:00</published><updated>2011-06-13T06:48:33.193-07:00</updated><title type='text'>Manos arriba (o toccata y fuga)</title><content type='html'>Son varias las personas  que han señalado un fenómeno que no sé cuánto tiempo dure: si la muerte era pública y el sexo privado, desde hace unos pocos años es a la inversa: uno se entera tardíamente del fallecimiento incluso de gente famosa, como la excelente cantante Phoebe Snow, aquella que hace dueto con Paul Simon en “Gone at Last” y le hace coros en “50 Ways to Leave Your Lover”, ambas de &lt;i&gt;Still Crazy After all these Years&lt;/i&gt;, considerado el mejor álbum de 1975; falleció el 26 de abril, sin que hubiera apenas unas notitas breves, perdidas, en unos pocos periódicos; o el de Captain Beefheart; ambos fallecimientos hicieron ruido en el mundo de la música, pero sólo nos enteramos de su fallecimiento por las revistas especializadas; de la vida sexual de estrellitas, estrellados y futbolistas (y beisbolistas: Álex Rodríguez debe sus constantes slumps a sus parrandas con Madonna y últimamente con Cameron Diaz, aunque Derek Jetter no se vio afectado en su juego por su romance con Jessica Alba, aunque por un buen rato tuvo que andar cantando “la última noche que pasé contigo quisiera olvidarla pero no he podido, la última noche que pasé contigo, hoy quiero olvidarla por mi bien” –“si no fuera por la penicilina”, como me confesó uno de los más nobles e inteligentes economistas y funcionarios mexicanos) la exponen cada semana las revistas dedicadas a los chismes del espectáculo: con quién, cómo, cuántas veces, en qué horarios, con la mujer de quién (como decía la muletilla de los años cincuenta); sin rubor confiesan, haciendo como que se arrepienten, recién casadas y recién divorciadas, y hacen alarde de sus habilidades que quieren hacer coincidir con sus medidas, y que casi siempre están en proporción inversa a sus cualidades histriónicas. Ven con orgullo cuando son incluidos en las listas de los adictos al sexo, aunque no caen en el exceso de tener que acudir a terapia, como lo hizo Michael Douglas, quien no se apenaba de sus malas actuaciones, sino de sus inoportunas erecciones en pleno set, delante de los técnicos, y que no siempre inhibían a sus coestrellas.&lt;br /&gt;Eso, que debería pertenecer al ámbito de la intimidad, es abordado también en programas radiofónicos y televisivos, con alardes y a veces con envidia. Pero aparece en otro tipo de programas, no en el del chismorreo sino en series, telenovelas (&lt;i&gt;soap operas&lt;/i&gt;) y películas, en todo tipo de horarios. No sólo en el programa que parecía más la autobiografía de su principal protagonista, Charles Sheen, sino en programas supuestamente familiares, o en los que se elogia a los nerds, donde se plantean los cariñitos de un instante a las que no hay que volverlos a ver, porque se ha descartado que por una o varias experiencias piloto sean calificadas las mujeres como se catalogaba a las que iban al cine con más de uno, aunque haya sido en diferentes etapas. Desvirgar ya no significa condenar a una soledad arrepentida por la adolescencia apresurada; en todo caso hay que ver que hace un siglo ya había quienes no se escandalizaban por ello; sólo basta echar una mirada a la postura de Alfonso Reyes frente al enamoramiento de Amado Nervo por su hijastra Margarita.&lt;br /&gt;Hay algo más: más superfluo y a la vez más visible; lo que califican como “ass grab”, “ass pinch” y “ass slap”, que si se hicieran en los vagones del Metro merecerían dos años de cárcel o una multa alta, más el calificativo de “conducta antisocial”, pero que son muy aplaudidas, con el perdón, en cine y televisión estadounidense. En un episodio filmado en 2009 pero que acaba de transmitirse, de &lt;i&gt;NCIS&lt;/i&gt;, Robert Wagner, que debe asistir a una fiesta para descubrir a unos conspiradores, acompaña a Cote de Pablo, llamada Ziva en la serie, y está a punto de palpar el trasero de la actriz, que se ve más carnoso por la ropa que lleva; se abstiene ante la advertencia de otro personaje. Pero es de los pocos que se abstiene, y se ve que a disgusto (en otro capítulo se ve la mano de un hombre en el trasero de Ziva, y nada inmóvil, por cierto).&lt;br /&gt;Decenas de actrices, casi todas actuales, son nalgueadas en alguna serie; como algo insólito en los años ochenta, Katey Sagal, al final de uno de los muchos capítulos de &lt;i&gt;Married with Children&lt;/i&gt;, sufre el manoseo de su suegro, en una escena que queda congelada, cuando sube una escalera; en un capítulo de un programa con audiencia para todo público, Shelley Long sufre el pellizco de un niño vestido de beisbolista; mientras que ignoramos la reacción de Sagal, Shelley Long brinca asombrada y sorprendida, por el dolor y por el que la pellizca. Pero la cantidad de nombres de actrices a las que tocan, soban, palpan, golpean o pellizcan, es asombrosa; van desde las que no tienen otro mérito que una amplia zona donde las palpen, soben, acaricien o pellizquen, hasta las que nadie se ofende si se les califica de actrices; desde la especialista en papeles de sosa, como Lisa Kudrow, a su amiga calificada de cachonda pero sólo en la intimidad, Jennifer Anniston (ésta, muchas veces, como que representa a la vecina sensual); la muy capaz y sobria Carmen Maura a la menos sobria Salma Hayek (Maura colabora con su compañero, porque aunque está ocupada leyendo un documento, se acomoda, se sube la falda hasta dejar descubierto todo el muslo, y se vuelve un poco para que le toque el glúteo con más comodidad; Hayek en cambio respinga, pero no le queda más que aguantarse). Hay algunas que se hacen las disimuladas, mientras que otras responden con empujones, bofetadas, o cuando menos con protestas; a algunas las manosean aprovechando un baile (con disimulo su pareja resbala la mano hasta la parte superior de una asentadera, a lo que ella reacciona quitando la mano de la pareja; otros en cambio bajan las dos manos y las posan en ambas posaderas –cartón de cerveza, en el argot mexicano–; en igual número, ellas respingan, se separan y protestan, o se acomodan para que las sigan acariciando, y no pocas responden poniendo sus manos en las posaderas de ellos); en otras, ellos aprovechan las circunstancias y las manosean abiertamente, aunque la mayor de las veces son toqueteos circunstanciales, fugaces, “tocata y fuga”, pero en otras, como esperando a ver si se saca partido de la situación. Hay manoseos en cintas célebres, como en &lt;i&gt;Río Lobo&lt;/i&gt;, donde John Wayne da una nalgada inocente, como de camaradería, a una muy joven y bella Jennifer O’Neill, sin que ella se ofenda ni sienta provocación (hace unos años los ingleses se quejaban de que sus esposas, al terminar el acto sexual, indicaban con una nalgada que ya podían levantarse; cuando ellos comenzaron a hacer lo mismo, ellas se sintieron objeto sexual). En &lt;i&gt;Dick Tracy&lt;/i&gt; Al Pacino estimula los pasos de baile de Madonna con nalgadas correctivas; en &lt;i&gt;Matrimonio a la italiana&lt;/i&gt;, Marcello Mastroniani saluda con una nalgada amistosa a Sophia Loren; ésta, sin embargo, en otras cintas es reconocida por sus alternantes con un saludo sonoro, pero poco erótico. Ya mencioné en otros escritos las nalgadas de Clark Gable a Joan Crawford, los de Pedro Infante a tres (había dicho dos) extras en &lt;i&gt;Los hijos de María Morales&lt;/i&gt;, Jorge Negrete a Lucha Reyes, Andrés Soler lo hace en otra cinta, con mayor picardía, a una extra muy atractiva, y otra vez Marcello Mastroiani a Faye Dunaway, y a Julissa un extra, y al que ella increpa "para eso son, pero se piden").&lt;br /&gt;No son pocas las que sonríen; son más las que se indignan, y aún más las que se quedan calladas; son las que hacen papeles de meseras, obreras, asistentes a un centro nocturno; en otras (Susan Sarandon) no se ve la mano acariciando, pero ella respinga de una manera muy natural y espontánea, y no se sabe si por buena actriz o porque necesitó del estímulo manual; el papel que hacen no les permite echar bronca, aunque alguna, que simula ser mesera de fonda para camioneros, derrama un líquido sobre el agresor.&lt;br /&gt;Aunque Jennifer Anniston es de las más manoseadas, le ganan de calle Jennifer Lopez, y sobre todo Sandra Bullock, de la que he contado siete escenas en las que la tocan en diferentes partes del trasero; en alguna, como la ayudan a bajar una escalera, no puede más que hacerse disimulada; en otras permite el manoseo porque la observa la familia de él, y ella quiere “marcar territorio”, y agrega una sonrisa maliciosa, no tanto por la caricia como por la cara con que la observan; en todas esas escenas, Bullock parece consentir el manoseo; otras lo aprueban, y otras se comportan con indiferencia, como si nada hubieran sentido; sin embargo, no hay que olvidar que se trata de una zona erógena, y que debía excitar a quien toca como quien es tocado (otra característica reciente: las mujeres opinan de traseros masculinos, y no son pocas las que se adelantan en el toqueteo, desde aquel comercial de Splendor Champú, en el que una mujer bella posaba intencionalmente la mano en un glúteo de quien se supone la acompañaba). ¿Tocan por sentir, por incitar, por palpar, por comprobar que no es “la engañadora”?&lt;br /&gt;No es no, dictan las leyes; ¿y cuando no dicen no? La proliferación de esas escenas no es gratuita; sucede incluso en cintas de dibujos animados; en ellas la sufren, o la disfrutan, actrices o actricitas como Adriana Aguirre, Jessica Simpson, Reese Witherspoon (en una situación incómoda, en un elevador, delante de mucha gente), Hillary Duff, Eva Mendez, Jamie Presly, Alyssa Milano, Kristen Bell, Anna Belknapp, la niñera Fran Drescher, Sofía Vergara (muy a menudo), Vida Guerra, Rossy de Palma, Verónica Furqué, Paloma Montero (en una escena que dura más de un minuto, y con claras intenciones obscenas), Teri Hatcher (como una muy improbable mesera), la delgada y fina pero no menos atrevida Calista Flockhart, Laura Antonelli (también muy a menudo), la cazavampiros Sarah Michelle Geller, y, entre otras muchas más, Penélope Cruz (más audaz que casi todas resultó la mano traviesa de Penélope Cruz en el trasero de Salma Hayek, fuera de los sets, en plena calle, ante la mirada de curiosos y de un fotógrafo que la difundió en todo el mundo; Cruz debió ofrecer disculpas; Hayek no comentó nada). Madre e hija, Goldie Hawn y Kate Hudson, han sido palpadas con fuerza, en diferentes cintas, desde luego. Bueno, hasta Joyce DeWitt, que hacía papel de estorbosa y poco atractiva, fue manoseada más de una vez en &lt;i&gt;Three’s Company&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;Algunas de esas escenas son graciosas; otras muestran el acoso laboral, estudiantil, social que deben aguantar las mujeres; otras parecen preámbulo a una relación menos fugaz aunque el contacto sea fugaz; algunos de los actores parece que no pueden contener la excitación que sienten al observarlas, vistan o no de manera provocativa. La mayoría de las escenas muestra sólo el poderío masculino; que a veces salgan respondonas es otra cosa, pero por lo general no muestran deseos de conquistar, sólo de nalguear.&lt;br /&gt;¿Las prohibirán las autoridades, que tratan de evitar que eso suceda en la vida real?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Quién es el escritor conocido como “Dèja Lu”?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque no haya aparecido en el portal de &lt;i&gt;El Universal&lt;/i&gt;, puede leerse la columna El Librero si entran a Edición Impresa, de allí a Hemeroteca, en domingo 12, y en las columnas. Cinco notas de cinco libros interesantes.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-5463235942107610312?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/5463235942107610312/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=5463235942107610312' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/5463235942107610312'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/5463235942107610312'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/06/manos-arriba-o-toccata-y-fuga.html' title='Manos arriba (o toccata y fuga)'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-6997105042646480144</id><published>2011-06-07T09:29:00.000-07:00</published><updated>2011-06-07T09:29:13.157-07:00</updated><title type='text'>Enfermedades reales, enfermos imaginarios</title><content type='html'>Tengo antecedentes; debería ser como mi padre, a quien, para aliviarse las pocas veces que se enfermó, le bastaba con comprar las medicinas y traerlas en la bolsa del saco, sin necesidad de ingerirlas; a veces ni las compraba, la receta del doctor Díaz Valencia o de Feria Medina era suficiente para sanarlo. Mi madre en cambio se sabe la fórmula de todas las medicinas que hay en el mercado, y hasta algunas que ya desaparecieron, como el Enterovioformo, y para qué sirven; uno de mis tíos, considerando que algún día debían extirparle el apéndice, se presentó en el sanatorio que estaba en el condominio Insurgentes y logró que lo operaran al día siguiente, en una travesía casi tan divertida como cuando a Novo le extirparon el apéndice, y temía que en ese hospital no supieran cuál era el apéndice.&lt;br /&gt; Hay muchos chistes sobre los hipocondriacos, pero somos muchos, y además expertos en enfermedades, tratamientos y consecuencias de los tratamientos. Gracias al &lt;i&gt;Diccionario de Especialidades Farmacéuticas&lt;/i&gt;, que tiene el buen humor de poner la fecha de su caducidad en la portada, estamos aterrorizados cada vez que el médico nos receta un medicamento cuyos componentes, advierten, pueden curar, o causar la muerte, asegún, pasando por diferentes etapas, como inflamación de las manos, pérdida de la sensibilidad (no dicen si emocional; estaría bien), atarantamiento, pérdida de la conciencia; lo que  no advierten es que la somnolencia es natural al ingerirlas, y cuando a la hora de tomarlas uno comienza a sentir sueño, intenta vencerlo porque dormido uno no va a sentir a qué hora regresa la sensibilidad.&lt;br /&gt; Van dos veces que me atacan esas reacciones; una, en los años sesenta, por tomar dos antigripales en vez de uno: no pasó de una hinchazón en los labios y la aparición de unos granos que tardaron un mes en desaparecer; otra, hace cosa de un año, cuando una comida me provocó una infección que no cortaba ni el Treda, ahora de venta restringida; dos analgésicos en menos de dos horas hicieron efecto: no suprimieron el dolor, pero apareció la insensibilidad creciente en el lado derecho de la cara con un poco de inflamación; desde entonces cargo un antiestamínico a todos lados, por si las dudas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes pensaba que la mejor lectura para los hipocondriacos era la Enciclopedia Espasa-Calpe, y me parece increíble que grandes lectores de diccionarios y enciclopedias no hayan advertido sus cualidades: trae los síntomas de cada enfermedad, la intensidad de los dolores, y la inminencia del peligro, con una exactitud que ni los médicos pueden reproducir; muestra de tal modo las diferencias entre una apendicitis y una colitis, por ejemplo, que un enfermo imaginario no puede dudar cuál es el mal que lo está aquejando; ilustra al lector sobre enfermedades poco frecuentes, lo que permite lucirnos: “tuve traqueítis”, que desde luego intentan corregir: “¿no será traqueatitis?”, y más nos lucimos al explicar la enfermedad, la causa, la duración del mal, la convalecencia y el nombre, y otros ilustres que la hayan padecido. No están excluidas más que las enfermedades nuevas que asustan a la gente para luego decir que no fue para tanto, pero qué bueno que nos asustamos y así aprendimos que hay que estornudar sobre la “parte interna del codo” (¡) y lavarse las manos seis veces al día. Pero hasta las enfermedades descontinuadas están descritas con tanta pasión que uno sabe que no las escribió un médico, sino un médico hipocondriaco. Aunque la coreomanía y el sudor inglés nadie las describe mejor que Ruy Pérez Tamayo.&lt;br /&gt; Envidio a los mejores hipocondriacos; las enfermedades reales e imaginarias que sufrió Salvador Novo (y que sigue sufriendo: los malos lectores) son documentadas de manera magistral: sus gripes anuales eran motivos de crónicas estupendas, divertidísimas, que además le permitían desahogarse contra el patrón Elías, que regularmente era quien se la transmitía en sus comidas semanales; cinco o seis de ellas están entre sus mejores ensayos; y se cebaba en otros, como cuando don Daniel Moreno resbaló en la Capilla, se fracturó una pierna, y Novo pensaba que podía ser el motivo por el cual Moreno dejara de escribir durante varias semanas. O la ya referida extirpación del apéndice, innecesaria, pero sugerida por su jefe Carlos Chávez quien no soportaba la idea de morir solo a consecuencia de la operación de un apéndice inútil (ni tan inútil: acaban de descubrir que tiene una función que antes desconocíamos, enfermos reales e imaginarios, y nuestros médicos).&lt;br /&gt; Carlos Monsiváis, quien tanto le debió a Novo, no recibió como herencia la hipocondria, como sí la recibieron José Antonio Arcaraz, que era un hipocondriaco extraordinario, y José Ramón Enríquez, quien ha padecido unas magníficas enfermedades imaginarias, pero su médico lo ha desencantado al comprobar que esas enfermedades no podía sufrirlas él.&lt;br /&gt; Otro hipocondriaco excepcional lo ha sido José Luis Cuevas, cuyos relatos son ejemplares, pero que no puedo reproducir porque el libro que los recopilaba fue extraído de mi casa por una seudoperiodista, PT (pronúnciese como quiera el lector) que acompañaba a Héctor de Mauleón y a Alejandro Toledo, con el pretexto de que iba a ser una reseña que ni entregó ni devolvió el libro, lamentablemente agotado.&lt;br /&gt; No tan buen hipocondriaco era José Donoso, porque las enfermedades imaginarias las convertía en reales; un hipocondriaco con limitaciones es Carlos Fuentes, a quien sólo le aparece una úlcera, y la combate escribiendo; los otros males no lo han atormentado tanto como las úlceras, y han sido reales; por fortuna, las ha combatido precisamente por el miedo del hipocondríaco, y no ha dejado que avance, como muchos que no hacen caso de los síntomas.&lt;br /&gt; Claro que los médicos le sirven poco a los hipocondriacos; los inteligentes, como Carlos Macías, porque se abstienen de decirle al paciente cuál es la causa de su malestar, y lo dejan con la duda; otros, menos inteligentes, reaccionan con indignación: “no tiene usted nada, sólo tiene que cuidarse”. Por ellos, los insensibles y poco inteligentes, es la no tan infrecuente lápida “Se los dije” (que necesita un corrector: lo correcto es “se lo dije”, porque el verbo es singular). O “¿No que no?”, a la que le ponen acento indebido en “que”. Hay médicos con los que uno no puede comer, porque se la pasan advirtiendo de peligros, pero sin proponer opciones gastronómicas.&lt;br /&gt; Pero eso es para los malos hipocondriacos, los que sufren una enfermedad imaginaria pero que desean tenerla, para así hacer sentir culpables a los cónyuges y a los hijos: “¿ya ves que no estaba fingiendo?”; los hipocondriacos buenos padecemos solos, a lo mucho atosigamos a una o dos personas; el hipocondriaco tiene cruda y se siente morir, como mi amigo RV; tiene colitis y ya se siente operado del apéndice; el buen hipocondriaco es como García Márquez, quien fingió tan bien un padecimiento sólo para quedarse a oír chismes inconvenientes para su edad, y a causa de ello le extirparon las amígdalas; el hipocondriaco real tiene gastritis pero no deja de sazonar con salsa mexicana hasta los chiles rellenos y los ñoquis.&lt;br /&gt; Somos bombardeados: en medio de una película divertida como &lt;i&gt;Mi querido Capitán&lt;/i&gt;, promueven remedios contra la inflamación de la próstata, contra el ardor de las hemorroides o del pie de atleta, o para combatir la diabetes, y le dejan a uno la preocupación: “o sea que…”, se queda uno pensando. Los doctores crueles dicen “ha de haber una infeccioncilla leve por ahi. Pero no deje de avisarme, aunque sea a medianoche”, y ahí va uno corriendo al Diccionario de Especialidades Farmacéuticas para ver qué males combate el medicamento recetado, qué pasa si se lo toma uno con cerveza, o peor, con leche (porque anula el efecto benigno de los antibióticos, aunque por otro lado amortigua los efectos efímeros pero temibles de algunas medicinas, que provocan gastritis), qué inconvenientes puede provocar aunque uno no haya dado muestras de alergia a sus componentes; con qué otros medicamentos no debe combinarse, y en cuánto tiempo se espera que haya reacción.&lt;br /&gt; A Salvador Novo un médico cruel le recetó, no sólo medicamentos incómodos para la gastritis, también lo condenó a una dieta de campo de concentración; ante sus quejas, el médico le dijo que era esa dieta lo mejor para combatir los malestares; “yo mismo la llevo”; Novo se vengó invitándolo a una cena; lo sentó a su izquierda; los meseros comenzaron a servir un mole de olla que todos vieron complacidos; al llegar al médico, y a Novo, los meseros se fueron a la cocina con el mole de olla y le llevaron a ambos un caldo insípido y unas piezas de pollo hervido; el médico protestó: “yo quiero mole de olla”; “usted y yo somos los enfermitos, es la dieta que tomamos”; “¡está usted curado, ya no necesita la dieta, que nos sirvan mole de olla a los dos!”; pero no todos los médicos son igual de rápidos para curar. Hay unos más crueles, como aquel acto de los Polivoces, en que un dentista tenía el letrero que anunciaba los precios: “extracción sin dolor, 50 pesos; extracción con dolor, 500 pesos”, y cuando el paciente se quejaba, advertía: le va a salir más caro. Los dentistas son antihipocondriacos, porque en cuanto uno abre la boca, exclaman: “Uy, ¿por qué no vino hace dos años?”. Carlos Fuentes dice de uno de sus personajes que era “más mentiroso que un dentista”. Pero no hay que dejar de temerle, sobre todo después de leer &lt;i&gt;Los Buddenbrook&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt; Porque los auténticamente crueles son los que palpan el vientre y comienzan a sugerir síntomas que uno no había sentido, y que surgen en ese momento, provocando entusiasmo en el enfermo; y después de todo, afirman: tómese un tecito de manzanilla en la nochecita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuatro o cinco veces he tenido apendicitis, mi enfermedad favorita de la adolescencia, pero Feria Medina la descartó en todas las ocasiones; de las diez veces que he contraído traqueítis, sólo dos veces ha sido reales; tuve pulmonía en agosto de 1959, cuando salí al frío la noche en que José Medel derrotó por decisión al &lt;i&gt;Toluco&lt;/i&gt; López, el primero de ese mes, en la Arena México, aunque varias veces he creído que un ligero resfriado es pulmonía; en cambio, con la influencia, ni me di cuenta; he combatido la gastritis porque en la peor época me pasaba la noche esperando un infarto, por el dolor invasivo, hasta que en un capítulo de &lt;i&gt;Quincy&lt;/i&gt; vi la similitud de los síntomas y me pareció despreciable; la combatí, sin eliminarla, porque no es para tanto, con sólo dejar de cenar leche condensada, o tomando un digestivo después de comer mole. No dejo de creer que los lunares que siempre he tenido son nuevos, o han crecido.&lt;br /&gt; Pero mi condición de hipocondriaco honorario me permitía asustar a los compañeros de trabajo, todos hipocondríacos inexpertos; cuando relataban los síntomas me adelantaba al diagnóstico del médico y adivinaba qué medicina le recetarían, la dieta, el tiempo en que tardarían en sanar, pero agregaba los peligros, reales o imaginarios, que además no podían combatir porque el horario del periódico obligaba a desayunar a mediodía, a malcomer en la noche, y a llegar a cenar en pleno sereno. Ayudé a sanar a varios, pero provoqué angustia en la mayoría, le advertí del peligro que representaba la comida que más apetecían, y amenacé con crisis irremediables si probaban una vez más su bebida favorita. Los hipocondriacos no tenemos por qué sufrir en soledad. No es justo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el torneo de tenis de Roland Garros hubo varios aspectos que hay que destacar: el reconocimiento de alguno de los cronistas de la obligación del periodista a no tener favoritos en un juego; su incapacidad para ver las cualidades de la campeona Na Li, o el berrinche cuando Federer hacía una buena jugada; también, que uno de los defectos de Sharapova es que es muy mala perdedora, lo cual es una advertencia para su marido; lo más admirable es que el público todo usaba sombrero; los médicos mexicanos están advirtiendo de la necesidad de que regrese la moda que interrumpió López Mateos, y ya cuando van a comprarlo, los pacientes lo usan como paliativo, no como protección. De pronto, en el Metro, en el pesero y en algunos restaurantes vuelve el sombrero, pero no lo usan los pelones ni los calvos, y los modelos disponibles no se sabe si son masculinos o unisex; ojalá que los sombrereros recapaciten y vuelvan a traer tantos modelos como había en los ochenta, cuando estuvo a punto de ponerse de moda otra vez, y como está de moda en París.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-6997105042646480144?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/6997105042646480144/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=6997105042646480144' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/6997105042646480144'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/6997105042646480144'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/06/enfermedades-reales-enfermos.html' title='Enfermedades reales, enfermos imaginarios'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-1736667448103507693</id><published>2011-05-30T08:02:00.000-07:00</published><updated>2011-05-30T08:02:41.550-07:00</updated><title type='text'>Pancho Villa, bajo la mirada de Katz</title><content type='html'>(Hace unos pocos meses falleció Friedrich Katz, un historiador austriaco pero más mexicano que muchos mexicanos. Uno de sus mejores libros, &lt;i&gt;Pancho Villa&lt;/i&gt;, aparecido en noviembre de 1998, siguen siendo ejemplo de trabajo, lucidez, imparcialidad, al mismo tiempo que fervor. El 12 de enero de 1999 publiqué una larga reseña que, según me dijo uno de los editores de Katz, fue leída por el historiador con gusto. La rescato ahora, a 12 años de haber aparecido en las páginas de la sección Cultural de &lt;i&gt;El Financiero&lt;/i&gt;.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un lugar común, lleno de desesperanza, es que los extranjeros están más interesados en nuestra historia que nosotros. La monumental obra de Daniel Cosío Villegas y discípulos, con toda su magnificencia, llega a un puñado de lectores que, de cualquier manera, son lectores cautivos de la materia.&lt;br /&gt;   Un par de libros, aparecidos en tiempos recientes, parecieran confirmar los temores de ese lugar común: &lt;i&gt;La conquista de México&lt;/i&gt;, de Hugh Thomas, y el muy reciente, en español, &lt;i&gt;Pancho Villa&lt;/i&gt;, de Friedrich Katz (Ediciones Era, colección «Biblioteca Era», 1998). El primero provocó la envidia de muchos especialistas en el tema, pero demostró cualidades de los que se carecía, en general, porque al parecer los historiadores, como todos los mexicanos, no han podido abordar el tema sin tomar partido, sin sangrar por la herida. Thomas logró un libro en el que Cortés es un ser humano, de los más brillantes de su tiempo, uno de los primeros hombres del Renacimiento, sin por ello denigrar a los mexicas que, como concluye Thomas en el final de su libro, pelearon como dioses aunque ellos creían que peleaban por sus dioses.&lt;br /&gt;   Katz, un apasionado de la historia de México (ya había publicado antes &lt;i&gt;La guerra secreta de México&lt;/i&gt; --que hay que retomar con el impulso que da su más reciente libro--, y en la célebre SepSetentas, y después reeditado en Era, &lt;i&gt;La servidumbre agraria en el porfiriato&lt;/i&gt;), logra algo similar e igualmente emotivo con su nuevo libro, en el que tardó, según confesión propia, más de 15 años en elaborarlo.&lt;br /&gt;   Con Villa logró un trabajo extraordinario: pintar a un ser humano cuando todos han visto un monstruo o un súperhéroe, a un bandido o a un ideólogo, de la manera más maniquea que se pueda imaginar el lector; lo hacían protagonista de hazañas inverosímiles, mártir de la injusticia porfirista, reformador social, o un bandido sin escrúpulos, un asesino despiadado y un inconsciente que estaba en la Revolución de una manera oportuna y sin sentido; lo oponen a reformistas sociales como Calles y Obregón, o a reformistas políticos, como Madero y Carranza, y a luchadores incansables con ideología, como Zapata, e incapaz de comprender a socialistas como Felipe Ángeles y menos aún de someter a bandoleros como Fierro o Urbina.&lt;br /&gt;   De Martín Luis Guzmán a José Vasconcelos, de Roberto Blanco Moheno a José Santos Chocano, todos tomaban partido, a favor o en contra, sin considerar el "descubrimiento" de que firmó un contrato con productores de Hollywood, lo que ha llevado a afirmar que escogía campos de batalla que fueran favorecedores como escenarios cinematográficos, e incluso que cedía a las peticiones de esos productores para atacar una ciudad a determinada hora que permitiera la filmación.&lt;br /&gt;   Katz destruye muchos de esos mitos y, sin mencionar a nadie, desmiente uno mayor: que Obregón mandó asesinar a Villa cuando leyó la entrevista que concedió a Regino Hernández Llergo (Mauricio Garcés, en la versión de Ismael Rodríguez).&lt;br /&gt;   Pero hay que ir por partes: leer este libro es como analizar una partida de ajedrez: se ve cada una de las causas posibles a cada uno de los aspectos de Villa y, sin calificarlo, analiza los resultados y lo que pudo haber sido.&lt;br /&gt;   Eso no quiere decir que no simpatice con Villa; aunque busca y logra la objetividad en cada capítulo, no puede ocultar que lo ve con más agrado que con coraje, y en las conclusiones, de una manera comprometida, aclara que tiene con Villa más identificaciones que rechazos, y dos veces que sí cree que estaba convencido de lo que decía y que no era un oportunista.&lt;br /&gt;   Uno no cree que Katz haya dejado atrás a los historiadores mexicanos sólo por este aspecto, sino porque hace algo que se ha obviado: que el resto del mundo también existe.&lt;br /&gt;   El análisis que hace de la Revolución Mexicana comparándola con otros procesos sociales en otros países ayuda mucho a que el lector se centre, compare, juzgue, y sobre todo comprenda. Ese solo hecho despoja sin más muchas de las etiquetas maniqueístas con que hemos visto a los protagonistas de la Revolución. Así, Urbina deja de ser un compadre sanguinario capaz de llorar por el amigo al que acaba de asesinar, o Fierro el verdugo frío y ambicioso; Carranza, sin dejar de ser el enemigo de Villa, es también un nacionalista empecinado y un hombre incapaz de traicionar a su clase socioeconómica. Ángeles tampoco es el ingenuo mártir, ni Obregón el astuto lobo agazapado, como tampoco Zapata es el luchador inmaculado.&lt;br /&gt;   Por el contrario, se recuperan figuras que, menos carismáticas, fueron mucho más importantes pero se fueron perdiendo, como Rafael Buelna, Martín López, Toribio Ortega, Maclovio Herrera, que tampoco se quedan en sombras ni en protagonistas secundarios atrás de Pancho Villa.&lt;br /&gt;   Asombra el método de investigación de Katz; en una época en la que el promedio de lectura ha descendido a menos de la mitad de un libro al año, el austriaco leyó cientos de expedientes judiciales para recrear, en dos páginas, los pleitos de las viudas de Villa por la herencia. Su indudable talento de novelista evitó que ese proceso, y muchos otros, legales o simplemente epistolarios, se redujeran a meros números o a la reproducción de los documentos.&lt;br /&gt;   El lector se encuentra con una muy bien lograda atmósfera que calca la vida en México de principios de siglo a 1923, que maneja en poco menos de mil páginas a cientos de personajes, cientos de acciones militares, decenas de episodios políticos y miles de suposiciones, y que sólo haya un error de consideración, y que no influye en el libro, que es el de suponer que Juan Barragán, antiguo carrancista, haya sido diputado priista en 1966, cuando se inscribió el nombre de Villa en la Cámara de Diputados (fue presidente del Partido Auténtico de la Revolución Mexicana).&lt;br /&gt;   Nadie es por sí solo. Katz rastrea la vida de Villa desde que se llamaba Doroteo Arango y era uno de los bandoleros más célebres de los años anteriores a la Revolución, pero a partir de allí nos obliga a quitarnos vendas de los ojos: fue bandido, pero no era ése el mismo concepto de ahora: muchos jóvenes tomaban ese único camino si desechaban el de la sumisión en la hacienda, o el del ejército; cualquier desafío a la autoridad los convertía automáticamente en parias, y Katz se va hasta los años de Heraclio Bernal, uno de esos luchadores que se mantiene de robar a los poderosos y repartirlos entre los desamparados, y que al mismo tiempo es un opositor al gobierno, o tal vez por eso mismo.&lt;br /&gt;   Ignacio Parra, "secuaz" de Bernal, lo fue también, años después, de Villa, lo que hace un árbol genealógico bastante más interesante que si se tratara de un prófugo que ataca al patrón que intenta (o logra) violar a la hermana.&lt;br /&gt;   A partir de ese dato, Katz entrega un libro diferente; la carencia de documentos que certifiquen una de las muchas versiones que hay alrededor de todos los momentos públicos (o incluso de los íntimos) de la vida de Pancho Villa no lo detiene, pero tampoco lo fuerza a tomar partido por una de ellas; lo que hace es analizar cuál puede ser más factible, pero sólo como suposición, pero partiendo de datos reales: las decisiones que tomó en cuestiones parecidas, lo que dijo en otros aspectos que revelan su manera de pensar, y desecha las que lo hacen pensar que iba contra su lógica y su pensamiento o incluso contra sus sentimientos.&lt;br /&gt;   Llama la atención otro aspecto: que en la Revolución Mexicana Villa representó, no a los campesinos, sino a los peones, que no fueron considerados por los otros líderes de esa época, sino hasta la ascensión de Lázaro Cárdenas a la presidencia del país. &lt;br /&gt;   Son muchos, sin embargo, los aspectos que toca Katz que han sido obviados por otros biógrafos de Villa: analiza su actuación a la luz de otros líderes revolucionarios, y destaca lo singular que fue la Mexicana; la evidente simpatía que le tiene no lo convierte en un estudioso sin crítica, ni oculta las muchas contradicciones que caracterizaron a Villa; no las disculpa, simplemente las explica, aunque la mayoría de las veces no salga bien librado el personaje.&lt;br /&gt;   Para lograr esto, Katz pone a disposición del lector un panorama político, social y económico del México de esos años, y muestra, a grandes rasgos, a muchos de los personajes significativos; si no ofrece un retrato amplio de Carranza, cuando menos uno puede explicarse por sí solo las discrepancias entre ambos, y acomete una audacia mayor: la rivalidad de Carranza y Villa en 1915 no implica la complicidad de Obregón con el primero; Katz muestra que lo que llevó a Obregón a levantarse contra Carranza en 1920 ya existía desde antes de la batalla de Celaya, lo que nos cambia por completo el panorama sobre los tres hombres.&lt;br /&gt;   Tal vez la audacia que más le cueste simpatías a Katz entre los lectores mexicanos es la manera como aborda a Madero; después del análisis no queda la figura de un reformador político, nunca la de un revolucionario social; su empeño democrático, se concluye después de esta lectura, conduce a elecciones limpias con todos los riesgos que esto implica, pero excluye la justicia social, y más aún el reparto agrario, lo que causó que disminuyera el apoyo de peones y campesinos sin que se ganara el respeto de los oligarcas, dispuestos a la democracia en las mulas del compadre.&lt;br /&gt;   Estos reparos a las figuras de Obregón (quien queda como un oportunista a la espera del momento adecuado para deshacerse de Carranza y para hacerse del poder) y Madero no les quita peso como personajes importantes en el México revolucionario, simplemente los despoja del lugar común que nos impide verlos como personas y no como estatuas.&lt;br /&gt;   Katz logra incluso hacer digerible y fácil la lectura de los procesos agrarios, escollo que no siempre han conseguido los ensayistas que, con disculpas por la fácil figura, tienen resultados áridos. Eso ha hecho difícil la lectura, por demás indispensable, de Andrés Molina Enríquez e incluso de escritores más dotados narrativamente, como Luis Villoro.&lt;br /&gt;   En Katz se ve algo asombroso: no necesita mentir para desmentir: es cierto que Villa fue un bandido antes de ser revolucionario; es cierto que mató antes de ingresar al ejército; es cierto que lloró cuando Huerta ordenó que lo fusilaran; es cierto que sus tropas cometían desmanes cuando entraban a las ciudades que capturaban; es cierto que Villa ordenó matar a cientos de oficiales federales o carrancistas; cierto que estuvo involucrado en muertes de civiles; cierto que fue un mujeriego e incluso un violador; cierto que atacó pueblos indefensos; cierto que la confianza lo perdía. Es cierto todo lo que dicen los enemigos y críticos de Villa, pero hay matices y explicaciones, que no disculpas.&lt;br /&gt;   Y para humanizarlo, para entenderlo, no recurre al truco de atacar a los contrincantes y enemigos de Villa; basta con explicar y recrear la atmósfera de esos años. Eso es suficiente.&lt;br /&gt;   El resultado es devastador: aunque comienza por el principio y termina por el final, no hace un relato cronológico, ni mucho menos lineal. Obliga a ver de manera panorámica, a que el lector retroceda días, meses o años para ubicar en el tiempo y en el espacio ciertas palabras, cierta actitud, una decisión irrevocable y determinante; nadie puede aislar ni descontextualizar a Villa: lo influyen Parra, Pascual Orozco (una figura que hay que rescatar por lo menos para entenderlo), Victoriano Huerta, Roque González Garza, Madero, Ángeles, Zapata, Eulalio Gutiérrez, los Herrera, los López, incluso Carranza, Calles, De la Huerta, Obregón y uno de sus enemigos más encarnizados, Pancho Mecates; no es Villa solo, es el México revolucionario.&lt;br /&gt;   Atención especial merece el capítulo del asesinato de Villa; desechada la famosa entrevista con Hernández Llergo (en el prólogo al primer volumen de &lt;i&gt;Cara a cara&lt;/i&gt;, los libros de entrevistas de James Fortson, Edmundo Valadés la hace responsable del atentado con el simple recurso de cambiar la fecha del hecho: Hernández Llergo fue a Canutillo en 1922, no en 1923), Katz analiza todas las posibilidades, causas y participantes. Y sorprende, porque sin hacer a un lado a Obregón, al que todos han responsabilizado, menciona mucho más al rival de Villa, José Agustín Castro, a Calles y a Joaquín Amaro, una eterna víctima de Villa en el campo de batalla y un militar, dice Katz, sin escrúpulos. La participación de Obregón, nos hace deducir Katz, se restringe a la complicidad, el silencio y al cinismo, más que a la autoría intelectual.&lt;br /&gt;   Katz es un historiador escrupuloso y detallado; no deja más resquicios que la carencia de material, y nos reprocha la escasez de historia oral y de una indiferencia para con nuestro pasado y más aún con nuestro presente. Hurgó en archivos, libros, revistas, periódicos; su abundante bibliografía (aunque falta &lt;i&gt;Ayer en México&lt;/i&gt;, de Dulles, uno de los libros más lúcidos sobre la Revolución, y más desmitificadores) es apabullante; comparó versiones, y leyó sin discriminar ni descalificando a los autores, aunque revisó sus simpatías políticas, sociales y personales; no descartó visiones sino hasta que el peso de los hechos las hiciera inviables (o de plano imposibles) y examinó cualquier posibilidad de probabilidad, exactamente igual que los buenos jugadores de ajedrez, que estudian cada movimiento probable y las posibles respuestas del contrincante. Así, ante la imposibilidad absoluta de leer sin equívocos la conducta de Villa, el lector tiene todas las opciones para obtener sus conclusiones, que pueden ser distintas de las que ofrece Katz (no siempre, o mejor, casi nunca, una sola).&lt;br /&gt;   Y es de agradecer que, aunque está dotado maravillosamente de un talento narrativo superior al de muchos novelistas, se abstiene de entregar un relato de cada acción militar, aunque es una tentación que no resistió Dulles; hubiera tal vez conseguido más simpatías para Villa, y no es ése el objetivo de Katz.&lt;br /&gt;   Hay que resaltar, por último, el innegable amor que le tiene Katz a México: lo entiende, a veces lo justifica, piensa en cuál hubiera sido el escenario político si hubiera triunfado Villa en vez de Carranza, o si hubiera tenido un sostén ideológico más firme, lo que lo habría ayudado a mantenerse fuerte pese a sus derrotas militares; analiza nuestro presente a través de los sucesos del pasado, sin pensarse superior a los personajes ni a los hechos, sin verlos por encima ni, mucho menos, superficialmente. Y aquí de nuevo cabe la comparación con Hugh Thomas. El conmovedor relato que hace Thomas de la conquista de México (y la posibilidad de que, de haber derrotado los mexicas a Cortés hubiera habido un exterminio como en otras partes del continente) se repite en Katz, quien no sólo piensa que un triunfo de Villa no hubiera cambiado radicalmente lo que sucedió, excepto en un terreno, que hoy se ha olvidado: el agrícola.&lt;br /&gt;   Pero si el relato de la vida, triunfos y derrotas, en todos los terrenos, de Francisco Villa, es conmovedor, lo es más el motivo del libro, y la narración de lo que es o fue Villa para los socialistas austriacos que en la década de los treinta representó el símbolo de la oposición a la tiranía, y cómo provocó que muchos de ellos siguieran en la lucha contra el régimen motivados por el ejemplo del mexicano que, sin cultura, sin estudios, instintivamente, obligó a que nuestro país entrara de lleno en el siglo XX --aunque él no lo hiciera-- y ayudó a derrumbar dos dictaduras, por más que fracasara en un proyecto que ni él mismo podía definir. Los dos finales del libro son magistrales.&lt;br /&gt;   Katz, aparte de darnos un libro ejemplar, nos obliga a ver nuestra historia con una óptica diferente, y ojalá motive a nuestros historiadores a tratar de superarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Sólo porque el juego entre Medias Rojas e Indios comenzó a aburrir, oí un cuarto de medio tiempo de un juego de futbol entre un equipo inglés y uno español; estoy asustado porque hay un idioma, parecido fonéticamente al español, pero del que no entendí nada: frases sin verbos, repletos de adjetivos e hipocorísticos con que pretendían reseñar lo que hacían los jugadores; frases incompletas, absurdas, con anglicismos y madrileñismos, y le cambiaban el nombre a los equipos, igual que los que le dicen Gabo a García Márquez sin conocerlo y, peor, sin haberlo leído.)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-1736667448103507693?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/1736667448103507693/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=1736667448103507693' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/1736667448103507693'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/1736667448103507693'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/05/pancho-villa-bajo-la-mirada-de-katz.html' title='Pancho Villa, bajo la mirada de Katz'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-3506745496235798007</id><published>2011-05-25T07:26:00.000-07:00</published><updated>2011-05-25T12:18:12.243-07:00</updated><title type='text'>¿Saben leer los editores?</title><content type='html'>Parecería obvio que lo primero que tiene que saber un corrector o un editor de libros es leer; no siempre sucede; abundan los ejemplos de que muchos de los que se dedican a corregir libros, a elaborar los textos para las cuartas de forros (por el diseño de las portadas, cada vez hay menos solapas, aunque por costumbre se le siga diciendo “solapa” al texto que indica al lector de qué se trata, más o menos, el libro en cuestión, y el currículum del autor), no leen los libros que editan, o desconocen la trayectoria de sus autores.&lt;br /&gt; No estamos hablando de las erratas que parecen inevitables, como cuando tantas veces apareció, en lugar de &lt;em&gt;La señorita de Tacna&lt;/em&gt;, la obra de teatro de Mario Vargas Llosa que cuenta la vida una mujer que se negó a casar con uno que parecía el amor de su vida, pero que es tan ambigua que da a entender que tuvo otros amoríos, aparecía &lt;em&gt;La señorita Tacna&lt;/em&gt;, que hace pensar que es la historia de una reina de belleza.  O la simple ignorancia de creer que el libro de cuentos de Amparo Dávila, &lt;em&gt;Música concreta&lt;/em&gt;, es un tratado de música electroacústica que utiliza como material compositivo sonidos naturales, a diferencia de sonidos generados por medios electrónicos, y en que los sonidos grabados son transformados electrónicamente e integrados para conformar una composición (algo que en el rock hicieron Beatles, y como solistas, John Lennon y George Harrison, además de Zappa, con mucha frecuencia).&lt;br /&gt; Se trata de algo más grave; es cierto que la ortografía tiende a eliminar el uso de las mayúsculas que llenaban todos los escritos, y los siguen llenando: los oficios legales, las peticiones que se hacen a todas las oficinas públicas deben ir llenas de mayúsculas: Licenciado, Jefe, Oficina, Departamento, Secretaría, Usted, Digno Cargo; hasta hace no mucho estaba mal visto que los titulares de los periódicos estuvieran con minúsculas, excepto las letras iniciales y los nombres propios; en &lt;em&gt;La Onda&lt;/em&gt; revertimos esa tendencia; luego sugerí, y se aceptó en 1983, en el &lt;em&gt;Diario de la Tarde&lt;/em&gt;, eliminar las mayúsculas; y muchos años después, lo volvimos a hacer en &lt;em&gt;El Financiero&lt;/em&gt;, contra la corriente de los demás diarios que seguían usando las mayúsculas en toda palabra mayor de tres letras.&lt;br /&gt; Pero exageran: la Colonia del Valle es un nombre completo, no se llama Valle, sino Colonia del Valle, pero en todos lados, sin ninguna explicación, bajan la c de Colonia, y en todo caso, si se dice que se llama Del Valle, bajan la d de Del; hay incluso una calle denominada Colonia del Valle (aunque en la nueva edición de la &lt;em&gt;Guía Roji&lt;/em&gt; se llama Olonia del Valle; en cambio, acorde con el sentido grandilocuente del rumbo, a la colonia Condesa han comenzado a llamarla La Condesa (sí hay una así, pero está por Atizapán de Zaragoza, Estado de México).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tendencia de la Academia se toma tan en sentido literal que hasta los nombres propios los ponen en minúsculas. Los accidentes geográficos deben escribirse con minúsculas, excepto cuando son nombres propios; así, el Usumacinta se llama Usumacinta, pero el Río Bravo se llama Río Bravo. ¿Cómo saber cuándo es parte del nombre? No queda más que acudir al Diccionario Porrúa de Historia y Geografía; el Valle de México se llama Valle de México, y el Golfo de México se llama Golfo de México (además, ¿de qué golfo se hablaría si se escribiera “golfo de México”? Aunque muchos, muchísimos, lo escriben así). Bajan de más, perdonando la expresión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué la insistencia? La nueva novela de Rosa Montero, &lt;em&gt;Lágrimas en la lluvia&lt;/em&gt;, tiene en la solapa la lista casi completa de sus libros editados, aunque omite la mayoría de los no literarios. Entre ellos menciona una de sus obras maestras, &lt;em&gt;La hija del Caníbal&lt;/em&gt;, pero la escriben como &lt;em&gt;La hija del caníbal&lt;/em&gt;; el &lt;em&gt;Caníbal&lt;/em&gt;, como lo sabe quien leyó el libro, es un torero malo pero ejemplar, y quien lleva por sobrenombre &lt;em&gt;Caníbal&lt;/em&gt;, por lo que debe escribirse con mayúscula; pero se da el caso de que en todos lados la citan en bajas, y la explicación no es gramatical, sino de la ignorancia y mal gusto de los editores, que desconocen la novela.&lt;br /&gt; Hay otros casos igual de dramáticos; por ejemplo, &lt;em&gt;Rosalba y los Llaveros&lt;/em&gt;; hay quien se indigna al explicar que los títulos se escriben con baja excepto en nombres propios, y luego se molestan cuando se le explica que Llaveros es el nombre de la familia a donde llega a trabajar la divertidísima Rosalba; sucede que hasta los especialistas en el teatro de Carballido la escriben con minúsculas, como si hablaran de los objetos que sirven para portar las llaves de las casas, de las casas chicas y de la oficina; y el error viene en libros tan notables como las dos versiones de la &lt;em&gt;Historia documental del cine mexicano&lt;/em&gt;, de Emilio García, Riera; &lt;em&gt;Los pasos de Jorge&lt;/em&gt;, de Vicente Leñero, &lt;em&gt;La poesía mexicana del siglo XX&lt;/em&gt;, de Carlos Monsiváis, y en &lt;em&gt;Teatro&lt;/em&gt; de Emilio Carballido, en la Colección Popular (aunque hay que aclarar que en el texto y en el índice está correcto, pero en la portada contiene el error tan repetido; en los interiores está bien porque es reimpresión de la primera, no así la portada). También se molestan quienes nos recuerda que los accidentes geográficos deben escribirse en bajas y se encabritan cuando se les recuerda que el Llano de Rulfo se llama Llano, es un lugar específico, y no es el llano llano. Y más todavía cuando éstos, &lt;em&gt;Rosalba y los Llaveros&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;El Llano en llamas&lt;/em&gt;, son de los libros indispensables de la literatura mexicana, a más de los más vendidos de sus autores, y en el caso de Rulfo, de la historia de la industria editorial mexicana.&lt;br /&gt; Igual pasa con dos novelas de Martín Luis Guzmán, &lt;em&gt;El Águila y la Serpiente&lt;/em&gt;, en la que los personajes no son un águila y una serpiente, sino los símbolos de la lucha revolucionaria, del poder político; más claro el caso de &lt;em&gt;La sombra del Caudillo&lt;/em&gt;, éste como un personaje que bien pudiera ser Álvaro Obregón o Plutarco Elías Calles, o una mezcla de ambos; así están en sus primeras ediciones y en las &lt;em&gt;Obras Completas&lt;/em&gt; de Martín Luis Guzmán publicadas en diciembre de 1984 por el FCE; pero en nuevas ediciones, en ensayos e incluso en tesis, y en la edición de Promexa, están en bajas. Los autores, comentaristas, críticos, e incluso en el Diccionario de Escritores Mexicanos, de la UNAM, lo escriben como si fueran nombres comunes, águila, serpiente y caudillo. Como el “Llano” de Rulfo está como si fuera un llano llano. Escriben bien, sin embargo, el apellido de los Llaveros de Carballido.&lt;br /&gt; Es el mismo caso de &lt;em&gt;La Silla del Águila&lt;/em&gt;, la divertida y estrujante novela de Carlos Fuentes, que aunque sus editores de Alfaguara escriben intencionada y repetidamente con mayúsculas, sus comentaristas, que hasta en eso muestran sus prejuicios, la escriben en minúsculas, aunque se trata de la silla presidencial motejada con el símbolo del poder.&lt;br /&gt; Sucede algo parecido y extraño con Vargas Llosa; muchos de sus reseñistas, y hasta algún editor despistado, llama &lt;em&gt;La fiesta del chivo&lt;/em&gt; a su extraordinaria novela sobre el dictador de la República Dominicana; así, en minúsculas, uno piensa en una fiesta de disfraces en la que el anfitrión pide a sus invitados que asistan vestidos de un color o con el motivo principal, como Cars o Ben 10; pero se trata del sobrenombre de Rafael Leónidas Trujillo, y de su reino de terror, represión, represalias, corrupción; por ello, debe ser &lt;em&gt;La Fiesta del Chivo&lt;/em&gt;; así lo ponen en las solapas de sus demás libros, aunque en suplementos y revistas especializadas insistan en aplicar la regla gramatical y ortográfica sin razonarla, lo que lleva a pensar que no la leyeron, o no la leyeron bien; en &lt;em&gt;El sueño del celta&lt;/em&gt;, ¿celta es genérico?, ¿no es un personaje específico, y por ello debía de estar en mayúsculas?&lt;br /&gt; Más claros son los casos de &lt;em&gt;Conversación en la Catedral&lt;/em&gt;; ¿o &lt;em&gt;La Catedral&lt;/em&gt;, puesto que es el nombre de una cantina? Pero hasta en la página de internet del Instituto Cervantes escriben &lt;em&gt;La fiesta del chivo&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Conversación en la catedral&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;La casa verde&lt;/em&gt;; en ésta se habla de una casa pintada de verde, pero a la que los personajes singularizan: vamos a la "Casa Verde"; sucede que incluso Vargas Llosa, en &lt;em&gt;Historia secreta de una novela&lt;/em&gt;, escribe en el texto &lt;em&gt;“La casa verde”&lt;/em&gt;, en minúsculas, cursivas y entrecomillado, y así la ponen en todos lados, restándole importancia gramatical, como un nombre simple y no un nombre propio.&lt;br /&gt; Uno tiene dudas con &lt;em&gt;Los cachorros&lt;/em&gt;; así, en bajas, suena como aquel epígrafe de Rulfo, “Ya mataron a la perra pero quedan los perritos”; claro que en la novela de Vargas Llosa no son un grupo que se llame o se haga llamar así, pero si tuviera mayúsculas, lo singularizaría; pero en el prólogo a la edición de bolsillo de Lumen, de hecho la segunda edición, José Miguel Oviedo, uno de los especialistas en Vargas Llosa desde sus primeros libros, escribe &lt;em&gt;La Casa Verde&lt;/em&gt;, más correctamente que Vargas Llosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez haya muchos ejemplos; de momento no recuerdo más que &lt;em&gt;El ser y la Nada&lt;/em&gt;; aunque en los manuales y en varias ediciones, esté escrito en minúsculas, los editores de Losada, su primera editorial en español, y que saben bastante de ediciones, señalan que la nada no es un vacío ni una ausencia, sino una condición, y ponen Nada en mayúsculas, como lo escribe José Ferrater Mora, que sí lo leyó, y como lo escribe el propio Sartre, &lt;em&gt;L’Etre et le Néant. Essai d’ontologie phénoménologique&lt;/em&gt;; igual que Ferrater Mora escribe con mayúsculas la obra de Martin Heidegger, &lt;em&gt;El Ser y el Tiempo&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt; ¿Manías, sobrecorrección, o prisa por salir del paso del muy mal pagado arte de hacer solapas?&lt;br /&gt; (Y a propósito de &lt;em&gt;Rosalba y los Llaveros&lt;/em&gt;, cuenta Salvador Novo que en su estreno hubo reacciones de molestia por las expresiones malsonantes que él mismo, pocos meses antes, había criticado; alegaba que las escenas de sexo podían ser discretas, insinuadas, mientras que las voces altisonantes salían sobrando; pero al dirigir la obra de Carballido dejó las insinuaciones y las palabrotas; “Pinche casa”, dice un personaje, que ya no aguanta más a la familia los Llaveros; pero en el estreno, un crítico, apellidado Icaza, se indignó por el improperio; Novo intenta explicarse el enojo del crítico porque, a lo mejor, oyó mal, y refuta: el personaje dice “pinche casa”, no “pinche Icaza”. En la cinta, dirigida muy poco después de su puesta en escena, por Humberto Gómez Landeros, excluyó la palabrota, a cambio de dejar, efímeros pero excitantes, unos cuantos desnudos de unas extras antes de que proliferaran los horribles desnudos artísticos del cine mexicano. Y a propósito, en la edición de Empresas Editoriales de &lt;em&gt;La vida en México en el periodo presidencial de Miguel Alemán&lt;/em&gt;, se nombra la obra &lt;em&gt;Rosalba y los llaveros&lt;/em&gt;.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Alguien había oído hablar del pitcher Salas, de los Cardenales de San Luis, quien en seis intentos de salvamento a salvado juegos juegos y tiene promedio de 1.29 en carreras limpias, además de dos victorias? Buena compañíoa le hace a Jaime García.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día que Bob Dylan cumplió 30 años, Charlie Brown declaró que era la noticia más triste que había recibido en su vida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-3506745496235798007?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/3506745496235798007/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=3506745496235798007' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/3506745496235798007'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/3506745496235798007'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/05/saben-leer-los-editores.html' title='¿Saben leer los editores?'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-4831510573889252424</id><published>2011-05-17T09:20:00.000-07:00</published><updated>2011-05-17T09:34:57.641-07:00</updated><title type='text'>Las obligaciones de los críticos</title><content type='html'>Debería comenzar preguntando si los críticos tienen obligaciones, más allá de las familiares, fiscales, sociales y políticas, todas en la intimidad sin que le importen a nadie más que a su familia, a las autoridades fiscales, a la sociedad en su conjunto pero a nadie en particular, y a los dirigentes del partido político al que pertenezcan; y si no pertenecen a ninguno, sólo debe responder ante sí. Es muy importante que el cumplimiento o incumplimiento de estas obligaciones no debe ser objeto de atenciones  o represalias de sus lectores y de sus muchos enemigos.&lt;br /&gt; Si cae rendido ante una poetisa resbalosa, o una narradora con enjundia, allá él y sus compromisos familiares; en todo caso, si hay romance, debe recordar que no durará más de cuatro años, o dos, si son inteligentes; de cualquier manera, la crítica que haga de las obras que ella le muestre debe ser privada; si trasciende al lector público, su labor debe quedar en el anonimato y en la discreción; si se atreve a corregirla, enmendarla o sólo a mostrarle los errores para que ella los corrija, debe de abstenerse a comentarla, recomendarla y promoverla; o puede hacerlo pero en privado, con los cuates, que si se enteran del romance ya sabrán si atienden a la recomendación o la toman con las precauciones debidas. Cuando una indiscreción de cualquiera de las partes revela el romance, cuando confiesan cómo encontraron el amor, la credibilidad del crítico se hace nula. Hay casos en que, además, vivirá con el peligro del chantaje sobre de él.&lt;br /&gt; Lo mismo sucede si no hay romance, pero sí relación laboral; jefe y subordinado pierden credibilidad si el crítico es elogioso, y pocas veces se atreve a reseñarlo de manera “negativa”, además de que pocos jefes aguantan, aunque digan que no, que los critiquen.&lt;br /&gt; La familia resulta peor; ¿Por qué Caín va a ser siempre Caín?, dijo un famoso crítico, y así le fue, tanto a él como a Abel. Prácticamente no existe, al menos en nuestro ámbito, quien se atreva a elogiar en público, a menos que lo haga sin afanes críticos, a un familiar cercano, incluso si fuera público que sus relaciones no sean afables (hay casos célebres de enemistades fortísimas entre consanguíneos, como la de los hermanos Mann, por cuestiones políticas; en México, entre unos escritores familiares entre sí entablaron una enemistad que los llevó a extremos rudos, aunque los amigos de uno de ellos, que tomaron partido, se divirtieron muchísimo). Poco menos grave, pero de cualquier manera malo, si los elogios a un amigo no están plenamente justificados; aun así, el escritor pocas veces queda satisfecho y prefiere los elogios más rimbombantes, aunque menos justificados, de los que no son sus amigos pero buscan serlo.&lt;br /&gt; Los compromisos políticos tampoco deben influir; tan grave como las otras complacencias es ésta; hay que imaginar los problemas que le acarrearía a un militante descubrir las incongruencias, incoherencias y las redundancias con que escriben los ensayistas políticos, de todos los partidos; señalarlas puede provocar que los demás militantes tachen al comentarista de traidor a la causa y reclamen que le da armas al enemigo; queda más en ridículo si obvia los errores y elogia la obra sólo por el contenido sin advertir que los errores demuestran las fallas en que puede incurrir su jefe si llega a tener un puesto de alta responsabilidad, además de que el crítico y escritor quedará en ridículo si su jefe (“moral”, cuando menos) defrauda a sus electores.&lt;br /&gt; Eso no significa que el crítico no pueda tener amigos, como decía un clásico; sin amigos, independiente en lo económico y en todos los demás aspectos, sin compromisos e incorruptible; lo malo es que los demás lo creen corruptible. Gloso la solicitud que hace Gabriel Zaid en “A quien corresponda”: Doctorado en letras, con estudios en el extranjero, autor también de libros de poesía, novela y teatro (Zaid exagera: ¿cuántos en México hacen libros estupendos: cinco, seis?), para que no lo acusen de amargado, inexperto; que esté al tanto de modas, costumbres y experimentos locales y extranjeros; que invierta además tiempo en atender a jóvenes, a los aislados, a los marginados, a los resentidos, y Zaid olvida que también a los consagrados; integridad a toda prueba.&lt;br /&gt; Dejo de glosar a Zaid, y prosigo:  un crítico puede escribir y criticar sólo de lo que sabe, y no debe verse obligado a comentar todo lo que aparece y todo lo que le llega; no debe ser presionado para leer un libro más rápido de lo que puede, ni tampoco libros que no le gustan; pero parece una condición que el crítico tenga gustos; es inhumano pedirle lo contrario, pero no deben influirlo; Carlos Fuentes ha dicho que es un deporte en Perú pegarle a Vargas Llosa, en Argentina a Cortázar (lo dijo cuando leían a Cortázar; ahora le pegan sin leerlo) y en México a él; entre sus libros más recientes hay algunos que serán leídos con inteligencia dentro de algunos años, no ahora, en que los críticos se han especializado y encuentran absurdo que para leer novela haya que conocer filosofía, y otros que no encuentran la razón de hacer novela con tesis filosóficas, y menos sobre filósofos que no están de moda; así, &lt;em&gt;La voluntad y la fortuna&lt;/em&gt; encontrará lectores idóneos en otros lugares y en otros tiempos. Carlos Fuentes, Octavio Paz, y algunos otros, son leídos con prejuicios, favorables o negativos, pero con prejuicios. Lo mismo sucede en otros campos de la literatura; ¿Enrique Krauze tendrá lectores que encuentren lo que escribe, lo que plantea, sin despertar enojos y acusaciones que no tienen nada que ver ni con la realidad y menos con sus libros? Quienes leen a José Agustín ¿no están esperando una continuación de &lt;em&gt;De perfil&lt;/em&gt; o de &lt;em&gt;Ciudades desiertas&lt;/em&gt;? ¿Los lectores de Pacheco encuentran otros elementos que no sean el “ready-made” en su poesía, aunque los hay por montones; y no buscan en sus relatos aventuras juveniles?&lt;br /&gt; Es difícil que el crítico se deshaga de prejuicios, y que no etiquete a los escritores que comenta; ¿cómo justificar que no entienda el libro serio de un novelista considerado como humorista? Sólo que dictamine que ese libro es un fracaso, que advierta una decadencia en el autor; es humano que el lector busque que el escritor crezca y madure como él (la idea es de Pacheco, al hablar de Sabines), y cuando no hay esa similitud, hay desilusión. Pero tampoco se le puede pedir al crítico que esté más allá de su época; hay reseñas famosas en las que el crítico se equivoca por completo, pero sólo se ve con el paso del tiempo. Los ejemplos sobran: un lector inteligente que menospreció &lt;em&gt;En busca del tiempo perdido&lt;/em&gt;, un editor que pidió que se simplificara &lt;em&gt;Santuario&lt;/em&gt;, un dictaminador que desechó &lt;em&gt;La ciudad y los perros&lt;/em&gt;, un crítico que aconsejó que Sainz guardara &lt;em&gt;Gazapo&lt;/em&gt; cinco años y que al cabo de ese tiempo le escribiera para agradecerle el consejo; el novelista que reprobó la novela de su amiga para después copiarla a lo largo de su obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El crítico, en efecto, debe leer sin prejuicios; pero hay quien desde las primeras páginas está redactando su nota, lo que provoca que desde el principio esté equivocado; pero hay libros que incomodan, que no se ajustan a lo esperado, y exigen una cultura, una información no siempre accesible para el crítico (y para los lectores, en general), porque hay autores que escriben sus libros pensando en una editorial, y como los escritores actuales buscan publicar en todas las editoriales posibles, hacen más difícil su lectura (no que su obra sea publicada, la totalidad, en tres o cuatro editoriales, sino que quieren una novela en Era, otra en Planeta, otra en Océano, otra en Alfaguara, otra en Grijalbo y otra en Anagrama, en ocho ños).&lt;br /&gt; ¿Pero es deber de los críticos señalar los errores obvios? Hay otros que el lector desconoce, pero los nota aunque no sepa de qué se tratan: un adverbio por otro, el uso inadecuado del “le”, el uso erróneo de una palabra en una época en que no era popular; y otras aún más invisibles, como los ríos, las cajas, los callejones, las iudas, las huérfanas, el tamaño de las versalitas, el uso inadecuado de las versalitas, las palabras mal divididas (y no tanto en lo ortográfico como en lo tipográfico, como ser-vicio público, sa-cerdote, espectá-culo impresionante, dis-puta entre amigos) que se prestan a equívocos; hay libros mal impresos, en que no concuerda el número de líneas incluso en páginas encontradas, en que hay manchas en el negativo que se cuelan a la impresión, o que tienen menos tinta en unas páginas que en otra, o lo que es más común, en alguna parte de una página. Esos errores editoriales no modifican la calidad de una obra, aunque sí del libro. ¿Es correcto señalarlo a los lectores? Sí, aunque las consecuencias sean funestas: hay editoriales que en cuanto reciben una crítica negativa, dejan de dar cortesías a los críticos, aunque sean sus amigos: prefieren conservar la amistad antes que recibir un coscorrón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siguen las aproximaciones a los juegos sin hit, y ya hubo uno de un hit aunque el que lo sufrió terminó ganando.¿ Irán a ser más cuidadosos con los lanzadores ahora, les aplicarán más exámenes antiestimulantes artificiales?&lt;br /&gt;Adrián González, de tener un jonrón en más de 110 turnos, pasó a pegar ocho en 14 días, lo que sube su pronóstico a 40 jonrones y 150 producidas en la temporada. Lo mejor es el número de juegos que decide. Eso lleva a recordar los inicios de su carrera en las Grandes Ligas, que pegaba jonrones pero no tantos, y jugaba para uno de los peores equipos de las Mayores; nadie se fijaba en su fildeo, en sus malabares, en que ganaba guantes de oro por su labor en la primera base; ahora le dicen mexicano, aunque es chicano; asegún la Constitución, es tan mexicano como Augie Ojeda y Bob Ojeda (que no son parientes), pero como éstos sólo son buenos y no superestrellas, nadie en México se siente orgulloso de su calidad, de sus muchas hazañas. Pasaron, y pasan, tan inadvertidos como Adrián, a quien sólo lo aceptaron como mexicano cuando encabezó la Liga Nacional en jonrones poco antes de un juego de estrellas, hace un par de tremporadas, aunque ya lleva sus buenos años en Grandes Ligas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-4831510573889252424?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/4831510573889252424/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=4831510573889252424' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/4831510573889252424'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/4831510573889252424'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/05/las-obligaciones-de-los-criticos.html' title='Las obligaciones de los críticos'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-1046651731839418402</id><published>2011-05-08T19:02:00.000-07:00</published><updated>2011-05-08T19:22:28.926-07:00</updated><title type='text'>Contra la crítica constructiva</title><content type='html'>Al hablar de Tomás Segovia y de Ramón Xirau, Octavio Paz dijo que ejercían ellos dos una singular forma de la crítica: la generosidad, y en su correspondencia con Perre Gimferrer, Paz menciona varias veces las notas cordiales de Xirau.&lt;br /&gt; En su larguísima plática con James R. Forston, Carlos Fuentes es despiadado con los críticos: “…Cuando la crítica, como sucede tantísimo en los países de habla hispana –que son los países que inventaron la envidia intelectual; esto viene desde Séneca, y en ella se quedaron, como petrificados–, sólo expresa las deficiencias y frustraciones del crítico, o es un acto de venganza, o una flatulencia privada contra un libro porque el autor no invitó al crítico a una fiesta… pues este género de crítica provinciana no sirve para nada […] En muchas ocasiones yo he querido agradecerle a algún crítico norteamericano o europeo alguna buena crítica –buena porque me ha iluminado, me ha enseñado algo, aun cuando el libro no le haya ‘gustado’ al crítico en cuestión–, pero mis editores me lo han prohibido y los críticos mismos han dicho que no quieren conocerme, que ellos quieren leer los libros y criticarlos con la mayor objetividad, información e inteligencia […] Debería mediar un océano entre el crítico y la obra criticada […] Existe cuando la hacen los escritores. Cuando Octavio Paz hace crítica, o cuando la hacen José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, Ramón Xirau, Julieta Campos o Salvador Elizondo, entonces sí estamos ante críticos serios. Pero son siempre escritores que saben lo que cuesta escribir, no dómines iletrados que expresan sus frustraciones gracias a la pequeña atalaya de una columnita en una pequeña revista que se lee en las peluquerías…” [¿Se refería a la revista &lt;em&gt;Siempre!&lt;/em&gt;, donde colaboraban casi todos los que mencionó como buenos críticos y que era de las que estaban en todas las peluqierías?] En una charla con Miguel Ángel Queimán, recopilada por Jorge F. Hernández en &lt;em&gt;Carlos Fuentes: Territorios del tiempo&lt;/em&gt;, afirma: “Yo no escribo crítica negativa, celebro autores y libros que me gustan, es lo que hago, sobre todo cuando escribo. Rara vez he escrito alguna cosa adversa, mucho menos negativa o vengativa, contra un escritor. Para mí la crítica es, en primer lugar, una celebración, un goce, una albricia, un anuncio, una anunciación casi en el sentido cristiano religioso. Pero más allá de eso, un intento de encontrar la correspondencia que la obra reclama, la correspondencia crítica […] Cuando esto se da en el grado más alto, cuando realmente la crítica corresponde a la obra, es casi una obra tan buena como la que le dio origen […] yo creo que tratar de limitar una obra a su temática o decir ésta no fue la intención del autor, es un insulto al autor, todos sabemos que al escribir cuántas cosas se dan cita en una obra, cuántas cosas confluyen, cuántas influencias, lecturas, sensaciones, cuántas referencias que no aparecen en la obra, están en el ánimo del escritor y reaparecen en el ánimo del buen lector, lo que pasa es que hay buenos lectores y malos lectores, y buenos y malos críticos. No hablemos de eso.” En &lt;em&gt;Los narradores ante el público&lt;/em&gt;, dijo una frase más contundente: “esta comunidad literaria canibalística, en la que la competencia se confunde con la riña y la crítica con la insidia.”&lt;br /&gt; En ese mismo ciclo de conferencias autobiográficas, José Emilio Pacheco dijo: “Rodin aconsejaba no temer las críticas injustas. Sólo aceptar las que confirman una duda. Lamentable o venturosamente, siempre tengo dudas […] Elogios o censuras debieran encontrarnos lo bastante ocupados en escribir como para que nos afecten […] Puesto que he subsistido gracias al periodismo literario, con la mejor intención algunas personas suponen que soy o pretendo ser un crítico. No es verdad. Me interesa, nada más, hablar de lo que me gusta. Siempre desde el ángulo de un lector vocacional, nunca de un crítico. No es por comodidad: al elogiar lo que admiro cubro mi obligada cuota de enemigos más amplia que al atacar a alguien. Cuando me he ‘metido’ contra un libro, recibo sólo felicitaciones: a todos les agrada que dé en otro blanco la bala que pudo rebotar hacia ellos.”&lt;br /&gt; Al hablar Fuentes sobre Monsiváis, si particularizamos, parece que se equivoca: una nota suya en la &lt;em&gt;Revista de la Universidad de México&lt;/em&gt; provocó una enemistad entre él y Luis Spota que duró muchísimos años, y que no terminó ni bajó de tono; quien la haya leído no pensará que fue dictada por la generosidad, aunque no pueda desmentirla; la crítica que hacía Monsiváis en &lt;em&gt;El cine y la crítica&lt;/em&gt; era demoledora, como también lo eran sus comentarios incluso de su sección de recortes “Por mi madre, bohemios”. Una nota suya provocó la renuncia de Jorge Ibargüengoitia a la &lt;em&gt;Revista de la Universidad&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt; ¿Las críticas de Raúl Prieto contra la Real Academia serían igual de contundentes si hubieran sido escritas con generosidad, con ánimo de enmendar los errores; digamos, crítica constructiva? La respuesta es obvia.&lt;br /&gt; En &lt;em&gt;Trazos&lt;/em&gt;, Juan García Ponce recoge varias críticas generosas sobre teatro, directores, actrices, pintores, escritores: ninguna es tan memorable como la nada generosa nota contra una revista monográfica sobre pintura mexicana escrita por Alfonso de Neuvillate, en la que no se advierte el deseo de ayudarlo a mejorar, que es lo que dicen los escritores que deben hacer los críticos. Cuado muchos años después hubo una nota acerca de &lt;em&gt;De Anima&lt;/em&gt;, imitando esa nota contra Neuvillate, se molestó tanto como debe haberlo hecho Neuvillate con García Ponce.&lt;br /&gt; Alfonso Reyes, escritor amable sin perder inteligencia; sabio y de una escritura excelente, y quien siempre tenía palabras de aliento para todos, llenaba sus conferencias acerca de las letras mexicanas con tantas flores como macetas, más divertidas las segundas que las primeras; pese a esas y muchas otras opiniones que a veces marcaban a los criticados, resintió hasta el alma los desalmados y despiadados señalamientos que le hizo Salvador Novo a sus &lt;em&gt;Cuestiones gongorinas&lt;/em&gt;, en donde no había comentarios, sólo “dice” y “debe decir”; la larga amistad entre ambos no hizo que menguara el dolor por aquellas apostillas.&lt;br /&gt; No niego que algunos críticos se solacen al escribir una nota negativa; hay algunos reseñistas, a los que no debe negárseles el epíteto de críticos aunque sus notas sean breves y tengan más el sentido de anuncio que de un trabajo largo, que tratan de equilibrar: dos notas negativas, una positiva, una negativa, dos positivas; las notas positivas deben estar muy bien escritas y señalar aciertos que no vean otros lectores, porque si no, pasan inadvertidas; muchas parecen calcas de las solapas y de las cuartas de forros de los libros reseñados. Hay comentaristas cuyas notas positivas se leen sin interés, y en cambio, los lectores gozan cuando hacen notas negativas.&lt;br /&gt; ¿Pero existen notas negativas? Sólo las hechas por encargo para atacar a alguien: porque no pertenece a su círculo, porque tiene ideas políticas opuestas a las del reseñista (o su jefe), porque el crítico considera enemigo al autor de un libro, o lo hace como portavoz de un grupo mafioso, aunque sus integrantes ataquen a los miembros de otras mafias. Pero nadie, ni siquiera Paz o Fuentes, cuando hicieron crítica, pretendían señalar errores para enmendarlos; particularmente en el caso de la crítica cinematográfica, la menos amable que se ha escrito en México, pretendía que con ellas los directores, o actores, mejoraran su trabajo. De buena fe, pero se dedicaron a señalar errores; a veces, sólo los describían; otros, con aliento parecido a la mala fe, se solazaban en ellos.&lt;br /&gt; La crítica debe ser desinteresada; no debe pretender mejorar una obra; los políticos piden a la gente que no critique, que proponga soluciones; o sea, que le hagan el trabajo, y además sin molestarlos. Claro que las reseñas, cuando hay –el género ha sido sustituido por los cebollazos o por las entrevistas, que le ahorran al crítico el trabajo de leer–, tienen más el propósito de anunciar a los lectores la aparición de algún libro, y a veces, celebrar la reedición de títulos importantes; pero no basta el solo anuncio: hay que avisarle qué puede esperar de los libros: lecturas entretenidas, gozosas, indispensables, y por dónde encontrarlos: la trama, los personajes, las anécdotas, las referencias cultas o populares, el lenguaje, la estructura; en dónde está lo original, o cuando menos lo novedoso; no siempre se está preparado para las sorpresas: un cambio en el estilo de uno de los autores favoritos, un nuevo escritor que desde el primer libro asombra, el “fracaso” de un autor renombrado, un trabajo excelente de un escritor rutinario; no todos los reseñistas están capacitados para leer diferentes géneros, ni tienen por qué estarlo, para eso se especializan en narrativa, o en sociología, o en historia; pocos se animan a entrarle a la poesía, y por ello, cuando comentan un libro de ese género, se dedican a transcribir párrafos hasta llenar las dos cuartillas requeridas. La incomodidad que representa encontrar un libro malo de un autor al que se le admira, y la más grave aún que representa el libro malo de un amigo, dispuesto a retirarle el habla al comentarista que no la considera obra maestra, y de ofenderse si no la comenta.&lt;br /&gt; Si la reseña sirve para recomendar libros, ¿por qué entonces mencionar alguno malo, o hacer una reseña “negativa”, cuando hay tantos libros no tan malos? Porque es obligatorio advertirle al lector que se encontrará con datos equívocos en fechas, en precisión de datos, en transcripciones fallidas, en erratas o errores que no siempre cambian el sentido del texto, pero que le quitan credibilidad al que comete el error, o al que hizo la traducción. Porque la prosa se envicia con frases incorrectas, que pueden pasar al lenguaje cotidiano y empobrecerlo más, contaminado por la televisión o el radio o el mal periodismo; y no es que los críticos vayan a enderezar el mundo, pero cuando menos que quede constancia; algunos lectores tomarán cuenta de ello; la escritura por lo regular es apresurada, y muchos  autores no advierten sus propios errores, y los resultados suelen ser grotescos.&lt;br /&gt; Claro que hay críticos malvados y perversos; no tanto los que gozan al encontrar un error y señalarlo, sino los que se desquitan de las enemistades que van sembrando a lo largo de su vida; y cuando ya hicieron una reseña favorable, la enmiendan en una edición posterior, no corrigiendo sus propias erratas, sino cambiando el sentido: así, una frase como “A Fulano le rezumba el mango para narrar”, lo convierten en “si le rezumba el mango podría crear en lugar de transcribir”.&lt;br /&gt; Claro que hay críticos que en sus lecturas muestran que no tienen lecturas, ¿pero qué puede hacerse con ellos? Claro que hay otros que no critican, sino que relatan y develan su vida sentimental. ¿Y qué pueden hacer las afectadas?&lt;br /&gt; Pero para volver al motivo principal, insisto en que la crítica debe ser desinteresada, imparcial y lo más objetiva posible, aunque el criticado sea un amigo entrañable; tanto, como entrañable son dos anécdotas: Manuel Gutiérrez Oropeza tomó el relato que un amigo pidió leyera y opinara; aunque estaba ubicado en los años ochenta en un ambiente citadino, Manuel comenzó a leerlo como si fueran personajes  de Rulfo, con tono y entonación rural; el efecto fue contundente; el autor, ahora célebre, no lo soportó y destruyó el cuento; la otra anécdota que me obsequió Roberto Sosa: Armando Calvo enfermó repentinamente, y debió ser hospitalizado: el pronóstico era grave; su amigo José María Linares Rivas, uno de los grandes villanos del cine mexicano y que veía a las mujeres (en el cine) con una expresión de deseo muy elocuente, no dejó de estar a su lado mientras duró la gravedad, con una fidelidad asombrosa, aunque cotidiana en el ambiente artístico; al enterarse, varios amigos fueron al hospital; al encontrar a Linares Rivas, con la cara entre las manos, angustiado, uno de ellos le preguntó: “¿Cómo está Armando?”. Y con su expresión característica, y voz contundente, respondió: “¿Lo viste en el Tenorio?”; (fue uno de los Don Juan más popular en el teatro en España y en México). “Sí”, le contestó el interlocutor. “Está peor”, concluyó Linares Rivas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viernes el mexicano Jaime García perdió el juego perfecto y luego el sin hit en la octava entrada, pitcheando para los Cardenales de San Luis; el sábado, el mexicano Yovani Gallardo de Milwaukee regresó la hazaña y tiró ocho entradas con un solo hit, que recibió precisamente en esa entrada; en la semana hubo dos sin hit, y ya van tres de uno en la temporada, que apenas está llegando a la quinta parte del calendario; el sábado hubo seis blanqueadas. Hoy domingo dos. ¿Será efecto de que los bateadores ya no están consumiendo esteroides, o son los pitchers los que los están probando? Adrián González, para quien pronosticaron que pasará de los 40 cuadrangulares este año, con Medias Rojas, hoy pegó apenas su cuarto jonrón del año.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-1046651731839418402?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/1046651731839418402/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=1046651731839418402' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/1046651731839418402'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/1046651731839418402'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/05/contra-la-critica-constructiva.html' title='Contra la crítica constructiva'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-1001397790906351489</id><published>2011-05-02T09:04:00.000-07:00</published><updated>2011-05-02T09:23:57.831-07:00</updated><title type='text'>Editores o correctores</title><content type='html'>Uno de los libros más curiosos que he leído recientemente, &lt;em&gt;La novela, el novelista y su editor&lt;/em&gt;, de Thomas McCormack, editado por el Fondo de Cultura Económica y Libraria, y traducido con titubeos por Juana Inés Dehesa, presenta una situación muy común en las series televisivas, en algunas cintas clase C, y en una que otra novela reciente: el trabajo de editor, que no existe, o no existía, en las editoriales mexicanas, pero que es muy socorrido en empresas estadunidenses, inglesas y canadienses, y obviamente en algunas europeas: están a cargo de jóvenes recién egresados de las carreras de Letras, en una envidiable e irreal equidad de género, y que se encargan de darle en la madre al trabajo de los escritores (ayer 1 de mayo apareció una notita en &lt;em&gt;El Librero&lt;/em&gt;, la columna que bajo mi nombre aparece los domingos en &lt;em&gt;El Universal&lt;/em&gt;, acerca de este curioso libro).&lt;br /&gt; Por lo regular los editores tienen en el fondo de su alma una obra maestra que no pueden escribir sino hasta que los corren de la chamba, o ellos se hartan y renuncian, o abandonan el trabajo por alguna desilusión amorosa. Alguna vez Huberto Batis precisó que en México sucede al revés que en el mundo sajón; aquí los críticos y los escritores terminan haciendo la labor editorial (Emmanuel Carballo, Bernardo Giner de los Ríos, Sergio Galindo, Jesús Arellano, el mismo Batis, Rogelio Carbajal, entre muchísimos), por no hablar de los editores que ni siquiera emprendieron la escritura más que como afición (Joaquín Díez-Canedo, Rafael Gimenes Siles, Juan Grijalbo, Justo Molachino, Bartolomé Costa-Amic), y de los escritores que dirigieron editoriales o colecciones sin abandonar la escritura (Jaime Labastida, Juan García Ponce). Y eso que no hablamos de los que dirigieron revistas o suplementos, más los muchos que han llevado paralelas las tareas literarias con las editoriales, sea como correctores o traductores. En el mundo sajón es al revés: los editores pueden convertirse en literatos (Edmund Wilson, por citar un ejemplo mayor).&lt;br /&gt; Será porque los editores se hayan creído el mito del importantísimo trabajo de los editores, pero están invadiendo un terreno que no les pertenece; ponen como ejemplo la “edición” que hizo Ezra Pound con &lt;em&gt;La tierra baldía&lt;/em&gt;, de T.S. Eliot; pero se olvidan que no lo hizo como editor, sino como lector. Su trabajo debería ser simplemente encontrar las fallas de un manuscrito; ellos creen que lo que hacen es decirle a los escritores qué quieren los lectores y hacer que los autores se sometan a su voluntad, y supriman escenas, eliminen personajes, y hasta sugieren el final de un libro, si es que ellos suponen que sería mejor que el original.&lt;br /&gt; Eliseo Alberto y Jorge F. Hernández me contaron que uno de los mejores escritores hispanoamericanos tuvo que enfrentarse a un lector recomendado por Carmen Balcells, que luego de una sesión de trabajo de varias horas, el autor, asombrado, reconoció errores que no imaginaba, y que el lector, un jovencísimo a quien no le importaban ni el renombre ni los premios que había obtenido (hasta entonces) el novelista consagrado, hizo que aceptara muchísimos cambios a su novela; no dudo de la veracidad de estos fabulistas que cuentan historias reales como si fueran fantásticas; de lo que dudo es de los resultados, porque la novela que dicen que el joven obligó a corregir a ese escritor es bastante mala, con unas cuantas escenas buenas pero con el conjunto de la obra muy endeble, inverosímil, mal narrado. Lo que quiere decir que los cambios empeoraron el libro, o no sirvieron para mejorarla y ponerla a la altura de sus libros buenos.&lt;br /&gt; En mi breve reseña apunté que el coronel Aureliano Buendía, de &lt;em&gt;Cien años de soledad&lt;/em&gt;, durante el tiempo que está en la guerra, lava diario sus pantalones, pero nunca los calzoncillos; si un lector-editor hubiera detectado esa inconsistencia, y sugerido a García Márquez que la enmendara, ¿hubiera mejorado la novela? McCormack no hace referencia a ese libro, pero sugiere que, de haber estado en sus manos, habría mejorado novelas de Norman Mailer, y que en todo caso los guionistas de &lt;em&gt;La edad de la inocencia&lt;/em&gt; mejoraron para el cine la novela de Edith Wharton, y que si estuviera en su posibilidad, también mejorarían &lt;em&gt;El gran Gatsby&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt; La clave está en que opina que las obras deben adecuarse al gusto de los lectores, y a lo que esté de moda; que los editores deben tener la intuición para saber qué va a sobrevivir a la época, como libros populares; así, se habrían ahorrado los editores la monserga de publicar las novelas de la antinovela, a los que confiesa no entender, o por lo menos no le gusta; es claro que esa corriente literaria no le gustó al gran público, si por gran público se entiende un núcleo numeroso, que deje ganancias a las editoriales. Pero le gustó a lectores exigentes.&lt;br /&gt; McCormack da unas claves que, al lector común, le sirven para mejorar sus lecturas; qué debe buscar, qué tiene que encontrar, cómo descifrar a los personajes, qué debe atender en la trama y en la subtrama; si los personajes secundarios son necesarios, si la estructura es sóliday adecuada, y que si en la tercera página el protagonista recuerda o menciona un objeto, ese objeto debe tener una utilidad; si es un revólver, con él debe matar a otro personaje, o le debe servir para espantar a unos que quieren intimidarlo; si vio un revólver en el cajón de un buró (cómoda, debe corregir, para que así se entienda en España, que es la que dicta la moda editorial), debe volver a aparecer. Eso nos lleva a sospechar que si el narrador toma un panecillo y al morderlo se le desata una serie de recuerdos, en algún momento de las siguientes 2,200 páginas debe volver a surgir el panecillo; si no, hay que advertirle al autor que esa escena no sirve; en todo caso, recortar la trama a unas 400 páginas, porque si no el lector va a estar esperando que vuelva a comer panecillos (es lo que hizo Alfred Hitchcock cuando advirtió que el público no atendía la trama de sus películas por tratar de ver si aparecía en sus famosos cameos, y decidió aparecer en el primer rollo, así el espectador satisfacía su curiosidad y ya atendía el argumento; eso también llevaría al editor a sugerir que si en &lt;em&gt;To catch a thief&lt;/em&gt; aparece un gordito molesto con un niño en el camión donde escapa Cary Grant, y no vuelve a aparecer, es mejor suprimirlo; pero ya me estoy desviando). A un novelista que intente apantallar describiendo una iglesia durante todo un capítulo, hay que ayudar a aligerar el libro cortando ese capítulo, y decirle a otro que qué tiene que ver, en una historia de amor, la manera en que se fabrican quesos y mantequillas: que se concrete a lo que quiere el lector, y sobre todo la lectora (a los autores le sugerirían que se cambiaran el nombre: a Victor Hugo, que se pusiera apellido; a Thomas Hardy, que firmara “Tom”).&lt;br /&gt; ¿El editor debe evitar la publicación de libros sin éxito para que la empresa no sufra pérdidas? Con ese criterio, ninguna editorial hubiera publicado &lt;em&gt;Rojo y negro&lt;/em&gt;, que como se sabe vendió exactamente 80 ejemplares en vida del autor; con ese criterio el mundo se hubiera salvado de un libro de poemas llamado &lt;em&gt;Fervor de Buenos Aires&lt;/em&gt;, que vendió tan pocos ejemplares que el autor estuvo tentado de ir a casa de cada comprador para agradecerle personalmente el gesto. Con ese criterio, los melómanos se habrían ahorrado un disco de Don Van Vliet, que tuvo que recurrir al truco de decir que tres mil escuchas no podían estar equivocados (tres mil pueden ser muchos compradores para un libro de poemas, e incluso para uno de cuentos o una novela, pero no son nada si ahora las disqueras rescinden el contrato de una cantante si no vende un millón de ejemplares en un mes).&lt;br /&gt; También afirma que debe haber un editor ideal para cada escritor; cuando menos, para cada género, porque se requiere un olfato, una intuición, una especialidad casi, para cada libro; no es lo mismo leer poesía que leer novela, y no es lo mismo una novela romántica (sentimental, mejor dicho) que una policial, y cada género tiene sus reglas específicas. No es lo mismo una novela cristera que un retrato del México contemporáneo que una novela italiana sobre la desesperanza que una novela francesa sobre los conflictos entre padre e hijo que una novela alemana sobre la Guerra Mundial que una antinovela mexicana que una novela sobre la suplantación de Dios, ni éstas tienen semejanza con la poesía española del destierro o con una poesía experimental que implique tres lecturas paralelas y simultáneas que un poemario sobre la permanencia o la fugacidad del tiempo, o un ensayo sobre la relación entre el erotismo y la muerte o contra el realismo socialista, o contra el capitalismo salvaje o una historia sucinta de los aztecas y de los incas. Cada uno de estos libros necesitaría un editor específico. Pero resulta que fue uno solo quien hizo todo eso, y en México: Joaquín Díez-Canedo.&lt;br /&gt; Sobrarían los ejemplos de la labor realizada por Arnaldo Orfila Reynal, Daniel Cosío Villegas, Neus Espresate y Vicente Rojo; la diversidad de temas, tratamientos, experimentos no disminuyó la calidad, elegancia y belleza de las ediciones; fueron amigos y críticos de los autores, y no se detuvieron nunca ante la amistad y la admiración para señalarle los errores, pero jamás se atrevieron a insinuarles siquiera un cambio, menos una supresión, pero fueron implacables corrigiendo errores y erratas.&lt;br /&gt; ¿Por qué en México no ha habido grandes editores? Tal vez porque en todo el siglo XX hay excelentes correctores de estilo. Los que saben de ediciones apuntan que no es exactamente un estilo, porque a los escritores no se les corrige el estilo, sino que se les encuentra algunos detalles gramaticales: por la prisa, y luego porque conocen demasiado su libro, suelen cometer errores de concordancia (tantos, que cuando escriben bien el “le dio”, creen que está mal, que debe ser “les dio”); poner los acentos de “aun” o quitar los de “aún”, cuando sea menester; a corregir verbos mal conjugados; y todo eso sin que el autor se dé cuenta, para no ganarse su rencor.&lt;br /&gt; Pero los correctores de estilo, además de corregir gramática, suelen toparse con algunos errores: un cojo que se echa a correr despavorido, el sexo de un personaje que muy machito aparece después como mujer; la aparición de un personaje fallecido páginas antes, o la desaparición de un personaje perdido entre tantas páginas y muchos otros personajes (lo que sucede con mucha frecuencia y a escritores no por descuidados menos geniales: ya se sabe que un personaje que se le perdió a Fuentes fue rescatado muchos años después en una novela de García Márquez); hacer ver que las cabezas de ganado que supone tiene uno de sus protagonistas en la realidad no cabrían en las hectáreas que le adjudica, y que no es lo mismo percibir que advertir, así como tampoco lo es sorprender que asombrar; los resultados son asombrosos: el autor, que no lo advierte, suele presumir: ¡qué bien escribo!&lt;br /&gt; Cuando se tienen mucha confianza, los correctores comentan con los autores ciertos detalles: ese personaje es muy pedante; ese capítulo es muy denso (¡mira que describir la perilla de una puerta durante tres páginas!); así no hablan los muchachos de clase media; el autor puede agradecer, pero pocas veces va a hacer caso. En realidad, sirven más otras observaciones: ese hueso no se llama trocánter, el trocánter está más arribita; la calle que describes no existía en la época de tu novela; bo había autocinemas en los años cuarenta; San Martín de Porres no era santo en la época de Santa Anna, ni siquiera en la época de oro del cine mexicano; esa canción es de los Kinks, no de Led Zeppelin; el baterista de Rolling Stones es Charlie Watts, no Brian Jones (por asombroso que parezca, son detalles que han aparecido en libros hispanoamericanos). Claro que hay autores que ignoran eso, o los engaña la memoria (de un autor especializado en imitar a sus maestros, dicen las buenas lenguas que tiene una memoria privilegiada: sólo se acuerda de lo que le conviene). El problema real consiste en que el corrector, o si se quiere, el editor, debe saber eso: cómo se llama el palo donde se cuelga la vela mayor en un barco; la diferencia entre erección y la proximidad de una embarcación para navegar; el número de huesos en el cuerpo; las fechas precisas de una acción histórica (Joaquín Díez-Canedo decía, según Tito Monterroso, que Tito era muy bueno para las fechas pero no tan bueno para las erratas); la diferencia entre ministro y secretario de Estado; cómo se le llama al acto en que alemanes y españoles saquearon Roma en el siglo XVI; los nombres de los más famosos campeones de boxeo en todas las categorías y en todos los países; la verdadera estatura de Morelos; en qué año ganó Stan Musial todas las categorías de bateo en la Liga Nacional, excepto en jonrones, y muchos datos más, aparentemente inútiles, pero que evitan que en una novela se diga que Willie Mays lanzó un tiro hacia el campo del centro.&lt;br /&gt; El editor puede o no gustar del libro; por lo regular no sólo le gusta, sino que le fascina y es su mejor lector, pero no puede hacerle sugerencias al autor, como quitar personajes o suprimir capítulos o modificar el final; le tentación suele ser fuerte, pero para resistirla deja la pluma lejos, y se pone a leer el manuscrito, recostado, con toda comodidad, que era lo que hacía Bernardo Giner de los Ríos, quien confesaba que si leía un libro, ya publicado, de pie o sentado, comenzaba a corregirlo.&lt;br /&gt; Algo más: en la Ley Federal de Derecho de Autor, en el Artículo 21 Fracción III se prohíbe hacer cualquier cambio a un manuscrito, y en el Artículo 45 y 46, deja toda posibilidad de cambio o corrección a la voluntad del autor, dejándole además la responsabilidad de cargar con los gastos en que ocurra el editor como consecuencia de ello.&lt;br /&gt; (Así, si el “editor” sugiere que si no cambia el final, si no suprime a un personaje o si no modifica el capítulo que al “editor” le moleste, no publica el libro, ¿viola la ley? ¿Y si el autor, al que le falten calzones para oponerse y termina por aceptar, debe correr con los gastos originados?)&lt;br /&gt; En una muy próxima entrega, algunas anécdotas famosas y otras no tanto de correcciones de libros célebres.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-1001397790906351489?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/1001397790906351489/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=1001397790906351489' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/1001397790906351489'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/1001397790906351489'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/05/editores-o-correctores.html' title='Editores o correctores'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-6654405729266539397</id><published>2011-04-25T09:47:00.000-07:00</published><updated>2011-04-25T10:04:13.784-07:00</updated><title type='text'>Las mejores actuaciones de Pedro Infante (que cante, que cante)</title><content type='html'>Entre las más de 300 canciones que escribió y cantó John Lennon destacan dos, no porque sean las mejores (aunque están entre ellas) ni porque sean emblemáticas de su vida y de sus pasiones (aunque reflejan una de sus etapas más complejas): “I’m only sleeping” y “I’m so tired”; destacan por la manera en que las grabó. Ya se sabe que los Beatles experimentaron muchas cosas para grabar, desde la sustitución de los instrumentos tradicionales del rock, hasta la forma, la estructura y los tiempos de las canciones; también se sabe que no siempre fueron autobiográficos, aunque la mayoría de las veces fueron sinceros (y contradictorios: ¿cómo puede ser sincero alguien que lo mismo escribió “You can’t do that”, “I’ll cry instead” y “Run for your life”, pero también “Woman”, “Jealous guy” y “Woman is the nigger of the world”?). Pocas veces fue Lennon tan sincero como en estas dos canciones: para mostrar en la primera que sólo quería estar durmiendo, que le daba pereza seguir con el ritmo frenético de los primeros años del conjunto (incluso es la etapa en que no toca tantos instrumentos, ni siquiera la guitarra rítmica, y a veces sólo tocaba maracas o pandereta, y en otras sólo cantaba) la grabó acostado boca arriba; para la segunda, según los testimonios, para mostrar el cansancio que narra la canción, salió de los estudios, dio dos o tres vueltas a la manzana a paso veloz, o trotando, y llegó a echarse boca abajo, y así cantó “I’m so tired”; y es notorio que la voz en ambas piezas es muy diferente a la que le sale en otras canciones, como “Help!”, hablando de la primera, o de “Sexy sadie”, de la segunda.&lt;br /&gt; No puedo dejar de pensar en esos ejemplos cuando oigo que Pedro Infante canta con exactamente la misma voz “No volveré” (“Te lo juro por Dios que me mira”, una extraordinaria pieza de Esperón y Cortázar, los autores de “Ay Jalisco no te rajes” y “El apagón”) y “La verdolaga”, del gran compositor Rubén Fuentes con Alberto Cervantes, ambas en &lt;em&gt;El inocente&lt;/em&gt;. La primera habla de la renuncia a un compromiso amoroso, roto por una desilusión, y frente a una situación irreversible: ella se ha ido (“cuando lejos te encuentres de mí, cuando quieras que esté yo contigo”) y él se hace el propósito inalterable de no regresar con ella, aunque tenga que recurrir a todo para cumplirlo (“te lo digo llorando de rabia: no volveré”); la segunda en cambio da consejos de cómo tratar a las mujeres, en general, sin comprometerse con ninguna; propone los cariñitos de un instante a los que no hay que volver a verlos; instantáneas deben ser esas relaciones: que cuando ya “se te acaba”, con un jalón se acaban (las insinuaciones sexuales son demasiadas como para que sean involuntarias e inocentes; habla de las mujeres “solteras o con marido” que son siempre buenas, y el personaje se confiesa experimentado: “no me gusta lo corriente [¿], consumo de lo mejor”; ¿cuáles serán las corrientes?). La primera es una canción triste, desesperanzada, que narra un rompimiento definitivo, mientras que la segunda es alegre, vivaz; el tono de Infante es prácticamente el mismo en ambas, y la diferencia la marca el ritmo de las piezas. Peor aún: la primera la canta sentado, dando la impresión de que está acompañado de una bebida alcohólica (aunque el personaje Cutberto Gaudazas se confiesa casi abstemio); la segunda, acostado boca arriba, bajo un automóvil en compostura, asomándose y volviendo a esconderse, y es interrumpido por Pedro D’Aguillón y otros dos mecánicos, integrantes del trío de los Hermanos Samperio, que componen autos, bailan y hacen coro a esa canción. En ningún momento se le altera la voz a ninguno.&lt;br /&gt; El error no es de Infante, sino de la dirección; Rogelio González debió saber que no es lo mismo cantar dolido que adolorido, y que la voz es diferente si se canta acostado o de pie; tampoco es error sólo de esta película; en &lt;em&gt;Pablo y Carlina&lt;/em&gt; canta “Mi amigo el mar” mientras lo tironean y lo obligan a empujones a salir a escena, con cierta violencia, y la voz no se le altera ni tantito; Rogelio González tuvo un poco más cuidado al poner a cantar a Infante supuestamente briago en &lt;em&gt;La vida no vale nada&lt;/em&gt;, pero el buen efecto logrado con la voz se pierde al ponerlo a trastabillar, exagerando los movimientos, sin que se altere demasiado la voz; es más convincente la actuación de briago en &lt;em&gt;No desearás la mujer de tu hijo&lt;/em&gt;, cuando ambos Treviño Martínez de la Garza salen de la cantina y van cantando por la calle “Ábranse que vengo herido”, de manera exagerada pero no tanto como en &lt;em&gt;Ahora soy rico&lt;/em&gt; donde canta, con sentimiento pero sin verosimilitud, “La que se fue”.&lt;br /&gt; Tampoco es defecto de las películas de Infante; ni siquiera del cine mexicano, que jamás ha sido cuidadoso (excepto quizás en &lt;em&gt;Mecánica Nacional&lt;/em&gt;, donde Lucha Villa y Gloria Marín cantan briagas “a medias de la noche te soñaba”, y se les cree que están briagas); Emilio García Riera reconoce que de cualquier piano sale el sonido de toda una orquesta, y que han sido pocos los que han cuidado ese detalle; de cualquier guitarra sale un mariachi, y de súbito aparecen los coristas; Luis Buñuel choteó esa característica en &lt;em&gt;Gran casino&lt;/em&gt;, y donde aparece Jorge Negrete cantando, emerge el Trío Calaveras, sea en el campo, en el teatro o en la cárcel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los últimos meses han surgido por todos lados; a la salida de una taquería de lujo en Polanco; en las afueras del mercado de la Industrial; al lado de unos sopes en el centro; en medio de un tianguis, junto a los puestos de comida más solicitados; andan cargando un aparato de sonido portátil, o una guitarra a la que le sacan dos acordes; y uno se vuelve a verlos y a escucharlos, porque cantan igualito a Pedro Infante; las canciones son típicas, la facilona pese a sus figuras complejas “Amorcito corazón” o la más exigente “Nocturnal”; en cada aniversario del avionazo fatal surgen espontáneos que al lado de la tumba se avientan con “cariño que Dios me ha dado sin merecerlo…”; desde antes del avionazo aparecían en cabarets y centros nocturnos imitadores de Pedro Infante, Javier Solís el más célebre de ellos, y quien después de que fue aplaudido por el mismo Infante tuvo una pésima carrera cinematográfica y una decena de buenas canciones, incluida “Entrega total”, para solaz del sector de los servicios domésticos, afirma García Riera. ¿Cómo puede haber tantos imitadores de uno de los cantantes más afamados, y durante muchos años el más popular de todos los que han surgido en México? ¿Del mejor vendedor de toda la historia de la industria discográfica nacional, aunque en tiempos recientes hayan decaído las ventas? Tardé mucho en darme cuenta del truco tan sencillo, pero del que no creo que esos imitadores, de lujo o que sólo trabajan para el chivo diario, estén conscientes de qué se trata: basta con impostar la voz para que tenga parecido a la de Infante. ¿Por qué no hay imitadores der Jorge Negrete o de Jorge Fernández?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay mucha gente que se atribuyó el éxito de Infante; hay muchas leyendas, y difieren bastante unas de otras; entre las más creíbles es que Otaola, el siempre recordado Otaola, fue responsable de presentarlo con los hermanos Rodríguez; no lo descubrió, pero ayudó a que su carrera tomara un rumbo diferente al que parecía destinado cuando fue llevado a la pantalla gracias a su éxito en radio y centros nocturnos; han pasado casi 70 años pero no han sido suficientes para explicarse el triunfo de Infante; lo escuchamos en sus primeras grabaciones y la voz, agudísima, no es agradable; lo escuchamos en sus primeras películas, donde lo doblaban pero lo dejaban cantar, y tampoco se explica uno cómo es que tenía tanto éxito, en una época donde abundaban las buenas voces, que se han convertido en leyenda: Juan Arvizu, Pedro Vargas, Jorge Negrete, Néstor Mesta Chaires, el doctor Ortiz Tirado; ellos cantaban boleros; Tata Nacho explicaba que la debacle de la canción vernácula comenzó cuando Lucha Reyes empezó a cantar con la garganta; algo similar decía Jorge Luis Borges acerca del tango: que comenzó su decadencia por culpa de Carlos Gardel. Pero en la canción ranchera sobresalen, con mejor voz, el propio Negrete, Miguel Aceves Mejía…&lt;br /&gt; Es posible que hayan exagerado; lo cierto es que la voz de Infante no tiene posibilidades de ser comparada con la de Vargas o Negrete; sin embargo, en los duelos que acometió con ellos, salió bien librado: una serenata con Negrete (y las coplas de retache) y “La negra noche”, con Vargas; hace buena segunda; en cambio, una canción que cuando la canta solo lo hace muy bien, la “Serenata huasteca”, no lo hace tan bien cuando lo opaca Matilde Ramos, “La Torcasita”, en &lt;em&gt;Cuidado con el amor&lt;/em&gt;; Ramos pertenece a una generación de mujeres bravías con voces admirables: Lola Beltrán, Amalia Mendoza “La Tariácuri”, María de los Ángeles Loya “La Consentida”, Eva Garza y algunas otras. Lola Beltrán canta cuando menos tan bien como Infante “Gorrioncillo pecho amarillo” y “Cucurrucucú Paloma”, pero él no cantó una más difícil, que fue gran éxito tanto con Beltrán como con Mendoza, “La noche de mi mal”.&lt;br /&gt; Con defectos y todo, hay muchas canciones que Infante las canta como nadie: “Que murmuren” (aunque Marco Antonio Muñiz hizo una versión muy apreciable), “Con el tiempo y un ganchito”, “Nocturnal”, “Ni por favor”, “La verdolaga”, “Noches tenebrosas”, “Pénjamo”, “El Papalote”, donde hace uno de los dos albures que se le conocen; en &lt;em&gt;Los hijos de María Morales&lt;/em&gt;, en el puente, Antonio Badú presume: “Ése es mi hermano el chiquito” e Infante, con expresión de duda y sin soltar a su pareja Verónica Loyo, exclama “¿eh?”, como diciendo “¿mande?”.&lt;br /&gt; Ésa puede ser una explicación: Infante actuaba las canciones; al escucharlas uno recuerda sus ademanes; el gesto arrogante donde toma distancia, saca el pecho, levanta a medias el brazo derecho con la mano abierta, la palma expuesta, como advirtiendo que ahí se detenga el contrincante; la mirada burlona, los ojos papaloteando en un ademán de coqueteo (“ojos de papel volando”), la sonrisa a medias, el asedio a la mujer, que si es Elsa Aguirre lo mira con desdén, si es María Félix con desprecio, si es Marga López, con arrobo pero con mohínes, si es Blanca Estela Pavón con modestia y humildad, con timidez Irma Dorantes, y si es Sara García, con orgullo y alegría. Cuando le canta a los hombres, éstos lo ven con envidia, y en ocasiones como tratando de retarlo y cantar mejor que él, como sucede con Luis Aguilar en las cintas de los tamarindos raros, y Negrete en &lt;em&gt;Dos tipos de cuidado&lt;/em&gt;; Badú, un cantante más bien discreto aunque muy bien entonado, no se siente vencido y hasta alterna con él, con buenos resultados. Cantando muy mal, lo derrotan los hermanos Fernando y Andrés Soler, sólo porque hacen lo mismo que Infante: actúan: don Fernando, coqueteando con Virginia Serret, y Andrés tratando de restar importancia a ese hecho.&lt;br /&gt; Casi cada canción que interpreta Infante en el cine es memorable: haciendo bailar al caballo Cancia; montándolo mientras lee en verso las cartas de Amanda del Llano; burlándose del llorón Luis Aguilar mientras un coro de motociclistas acompleta los versos de “¿Qué te ha dado esa mujer?”; haciéndole gestos a la rejega Yolanda Varela; bailando rondas infantiles con Silvia Pinal; haciendo una coreografía muy cachonda con “La tertulia” y en “El papalote”; tocando una guitarra de juguete y cantando “La cacería” (Conejo Blas) para los hijos de Lalo Gallardo; cantando un falsete larguísimo mientras limpia sus gafas en &lt;em&gt;También de dolor se canta&lt;/em&gt; (algo imposible; hay que tratar de hacerlo para saber que no puede sostenerse una nota tan larga mientras se hace otra cosa, porque además para limpiar los anteojos hay que echarles vaho); mientras ordeña una vaca (también muy difícil, porque se requiere un esfuerzo y un cambio de ritmo que haría que se pierda el ritmo de la canción), conduciendo motocicleta o pedaleando bicicleta; mientras admira las piernas de una mujer (sin que le cambie la respiración, como a cualquiera de nosotros, y más si se piensa "álgame Dios"). Son escenas inolvidables. Sin embargo, al escuchar estas versiones en disco se notan graves deficiencias, de las que hablaremos en una próxima…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos los días hay blanqueadas en las Ligas Mayores, y ya ha habido tres o cuatro aproximaciones al juego sin hit; y eso que no han aumentado el tamaño de la lomita de pitcheo, ni han regresado a las bolas del peso anterior; sólo bastó con que comenzaran a castigar a los tramposos que toman sustancias para aumentar su fuerza; la pregunta es qué va a pasar con las marcas que impusieron tan mañosamente, cómo van a cuantificar los récords de Sosa, McGwire, Barry Bonds, Roger Clemens, y cómo van a hacer para limpiar la época y dejar limpios a Iván Rodríguez, Maddux, y volver a hacer creíble un deporte que nunca debió admitir las trampas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-6654405729266539397?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/6654405729266539397/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=6654405729266539397' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/6654405729266539397'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/6654405729266539397'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/04/las-mejores-actuaciones-de-pedro.html' title='Las mejores actuaciones de Pedro Infante (que cante, que cante)'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-7242986456112942794</id><published>2011-04-11T19:33:00.001-07:00</published><updated>2011-04-11T19:55:28.484-07:00</updated><title type='text'>Las tres últimas de Pedro Infante</title><content type='html'>Cuando falleció, en abril de 1957, quedaban sin estrenar tres cintas de Pedro Infante: &lt;em&gt;Pablo y Carolina&lt;/em&gt;,&lt;em&gt; Tizoc &lt;/em&gt;y &lt;em&gt;Escuela de rateros&lt;/em&gt;; una lista bastante desigual pero significativa de su carrera, que si bien tuvo altibajos, es una de las más destacadas de la industria cinematográfica nacional.&lt;br /&gt; &lt;em&gt;Pablo y Carolina&lt;/em&gt; es la más floja de las tres; fallida, vamos; producida por Antonio Matouk, que respaldó a Infante a lo largo de toda su vida en el cine, fue sin embargo dirigida por Mauricio de la Serna, cuyo máximo logro fue &lt;em&gt;Las señoritas Vivanco&lt;/em&gt;, y los méritos no fueron suyos. Pusieron de dama joven a Irasema Dillián, muy bella pero con el inconveniente de que era tan inexpresiva como mala actriz; el reparto de apoyo, el de los actores secundarios, no era malo, pero fue mal dirigido; el mejor fue, como muchas veces, Alejandro Ciangherotti, ahora no de malo sino de alcachofa; Eduardo Arcaraz volvió a ser mayordomo medio igualado; Fanny Schiller, de madre de Dillián, cometió uno de los errores más notorios, del que da cuenta Emilio García Riera: se va a Acapulco ¡con abrigo de mink! Se desperdicia su muy bella voz en un papel prototípico en nuestro cine: la mamá distraída y más preocupada por el roce social que por el bienestar de la familia, sólo que en este caso no hay consecuencias, es decir, nada de adolescencia apresurada ni de soledad arrepentida, como los que le tocó interpretar a Lilia Michel, Susana Guízar y, por los mismos años de &lt;em&gt;Pablo y Carolina&lt;/em&gt;, a Martha Mijares, Aída Araceli y Luz María Aguilar (ésta, salvada en pleno burdel por su mamacita).&lt;br /&gt; La cinta se filmó en 1955; pocos años después comenzaría la moda del cabello masculino muy largo, y la queja de los que ya no sabían si se le aventaban a una mujer o a un hombre; en esta trama es al revés: Dillián, de alumna consentida y privilegiada de una escuela rarísima, que lo mismo da clases de taquimecanografía (útiles para las aspirantes a secretarias ejecutivas y bilingües) que monta festivales a todo lujo, como las de enseñanza media y, como se decía en los barrios bravos, de paga.&lt;br /&gt; Como parte de las tareas en la difícil clase de taquimecanografía, las alumnas (entre las que se advierten a la mucho mejor actriz Alicia del Lago, a Chela Nájera y a la muy bella y desperdiciada bailarina Constanza Hool) deben escribir una carta comercial; Dillián en cambio escribe una carta de amor dirigida a un novio inexistente; por error la envía a un empresario regiomontano, que muy orondo declara, al recibirla, que no es para él sino para su hijo, y éste que tampoco, sino para su hijo, Infante, comprometido con una señorita de su medio, y para arreglar el asunto se traslada, con todo y su muy simpático acento norteño, a la capital, para imponer su ritmo, su vigor y su vitalidad, sobre todo frente al amodorrado Ciangherotti, que se levanta tarde (y sin despeinarse, vuelve a apuntar García Riera), que es eficaz pero aturdido, y frente a la señorita (según se desprende) Dillián, con la casualidad de que ella está vestida de marinerito precisamente para el festival, y entonces decide hacerse pasar por su centrado (e inexistente) hermano y no por la coqueta y desinhibida Carolina. El ritmo vertiginoso del principio de la cinta se apaga en ese momento, y queda sólo el equívoco: Infante prefiere al hombre que a la mujer, todo cuco, peinadito de lado, vestido muy formal de cadete, sin disimular ni el busto ni las caderas, ni menos lo delicadito de su comportamiento, aunque fume pipa (o simule hacerlo: nunca la enciende); Infante no se da cuenta del enredo sino hasta el final, cuando secuestra a Dillián, le roba su ropa de hombre y le pone ropa de mujer; sin embargo, el gesto es que prefiere al cadete que a la muchacha.&lt;br /&gt; Es de destacar que Arcaraz repite su papel de Audifaz, que se desperdicia la grata presencia de Arturo Soto Rangel, y que los peores papeles de la cinta se reservan para los pretendientes Enrique Zambrano, Lorenzo de Rodas (aún no estrella del teatro televisivo patrocinado por Carlos V, emperador de todos los chocolates, y acompañado de la siempre llorona Carmen Molina y de una mucho mejor actriz María Douglas), sobreactuados y fuera de tono.&lt;br /&gt; Lo más rescatable de la cinta son los números musicales, sobre todo “Las tres hermanas”, que Infante interpreta como despedida de soltero, pues a partir de su matrimonio sentará cabeza; ese número lo imitaba de manera sensacional Alejandro Suárez muchos años después, en &lt;em&gt;Ensalada de locos&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt; Ni los más aguerridos defensores de Infante podemos poner esta cinta como ejemplo de sus cualidades histriónicas, y no lo ayudó Dillián, en una de sus peores actuaciones, lo que es mucho decir. Se estrenó días después del accidente aéreo en que Infante y otros perdieron la vida, y el cine Alameda (muy lejano ya de los cines de la Merced donde se estrenaron sus emblemáticas cintas del Torito) se vio abarrotado por toda clase de público, aún bajo el impacto de la muerte prematura de Infante (comenzaban los rumores de que en el avión cargaban mercancía ilegal; que regresaba presuroso de Mérida por líos de comisaría; las varias esposas en el velorio, que fue tumultuario, primero en la ANDA y luego el largo recorrido a pie hasta el panteón de Dolores, trasmitido todo en vivo por la televisión mexicana): duró nueve semanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Peor es &lt;em&gt;Tizoc&lt;/em&gt;; dirigida por Ismael Rodríguez, se le catalogó como una de las mejores actuaciones de Infante, sobre todo porque la cinta fue enviada a un festival cinematográfico en Berlín, festival sin prestigio ni crédito, si le hacemos caso (y no hay por qué no) a García Riera, y allí se le otorgó, posmorten, el premio al mejor actor; eso inflamó los ardores patrios, pero era como derrotar en futbol al equipo de Guatemala (por esos años), cuando apenas podían los mexicanos empatar con el seleccionado de Costa Rica.&lt;br /&gt; Carentes de rigor, muchos han proclamado que ese premio lo situaba como el mejor actor del mundo y de la historia; mucho mayor mérito tuvo el Ariel por &lt;em&gt;La vida no vale nada&lt;/em&gt;, pero no le hacen mucho caso.&lt;br /&gt; Ismael Rodríguez, uno de los directores de cabecera de Infante y quien lo condujo en varias de sus cintas más prestigiadas (las del Torito, las de los motociclistas raros, las de los primos arrogantes), quiso arroparlo con el prestigio internacional de María Félix, quien ya filmaba en Italia, en Francia y hasta alguna vez bajo la dirección de Buñuel y de Jean Renoir. Tal vez las mejores palabras para definirla sean las de su amigo (de Félix) Salvador Novo, quien afirmó que los productores agradecían la belleza indudable de María Félix, porque propiciaba que el público se distrajera con ella y no se dieran cuenta de su incapacidad histriónica.&lt;br /&gt; Como se sabe, la cinta trata del amor imposible entre una catrina a la que por su belleza la comparan con la virgen (venganza de Félix: pocos años antes la increpaban en las iglesias y los sacerdotes impedían que desacralizara los templos con su presencia; Renato Leduc tiene un poema divertidísimo con esa anécdota), y un indiecito noble, ingenuo e inocente; puede que la historia de un amor disparejo no sea inverosímil; lo es la actuación de Infante; o sobreactuación, porque es, junto con el muy breve de &lt;em&gt;Reportaje&lt;/em&gt;, los peores papeles de su vida; lo inverosímil no es el físico de Mr México, ni la estatura (Infante medía menos de 1.70, no muy bajo para la época pero sí comparado con la estatura de Pedro Armendáriz –1.85–, que le ayudó a trabajar para el cine estadounidense, en cuando menos dos inolvidables actuaciones para John Ford), sino la caminata ridícula, a saltitos, la inteligencia corta y más bien intuitiva, la simplicidad de sus conclusiones, la cara de desamparo, o de furia ante la presencia de blancos; la cinta no se salva ni por la presencia de Andrés Soler ni la buena presencia de Julio Aldama; antes al contrario, los mohínes de Félix, su expresión de arrogancia ante los admiradores de su belleza; su presencia estática, de movimientos lentos como para que se le admire más, hacen insoportable esta cinta, llena de chantajes tanto en la actuación del personaje Tizoc como la suposición de que no se le podía criticar, por la trágica muerte de Infante. Lo más rescatable de la cinta es la canción de Pedro de Urdimalas, “te quero más que a mis ojos, más que a mis ojos te quero, pero quero más a mis ojos porque mis ojos te vieron”.&lt;br /&gt; Se estrenó de manera simultánea en varios cines de primera: Alameda, Polanco, Las Américas y el Mariscala, éste el menos bien situado de todos, y estuvo siete semanas en cartelera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mucho mejor resultó &lt;em&gt;Escuela de rateros&lt;/em&gt;; dirigida por Rogelio González, mucho más hábil y no tan centrado en Infante como en los demás actores, la cinta tiene mucha agilidad, gracia, erotismo rosa pero contundente, una trama bien planeada, y varios actores de reparto que no sólo están muy bien, respaldan el trabajo de Infante y el de la muy bella entonces Rosita Arenas, y las canciones están muy bien, muy adecuadas.&lt;br /&gt; Hay dos villanos: Luis Manuel Pelayo exagerando su personaje de Félix Amargo, no en la apariencia pero sí en el hablar rápido y casi ininteligible, haciendo de gracioso profesional, bromista insoportable y parrandero sempiterno; el otro es el argentino Eduardo Fajardo, ladrón especializado en abrir cajas fuertes (con una técnica inolvidable, produciéndose dolor en las muelas para saber cuáles eran las combinaciones), elegante que sabe perder, y que por el contrario, nunca pierde la elegancia; también, galante con cualquier mujer apetecible, y son varias las que surgen en esta cinta; Arenas, la más etérea, la menos erótica, aunque hace ciertos giros que dan fe del muy bello cuerpo, que no explota aquí (como en otras cintas), y más bien hace énfasis en su rostro bello y su actitud de dignidad, aunque una de sus frases finales es estremecedora: “me niego a seguir declarándome”, lo que hace imaginar al espectador lo que otorgará, y en qué grado, al personaje encarnado por Infante.&lt;br /&gt; Hay un tercer villano, que es en donde encaja el personaje de Arenas: Víctor Valdés, encarnado también por Infante: fatuo, tracalero, aprovechado; como al principio de la cinta es asesinado, y contratan a su sosías Raúl para atrapar al ladrón, Arenas cree que se verá obligada a pagar con cuerpomático la deuda que tiene su padre con Valdés; cuando ve que Raúl rompe los pagarés que la comprometen, se conmueve: el resultado será el mismo, pero distinto el procedimiento (y el beneficiario).&lt;br /&gt; Montan una farsa para atrapar al asesino de Valdés; las autoridades creen que el culpable está ligado con el robo de unas joyas en una fiesta de caridad; para ayudar y proteger a Raúl habilitan a los agentes Eduardo Arcaraz y Rosa Elena Durgel; ésta esconde un revólver en el liguero de la pierna derecha, y lo saca con frecuencia; aunque una música siniestra destaca el hecho, en realidad tanto Infante como Arcaraz clavan tremendos ojotes en las muy bellas piernas de Durgel; aparece una desconcertante Yolanda Varela, más cachonda que en sus películas con Tin-Tan, y sin el gesto de indiferencia o de asco que usa en otras muchas cintas (gesto que no pierde ni siquiera cuando se avienta un chachachá muy sabroso con Freddy Fernández en &lt;em&gt;Con quién andan nuestras hijas&lt;/em&gt;, en una trajinera de Xochimilco); nadie previene su aparición, no se sabe de dónde llega, sólo que aparece desnuda, tapada a medias por una colcha, descubriendo sus prodigiosas piernas (“está muy rodilloncita”, le dice Tin-Tan en &lt;em&gt;El sultán descalzo&lt;/em&gt;), y amenaza con sufrir ataques epilépticos (“una cuchara”, pide repetidamente, y con convicción), sobre todo cuando se entera que Raúl no es Víctor; también aparece una muy bella, pero no tan inquietante, Bárbara Gil, desperdiciada por el cine y esquematizada en la televisión, pero muy elegante; su personaje sí fue seducido por Víctor Valdés, e intenta matar a Raúl, creyéndolo aquél.&lt;br /&gt; La cinta tiene escenas malas, sobre todo cuando Infante sufre un desmayo en la fiesta, para no demostrar que no sabe tocar el violín (que Infante sí sabía tocar, de oído); en cambio son muy buenas las escenas con Infante en bicicleta cantando la excelente estrofa “el sol sigue sin salir; será por las bombas achi [de moda por esas fechas], y yo tengo que seguir de juerga con el mariachi”, o cuando creen atrapado al ladrón, Infante y Durgel cantan y bailan subiendo y bajando de un sofá “ya atraparon al ladrón” (no con tanta elegancia como en &lt;em&gt;Singin' in the Rain&lt;/em&gt;, pero con el mismno entusiasmo); aunque sucede en muy pocos escenarios, no se nota porque hay mucho movimiento, y está muy bien actuada por todos, en especial Fajardo, Varela e Infante.&lt;br /&gt; Es muy curioso que la cinta termine con Infante desmayado, por un golpe de Pelayo, y no con una escena empalagosa besando a Rosita Arenas, ni festejando la recompensa con la que podrá enamorar en igualdad de condiciones socioeconómicas a su coprotagonista. La cinta se estrenó en octubre de 1957 en los cines Orfeón (ya en decadencia), Roble, de moda, y Ariel, a la vueltecita del Polanco; duró doce semanas, cuatro meses enteros. Allí comenzó la leyenda de Infante, con esas tres películas, disparejas entre sí, Infante se elevó de ídolo de las clases desfavorecidas y fue escalando en toda la escala social, hasta conseguir la fama del mejor actor mexicano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero falta analizar sus mejores actuaciones, que trascendieron el cine y lo fijaron en la memoria de todo el público.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me informa Carlos Ramírez que la condición de “Gavilán o paloma” no fue exclusiva de José José al describir su transformación de sometedor a sometido en una relación sado-masoquista; la frase viene en el &lt;em&gt;Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana&lt;/em&gt; (hay edición del Fondo de Cultura Económica), en la que Carlos María de Bustamante comenta una carta de Agustín de Iturbide a Fernando VII en la que le informa del Plan de Iguala; dice Bustamante que “las palomas [aman] a los gavilanes”, y que la prueba son los once años de guerra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la línea 2 del Metro, más o menos por las estaciones Chabacano y Xola, ofrecen discos que permiten &lt;em&gt;hakear&lt;/em&gt; y romper los candados de los programas, para navegar por internet sin pagar nada. Por el Zócalo, un fayuquero reta: "que no le dé pena comprar robado".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trivia: hay dos canciones de la época de oro del bolero mexicano que mencionan a unos personajes terroríficos de la mitología; las dos canciones, harto famosas. ¿Cuáles son?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-7242986456112942794?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/7242986456112942794/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=7242986456112942794' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/7242986456112942794'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/7242986456112942794'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/04/las-tres-ultimas-de-pedro-infante.html' title='Las tres últimas de Pedro Infante'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-3458783928460618692</id><published>2011-04-06T07:04:00.000-07:00</published><updated>2011-04-06T07:21:26.062-07:00</updated><title type='text'>Aventuras por una pizza</title><content type='html'>El Diccionario de Mexicanismos de Concepción Company Company registra hot-dog como mexicanismo; en cambio rehúsa darle esa categoría a pizza, en estos momentos platillo de uso tan extendido y popular como el hot-dog, aunque los establecimientos que ofrecen éste, con escasísimas excepciones, no tienen servicio de entrega a domiclio, como lo tienen la mayoría de las pizzerías. (La Vaca Negra, que tenía la oferta de los hot dogs de mayor tamaño, ya casi no existen.)&lt;br /&gt;Los diccionarios etimológicos de Corominas y de Corripio, bastante confiables, no incluyen la palabra pizza en sus páginas; según las enciclopedias libres en red, la palabra se usa desde hace más de un milenio y deviene de &lt;em&gt;pizzo&lt;/em&gt;, algo así como “mordida a un pan”; el platillo tiene más de 23 siglos, con las lógicas variantes que sufrieron a lo largo de ese tiempo; la actual forma, más o menos, es más humilde, y según se dice estaba prohibida por plebeya, pero un rey menos mandilón de lo acostumbrado se disfrazaba de pueblo para ir a comerlas.&lt;br /&gt;Tal como se consume hoy parece que tiene un origen napolitano, y la más popular de las variaciones se denomina gracias a una soberana, a la que alguien, por barbearla, la “bautizó” con el nombre de ella.&lt;br /&gt;La aparición de la pizza para entrega domiciliaria ha venido a simplificar sus variantes; todavía hace unos 25 años era posible encontrar algunas variantes muy ricas: en la calle de Baja California, entre Nuevo León e Insurgentes, zona hoy poco transitable, una pizzería tenía entre sus sabores una con mole, cuyos únicos inconvenientes es que no podía tener ajonjolí, y que había que comerla de prisa para que no se fuera cuajando; en San Antonio, entre Revolución y Periférico, una pequeña pizzería ofrecía una de espinacas, tan espléndida como las mejores crepas de espinacas que se podían conseguir en Plaza Universidad, y que ya tampoco son fáciles de conseguir en los pocos restaurantes que se especializan en crepas. En Tíber una pizzería en su menú ordenaba que ninguna de sus 20 variantes (la más vulgar, la hawaiana, de las pocas que sobreviven) debía comerse con tenedor y cuchillo, aunque tenían disponibles por si alguien desafiaba esa norma, de comérselas a pie, que es como dicen los cánones que hay que hacerlo.&lt;br /&gt;(Hay quien come los tacos de carnitas, que tengo prohibidos durante un buen tiempo, con tenedor y cuchillo, y hasta hay quien usa estos utensilios para devorar tortas, algo que parece tan ocioso como los utensilios para aplastar los tubos de dentríficos.)&lt;br /&gt;Había quien, ante las muchas variantes de pizza, escogía la más sencilla, es decir, con jamón, y la escarnecía con salsa de tomate (el verbo es de Salvador Novo, en &lt;em&gt;Nueva grandeza mexicana&lt;/em&gt; y luego en &lt;em&gt;Cocina mexicana o Historia gastronómica de la ciudad de México&lt;/em&gt;), la llamada cátsup o kétchup (lo que dio origen a uno de los chistes de moda; y hablando de Novo, coloca al hot-dog como un platillo tan reciente como de antes del medio siglo XX, muy posterior a las tortas Armando tan celebradas por Artemio de Valle-Arizpe; no tiene más derecho de ser clasificado como mexicanismo que las pizzas). Y hace 30 años algunos comercios las ofrecían casi con la misma velocidad que las actuales a domicilio, pero había que ir por ellas luego de ordenarlas telefónicamente; y entre los aditamentos que adjuntaban no incluían la salsa cátsup. Y pensándolo bien, eso de que haya que poner salsas de tomate o inglesa es tan absurdo como que haya que ponerle sal y limón a una cerveza para que su sabor sea aceptable.&lt;br /&gt;Como es más o menos obvio, en los buenos restaurantes italianos (¿de veras son italianos? Más bien ofrecen comida con nombre italiano; sólo uno parece seguir recetas auténticas de Italia, y su propietario es italiano) tienen pizzas en su menú; muchos juran que están preparadas en horno de leña, lo que parece dudoso porque se enfrían en pocos minutos, características de los platillos horneados en microondas (la explicación de ese fenómeno la da John Updike en su novela &lt;em&gt;Busca mi rostro&lt;/em&gt;, biografía novelada de un pintor que puede ser Pollock, en voz de una de sus mujeres). Es una buena opción para quienes dudan de la textura y procedencia de las carnes, anunciadas como filetes pero llenas de nervios, duras al dente y cuyas especias no disimulan que no son filetes; o si lo son, uno se tarda tanto en deglutirlos que termina cansado; o las variantes ya son un desafío para los estómagos castigados por la contaminación, las calles levantadas hasta sus entrañas, y por la mala comida; ¿alguien puede resistir un filete con tuétano sin consecuencias inmediatas? Salvador Novo argüía que aceptaba comidas y cenas, pero que los desayunos tenían esa característica, las consecuencias inmediatas. ¿Qué estómago actual sale indemne de un filete a la mostaza o los tres chiles? ¿Quién tiene un estómago tan sano que puede aguantar un mole poblano y unas enchiladas la misma semana?&lt;br /&gt;Pero hay que saber qué pizzas comer: la Margarita es sencilla hasta la puerilidad, pero es inconcebible la hawaiana, parece invento gringo, y la gastronomía gringa es inocua, insípida (dos escritores mexicanos que se enorgullecen de gozarla; ambos son sádicos). Anuncian variantes audaces, con ingredientes como cebolla, chile piquín, picadillo (de las más peligrosas), frijoles, pero sólo son remedo de las que tenían originalidad; las pastas son delgadas, lo que ayudaría a que se conserven calientes; por eso son sospechosas las que en la segunda rebanada comienzan a enfriarse (a propósito de rebanadas, es célebre la anécdota de Yogi Berra, a quien en una pizzería neoyorquina le preguntaron si quería su pizza en ocho o en dieciséis rebanadas, y contestó: “en dieciséis, tengo mucha hambre”); uno de los inconvenientes de comer pizza en un restaurante italiano es que allí lo recomendable es comer antes una pasta: uno termina empanzonado, y sólo se evita tomando vino, lo que encarece el precio, y no siempre los vinos son aceptables. Pero comer pizza acompañado de cerveza es casi tan predecible como tomarla para acompañar un plato de cinco quesos: uno se deprime.&lt;br /&gt;Las pizzas a domicilio han modificado el gusto del consumidor; son las más estereotipadas de todo lo que se conoce como “comida rápida”, que no, como se cree, que se consume con rapidez y que sirve para quienes tienen poco tiempo para comer; se le llama así tampoco por la velocidad a la que se prepara, sino que es la misma receta en todas las franquicias, a las que les llega ya preparada, y sólo tienen que combinar los ingredientes y ponerlas al horno; da lo mismo comerlas en la Condesa que en Tequisquiapan que Beijing, lo que digamos que es una garantía para quienes no quieran arriesgarse a comer ojos de sapo, cerebro de mono o, como dice Antonio Flores González, “en China se come todo animal que se arrastre”; los alérgicos a pescados y mariscos de cualquier manera pueden ir a Mazatlán y no se quedan sin comer; y saben a lo mismo, con un único cambio: el ingrediente secundario: peperoni o jamón; se les puede quitar, y saben igual. Eso lleva a una conclusión: la mejor pizza es la más barata (las “rápidas” cuestan lo mismo, sin importar el ingrediente: eso debería despertar sospechas).&lt;br /&gt; Claro que no es elegante comer pizzas; aun en los restaurantes más refinados hay que comerlas a pie, es decir, sin cubiertos; o con ellos, pero entonces hay que dejar las orillitas porque no pueden rebanarse con el cuchillo; las servilletas quedan para el arrastre; además es como comer tortas con cubiertos; nadie puede cerrar negocios, o abrirlos, comiendo pizza; menos aún ligar; las rebanadas no están bien definidas, y si se comparte la pizza, debe ser incómodo darle a la mujer pedazos más pequeños, o insultante darle los más grandes; cuando menos, resulta obvio que se le quiere halagar, y en ningún lado las rebanadas están parejas; menos aún, bien cortadas; para separarlas son necesarias tres manos, y uno sólo tiene dos; en algunos lugares dan una cuchilla redonda, peligrosa y más si en la mesa hay niños, y ni modo de pedirle al mesero que nos ayude a cortarlas; nada tan ostentoso como acompañar la pizza con un vino de Rioja, y más con uno mexicano; con el inconveniente, además, de que las pizzas provocan sed, y también el vino (René Solís dice que el vino mexicano es único en el mundo, porque con él uno pasa de la sobriedad a la crudez sin pasar por la embriaguez), y al rato hay que estar tomando más vino, si es que sigue la sobremesa, o agua, que es insípida, incolora e intrascendente, como dice Andrés Soler.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comer pizza, dicen los enterados (pero acabo de enterarme), es peligroso porque las especias disfrazan el sabor, y por eso todo sabe igual, incluso si el queso está en mal estado; y un queso en mal estado provoca afecciones tan incómodas y costosas como los mariscos, aunque parece que las consecuencias a largo plazo no son tan graves; una intoxicación con mariscos puede ser fatal, o dejarlo a uno alérgico para toda la vida; con el queso no tanto, pero uno se aleja del mundo durante cuatro o cinco días, como acaba de sucederme.&lt;br /&gt; Caímos en la tentación de una nueva pizzería, en pleno Mazarik, con clientela espectacular, mesas incómodas, meseros disfrazados de italianos, y que sirven las pizzas en una especie de altares que provocan que se enfríen más rápido, y más si uno come lento; carísimas, pero eso fue lo de menos; lo malo fue la fiebre, no tan alta pero lo suficiente como para impedir la lectura, hacer inapetecible cualquier comida, y tenerle miedo a todo alimento; recurrir a los tés para recoger la infección y la bilis, y tener sueños borgeanos  a la mitad de la tarde, pero pasar la noche en duermevela, con la sensación de pesadez, de malestar, y con las paranoias normales de cualquier hipocondriaco que se respete. Los hipocondriacos sabemos los síntomas de todas las enfermedades, y somos expertos en sentirlos; tememos además sufrir las reacciones por los medicamentos, solos o combinados, aunque solemos confundir algunos, y retardamos el alivio, y alarmamos a familiares y amigos; no nos arriesgamos a salir por miedo a las consecuencias inmediatas. Además, adquirimos miedos nuevos: si nos enfermamos por una pizza, ¿nos volvemos alérgicos a todas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Alejandro Suverza que conozco no comete errores que no sean enmendables con una buena corrección de estilo; por eso dudo que sea culpable de traficar con divisas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trivia: ¿quiénes son los dos escritores que se sienten orgullosos de su fanatismo por la comida rápida estadounidense? Son confesos, además, en declaraciones y en sus libros.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4952328284169149710-3458783928460618692?l=errataspuntocom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/feeds/3458783928460618692/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4952328284169149710&amp;postID=3458783928460618692' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/3458783928460618692'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4952328284169149710/posts/default/3458783928460618692'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://errataspuntocom.blogspot.com/2011/04/aventuras-por-una-pizza.html' title='Aventuras por una pizza'/><author><name>Lalo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11589923161090422900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcwMqIXKk9U/TIz4HvXRxGI/AAAAAAAAAG8/v3PNe-Z_4yI/S220/Explorar0016.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4952328284169149710.post-564193416830760016</id><published>2011-03-28T07:46:00.000-07:00</published><updated>2011-03-28T08:01:11.427-07:00</updated><title type='text'>El ¿futuro? de los discos</title><content type='html'>En &lt;em&gt;10 años con Mafalda&lt;/em&gt;, Quino confesaba su temor a que, cuando fuera viejo, se la pasaría renegando de la música moderna igual que entonces los viejos reclamaban que sólo los tangos eran buenos.&lt;br /&gt; Casi me pasa igual; dentro de dos semanas aparecerá a la venta el nuevo disco de Paul Simon; los que lo han oído dicen que es el mejor que ha grabado desde &lt;em&gt;The Rhytm of the Saint&lt;/em&gt; y que tiene cuando menos el vigor y la alegría de &lt;em&gt;Still Crazy After All This Years&lt;/em&gt; y de &lt;em&gt;Graceland&lt;/em&gt;, y que musicalmente recuerda &lt;em&gt;Paul Simon&lt;/em&gt;, el primero de sus discos solistas; es más, anuncian desde ahora que aparecerá en disco compacto y en edición de lujo, esa que no recomiendan los que saben, en el caso de The Who; en este caso, además del disco se añade un DVD.&lt;br /&gt; No es el único anuncio; dentro de una semana sale a la venta &lt;em&gt;How to Become Clairvoyant&lt;/em&gt;, la nueva obra de Robbie Robertson, uno de los músicos más notables, y a quien Bob Dylan le debe muchísimo; por lo que se sabe, platicaba con Clapton, y comenzaron a tocar la guitarra, a improvisar; compusieron tres canciones, telefonearon a Steve Winwood quien se sumó a las sesiones, y de pronto tuvo un nuevo álbum.&lt;br /&gt; Chance llegue el de Simon (“¡el nuevo de Simón, hijo!”, dirían en Hip 70 si todavía existiera esa tienda); es  más difícil que traigan el de Robertson; hace unos años no me hubiera preocupado porque a la semana de aparecer en Estados Unidos, o a los diez días de salir en Londres, me lo hubiera apartado Jesús Iturralde en Music Center, y una semana después lo estaríamos comentando con entusiasmo; Jesús y yo siempre fuimos fanáticos no sólo de las canciones, de las letras, la voz de Simon, también de su maestría, poco reconocida, con la guitarra acústica; también de los riesgos y sus experimentos; &lt;em&gt;Surprise&lt;/em&gt;, su disco anterior, está hecho en colaboración con Brian Eno, uno de los músicos más audaces de los últimos años, y más cercano a la música de concierto que al rock; y la admiración que teníamos por The Band, aunque no la externamos mucho, cuando menos la compartimos también cuando lo escuchamos respaldando a Dylan en la extraordinaria versión de “Like a Rolling Stone” que se escucha en &lt;em&gt;Historias de Nueva York&lt;/em&gt; (pocas películas con tantas canciones excelentes; qué manera de utilizar “A Whiter Shade of Pale”, la pieza más escuchada del rock, según los expertos; pocas canci
